lunes, 9 de febrero de 2009

Posdata: Te Amo II

Cecelia Ahern
Posdata: Te amo

Extractos y conclusiones propias…

Lo repito: me sentí identificada con tantas…pero con tantas palabras de este libro.
Algunos párrafos son tan exactos, transcriben perfectamente lo que me pasó casi diariamente en los últimos meses…

“Las lágrimas corrían de nuevo por el rostro de Holly, que de pronto cayó en la cuenta de que había vuelto a soñar despierta. Seguía sentada inmóvil en el sofá con el auricular del teléfono aún en la mano. Últimamente perdía a menudo la noción del tiempo y no sabía qué hora ni qué día era. Parecía como si viviera fuera de su cuerpo, ajena a todo salvo al dolor de su corazón, de los huesos, de la cabeza. Estaba tan cansada... Las tripas le temblaron y se dio cuenta de que no recordaba cuándo había comido por última vez. ¿Había sido ayer?”

Soñar despierta creyendo que todo volvería a ser como antes. Esperar y esperar una respuesta detrás del auricular del teléfono y no escuchar nada más que el propio silencio que de a momentos se quebraba con el correr de mis lágrimas. Perder la noción del tiempo, sin saber si es de dia o de noche, sin horarios para absolutamente nada. Encerrada en mi habitación intentando plasmar mis sentimientos en palabras que no contenían ni la más ínfima parte del dolor que sentía mi cuerpo y mi alma. Dïas y días sin salir de mi habitación. Días sin comer. Otros días de pasar de la nada al todo. Y de vuelta a la nada. Estar muerta en vida.

“- Supongo que debería valerme por mí misma —aventuró Holly.
- ¡Bah! -espetó Sharon, restándole importancia con un ademán-. Lo harás cuando estés preparada. No hagas caso a la gente que te diga que deberías volver a la normalidad en un par de meses. Además, llorar la pérdida que has sufrido forma parte del proceso de recuperación.
Siempre decía lo más apropiado en cada momento.
- Sí, bueno, pero, sea como fuere, llevo mucho tiempo haciéndolo. Ya he llorado todo lo que tenía que llorar -dijo Holly.
-¡Eso es imposible! -replicó Sharon, con una mueca de disgusto-. Sólo hace dos meses que enterraste a tu marido.
- ¡Oh, basta! La gente no parará de decirme cosas por el estilo, ¿verdad? -Probablemente, pero que les jodan. Hay peores pecados en el mundo que aprender a ser feliz de nuevo.
- Supongo que tienes razón -concedió Holly.
- Prométeme que comerás -ordenó Sharon.
-Lo prometo.”

Como si desde afuera alguien podría entender completamente el dolor que uno siente adentro. Nadie entiende completamente al dolor más que su propia víctima. Nadie siente por nadie. Las pérdidas implican duelos, y los duelos implican tiempo. Y ese tiempo…es incalculable. Solo nuestro corazón es el que decide cuándo dejaremos de llorar. Porque las lágrimas nunca se gastan. Y cuando creímos que ya hemos llorado lo suficiente…puede que algún recuerdo nos vuelva a hundir nuevamente en el océano de la agonía. Y aprender a ser felices de nuevo…es una desición que no está en nuestras manos ni en las manos de nadie. Porque no es una desición, porque es algo que excede nuestra razón, y porque los duelos deberán perdurar hasta que sea necesario. Intentar aplacarlos artificialmente solo nos producirá mayores penas futuras. Al dolor hay que mirarlo a los ojos, hay que aprender a sobrevivir con él…y esperar que nuestro corazón decida deshalojarlo. No todos los duelos son eternos. Algunas heridas afortunadamente logran cicatrizar. De los duelos uno aprende. Y pese a todo el dolor que una perdida nos causó… ese dolor siempre será un aprendizaje para tener en cuenta en nuestro futuro.

“Eres fuerte y valiente y podrás superar este trance. Hemos compartido algunos momentos preciosos y has hecho que mi vida... Has sido mi vida. No tengo nada de lo que arrepentirme. Pero yo sólo soy un capítulo de tu vida, y habrá muchos más. Conserva nuestros maravillosos recuerdos, pero, por favor, no tengas miedo de crear otros distintos.”

