sábado, 21 de abril de 2018

Co-pensando con V.

Creo haber leído hace muchos años en un libro de Sábato la idea de que la novela moderna nace como respuesta frente al escrutinio de la condición humana y que el artista es aquel capaz de develar algo de dicha condición. Por mí parte, creo que el Psicoanálisis -aún sin ser específicamente un arte- apunta a algo semejante. Y creo también que hay algunas personas con una capacidad tal de reflexión que más de una vez me han sorprendido planteándome ideas que yo había leído, tal vez bajo otros conceptos, pero con la misma lógica de pensamiento, en Freud o en Lacan. 
Después de muchas madrugadas de conversaciones eternas acompañadas de vino, café y tabaco Flandria de vainilla, anoche con V. llegamos a un par de conclusiones luego de nuestras mutuas reflexiones: 
En primer lugar, en relación al suicidio, V. me planteaba que según ella, el momento en el cual el acto se lleva a cabo tiene que ver con un abandono absoluto de todo pensamiento. A propósito, le comenté sobre el pasaje al acto, sobre el atravesar la propia imagen y acerca del famoso “niederkommen” freudiano y sobre su traducción como un posible “dejarse caer”, “dejarse ir”. 
En segundo lugar, en relación a determinado dolor de existir, retomando un poco a Pizarnik, llegamos a la conclusión de que ciertos estados del ser pueden pensarse bajo la lógica de lo indecible. Alejandra decía que lo esencial es indecible. Agrego entonces: aquello que resiste todo tratamiento posible por la palabra.
Hoy escuché a un psicoanalista francés, Jean Allouch. Entre mis apuntes de lo escuchado voy a recortar dos fragmentos que cito literalmente:
En primer lugar: “La ejecución del pasaje al acto se dispensa de todo pensamiento que se piensa a sí mismo”. “El pasaje al acto no se realiza más que en la ausencia de todo pensamiento que se piensa”. El lugar del pasaje al acto es el del “yo no pienso” ligado al vel de la alienación y en tanto “acto” queda asociado irremediablemente a algo que se produce en el orden de lo definitivo e irremediable. 
En segundo lugar, una de las participantes del seminario plantea, también en relación al pasaje al acto, que no tiene mucho sentido preguntarse acerca de “las razones” o el “por qué”, ya que ello nos llevaría a la pretensión de hallar “La” verdad, ni tiene sentido adoptar una posición de descripción exhaustiva al modo del discurso psiquiátrico. La pregunta abierta que ella planteó a la comunidad analítica fue la siguiente: “¿Qué podemos decir acerca del pasaje al acto?” A lo que Allouch responde: “Hay algo del acto que es irreductible a la palabra, algo que nunca nuestras palabras nos van a explicar ni dar la razón. El pasaje al acto nos desilusiona de nuestras pretensiones de dar las razones y buscar explicaciones y en ese sentido…el pasaje al acto nos hace más humildes”.
Me acabo de acordar de una cita que Lacan retoma de Picasso: “yo no busco, encuentro”. Feliz fue mi encuentro con Allouch, pero doblemente feliz fue que se haya anudado tan maravillosamente a mi reencuentro con un ser tan maravilloso como V.
En fin, mucho psicoanálisis por hoy. Es la hora de Pessoa.

Nostalgias de otoño

A veces soy infumable: odio el sonido del timbre (lo desconectaría si de ello no dependiera mi trabajo), odio el sonido de un teléfono sonando (es que más bien, odio hablar por teléfono) y me irritan hasta la ira los martillazos cuando hay reparaciones en algún lugar continuo (me producen algo así como una crisis de angustia). A veces me pregunto qué demonios hago viviendo acá. Pero hay algo que es un placer para mis oídos y que no me desconcentra en absoluto: el barullo del recreo de los niñxs de primaria jugando en el patio de la escuela que queda a la vuelta de casa. Año tras año, abril tras abril, esto me sigue pareciendo algo maravilloso. Amo escuchar sus gritos entremezclados, esas vocecitas llenas de vida, incluso sonrío –ahora mismo- al escuchar a uno de los chicos haciendo una especie de grito gutural e imagino –por lo que veo sin poder ver- que debe estar corriendo queriendo atrapar al resto. Me produce una nostalgia de las más lindas, me transporta mentalmente al remolino de hojas otoñales mezcladas con envolturas de golosinas en dónde cada otoño corríamos y jugábamos en el patio de mi escuela primaria.

jueves, 12 de abril de 2018

So fuckin' miss you.

