sábado, 20 de agosto de 2016

Last night...

En los tiempos que corren, un gesto verdaderamente maravilloso y lamentablemente en desuso al compartir una noche con alguien es que esa persona te pida "perdón" la única vez en que durante horas y horas toma el celular para chequear un mensaje. Te dan ganas de abrazarlo hasta que se haga de día...

jueves, 21 de julio de 2016

martes, 19 de julio de 2016

Detalles

Nos definen los detalles,
un gesto, una sonrisa, un pensamiento.
O la particularidad de un acento.
Nos definen rasgos ínfimos,
los defectos más que las virtudes,
las cicatrices más que el maquillaje,
las comisuras más que nuestro traje.
Somos ese precipitado de partículas que,
azarosa y alocadamente,
componen este entramado único,
esta sumatoria de máscaras
más o menos contradictorias,
con las cuáles luchamos,
para tratar de llegar a ser
quienes creemos que somos,
sin llegar jamás a agotar
el devenir de nuestra esencia,
poblada de multiplicidades.
No sabemos bien qué es lo que somos
pero sí sabemos,
que nada somos sin los otros.

miércoles, 13 de julio de 2016

Waiting

Es sabido ya que la relación del neurótico obsesivo con su objeto de deseo tiene una impronta de imposibilidad que lo hace dar esos eternos rodeos tratando de que el deseo no decaiga. Postergar, procrastinar, vacilar y dudar son infinitivos que le sientan muy bien a este tipo de sujetos. Ahora bien, -ya por fuera del plano fantasmático- imagínese el brote de neurosis que al pobre sujeto con rasgos marcadamente obsesivos le da cuando el objeto de deseo se va, literalmente, al mismísimo fin del mundo por tiempo indefinido.

lunes, 11 de julio de 2016

Somebody to...

- (Entre risas) Mirá! te están saliendo canas...
- Seee, ¡parezco un viejo!
- No, parecés maduro.
(Y te hacen aún más hermoso)

viernes, 17 de junio de 2016

Transición




Hubo un momento en el cual desde algún lugar no exactamente personificable se me demandó ser una adulta y desde ese punto de quiebre sentí como si una parte de mí misma hubiera muerto. Claro que no fue un acontecimiento con fecha precisa, más bien fue algo así como un proceso gradual y a la vez, un camino de ida sin posibilidad de retorno. La cuestión es que no termino de saber cómo demonios se hace para ‘ocupar bien’ este puesto vital que debería ya estar ocupando en un sentido cronológico socialmente consensuado. Simplemente no encajo en esa posición y tampoco hago mucho por encajar, porque en el fondo no me interesa. Pero desde entonces sentí como si aquello que yo creía que era mi “esencia” (concibiéndola como un devenir en constante fluir y no en términos sustancialistas) se hubiera marchado con la joven creativa que yo creía que era. Creo que fue ese el momento en el cuál dejé dormirse mi sueño de ser escritora, el sueño que durante tantos años alimenté con una responsabilidad digna de un “adulto” desde el semblante de una niña, púber y luego, una joven adolescente. Creo que desde el 2013 no hago más que recordar aquel sueño con cierto dejo de tristeza y de reprocharme a mí misma el no hacer demasiado por volver a soñarlo. Pero desde entonces no dejo de pensar en este quiebre que a modo de vacío o de agujero negro va tragándose mis motivos vitales. Alejandra Pizarnik intentaba reparar esa hendidura originaria escribiendo, pero al leerla sentí que todo lo que yo podría llegar a escribir ya estaba escrito bajo su pluma tan profunda como sagaz. Fue en ese punto de quiebre vital cuando dejé ir mis rasgos melancólicos en un duelo perpetuo que hasta el día de hoy sigo elaborando, porque en el fondo hasta siento nostalgia por aquella hilacha en la que me había convertido. Desde esa ruptura no dejo de sentir, año tras año, que más responsabilidades tengo y que menos vivo, que menos encajo en el prototipo de mujer adulta y que más me distancio de aquellas personas cuyas vidas han seguido un curso segmentario en términos deleuzeanos: ir al colegio – trabajar / estudiar – juntarse en pareja – procrear. Me siento perdida entre mucha gente de mi misma edad porque no comparto sus estilos de vida, esto no significa que los repruebe, simplemente no los comparto; y eso me hace sentir por fuera de muchos grupos de pertenencia. Vuelvo a este rincón en una fría noche de viernes para poder recordarme que en alguna parte de lo que soy aún puedo ser capaz de sentir, vuelvo a este rincón extraviado en el tiempo para poder sentirme digna de mi existencia y para poder resignificar el camino que transité tratando de divisar las huellas que verdaderamente cuentan. ¡Cómo extraño sentarme a escribir sin tantas trabas del pensamiento obstruyendo el libre fluir de mis palabras! 
Me veo al espejo mientras tomo un café y escribo estas líneas y siento que detrás de esas ojeras indelebles aún queda mucho por vivir si me animo a salir de este microcosmos, si me atrevo a volver a experimentar con cuerpo y alma, si me atrevo a romper de una buena vez esta coraza hermética que me impide ver al mundo con los ojos de una soñadora. Una soñadora ya no tan idealista, pero sí capaz de volver a creer, a crear, a sentir y a volar con las alas de sus propios deseos.