Esas palabras me recordaron tanto a las que alguna vez la persona por la cual lloré me dijo...Hoy no puedo creer que el dolor por fin se haya detenido. Hoy no puedo creer haber dejado de sentir todo lo que sentía. Hoy me sorprendo a mi misma afirmando que ya no lo amo. Creo que haber leído este libro, en este momento de mi vida…me permitió darle un fin definitivo a mi historia. Este libro marcó mi capítulo final. Y el final es definitivo y positivo. Porque los momentos compartidos fueron hermosos. Y no tengo nada de que arrepentirme. Ya es hora de construir nuevos recuerdos, de conservar mis maravillosos recuerdos con esa persona…pero de seguir construyendo los mios. Es hora de continuar viviendo…y de dejar de morir en vida. No debo tener miedo de construir nuevos recuerdos. No debo tener miedo de construir nuevos recuerdos. No debo tener miedo de volver a enamorarme.

“Holly regresó a casa y, alejándose del resto del mundo, se encerró en su nido, que contenía cientos de recuerdos de la vida que antaño había tenido. La vida que tan feliz la había hecho. ¿Por qué le habían dado otra, pero mucho peor que la anterior?”

En un segundo un sin fin de imágenes recorrieron mi mente. Un flashblack me bloqueó por completo. Recordé las infinitas veces que deseaba borrarme del sitio en donde me encontrara para regresar a mi casa y encerrarme…hundiéndome en viejos recuerdos.

“Holly esbozó una sonrisa. Gerry sabría exactamente cómo se sentía, sabría exactamente qué decir y qué hacer. Le daría uno de sus famosos abrazos todos los problemas se esfumarían. Agarró una almohada de la cama y !a abrazó con fuerza. No recordaba la última vez que había abrazado a alguien, abrazado a alguien de verdad. Y lo más deprimente era que no se imaginaba abrazando de nuevo a nadie de la misma manera.”

Y todo se vuelve tan complicado cuando ya no están esos abrazos que nos devolverían la calma. Yo también abracé a mi almohada. Y lo más deprimente fue haber pensado que nunca volvería a sentir por otra persona lo que yo estaba sintiendo por él, lo más deprimente era pensar que el resto de mi vida continuaría sintiéndome de esa manera…

“Los pensamientos positivos de las últimas semanas iban desvaneciéndose poco a poco cada día. Resultaba tan enojosamente agotador intentar estar contenta todo el rato que ya apenas le quedaban energías. ¿A quién le importaba que la casa estuviera hecha una pocilga? Nadie más iba a verlo, y desde luego a ella le traía sin cuidado. ¿A quién le importaba que llevara una semana sin lavarse la cara ni maquillarse? Por supuesto, no tenía la menor intención de impresionar a nadie.”

¿A quién le importara que mi habitación esté repleta de humo? ¿A quién le importaba cuánto fumara o sangrara? ¿A quién le importaba que yo ya no me mueva de mi casa durante fines de semanas enteros? ¿A quién le importaba si me pasaba una semana comiendo descontroladamente o si me pasaba una semana sin comer absolutamente nada? ¿A quién le importaba si ya no me compraba ropa porque ni siquiera soportaba verme en los espejos? ¿A quién le importaba como me veía? Si yo no tenía intención de impresionar a nadie…

“Holly sujetó con una pinza la sábana que estaba tendiendo y pensó en cómo había ido trastabillando durante el resto del mes de mayo, tratando de poner un poco de orden en su vida. Había días en los que se sentía feliz y contenta, segura de que las cosas le irían bien, cuando de súbito, tan deprisa como había llegado, la dicha desaparecía y ella volvía a sumirse en la más absoluta tristeza. Procuró establecer una rutina en la que dejarse atrapar de buen grado para volver a sentir que pertenecía a su cuerpo y su cuerpo a la vida, en lugar de deambular por ahí como una zombi observando cómo los demás disfrutaban de sus vidas mientras ella aguardaba a que la suya acabara. Por desgracia, la rutina no resultó ser exactamente como esperaba. Se encontró a sí misma inmóvil durante horas en la sala de estar reviviendo cada uno de los recuerdos que conservaba de su vida con Gerry. Lo más triste de todo era que pasaba la mayor parte de ese tiempo rememorando todas y cada una de las peleas que habían tenido, deseando poder borrarlas, poder retirar todo lo desagradable que le había dicho, presa del enojo, y que en absoluto reflejaba sus verdaderos sentimientos. Se reprendía por haberse apartado de él cuando debería haberlo abrazado, por haberle guardado rencor durante días en lugar de perdonarlo, por haberse ido a dormir sin cenar en lugar de hacerle el amor. Deseaba borrar todas las ocasiones en las que le constaba que Gerry se había enfadado con ella y la había odiado. Deseaba que todos sus recuerdos fuesen de buenos momentos, pero los malos no dejaban de perseguirla hasta obsesionarla. Y éstos habían sido una absoluta pérdida de tiempo. Y nadie le había advertido que andaban escasos de tiempo.”

