jueves, 25 de diciembre de 2008

Hombre Mirando Al Sudeste



Hombre Mirando Al Sudeste
Eliseo Subiela



“Yo no quiero que me curen, yo quiero que me entiendan”

Para mi gran asombro me he encontrado con una joya nacional. Es difícil encontrar alguna película argentina que me agrade, pero esta vez encontré la excepción. ¡Y vaya qué excepción me han recomendado!

La película toca esos temas que día a día irrumpen en mis pensamientos haciéndome reflexionar una y mil veces…esos temas interesantes que tanto me inquietan: la normalidad, la anormalidad, la locura, el trato a los enfermos en un hospital psiquiátrico, el comportamiento de las personas “normales”… y en este film pude reunirlos a todos, fundidos entre unos tantos interrogantes filosóficos realmente sorprendentes.

Es una película para reflexionar, para detenernos a pensar en nuestra vida, en la manera en la cual la estamos viviendo, en la manera en la cual nos relacionamos con nuestro entorno.

No es un film para cualquiera, es una película para aquellas personas que aún nos preocupamos por aquellas preguntas que les dan forma a la vida misma, y de las cuáles quizás aún no hemos hallado muchas respuestas…pero quien se las interrogue a diario sabe que precisamente en el camino mismo de interrogación, se encuentran maravillas que esconden los infinitos sentidos de nuestra existencia.

Dejo algunos extractos que me gustaron demasiado… y por cierto, ¡cuánto me hicieron pensar!...son temas de los cuales me gustaría escribir infinitud de palabras, especialmente sobre la normalidad y la anormalidad en nuestra sociedad.

Pero más aún… sobre aquel tema que me impacta desde hace tanto tiempo y esta película apenas roza, sobre aquel interrogante que me planteo exhaustivamente sin encontrar respuesta precisa…¿En qué lugar está el alma?, o mejor dicho…¿en qué lugar se encuentran nuestros sentimientos?. Las respuestas son tan yuxtapuestas y contradictorias que no hacen más que perderme. ¿En el corazón?, ¿en el cerebro?, ¿en nuestro cuerpo?, ¿en la médula ósea?, ¿en ningún lado?...



La naturaleza [...] favorece más fácilmente un cambio de especie que un cambio de conciencia. Yo soy más racional que ustedes. Respondo racionalmente a los estímulos. Si alguien sufre, lo consuelo. Alguien me pide ayuda, se la doy. ¿Por qué entonces usted cree que estoy loco? Si alguien me mira, lo miro. Alguien me habla, lo escucho. Ustedes se han ido volviendo locos de a poco por no reconocer estos estímulos. Simplemente por haber ido ignorándolos. Alguien se muere, y ustedes lo dejan morir. Alguien pide ayuda, y ustedes miran para otro lado. Alguien tiene hambre y ustedes dilapidan lo que tienen. Alguien se muere de tristeza, y ustedes lo encierran para no verlo. Alguien que sistemáticamente adopta estas conductas, que camina entre las víctimas como se no estuvieran, podrá vestirse bien, podrá pagar sus impuestos, ir a misa, pero no me va a negar que esté enfermo. Su realidad es espantosa, doctor. ¿Por qué no dejan de una buena vez la hipocresía y buscan la locura de este lado, y se dejan de perseguir a los tristes, a los pobres de espíritu, a los que no compran porque no quieren, o porque no pueden, toda esta mierda que usted me vendería de muy buena gana? Si pudiera, claro.


Seres enfermos en su mayoría, con la apariencia de seres normales, y con la evolución tan lejos de sus manos, seres humanos deshumanizados, a contra natura, enfermos resignados a tantas cosas que los están destruyendo, y haciendo tan poco para remediarlo, suicidándose por estúpidos, o por pagar sus culpas que los atan, que no les dejan ver la más mortal arma intrínseca en cada uno: LA ESTUPIDEZ HUMANA.


La estupidez humana que produce los crímenes cotidianos en la persona enferma, deshumanizada, si Dios está en el Ser, es esa estupidez la que asesina a Dios todos los días, al no escuchar los estímulos naturales del ser humano, simplemente por haberlos ido olvidando poco a poco, mirando para otro lado cuando alguien pide ayuda, dilapidando bienes cuando alguien tiene hambre, y haciéndonos los desentendidos cuando alguien se muere de tristeza.


El paradigma de la locura se rompe entonces con el estado de conciencia, con el darse cuenta de lo que somos, de lo que soy yo, de lo humano o inhumano en mi ser, porque evidentemente si no me doy cuenta, sólo soy un chiflado más que se siente normal, cuerdo, con las conductas típicas de un ser normal entre comillas, ese que hace lo que las formas aceptan, ese que hipócritamente obedece la moral popular y común, pero que está podrido por dentro, ese ser humano de hoy, el que es indiferente al dolor humano, al sufrimiento ajeno, al que no es capaz de tratar siquiera de entender al que está al lado suyo, no a la humanidad entera, al inmediato, al que está a unos cuantos pasos, al que puede alcanzar con sólo estirar la mano.


Ese ser deshumanizado, es el enfermo de locura de las apariencias, de lo que cree que es, y que no es capaz de entender más allá de la lógica pragmática y egoísta, el enfermo que se sigue dañando con su miopía de su beneficio común. Porque, ¿será realmente en su beneficio tanta atención a las formas que moldea su codicia, cuando deja de ver al otro?, ¿no es capaz de ver al otro como a un igual que padece de los mismos dolores?, ese es el estado sano, cuando se olvida al otro.


Será a caso realidad lo que ocurre, o sólo serán las sombras de la caverna en ese mito eterno las que alcanza a resolver mi tan limitada inteligencia, serán sólo los efectos los que mi razón alcanza a medir, será que mi pobre visión del mundo y de la vida se limita a los sentidos, de manera tan grosera, y antinatural en el ser humano.


Y la capacidad de sentir donde la dejó este pobre cuerdo, será tal vez muy difícil de corromper este no darse cuenta, con algunos atardeceres y con algunos olores que entran por la ventana, y que destilan eso que llamamos vida, será tanta la necedad, para negarnos a sentir sin prejuicios y sin las culpas. Y que mejor lugar para hablar de la verdad que un hospital psiquiátrico, de todas maneras no se busca la cura para esta locura de darse cuenta, tan sólo que lo entiendan a uno, al que a los ojos de los normales parece loco.

¿Dónde esta el misterio de la humanidad?, ¿En qué lugar se encuentra escondido Dios en la amalgama humana?, ¿Qué es eso divino en el ser que sustenta la vida?, ¿Con cuántas cáscaras la seguiremos confundiendo para vejarlo y para malversarlo, para irlo matando lentamente como en una agonía prolongada?


¿Seremos acaso una proyección solamente de un lugar desconocido?, ¿Una proyección de algo tan misterioso que nos hace hacer cualquier cosa?, tocar a Bach en el arte de la Fuga, emocionarnos con una imagen, con una brisa, con una sonrisa que se posa en los labios como una mariposa a punto de emprender el vuelo.


¿En que lugar está el alma?, ¿En qué lugar tan misterioso está esa cajita negra?, ¿Será en el corazón o en el cerebro?, ¿En la médula ósea, o en un lugar sin tiempo y sin espacio, que proyecta estos accidentes de mi cuerpo y de mi capacidad de sentir y de darme cuenta?


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