miércoles, 25 de febrero de 2009

Mauríce

Leyendo un excelente posteo de mi amigo Zim… hoy recordé a Mauríce…un músico independiente que conocí en las calles rosarinas… y después de tanto tiempo volví a escuchar sus canciones…releyendo las palabras que escribí en aquel 29 de Marzo del 2008:


Caminar por las calles de Rosario ya no es lo mismo desde aquel incidente con el ladrón en la facultad. Pero, de todas maneras, intento disfrutar del paseo lo más que puedo. Mientras papá y mamá se encargaron de limpiar el departamento para comenzar a amueblarlo, con Caro salimos a pasear solas por la peatonal. Por primera vez, las dos paseando solas por las calles rosarinas. Que hermoso momento, pensé en mi interior. Nos tentamos con todos los negocios y mientras recorríamos las vidrieras más crecían nuestras ganas de querer comprarnos absolutamente todo. Abandonamos la Córdoba entrando en la Galería del Paseo saliendo por la calle San Martín.

Nuevamente dos situaciones de desagrado nos inquietaron y nos hicieron entrar en un leve estado de pánico. La primera, un adolescente deteniéndonos para pedirnos un cigarrillo. Al verlo, tendría que haber seguido caminando, pero como siempre mi ingenuidad presente, me detuve y le dije que esperara que lo busque. Al dárselo, él notó que estaba asustada y comenzó a hablarme diciéndome que no me asuste. Su voz lo delataba, estaba drogado o alcoholizado. No le bastó con el cigarrillo y me preguntó si no tenía una moneda para comprarse una cerveza. Al instante sin dudarlo nos alejamos de su presencia, para evitar una situación de desagrado. En la misma cuadra, otro adolescente en el mismo estado que el anterior, nos paró para darnos dos tarjetitas con mensajes de amor. Obligadas nos tuvimos que detener nuevamente, y otra vez el susto invadiéndonos. Me preguntó si no tenía una moneda, y cuando comencé a buscarla queriendo hacer una obra de bien, él comenzó a hablarme. En una voz distorsionada por los efectos de no quiero imaginar qué, comenzó a pedirme que le diera plata para comprarse una “birra”. Hay gente que tiene cara para todo, pensé, y esta vez me sumergí en un pánico mayor que en la anterior situación, porque noté en su mirada extraviada matices de violencia. Me asusté y le dije que no le daría plata para comprarse alcohol, dejé caer la tarjeta al piso mientras con mi hermana salimos casi corriendo escuchando las barbaridades que nos dijo el chico luego de nuestro comportamiento. Había sido suficiente, las dos situaciones nos hicieron querer volver al departamento de inmediato.

Comenzamos a caminar nuevamente por la San Martín, hasta que lo vimos a él. Su cabellera ondulada, larga y dorada me llamó la atención de inmediato. Unas leves, armoniosas y encantadoras melodías me indujeron a acercarme cada vez más hacia su figura, que descansaba sentada sobre un amplificador mientras un micrófono rozaba delicadamente sus labios. Desde atrás, su figura, su cabellera y sus prendas (tan sencillas como bellas) me recordaron inmediatamente a John Frusciante, hecho que me llevó a acercarme aún más para escucharlo más de cerca. Me quedé detenida oyendo su voz. En mi imaginación, el tiempo se detuvo y mi mundo se redujo a aquellas melodías y mi corazón. Dejé de soñar por un momento para ver como la gente proseguía caminando sin prestarle demasiada atención, dejé de soñar por un momento, y fue entonces cuando mi desagrado hacia esas personas aumentó. Es que su voz era tan dulce que yo me quedé paralizada tan solo escuchándolo. “Mariposas volando hacia el edén infinito, tu querer por el suelo, las pisadas de un amor espeso, que se hundieron en el cuento naufragando por mi cuerpo…”

