lunes, 29 de diciembre de 2008

Ciclotimia



No hizo falta un reloj para calcularlos. Fueron segundos. Fueron cinco pasos de una habitación a la otra. Ni siquiera fue un minuto. Fueron segundos, tan solo segundos. Me doy miedo. ¿Cómo puede ser que en cuestión de segundos mi ánimo pueda variar de esa manera? Es absurdo, es ilógico, es desagradablemente patético. Deduzco que ninguno de los dos estados fueron reales: no fue real la idiota sonrisa de picardía proseguida por esa tonta risa defectuosa sin motivos observando aquella escena, ni fueron reales las dos lágrimas de cocodrilo de la segunda situación frente a mi computadora. De todas maneras me doy miedo, y me detesto cuando me pasa esto. ¿Cómo puede una ciclotimia ser tan extremista?


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