Traté una y mil veces de poner en orden mi vida. Traté de renacer y fallé en todos los intentos. Traté de borrar el dolor y éste siempre volvía a buscarme. Traté de concentrarme en mis estudios y solo conseguí en ellos ahogarme. En los pocos momentos en los cuáles lograba sentirme estabilizada…siempre aparecían los recuerdos para atormentarme nuevamente. Afuera renacía la primavera…pero mi alma aún se encontraba embriagada en el frío invierno…mi alma moría poco a poco mientras afuera el mundo parecía continuar su rumbo como si nada. Pero mi mundo estaba detenido…porque a mi vida le faltaba la vida. Afuera todos parecían estar felices, afuera todos parecían disfrutar, afuera todos seguían su vida como si nada…mientras mi vida se iba deshaciendo pieza por pieza. Porque yo no podía disfrutar, porque nada lograba hacerme sentir una pizca de felicidad.
La culpa comenzó a invadirme por completo…los “si yo no hubiera” o “si yo hubiera” me mareaban… no me dejaban dormir, no me dejaban vivir. La culpa lentamente me destruía…la culpa y el arrepentimiento por haberlo dejado ir, la culpa por haberlo abandonado sin explicación alguna, la culpa por no haberlo amado cuando el realmente lo hacía, la culpa por haberlo abandonado una y otra vez, la culpa por los malos momentos que le hice pasar…deseaba borrarlos, deseaba aniquilarlos para volver el tiempo atrás y reencontrarme con la felicidad. Deseaba borrar el presente y dirigirme al pasado. Vivía del pasado, vivía de los recuerdos del ayer. El presente se esfumaba en mi ayer…Estaba obsesionada, perseguida y moribunda. La culpa había llegado y parecía que jamás se marcharía…

“Luego venían los días felices en los que iba de aquí para allá con una sonrisa pintada en el rostro, sorprendiéndose a sí misma riendo mientras paseaba por la calle al asaltarle el recuerdo de una de sus típicas bromas. Ésa era su rutina. Se hundía en días de una profunda y lóbrega depresión, hasta que por fin recobraba las fuerzas para ser más positiva y cambiar de estado de ánimo durante otros tantos días. Ahora bien, cualquier nimiedad bastaba para desencadenar el llanto otra vez. Era un proceso agotador y las más de las veces le daba pereza batallar contra su mente, mucho más fuerte que cualquier músculo de su cuerpo.
Los familiares y los amigos iban y venían, unas veces para consolarla y otras para hacerla reír. Pero incluso en su risa se echaba algo en falta. Nunca parecía estar verdaderamente contenta, daba la impresión de matar el tiempo mientras aguardaba alguna otra cosa. Estaba harta de limitarse a existir; quería vivir. Pero ¿qué sentido tenía vivir cuando no se sentía viva? Se hizo las mismas preguntas una y mil veces, hasta que finalmente prefirió no despertar de sus sueños; éstos eran lo único que le parecía real.
En el fondo sabía que era normal sentirse así, tampoco es que pensara que estaba perdiendo la cabeza. Sabía que la gente decía que un día volvería a ser feliz y que aquella sensación sólo sería un recuerdo lejano. Sin embargo, alcanzar ese día era la parte difícil.”