La letra de su canción me gustó tanto que instantáneamente al escucharla, me surgieron unas enormes ganas de comprar su CD que posaba sobre la funda de su guitarra. Pero luego de mi sueño desperté, y con Caro decidimos seguir caminando… y de él nos alejamos. Más vidrieras, más tentaciones de gastos sin sentido. Mis pensamientos aún seguían rondando por aquella suave melodía. ¿Valía la pena malgastar dinero comprándonos ropa o cosas inutiles que no necesitabamos? Definitivamente, no. Por lo tanto, luego de tomar un helado, decidimos volver hacia el lugar donde se hallaba aquel cantante bohemio. Pero ésta vez, no eran suyas las palabras que sus labios pronunciaban. Esta vez, desde lejos escuchamos esas hermosas melodías que tanto me gustan. Muchacha Ojos De Papel se oía a la distancia, y yo solo quería acercarme. Nuevamente me quedé detenida observándolo, soñando despierta. Canción Para mi Muerte, continuada por El Oso.

Era demasiado, me acerqué aún más a él y tomé su CD entre mis manos para observarlo. El CD contaba con cinco canciones compuestas y ejecutadas por él, selladas con el seudónimo de Mauríce. Acto seguido, él dejó de cantar para acercarse a nosotras. Comenzamos a dialogar y nos contó que es de Buenos Aires, y luego le pregunté el precio de su CD, para no avergonzarme por haberlo tomado sin antes habérselo pagado, aunque el cartel que posaba al lado de sus CDS decía que podíamos abrirlos para verlos, yo no quise mostrarme como una desubicada. De todas maneras, el precio no me importaba, yo ya estaba dispuesta a comprarlo. ¿Cómo no iba a contribuir con un músico que tan solo se detiene por las calles para cantar siéndole fiel a su arte? ¿Cómo no iba a colaborar con un músico que me había demostrado que realmente estaba allí cantando por amor a la música? Además, quería conocer las otras cuatro canciones que aún no había escuchado. Lo que más me gustó de esa breve conversación, fue que a pesar de que la primera vez que nos detuvimos a escucharlo, nos paramos lo suficientemente lejos de él, hecho que hacía casi imposible que entre tanta gente note nuestra presencia, pero… sin embargo… él nos había visto. Y me dijo que la canción que había cantado cuando yo lo estaba observando un rato antes se encontraba en ese CD.

Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro, le pagué el CD y luego de un bello agradecimiento nos alejamos lentamente de él mientras comenzaba a sonar por el aire aquella canción que tanto me marcó en un pasado. Presente... sí, la de Tango Feroz, aquella con la cual tantas veces lloré y me emocioné. La estaba escuchando cantada por su hermosa voz. Y fue ese el detalle que completó la agradable situación, fue esa canción el detalle que me hizo estar totalmente segura de haberme acercado a él. Y me sentí feliz por haberme detenido para comprar el CD, y me sentí feliz por haberme cruzado con esa persona especial que cambió mi día totalmente, convirtiéndolo en un día lleno de color. Son esas pequeñas cosas que me hacen sonreír, son esas pequeñas cosas que me hacen feliz. De eso va mi vida. De esos pequeños detalles yo me alimento día a día llenando mi vida de momentos de alegría. El viaje de regreso a casa estuvo colmado de ansiedad por querer escuchar esas cinco canciones. Y en este preciso instante suenan en mis parlantes esas hermosas palabras, susurradas en un hermoso tono de voz que roza suavemente mis oídos… “Quiero besar al sol, adentro hay un amor de fuego. Subo hacia el verdor, navegando estrellas de plata. Errantes por tus ojos tan profundos, de arrecifes esmeralda. Busco algún rincón, por fuera de las torres heladas. Siembro mi propio Dios. Flores cristalinas de agua, entre estas ruinas que se elevan, tan profundo como el alba…”




2 comentarios:

  1. me encanta rosario,
    la gente que se choca,
    que no te pregunta, que no te mira
    las mil historias que deven situarce en sus peatonales
    historias de amor, de amistad.
    sentarce en un cafe solo con la compañia de un libro y que nadie te diga que estas loco o de que es ese libro.
    el ruido de los bocinasos, las frenadas y el alboroto de los traenseuntes suele dejar mi cabeza bien callada y en paz.

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  2. Es una bonita historia, en un curioso contexto!

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