Encontré una versión extendida de casi una hora de Fade Into You de Mazzy Star. Subí el volumen al máximo porque alguien está martillando en alguna pared cercana y ese ruido está a punto de provocarme una crisis nerviosa con agresividad incorporada. Siento cada martillazo como un puñetazo en el alma. Me desespera, me provoca ira. Pero todo lo que hago es llorar. Cómo me gustaría encerrarme en una habitación hermética en la que ningún ser extraño pudiera ingresar. Cada vez que ingresa a Heima algún sujeto desconocido por alguna x causa me siento violada. 
Creo que te hubiera gustado que esta música sonara de fondo mientras nos revolcábamos en la cama. Creo que hubiera sido tierno, como cuando escuchábamos juntos Cigarettes After Sex mientras me contabas que te gustaría sacar una entrada para ir a ver Sigur Rós. Sin embargo te fuiste antes de que los islandeses toquen por primera vez en nuestro país. 
Me levanté desganada sabiendo que al abrir la ventana me encontraría con un día gris. “Genial”, pensé, “ideal para estudiar”. Busqué un Seminario de Lacan que ni siquiera entra en la bibliografía obligatoria de la materia que tengo que rendir, leí un par de párrafos muy interesantes y la imagen de tu rostro me desconcentró por completo. En verdad fue la música, la lista aleatoria que te tira YouTube en función de lo que venías escuchando previamente. En primer lugar noté que la canción que sonaba estaba sonando acorde a la música que veníamos escuchando con V. Pero a la vez noto que mis reproducciones de YouTube aún contienen los sedimentos de tus propios gustos musicales. Estás ahí, entonces estás acá. Bueno, al menos está tu sombra. Creo que V. es la única persona en este mundo capaz de comprenderme verdaderamente cada vez que le hablo de vos, es como si me escuchara solamente con el alma. 
Tengo pánico de olvidar tu sonrisa. Tengo terror de olvidar el tono de tu voz. No quiero estudiar. Quiero revolcarme con tu ausencia y dibujar tu cuerpo entre las sábanas. Llorarte el día entero a ver si al menos comprendo de una vez que nunca más volveré a verte. 

viernes, 6 de abril de 2018

Us and Them

Que el sexo está sobrevalorado no es un invento mío. ¿A qué espécimen humanoide se le puede ocurrir que me puede llegar a calentar una fotografía de su asqueroso miembro eréctil? Por Dios, si quisiera que me lluevan penes, sólo tendría que discar un par de números y ya. Más que un pene lo que me excitaba terriblemente de mi ausente era que me leyera a Oliverio Girondo luego de tener sexo, tal vez hasta esperaba más ese momento que al acto en sí, pese a lo mucho que nos gustábamos mutuamente. O que me mostrara videos de música psicodélica mientras nos tirábamos desnudos en el colchón un domingo lluvioso a las siete de la tarde. Eso era mágico, y a eso ya no lo tengo, ni me interesa buscarle un sustituto. 
No, no es histeria mi querido mendocino, es simplemente no tener ganas de compartir mi cuerpo con nadie. ¿Y cuál hay con eso? Mi satisfacción de hoy es recibir, por ejemplo, a Zeta, porque Zeta sabe que lo último que quiero hoy en día es tener sexo con alguien, y quedarnos tomando fernet y charlando desde la medianoche hasta las 11 de la mañana sin tener que revolcarnos. Porque Zeta me conoce como nadie en este mundo, y me conoce porque me escucha, cosa invaluable hoy en día. No tengo ganas, no tengo ganas de revolcarme con nadie. Mi satisfacción actual no pasa por ese lado, ¿y cuál hay con eso? Mis orgasmos son mentales, o místicos, o astrales. Whatever. 
Lo mejor que me pasó en los últimos días fue recibir a esas dos mujeres encantadoras en casa, las dos juntas, y sentarnos las tres a tomar mates, armar unos puchos y entre el humo contarnos nuestras cosas. Prefiero la compañía y la amistad de V. y de A. a cualquier pene de este mundo. Ay, por favor, ¿te pensás que me importa que me digas que la tenés grande? Lo más grande de mi vida en este momento es mi amor puro hacia V., ella sabe cómo leerme como ningún hombre lo ha hecho. Prefiero y elijo una y mil veces mis noches de profundas conversaciones con ella a cualquier acto sexual carente de sentido que cualquier hombre pueda venir a ofrecerme en este momento.