Los días felices eran tan solo espejismos, porque yo fallaba en todos los intentos. Cuando lograba recuperar parte de mis fuerzas para intentar salir adelante…siempre volvían los recuerdos, cualquier insignificancia se convertía en un nuevo motivo para encerrarme y derramar lágrimas.
El cuerpo nunca logrará vencer nuestra mente. Nuestra mente es tan siniestra que si se lo propone puede lograr dominarnos por completo. Estoy completamente convencida…de que nuestra mente puede dominar incluso nuestro cuerpo. Porque su poder no tiene límite alguno, ni mucho menos compasión.
La felicidad nunca era completa, los momentos de alegría eran falsos…porque siempre renacía la tristeza, porque pasara lo que pasara, nada ni nadie lograba borrar el dolor…
Alcanzar la felicidad nuevamente me parecía tan dificil como imposible…incluso llegué a pensar que nunca más volvería a alcanzarla…en esos momentos todo era oscuridad, en esos momentos no existían destellos de esperanza alguna…
Hoy por fin estos recuerdos se están convirtiendo en tiempo pasado…incluso escribir estas palabras me resulta dificil porque ese día que creí que jamás llegaría quizás por fin ha llegado.

“¿Qué era aquella extraña sensación que notaba recorriéndole el cuerpo? ¿Acaso era...? No, imposible... No podía creer que estuviera experimentando una sensación de felicidad.”

Cada vez que en mi interior renacía algún destello de felicidad… la realidad lo opacaba inmediatamente. No me podía permitir ser feliz… simplemente no podía. Parecía ser que la tristeza y yo nos habíamos hecho amigas inseparables… y sentir matices de felicidad era una experiencia tan extraña que incluso me daba miedo.

“Tantos objetos, tantos recuerdos. Todos iban siendo etiquetados y empaquetados, al tiempo que los archivaba en la mente. Los guardaría en un sitio al que pudiera apelar cuando necesitara enseñanzas y ayuda en la vida futura. Objetos que una vez estuvieron llenos de vida e importancia, pero que ahora yacían inertes en el suelo. Sin él sólo eran cosas”

Nunca antes mi adicción hacia los recuerdos me había jugado tan en contra…porque no solo estaban los recuerdos emocionales…también estaban los recuerdos materiales con cargas sentimentales…y yo me pasaba horas enteras llenándome de culpa por lo que había perdido…yo me pasaba noches enteras llorando leyendo viejas conversaciones por Chat, yo me pasaba noches enteras llorando leyendo viejos mensajes al celular. Yo no podía quitarme el anillo del “casamiento falso” con el cual habíamos fantaseado en aquel colectivo urbano…y juré que solo me lo quitaría el día que dejara de amarlo. Me pasaba infinitos instantes contemplando las viejas entradas al cine, los tickets de algún que otro bar, leyendo los viejos días a su lado en mi diario personal, escuchando todas las canciones que el me había recomendado, o todas las canciones que juntos habíamos escuchado, observando detenidamente todas nuestras fotografías…reviviendo momento tras momento aquello que yo ya había perdido para siempre.
Fuera a donde fuera, yo siempre conseguía asociar algo de lo que veía con nuestros recuerdos, yo lo veía en todas partes…y el dolor se hacía mucho más fuerte cuando volvía a los lugares que frecuentábamos…
Los recuerdos poco a poco me destruían…los recuerdos me impedían continuar…los recuerdos me hundían en el pasado sin poder mi mirada de allí desviar.

“Gruesas lágrimas saladas le rodaban por las mejillas y se abrazó a sí misma para consolarse. La televisión le había mostrado cómo se sentía en realidad. Perdida y sola. Lloró por Gerry, lloró por ella misma con sollozos convulsivos que le hacían daño en las costillas cada vez que intentaba recobrar el aliento. No quería seguir estando sola, ni tampoco que su familia viera lo mucho que le costaba disimular. Sólo quería que Gerry volviera, lo demás le traía sin cuidado. No le importaba que si regresaba discutieran cada día, no le importaba si se quedaban sin blanca y no tenían ni casa. Sólo le quería a él.”

Lloraba por él. Lloraba por mí. Y me abrazaba a mí misma para consolarme. Mi familia no entendía absolutamente nada y nuestra comunicación poco a poco se iba esfumando por completo. Yo no disimulaba pero solo permanecía en silencio. No me importaba nada que no sea él. Mi vida se había reducido a lo que podría haber sido y jamás fue.