miércoles, 8 de junio de 2016

Decisión

Volver a Humanidades o morir de la angustia.







Amo la carrera que elegí, amo leer sobre Psicología y Psicoanálisis y me siento preparada para ejercer la profesión, ¡pero cómo detesto el clima de esa facultad! me pone de mal humor el sólo hecho de tener que ir de vez en cuando a hacer un trámite o a rendir finales. Desde que cursé en Humanidades no dejo de sentir que por fin había encontrado mi lugar de pertenencia y después de tantos años necesito volver a sentir esa sensación tan "heima" que me generaba. 

jueves, 26 de mayo de 2016

¡?

¿Por qué será que mis neuronas se activan cuando las de los demás se van a dormir? ¿Por qué será que sólo me hallo a mí misma en la profundidad de la noche? ¿Por qué últimamente sólo la música, el cine y la literatura son capaces de hacerme sentir? ¿Por qué perdí toda noción de lo que es el contacto humano?

Her


"(...) Quizá eso hubiera llenado este pequeño vacío en mi corazón, pero quizá no. Sabes, a veces pienso que ya he sentido todo lo que voy a sentir. Y que de ahora en adelante no voy a sentir nada nuevo. Sólo versiones disminuidas de lo que ya sentí."

sábado, 21 de mayo de 2016

Pessoa


¡Ah, ese frescor en la cara de no cumplir un deber! 
Faltar es, positivamente, estar en el campo. 
¡Qué refugio, que no se pueda tener confianza en uno! 
Respiro mejor ahora que ha pasado la hora de las citas. 
Falté a todas, con deliberación en el descuido, 
esperando esa gana de ir que ya sabía yo que no vendría. 
Soy libre frente a la sociedad organizada y vestida. 
Estoy desnudo, y me zambullo en el agua de mi imaginación. 
Es tarde para estar en cualquiera de los dos puntos 
donde debía estar a la misma hora, 
deliberadamente a la misma hora... 
Pues bien, aquí me quedaré soñando versos y sonriendo en cursiva. 
¡Es tan graciosa esta parte lateral de la vida! 
No consigo siquiera encender el cigarrillo siguiente...
Si es un gesto, 
que quede con los otros que me esperan en este 
desencuentro que es la vida.

viernes, 13 de mayo de 2016

Through the looking glass



A veces desearía poder saltar a través del espejo para dejar de sentirme amenazada por la imagen reflejada. Soltarme y caer en un espacio interior en dónde sólo quepe mi mente.

martes, 26 de abril de 2016

Ana no duerme

Tengo una tendencia a construir castillos en el aire fantaseando con alguien sin siquiera conocerlo en persona. Puedo inclusive llegar a soñar con una voz de la cual desconozco el rostro pero conozco su mente brillante y especulo imaginando su posible aspecto físico. Pocas cosas me enloquecen tanto como el instante de nacimiento incipiente de un nuevo deseo, independientemente de que su destinatario acuse recibo. Puedo pasarme años acumulando un deseo sin la necesidad de declararlo, sin siquiera dar una señal. Puedo atesorar mis energías libidinales virtualmente durante meses antes de concretar un encuentro y cometer locuras cuando por fin me decido a hacerlo si el deseo es correspondido. 
Tengo una increíble capacidad de construir un mundo de fantasías alrededor de una persona aferrándome tan sólo a detalles que en primera instancia hasta puede que sean producto de mi imaginación. Pero tengo buena intuición a la hora de clavar mi mirada en alguien. Recopilo piezas a modo de rompecabezas y de a poco voy armando una historia que tan sólo existe en mi mente. Si no actúo, ¿por qué la idealización resultaría perjudicial? Y si doy una señal y noto reciprocidad, es tan intenso lo que se genera en mi mente que termino influenciando a la otra persona de tal modo que logremos enloquecer mutuamente para que la fantasía se corresponda en gran parte con la realidad. Cuando pierdo la fantasía, con ella pierdo las ganas. Pero cuando el verbo se hace carne después de mucho tiempo de espera la huella del encuentro es indeleble, queda grabada en mi cerebro y es capaz de excitarme con el sólo hecho de cerrar mis ojos y revivirla en mi mente.