lunes, 26 de marzo de 2018

Into the dark

Algo murió para que algo renazca. No soy quien era pero una parte de esa soñadora que alguna vez fui renació gracias a nuestro encuentro. Alguien murió y con él también murió un trozo de mí para siempre. Existen ciertas heridas que no podremos sanar, pero cuando tu aroma inunda mi habitación y tus palabras me llegan desde otros planos rozándome el alma puedo volver a sentirme a salvo. Sos como un ángel que llegó para repararme las alas. Siguen dañadas, pero el sendero se vuelve un poco más luminoso cuando lo transitamos juntas. 
Conozco tu oscuridad, comparto tu dolor. Me gustaría decirte que nunca más sentirás ese tipo de angustia, que tus pensamientos se ordenarán, pero tal vez algunas personas necesitamos de cierto caos mental para evadirnos de la monotonía que nos empuja a respirar nuestros días sin haberlos vivido. La mochila pesa menos cuando la compartimos. La melancolía puede ser un lugar para habitar cuando nos sentimos desoladas, pero si vamos a hundirnos en ella sabremos cómo construir un puente que nos acerque y nos impida caer en un precipicio. 
Me hiciste recordar lo mucho que amaba las noches. ¿Cuánto hacía que no compartía palabras con alguien hasta la luz del alba? ¿Cuánto hacía que no sentía las ansias de querer compartir con alguien tantas horas de mi vida? ¿Cuánto hacía que no sentía que estaba conociendo a alguien tan jodidamente especial, y que en ese mismo instante me estaba volviendo a reconocer a mí misma? 
Y yo no sé cuántas de todas esas estrellas están vivas o cuántas de ellas están muertas. Sólo sé que el cielo nocturno se ve maravilloso cuando vos estás a mi lado.

sábado, 24 de marzo de 2018

?¿

Termino de publicar la última entrada y ella me escribe.

O empiezo a creer en algún tipo de sincronicidad trascendental que nos une o ya me estoy volviendo loca. Al diablo, me quedo con esta locura. 

