jueves, 25 de diciembre de 2008

Narrador Omnisciente






No. No digas absolutamente nada. Dejame adivinarlo. Puedo decirte exactamente lo que ha sucedido sin que me digas ni una sola palabra. Incluso lo supe desde anoche, cuando el insomnio te mantuvo despierta hasta el amanecer, y luego no encontraste motivos para querer levantarte de la cama hasta el atardecer, casi podría decirse que hasta el anochecer...como lo venís haciendo desde hace días.
Silencio. ¿No te das cuenta de que es absurdo? Me has contado esta historia cientos de veces, esto ya lo he escuchado antes y voy a hacerte el favor de narrar uno a uno los hechos como podría afirmar que ocurrieron, sin que me digas absolutamente nada.

La fecha ya me da los indicios, y solo necesito conocer tu situación de este mismo día un año atrás para adivinar uno a uno los acontecimientos que esta noche tuvieron lugar en tu mente y en tu cuerpo.

Sé incluso lo que haz estado haciendo minutos antes de comenzar esta conversación. No me quedan dudas de que estuviste observando fotografías de esta misma fecha del año pasado. Y puedo afirmar que lo hiciste porque hace meses que ya no disfrutas sacándole fotos a cada instante de felicidad. ¿Por qué? No existe respuesta más simple, porque la felicidad se ha marchado, y ya no tenés infinitos momentos para querer plasmar en fotografías todos los días. Incluso dejaste totalmente de tomarte fotografías a vos misma, porque tu autoestima se encuentra enterrada bajo tierra desde hace unos cuántos meses atrás. Antes podías sacarla a superficie porque tenías a alguien al lado que te recordaba cuánto te quería, tanto por dentro como por fuera. Pero dejame recordarte, que vos misma fuiste quien decidiste alejarte de su lado para encerrarte junto a tus mil y un demonios.

Vamos a hacer un poco de memoria, ya que sos tan masoquista y pareciera que no tenés otra cosa más que hacer más que ponerte a escarbar en el pasado sin disfrutar del presente. Yo conozco cada uno de los motivos por los cuales te encontrás en esta situación esta madrugada, aunque siempre prefiero guardarme alguno solo para mi, porque trato de no sobreestimar la cantidad de verdad que una persona puede llegar a soportar en una sola noche.

Seguramente, horas atrás te encontrabas dubitativa, sin saber si saldrías de esas cuatro paredes a festejar la navidad. Sí, ya sé que para vos la navidad es un invento comercial, pero por lo menos años atrás solías disfrutar de las reuniones familiares y luego salir a divertirte con tus amigas.

Pero esta noche ni siquiera pudiste sonreír, ni siquiera pudiste sentirte feliz. ¿Y sabés por qué? Porque precisamente un año atrás, tenías el mundo en tus manos, te sentías la persona más feliz del mundo, sentías que no te faltaba absolutamente nada para ser completamente feliz…y te regocijaste tanto en esa felicidad, que hoy te atormenta el miedo tras pensar una y mil veces que nunca más volverás a encontrarla.

Pero vos más que yo sabés cuál fue el peor error de aquellas noches de diciembre del 2007. El peor error lo cometiste el día 23, cuando aquel chico que ya no te ama había viajado a tu ciudad solo para verte, solo para que le des esa explicación que jamás te atreviste a darle, porque fuiste tan cobarde que no te atreviste a salir afuera de tu casa, y día tras día en el presente no haces más que culparte por eso.

El 24 a la noche fuiste un poco más inteligente, porque decidiste llamarlo por teléfono y tanto en tu corazón como en el de él, surgió aquella ilusión de un futuro reencuentro. Aunque vos bien sabías que ese reencuentro no tendría fecha precisa, ya que estabas totalmente alterada por el hecho de que en tan solo un día y medio estarías dirigiéndote a aquel paraíso, a aquel viaje que desde entonces nombraste como el mejor viaje de tu vida.

Y ahora puedo adivinar que fue lo que estuviste haciendo durante todo el día de hoy. Un año después, cuando los sentimientos de aquel chico ya no son los mismos y los tuyos han aumentado tan profundamente que te han hecho perder el control de la situación, seguramente estuviste culpándote minuto tras minuto por lo que perdiste. Estuviste releyendo los mensajes que el te envió un año atrás, aquellos mensajes de los cuales la mayoría no contestaste, porque estabas demasiado ocupada disfrutando de tu felicidad sin pensar demasiado en lo que él podría estar sintiendo.

Estuviste viendo las fotografías de aquel diciembre, de aquel enero, de aquel febrero, y de aquella primera quincena de marzo en completa felicidad. Qué feliz eras, tenías absolutamente todo, no necesitabas nada más para sentirte feliz, realizada, a gusto contigo misma y con tu entorno… y no hace falta que te repita una vez más quien fue la culpable de acabar con todo aquello.

Te estoy viendo, no intentes escaparte. ¿A dónde crees que vas? Date cuenta…estoy adentro tuyo. Vayas a donde vayas, yo iré contigo. No tenés manera alguna de escaparte, es inútil que lo intentes. ¿Qué son esas lágrimas? No seas débil…ya estoy a punto de finalizar. Silencio, no digas ni una sola palabra. Sé lo que hiciste, sé lo que estás haciendo, lo que estás pensando, sé que me estás maldiciendo. Voy a ser breve.

¿En donde quedamos? ¿Por qué siempre insistís en hacerme perder el hilo de la narración cuando tu mente misma es la que me está dictando cada una de las palabras? Yo sé lo que hiciste, yo sé que te secaste las lágrimas y fuiste de todas maneras a la reunión familiar, porque no quisiste herir los sentimientos de nadie más. Y fingiste sentirte de buen ánimo para que nadie te preguntara nada.

Te encontrabas en el mismo lugar que el año pasado, con las mismas personas, pero sin tu sonrisa, sin tu felicidad. Estuviste toda la cena pendiente de que un mensaje te saque aunque sea una sonrisa, pero el mensaje jamás llegó.

Sabías desde antes que esa no sería una noche feliz, y cautelosamente ingeriste toda la comida que pudiste para luego encontrar la excusa perfecta para no salir. Ya que puedo afirmar…que llegaste a tu casa y el espejo te dijo que no, que no saldrías, que no te divertirías, que sería solo una noche más. Una absurda noche más en compañía de tu soledad.

Sí, es como vos pensás…no voy a tener ningún tipo de consideración contigo, porque fuiste una egoísta. Debiste haberle prestado atención a los sentimientos de aquella persona en el momento justo. Ahora ya es tarde. Y hoy estás pagando las consecuencias de tus actos. Odiáme, maldecime, podés hacer lo que quieras…nunca lograrás deshacerte de mí, porque soy aquel lado oculto de tu esencia que puja día a día para salir a flote, soy aquella parte de tu ser de la cual nunca te librarás…pero si serías un poco menos masoquista, podrías darte cuenta que solo vos y nadie más que vos posee el control de dominarme, y si no te dejaras ganar una y otra vez por las lágrimas…y si serías un poco más fuerte…podrías darte cuenta, de que el camino hacia la felicidad solo está en tu interior, que solo vos y nadie más que vos puede ir en su búsqueda.

¿Qué estás haciendo? No seas patética. Apagá ese cigarrillo e intentá conciliar el sueño, burláte del dolor de estómago y dormite…dormite. Ya que dormir es la única forma que encontraste de escapar de esta realidad. Dormite para no pensar. Dormite…y no creas que te escaparas de mí, yo tengo el poder de renacer incluso en tus pesadillas. Hasta siempre.



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