Emovere

A veces todo lo que uno necesita es poder permitirse derramar algunas lágrimas.

sábado, 23 de abril de 2016

M.

Viernes por la noche. Vuelvo a salir después de siglos. Estaba con varias copas de más. Mientras un abogado bastante simpático intentaba chamuyarme, mis ojos repentinamente se desviaron hacia un más allá, en dónde me cautivó el atractivo de una sonrisa perfecta. Es de larga data sabido, gracias a Freud, que muchas veces la libido se dirige precisamente hacia aquellos rasgos que al yo le faltan. Pues bien, mis ojos quedaron clavados en esa sonrisa y ya no podía escuchar lo que el otro buen muchacho me decía. Busqué una excusa para alejarme y reencontrar a mi amiga, cuyo plan (como si el destino estuviera de mi lado) era hallar una excusa para acercarse al amigo del chico con la sonrisa perfecta. 
Sin quererlo los azares de la vida hicieron que mi amiga me arrastrara divertidamente hacia una persecución del grupo de chicos, que ya se encontraban por fuera del pub. Media botella de vino, el trago que me regaló el barman y un poco de cerveza me tornaron particularmente charlatana con tintes existencialistas. De repente nos encontrábamos caminando junto a estos chicos, sin rumbo fijo. Mi amiga junto al chico que le gustaba, y yo junto al chico de la sonrisa perfecta. La noche llegaba a su fin. Noté que detrás del tono rojizo producto del alcohol y alguna que otra hierba, se escondían unos ojos verdosos. Sin buscarlo siquiera, terminamos dialogando apasionadamente sobre la mismísima vida y me dediqué a hacer lo que mejor me sale cuando tomo de más: volarle los pelos a la gente. 
Mi amiga ya se había ido junto al otro chico. Nosotros seguíamos caminando por las calles rosarinas mientras despuntaba el alba. Teníamos sed. Entramos en un bar dónde sabíamos que pasaban buena música con intenciones de seguir tomando alcohol, pero a esa hora la ley nos jugó en contra y terminamos tomando gaseosa y agua mineral. Hacía más de dos años que mis ojos no se clavaban en un nuevo hombre con tanto deseo como me sucedió en ese momento. Ya no sé quién fue el responsable de dar la iniciativa, pero después de las semejantes canciones que sonaban de fondo no pudimos evitar terminar besándonos apasionadamente en el medio del bar. Mientras tanto continuábamos con una conversación que palabra a palabra se tornaba más interesante. No sé si fue por el alcohol o por mi estado cuasi hipomaníaco pero después de que pasaran The Scientist de Coldplay ya no sólo me estaba sintiendo atraída físicamente sino que en ese breve lapso temporal hasta fui capaz de sentir cierta ternura. ¿La culpa la tuvo el alcohol, la música de fondo, mi estado previo de buen talante anímico? ¿A quién le importa? Estaba sintiendo algo, algo nuevo después de años, estaba volviendo a permitirme desear a alguien, y eso era lo más importante. 
Mi estado anímico estaba tan revolucionado que de repente, cuando volvía del baño y noté que nuestra mesa estaba vacía, todas mis inseguridades acumuladas subieron a superficie. Sentí la inminencia de la angustia de una ausencia, sentí que me había dejado sola, que había aprovechado la oportunidad para escaparse. ¿Puede ser posible que haya quedado tan traumada de mi última relación como para caer en semejante exageración sin ser capaz de pensar que él también había ido al baño?
Falsa alarma. No sólo se quedó sino que (a sabiendas de que no iba a poder meterse entre mis sábanas porque en mi cama estaba mi hermana) me acompañó caminando hasta la puerta de mi edificio. Todo un caballero el pendejo. No me quedó otra opción más que insinuarle –entre besos- que esa no sería ni la primera ni la última vez…