Lost

Te extraño tanto que me duele. Porque yo no tengo nada que perder, es que estoy llenando mi estómago vacío con un whisky que mi paladar ni siquiera tolera. Lo trago como si fuera agua para no sentir su sabor, porque el frío me quitó las ganas de ir a comprarme un vino malbec para caer en el mismo estado de desamparo pero al menos con un buen gusto en mi boca. Te extraño tanto que me duele. Porque yo no tengo nada que perder, es que estoy llenando mis pulmones de nicotina sabor a vainilla con tal de recordarte, es que estoy presionando estas teclas como si fueran balas que me arrojo a mí misma en esta noche de otoño en la que me duele en el cuerpo tu ausencia. Y vuelvo a escribir como hacía años no lo hacía, sin importarme el resultado, como si cada letra se cayera de mi alma, como si cada letra fuera una nota de la música que compone el drama de mi existencia, mientras suena Marooned de fondo y en lo único que puedo pensar es en tu voz hablándome hasta quedarnos dormidas. Y sé que vos también estás escuchando Pink Floyd, tan sólo a metros de distancia de esta habitación. Y no sé qué estarás pensando, y no sé qué estarás sintiendo, cuando yo sólo puedo sentir la ausencia de tu presencia corrompiéndome hasta las lágrimas. El alcohol empieza a hacer efecto pero el sueño aún no llega, sólo llegan más lágrimas. Si tan sólo me hablaras, si tan sólo me hablaras, aunque sea a la distancia, tal vez este dolor se calmara. Una palabra…dame una palabra. Me duele la cabeza, más me duele el alma. Me duele tu ausencia. Me pesa tu ausencia. Me enloquece tu ausencia. Quisiera volver a ser un témpano incapaz de sentir nada. Quisiera volver a sentirme segura en mi anestesia emocional, en mi presunta racionalidad. ¿Por qué no puedo volver a ser la misma, después de todos esos momentos que compartimos? ¿Por qué todo lo que antes le daba color a mis días ahora me resulta tan insulso? El whisky asqueroso que estoy tomando empieza a cumplir su efecto deseado. Siento náuseas. Me desvanezco en tu ausencia, acariciando las palabras que a mi noche le son ajenas. Me hundo en mi dolor, a ver si de una buena vez vuelvo a sentir que existo, a ver si respiro, a ver si me duermo, a ver si te sueño. Me embriaga tu ausencia, me hastío de mi presencia. Si tan sólo me hablaras…

jueves, 22 de marzo de 2018

Hey You



Hace muchos años me “regalaron” una canción de los Beatles y me enseñaron un “código”, que desde ese entonces funciona incorruptible en mi vida. Si yo regalo una canción, esa canción pertenecerá para siempre a su destinatario, -ahora agregaría: incluso más allá de la muerte-, uniéndonos en un vínculo eterno, independientemente de las vicisitudes de ese vínculo en nuestra vida finita y terrenal.
Esta canción será siempre tuya. Y de ahora en más representará un espacio intermedio entre ambas. Tal vez podría haber elegido otra con una melodía más bella, pensé en Wearing the Inside Out porque la canta Rick (otro de mis amados abrazables al igual que Thom). Elegí “Hey You” porque para mí representa el pedido de ayuda antes de quedar atrapadas por el muro, la elegí porque para mí representa una ínfima parte de lo que “soñamos despiertas” durante todas esas veladas juntas. La elegí porque volví a sentir gracias a tu sensibilidad, porque con vos pude mostrarme en toda mi fragilidad y sin embargo salir fortalecida de ello. La elegí porque el pedido de ayuda es mutuo, porque me brindaste tus oídos tanto como yo te brindé los míos. Y este regalo también significa un “gracias”. 
Aunque las palabras no puedan definir nuestros vuelos astrales y nuestros bosques nocturnos repletos de luciérnagas y bichitos de luz, aunque las palabras no puedan definir nuestros viajes oníricos, quiero que recuerdes esta canción cada vez que te sientas triste, quiero que seas capaz de pedirme ayuda cada vez que necesites que te tienda la mano desde afuera del muro. Voy a ser la que permanezca despierta esperando escuchar esa vocecita que me susurra sus pensamientos, sus luces y sus oscuridades. Quiero que sepas que en la vida a veces es necesario confiar en que uno es capaz de hacer una promesa, porque vivimos en tiempos en dónde la volatilidad de los lazos los hace tan quebradizos que algunas palabras sí merecen ser conservadas y resignificadas, y aunque no te guste esa palabra, yo te prometo que mientras viva, vos nunca vas a estar sola.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Thelma & Louise

Primera noche sin ella
me falta su falta
me sobra su insomnio

Inmersa en el bosque nocturno
hardo en preguntas

Me quema la luz del día
necesito del sol de la noche

para recordar que existo
cuando ella me habla

Amiga, hermana
Tu dolor es mi dolor
me dolés en el alma
me dolés en el cuerpo

Tus ojos son el espejo

que busco cuando me pierdo. 

miércoles, 7 de marzo de 2018

17 Canciones para Autopista

Recibir de la nada un mensaje con un enlace y una frase. 
"Ese fue el disco con el que nos besamos".