“Volvió a contemplar la alianza que lucía en el dedo anular y de inmediato se sintió culpable. Cuando aquel hombre se había alejado de ella, Holly se había sentido fatal. La había mirado como si estuviera a punto de iniciar una aventura, cuando en realidad era lo último que ella haría jamás. Se sintió culpable hasta por haber considerado la posibilidad de aceptar su invitación a tomar café. Si hubiese abandonado a su marido por estar harta de él, comprendería que fuese capaz de sentirse atraída por otro hombre al cabo de un tiempo. Pero Gerry había muerto cuando ambos aún estaban muy enamorados, y no concebía olvidarse de él sólo porque ya no estuviera allí. Todavía se sentía casada, e ir a tomar un café con un extraño habría sido como traicionar a su marido. La mera idea la asqueaba. Su corazón, su alma y su mente todavía pertenecían a Gerry.”

Yo pensaba: si él no hubiera sido bueno conmigo y yo lo hubiera abandonado por ello, quizás mi mente podría pensar en alguna otra persona. Pero no, mi alma y mi cuerpo aún le pertenecían…yo no podía mirar a otra persona, yo no podía desear a otra persona…yo no podía ni siquiera dejar que otra persona se me acercara…porque me sentía culpable…porque todo mi amor aún le pertenecía solo a él.

“Se sentó en un banco del parque delante de la zona de juegos infantiles y escuchó a los niños gritar de deleite. Ojalá pudiera ir a jugar en el tobogán y los columpios en vez de quedarse sentada mirando. ¿Por qué tenían que crecer las personas? De pronto se dio cuenta de que llevaba todo el fin de semana soñando con regresar a la infancia.
Deseaba ser irresponsable, deseaba que la cuidaran, que le dijeran que no tenía que preocuparse de nada y que alguien se encargase de todo. Qué fácil resultaría la vida sin tener que preocuparse de los problemas de los adultos. Y entonces podría volver a crecer y a conocer de nuevo a Gerry, y lo obligaría a ir al médico meses antes y así ahora estaría sentada junto a él en aquel banco, viendo jugar a su hijo. Y si, y si, y si...”
« Imagínate si, imagínate si, imagínate si... Por Dios, debía dejar de vivir su vida en la cabeza, recordando viejos recuerdos y soñando sueños imposibles. Así no iría a ninguna parte.”

Soñar con volver a mi infancia es algo que aún forma parte de mi presente. En aquel entonces yo también deseaba ser irresponsable, deseaba ser cuidada…deseaba que mis problemas se solucionen con caramelos. Deseaba volver el tiempo atrás para no haberlo abandonado…

“Se había vuelto impermeable a los problemas irrelevantes de la vida. Sólo soñaba con imposibles.”

No me importaba mi cuerpo, no me importaba mi alma. Lo único que quería era destruirme por completo. No me importaba si la imagen que devolviera el espejo me espantara. No me interesaba moverme de mi casa, no me interesaba ni siquiera cambiar mi viejo pijama, no me importaba mi ropa, no me importaba mi imagen…en realidad…ya no me importaba más nada. No me importaba a mí misma. Me había olvidado de mi misma. Deseaba autodestruirme. No hacía más que descuidarme, no hacía más que odiarme, no hacía más que maltratarme.

“No recordaba la última vez que había sido verdaderamente feliz, la última vez que alguien o algo la había hecho reír hasta que le dolieran la barriga y la mandíbula. Echaba de menos acostarse por la noche sin tener nada en la cabeza, echaba de menos disfrutar de la comida en lugar de ingerirla para mantenerse con vida, odiaba los retortijones de estómago cada vez que se acordaba de Gerry. Anhelaba disfrutar viendo sus programas favoritos de televisión en lugar de mirarlos sin prestar atención sólo para matar el tiempo. Detestaba sentir que no tenía ningún motivo para despertarse por la mañana. Odiaba la sensación de no estar ilusionada ni tener ganas de hacer nada. Añoraba sentirse amada, saber que Gerry la miraba mientras veía la televisión o cenaba. Deseaba sentir de nuevo su mirada al entrar en una habitación; echaba de menos sus caricias, sus abrazos, sus consejos, sus palabras de amor.”

