miércoles, 7 de enero de 2009

Oliverio Girondo




-->
8
Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo -me pregunto- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas todas juntas a la mierda.
Oliverio Girondo
Espantapájaros
Mi interpretación (o mis delirios)
Estuve leyendo Espantapájaros, una obra Oliverio Girondo, poeta argentino que conocí el sábado gracias a un amigo que me lo recomendó.
Particularmente, me llamó la atención el anterior poema. El tema de la personalidad es un tema que me interesa demasiado, lo cual es común siendo una estudiante de Psicología.
En Psicología hay varias y diversas teorías de la personalidad. La gran mayoría defienden que la personalidad es algo único en cada persona, a diferencia de lo que expresa Oliverio afirmando que el es un conglomerado de personalidades.
Pero no me quiero perder en cuestiones psicológicas, más bien pretendo adentrarme más en este poema y tratar de interpretarlo de acuerdo a mis pensamientos.
Sinceramente, a pesar de sostener que la personalidad en cada persona es única, me sentí un poco identificada con las palabras del autor. Quizás lo que yo no comparta es haber utilizado el término “personalidad” para expresar las diferentes maneras de concebirse a sí mismo en las diversas ocasiones de su vida.
Yo creo que es dentro de esa misma y única personalidad, en donde encontramos un sinfín de características que nos son propias. Y creo que son estas características las que nos invaden constantemente a lo largo de nuestros días. Quizás algunas de esas características puedan formar una especie de conjunto –conglomerado, o cocktail en palabras del autor-, que nos hace confundir y creer que tenemos más de una personalidad. Porque puede que dependiendo de nuestras maneras de actuar, sentir y pensar…a veces nos parezca que somos personas diferentes en diferentes situaciones.
Entonces, a partir de mis observaciones, voy a pasar a sustituir el término que utiliza el autor, más bien, en vez de hablar de personalidad, yo voy a hablar de diversas maneras de concebirnos a nosotros mismos. Creo que no es cuestión de buscar una “personalidad verdadera”, creo que nuestra personalidad siempre es verdadera, es única.
Todas estas maneras de concebirnos son las que forman esta personalidad, todas estas maneras de vernos a nosotros mismos, o de cómo nos ven las personas que nos rodean, son las que muchas veces nos alteran, porque son contradictorias, porque son infinitas, porque son tan diversas e infinitas que muchas veces nos hacen confundir, perdernos, nos hacen enloquecer.
Es interesante cuando el autor aclara que muchas veces cree que esas “personalidades” no le pertenecen. Aquí me detuve a pensar en el concepto psicoanalítico del “inconsciente”, precisamente aquello que nos es ajeno, aquello que se nos escapa de las manos, aquel lugar oscuro al cual no podemos acceder. Quizás sea culpa de este inconsciente, el hecho de sentir que muchas veces nos encontramos fuera de nosotros mismos.
Creo que todos tenemos ciertas facetas de nuestra personalidad que nos gustaría ocultar, creo que todos somos luz y oscuridad, todos tenemos pensamientos que nos incomodan pero sin embargo ahí están, no los podemos negar por más que quisiéramos, gran parte de lo que sentimos excede nuestra razón, gran parte de nuestras emociones, de nuestros sentimientos, son incontrolables. Y por más que intentemos evadirlos, no hay manera alguna de escapar de ellos.
Creo que está en la naturaleza del ser humano el ser contradictorio, y toda esa confusión que expresa el autor es precisamente por eso. Porque entre nuestros pensamientos, entre nuestras acciones, entre nuestros sentimientos…hay una lucha constante de contradicciones. No siempre estamos a gusto con lo que somos, a veces incluso nos aborrecemos, nos odiamos por haber actuado de tal manera. A veces somos quien no queremos ser, a veces creemos habernos perdido en nosotros mismos. A veces pensamos de una manera y actuamos de otra, a veces pensamos cosas que no quisiéramos pensar, sentimos cosas que no quisiéramos sentir. A veces nuestra razón es abolida por nuestros sentimientos. A veces incluso, nos encontramos tan confundidos, que creemos habernos perdido a nosotros mismos.
Una de las frases que más me hizo pensar en el inconsciente freudiano es la siguiente: “Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio”. Inevitablemente me hizo pensar en alguna especie de lapsus o de acto fallido en la palabra.
Por otra parte, me fue inevitable no detenerme a plantear que quizás lo que el autor quiso expresar fue una lucha entre lo correcto y lo indebido, entre lo que nuestros pensamientos creen que es correcto y lo que quisiéramos estar haciendo en acciones. Especialmente cuando hace referencia a “una personalidad” que insiste en acostarse con todas las mujeres, y otra que le aconseja que lo mejor es la abstinencia, o aquella “personalidad” que lo sucumbe al insomnio y la otra que lo despierta al amanecer.
En esas partes se puede notar explícitamente la lucha de dos fuerzas contrarias, una especie de lucha entre el bien y el mal, entre la razón y la pasión, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo que nuestros impulsos nos hacen desear, pero lo que nuestra moral nos obliga a no realizar. O entre aquello que quisiéramos hacer de tal manera, y no poseemos el control de realizarlo, como por ejemplo, el caso de que el insomnio muchas veces nos impide dormir, y de esta manera no podemos despertarnos al amanecer, como quizás sería lo correcto.
El párrafo final es realmente sorprendente. Pareciera ser que el poeta, tras detenerse a pensar demasiado en la infinitud de aquellas fuerzas en contradicción, termina analizando y pensando tan detenidamente en cada una de ellas, que las infinitas posibilidades lo terminan llevando a su irrealización.
Quizás esa infinitud de maneras de actuar, pensar y sentir lo terminaron paralizando. Quizás el hecho de pensar demasiado en cada una de ellas terminó destruyéndolas, y dejándolo en la nada misma. Porque al pensar demasiado, se le dificultó la actuación misma. Pensar le impidió actuar.
Quizás lo más correcto no hubiera sido hablar de personalidades, sino más bien de la infinitud de pensamientos tan contradictorios como sorprendentes que asechan a las personas que pensamos demasiado, que nos preocupamos demasiado, que analizamos detenidamente cada una de nuestras situaciones.
Quizás tanto el poeta, como yo…deberíamos “mandar un poco a la mierda” a todos esos pensamientos, -o “personalidades” según sus palabras-, que nos carcomen la existencia, que nos impiden actuar, que no nos dejan romper con la inercia, que nos mantienen en un estado de desmotivación…para de esta manera poder arriesgarnos de una buena vez por todas, para poder actuar, para poder vivir un poco mas intensamente


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Speak to me...