Cuando querés, sos un tierno.

lunes, 26 de febrero de 2018

D.

Tengo una debilidad por las tonadas, dije. Léeme entre líneas. ¿Qué estás insinuando tirándote en mi cama mientras intento coordinar dos palabras hablando por teléfono con un abogado después de las flores que nos fumamos? Tengo una debilidad por las tonadas, insinué. ¿Así que eras de Mendoza? ¿Originariamente tu tonada es de Mendoza? ¿O es fusión de todas las tierras por las que vagaste nómademente? Huyendo de tus orígenes, rebelándote contra las insignias de tu pasado. Un rato también tiraste el ancla en casa y naufragamos juntos con las luces apagadas. Supongo que intuí ese desenlace cuando bajamos del departamento con envases de cervezas vacíos pero subimos con un whisky un lunes a las cinco de la tarde. Por eso toda mi evitación previa. Es tan típico de mí dar cientos de rodeos antes de acceder a algún tipo de deseo. Tengo una debilidad por las tonadas, pero la última de la cual me enamoré naufragó de otra manera y me dejó un hueco en el alma. ¿Por qué no me besas directamente en lugar de preguntarlo? Ah, no te hagas el feminista, no te sale. ¿Por qué te estoy dejando escribir en mi agenda más preciada una lista con las bandas emo que más te gustan? ¿Qué me hizo romper con la inercia libidinal después de tantos meses? Puede que mañana no recuerdes ni mi nombre. Puede que no nos veamos nunca más en la vida. ¿Así que te vas a vivir a Francia? Whatever, yo tengo una debilidad por las tonadas.

viernes, 9 de febrero de 2018

...

Desde que te fuiste todos los días tienen ese instante melancólico en el que sin buscarte te encuentro. Te veo en algún cuerpo que persigo a distancia a sabiendas de que cuando su rostro gire no será el tuyo. Te encuentro en rasgos de otros cuya vida me es ajena, en aquella canción que hicimos tan nuestra, en los rincones de casa que alguna vez habitaste. 
Desde que te fuiste muchos atardeceres llevan tu nombre, y ya nunca más podré mirar ese río de la misma manera. A veces me sigo preguntando: ¿por qué?, a sabiendas de que nunca hallaré la respuesta. Desde que te fuiste siento nostalgia por aquello que no vivimos, por aquella bicicleteada que la lluvia nos truncó esa tarde de domingo, por aquella película japonesa que no te acompañé a ver. Siempre creyendo que para todas esas cosas existiría su tiempo. 
Desde que te fuiste no te enaltezco ni idealizo, ni siento nada nuevo que no haya sentido por vos antes: el cariño más puro, el respeto y el amor por la libertad por encima de todo estandarte. Sin embargo no logro encontrar a nadie capaz de movilizarme siquiera para dejar que me roben un beso. 
Desde que te fuiste hasta el momento más feliz lleva en sí mismo el dejo de una extraña e indefinida tristeza. No dejo de disfrutarlo, pero tampoco dejo de preguntarme por qué habrás decidido negarte para siempre la posibilidad de mostrarle al mundo esa sonrisa encantadora, por qué habrás decidido quitarte para siempre la posibilidad de ver la belleza que mis ojos pueden percibir, de sentir los aromas que mi olfato puede sentir, de luchar por las infinitas causas que aún te esperaban como partícipe, por qué nos dejaste este vacío, por qué te dejaste caer, por qué nos dejaste, por qué me dejaste…

