viernes, 4 de febrero de 2000

She

No son ellas, es ELLA.

lunes, 31 de enero de 2000

Otra piel

Cinco meses han pasado de esa noche de invierno y no puedo –ni quiero- evadirme de ese deseo. Es una sensación extraña, que sólo se alimenta de una fantasía, de un simple gesto unilateral de contemplarte a la distancia. Es un pulsar que proviene de algún otro lado, no dirigido por mi consciencia. Un encenderme cada vez que oigo tu nombre. Un querer saber un poquito más, dónde andarás, qué nuevo gusto habrás incorporado a tu lista de pequeños placeres. Es convertirme en una tonta cuando te veo llegar desde lejos, y luego, cuando por fin te tengo en frente, me comporto como los niños cuando gustan de alguien y se dedican a pelear para intentar negar aquello que sienten. 
Y es extraño porque hasta me opongo a una gran parte de tus maneras de pensar, pero a la vez me da tanta ternura verte enojada debatiendo por determinadas cuestiones políticas que me divierto tan sólo leyendo tus puntos de vista. Y fantaseo conversaciones en dónde intento refutarte nada más que para seguirte peleando. 
En verdad, ni siquiera sé si me atrevería a besarte, ni siquiera sé si me atrevería a intentar volver a rozarte, ni siquiera sé si es eso lo que verdaderamente quiero. Simplemente no me importa. Me conformo con los instantes en que nuestros relojes coinciden y me deleito con verte armarme un pucho cuando yo reniego para desprender un lillo del paquete. Me muero de la ternura cuando te oigo reclamar por alguno de tus antojos, o rasgar esa guitarra con la mente tan perdida en tu propio mundo, tan a años luz de todo lo que te rodea. 
Pero también le vendería mi alma al Diablo con tal de sólo verte dormir nuevamente entre mis sábanas, verte emocionada tratando de robarle unas notas de Cerati a mi teclado, comprarte magdalenas y cebarte unos mates hasta que amanezca.