Nunca antes en la vida me había sentido tan desmotivada. Sentía que mi vida no tenía sentido, que vivía por inercia. Por las noches me iba a dormir pensando en él… y luego me despertaba pensando en él. A veces entre dormida no comprendía por qué los ojos me pesaban tanto… y cuando los sueños se mezclaban con el estado de vigilia…todo se tornaba tan borroso…que más de una vez creí que se trataba de una horrible pesadilla…pero luego la realidad me demostraba que era verdad, que ya no lo tenía, que el ya no me amaba…y que tarde o temprano debería aceptarlo.

“Los recuerdos estaban muy bien, pero no podías tocarlos, olerlos ni abrazarlos. Nunca eran exactamente como había sido el momento recordado y se desvanecían con el tiempo.”
“Suspiró aliviada al oír que sus pasos se alejaban y se cerraba la portezuela del coche. Se metió en la ducha, dejó que el agua caliente le corriera por el rostro y volvió a abstraerse en su mundo particular.”

Desde aquel entonces me convertí en la persona mas introspectiva del mundo. Comencé a aislarme totalmente de la sociedad y de todo lo que tenga que ver con ella. Cuando me encontraba entre personas lo único que deseaba era regresar a mi soledad.

“- Te ponen enferma, ¿verdad? -preguntó Daniel, siguiendo la mirada de Holly hasta una pareja del otro extremo de la sala que se estaba besando por encima de la mesa.
- En realidad no -dijo Holly con aire pensativo-. Me ponen triste”

Quizás sea cierto que la primavera es la estación del amor…porque en aquella primavera yo veía parejas por todas partes, parecían multiplicarse infinitamente…el amor inundaba las calles de Rosario y mi soledad día a día me hundía más en la tristeza.

“Sí, finalmente se las había arreglado para levantarse de la cama todas las mañanas. Sí, incluso había conseguido vestirse casi todos los días. Sí, había logrado encontrar un empleo en el que había conocido a gente nueva y sí, por fin, había vuelto a comprar comida y a alimentarse como era debido. Sin embargo, ninguna de aquellas cosas la llenaba de euforia. Eran meras formalidades, algo más que borrar de la lista de «cosas que hace la gente normal». Ninguna de aquellas cosas colmaba el vacío de su corazón; era como si su cuerpo se hubiese convertido en un inmenso rompecabezas, igual que los campos verdes con sus hermosos muros de piedra gris que conectaban toda Irlanda. Había comenzado a trabajar por las esquinas y los bordes de su rompecabezas porque eran las partes fáciles y ahora que ya tenía el marco completo le quedaba pendiente la parte más complicada, llenar el interior. Pero nada de lo que había hecho hasta entonces lograba llenar el vacío de su corazón, aún no había encontrado aquella pieza del rompecabezas.”

Sí, había logrado levantarme día tras día para ir a la facultad. Había logrado moverme alguna que otra vez de mi habitación y salir de vez en cuando. Pero nada me colmaba…todo lo que hacía lo hacía desmotivada. Me sentía insaciable, insatisfecha, inconforme…nada podía llenar ese vacío. Había pensado que llegadas mis vacaciones mi felicidad renacería…pero tampoco fue así. Seguí encerrada en mi habitación deseando desaparecer. El primer mes de mis vacaciones fue totalmente inerte, no disfruté, de absolutamente nada. Podía rodearme de personas y sin embargo el vacío aún persistía…siempre el mismo vacío, fuera a donde fuera, hiciera lo que hiciera… nada podía borrar “ese” vacío… La pieza central de mi rompecabezas se había esfumado y no había forma alguna de encontrar la estabilidad de esa manera.

“Divertirse no era una palabra que usara a menudo de un tiempo a esta parte. Se había reído de las bromas toda la noche y se había entusiasmado por Denise, pero era consciente de no estar del todo presente. Se sentía como la típica niña tímida del colegio que siempre está ahí pero nunca dice nada ni nadie se dirige a ella. No reconocía a la persona en la que se había convertido; ansiaba ser capaz de dejar de mirar el reloj cada vez que salía, esperando que la velada terminara pronto para poder regresar a casa y meterse en su cama. Quería dejar de desear que el tiempo pasara deprisa y volver a disfrutar del momento. Sí, le costaba trabajo disfrutar de los momentos.”

No me quería mover de casa. Y si lograba despegarme de mi habitación…siempre ansiaba el momento de regresar a casa para volver a encerrarme. ¡Y cuán imposible se me hacía poder disfrutar del momento presente! Yo vivía del pasado.