martes, 2 de enero de 2018

La anfitriona



Recuerdo todos los fines de semana reunidos en familia en ese patio. Me recuerdo una de las últimas veces, abstrayéndome de la escena por un momento, tratando de mirarla desde afuera, queriendo retenerla para siempre en mi memoria. Vos, sentadita al lado del equipo de mate -que siempre fue una parte más de tu cuerpo, ¿quién podría olvidar tus mates de azúcar con yerba?-, separando de los yuyos la lechuga o la achicoria que habíamos recolectado de la quinta. Caro yendo o viniendo en bicicleta, vos ofreciéndole siempre un mate más o una porción de torta. Mamá quitando las hierbas malas que crecían alrededor de los zapallitos. Papá con la pala en mano haciendo fuerza para armar otro almácigo, gruñendo un poco cada vez que tenía que explicarte a cada ratito que ya no puede tomar mate porque le hace mal el estómago. Era en vano, a los cincos minutos volvía a escucharse una vocecita: “- ¿Juan no toma mate?”, “- No puedo María”, “- ¿Y un tecito?”. 
Servicial desde que tengo uso de la razón, ya no poseías memoria reciente pero nunca dejaste de ser la mejor anfitriona. Buena anfitriona, es la misma palabra con la que me definió hace un tiempo esa otra persona que en octubre también tuve que aprender a dejar ir de este mundo. Dejar ir, soltar. Es algo que siempre me ha costado demasiado. Y qué se le va a hacer, si soy la eterna nostalgia encarnada. Y es por eso que necesité abstraerme unas milésimas de segundos de esa escena: necesitaba atesorarla para siempre entre mis memorias más valiosas. Recuerdo que en ese instante sentí, aún sin haberte perdido, nostalgia y tristeza por anticipado. Mis ojos se llenaron de lágrimas pero las contuve, junto a esa imagen, junto a esa escena, porque yo estaba en ella, y para poder vivirla en su intensidad y plenitud… había que vivirla en ESE presente. 
Supongo que a medida que pasan los años uno va tratando de hacerse una idea de que la muerte forma parte de la vida, más allá de que en sí misma la muerte sea irrepresentable. A algunas personas este desborde de lo real las conmueve tal vez más tempranamente que a otras. De cualquier manera, tarde o temprano a todos nos toca aprender a convivir con ciertos vacíos. Pizarnik decía que todos estamos heridos en nuestro fundamento; y que escribir es intentar reparar esa desgarradura que se me hace que en verdad es originaria. 
Se me viene a la mente una canción de Pez: “Familia es compartir el alma y estar…y no olvidar, alguien que viene y alguien que se va de la casa. Tu raíz más ancha, por siempre folklore, quede la impronta de tu vida sobre mí, por siempre…” 
Hace muchos años vi una película de la cual sólo recuerdo imágenes difusas pero siempre recuerdo nítida una de sus frases: “también somos lo que hemos perdido”. Nuestras pérdidas no sólo viven en nosotros sino que también constituyen lo que somos, son algo así como ausencias repletas de presencias, vacíos en el alma que no vamos a poder volver a llenar con nada pero cuyo valor de cicatriz es testimonio de que hemos amado. Huellas indelebles…ya que como alguien dijo alguna vez, la única muerte verdadera es el olvido. Y a vos viejita, te recordamos cada vez que cebamos un mate.

domingo, 29 de octubre de 2017

Nunca te oí en tiempo...

Nunca te oí en tiempo... 
El primer domingo después de tu partida me desmayé en plena vereda por Pellegrini. 
Nunca te oí en tiempo...
El segundo domingo después de tu partida me fui en bicicleta hasta el puente del que te tiraste y al regresar me llevó puesta una ambulancia. 
Nunca te oí en tiempo...
No hay embriaguez alcohólica que me quite tu recuerdo. 
Nunca te oí en tiempo...
Tal vez ya sea hora de empezar a hacerme cargo de esta angustia.