miércoles, 7 de enero de 2009

El día que Nietzsche lloró



Yrvin D. Yalom
El día que Nietzsche lloró


Maravillosa novela me recomendó mi profesora de Psicología de la facultad. A pesar de que yo ya la había visto en alguna que otra librería y el título me había llamado mucho la atención, solo decidí comprarla luego de que ella la recomendó en aquella clase.
El título sin dudas me llamó la atención por mencionar a un filósofo tan sorprendente como controvertido: Friedich Nietzsche.
No puedo negarlo, desde la primera vez que oí hablar de él, me surgieron unas intensas ganas de querer adentrarme en su filosofía. Y así fue como día a día trato de aprender cuánto más puedo sobre el…y sinceramente: no puedo dejar de maravillarme.
El libro es una novela, es ficticia, pero los acontecimientos que tienen lugar allí tranquilamente podrían haber sucedido en la realidad. Además, el autor parece ser sumamente informado sobre cada tema que narra en la novela.
No es solo ficción, muchas cosas son reales, muchos hechos ocurrieron, y los personajes tampoco son ficticios. La adecuación de Yalom me pareció fantástica, el libro está perfectamente contextualizado y la narración es realmente genial.
Apasionada por la filosofía de Nietzsche y por mi carrera universitaria de Psicología, es un libro que no podía dejar pasar. Me siento muy identificada con la obra filosófica de Nietzsche y a pesar de no conocerla en su totalidad, todo lo que aprendo no deja de sorprenderme.
Como todos los libros que pasan por mis manos…este no se ha salvado de unas cuántas marcas en sus páginas. Gracias a esta obra pude comprender más el pensamiento filosófico de Nietzsche, y además…conocer un poco más sobre las raíces del Psicoanálisis, sobre Breuer, Freud, y el caso de Anna O. Y también aprendí un poco más sobre la asombrosa vida de la única mujer a la que Nietzsche amó: Lou Salomé.
No puedo negar que me sentí muy identificada con el pensamiento liberal de esta dama. Y con su pasión por las atracciones intelectuales, por conquistar mentes brillantes, como la de Nietzsche… aunque es realmente lamentable el hecho de que por su culpa éste gran filósofo nos haya denigrado en muchas ocasiones a las mujeres, lo cual por supuesto, no le quita nada al hecho de que yo lo siga admirando tanto como lo admiro.

Hoy, después de unas cuantas semanas desde que finalicé la lectura, decidí darle una hojeada para releer las frases y párrafos que había marcado en aquel entonces, y me detuve a pensar en la siguiente:

“Tengo períodos negros. ¿Quién no? Pero no me dominan. No forman parte de mi enfermedad, sino de mi ser. Podría decirse que tengo la valentía de padecerlos.”

Es una frase de Nietzsche de una conversación entre él y Breuer. Y me sentí identificada porque yo estoy en constante lucha contra mis “períodos negros”. ¿Me dominan? Es una pregunta que para mí situación no tiene respuesta, porque yo no sé realmente si mis depresiones y caídas me dominan o yo las domino a ellas. No sé si podría hablar de “dominación”, lo que si tengo en claro es que forman parte de mi ser. Siempre lo digo: soy luz y oscuridad. Y también creo que en la mayoría de nuestras veces nuestra mente se encuentra dominándonos más que nosotros a ella. Creo que más nos dominan nuestros sentimientos ¿a caso alguien puede controlarlos?... y si mis depresiones o períodos negros tienen que ver con mis delirios mentales y con mis sentimientos, creo que no tengo el poder de dominarlos. Pero si estoy completamente segura de que forman parte de mí. Lamentablemente tiendo a pensar muy seguido de que yo no fuera yo misma sin esta melancolía que me acompaña casi a diario, tiendo a pensar que yo no sería yo sin esta nostalgia, sin esta tristeza que me acompaña diariamente en uno o muchos momentos del día. ¿Será que ya me acostumbré a ella y no puedo despegarme? Será que ya intenté una y mil veces de infinitas maneras posibles alejarme de ella pero siempre volvió a buscarme. Ojala algún día pueda hacer prevalecer mi luz a mi oscuridad, y afirmar que si bien los períodos negros forman parte de mi ser, no son los que en cantidad prevalecen sobre mis períodos luminosos… pero lo que sí tengo en claro, como dice la frase: es que tengo la valentía de padecerlos.

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