“-¿Cómo estás?
-Cada vez que alguien me hace esa pregunta digo lo mismo, Sharon, «estoy bien, gracias», pero si quieres que te sea sincera, no lo estoy. ¿Acaso la gente realmente quiere saber cómo te sientes cuando te pregunta cómo estás? ¿O sólo intenta ser educada? -Holly sonrió-. La próxima vez que mi vecina me pregunte «cómo estás?» le diré: «Bueno, la verdad es que no estoy nada bien, gracias. Me siento un poco deprimida y sola. Estoy cabreada con el mundo. Envidiosa de ti y de tu familia perfecta aunque no especialmente envidiosa de tu marido, ya que tiene que vivir contígo.» Y luego le contaré que he comenzado a trabajar en un sitio nuevo, que he conocido a un montón de gente nueva y que me esfuerzo mucho por recobrar el ánimo, pero que en el fondo sigo perdida porque no sé qué más hacer. También le contaré cuánto me molesta que me digan continuamente que el tiempo lo cura todo aunque la ausencia hace que aumente el cariño, lo cual me confunde, porque significa que cuanto más tiempo pase desde que se fue mas voy a quererle. Le contaré que no hay nada que cure esa pena y que cuando me despierto por las mañanas en la cama vacía es como sí me echaran sal a una herida abierta. -Holly exhaló un hondo suspiro-. Y luego le contaré cuánto añoro a mi marido y lo fútil que me parece la vida; lo poco que me interesa hacer cosas y la sensación que tengo de estar aguardando a que mi vida se acabe para poder reunirme con él. Y ella probablemente dirá: «Ah, muy bien», como hace siempre, dará un beso de despedida a su marido, subirá al coche y acompañará a los niños al colegio, irá a trabajar, preparará la cena y cenará en familia, se acostará con su marido y asunto resuelto, mientras que yo seguiré intentando decidir el color de la blusa que voy a ponerme para ir a trabajar. ¿Qué te parece?”

“Holly puso su mano en la barriga hinchada de Sharon y notó la patadita. Los ojos se le llenaron de lágrimas.
- Oh, Sharon, si cada minuto de mi vida estuviera lleno de momentos perfectos como éste, nunca más volvería a quejarme.
- Pero, Holly, nadie tiene la vida llena de momentos perfectos. Y si fuera así, dejarían de ser perfectos. Serían normales. ¿Cómo conocerías la felicidad si nunca experimentaras bajones?”

Siempre lo dije. Sentir la infelicidad en su mayor intensidad nos hace disfrutar mucho más de los momentos de felicidad cuando éstos lleguen. La felicidad no existe sin la infelicidad y viceversa. Hay que conocer una para saber de qué va la otra. Sufrir intensamente nos sirve para que cuando ese sufrimiento desaparezca…sepamos ver la vida de otra manera. Creo quienes conocemos el dolor íntegramente, somos quienes sabemos cuáles son las cosas que importan en esta vida. Quienes conocimos el sufrimiento abriremos los ojos ante el mundo y la realidad que nos rodea…quienes conocemos el sufrimiento aprendimos a disfrutar de la verdadera felicidad, aprendimos a encontrarla en las cosas más simples y sencillas de la vida, en los pequeños placeres del día a día. Creo que para conocer el verdadero sentido de nuestra vida, hay que caer al precipicio y renacer de nuestras cenizas. Hay que renacer…una y mil veces. Y nunca darnos por vencidos. Nunca entregarnos de por vida a nuestro dolor…aunque de a momentos nos parezca que ya lo hemos hecho…debemos conservar siempre una mínima luz que tarde o temprano pueda volver a brillar.

“Holly se quedó perpleja y miró el teléfono. No podía creer que Denise dijera aquellas cosas. Le parecía mentira que Denise fuese tan estúpida y egoísta como para pensar que todo aquello tenía que ver con ella y no con las preocupaciones íntimas de Holly. No obstante, no era de extrañar que creyera estar perdiendo el juicio cuando una de sus mejores amigas era incapaz de comprenderla.”

Porque son en esos momentos cuando uno verdaderamente se da cuenta de quienes son las personas que estarán siempre…en las buenas, y en las malas.

“La idea de intimar tanto con Daniel le resultaba extraña e inusual. Desde entonces Holly se había convencido de que no era necesario que hubiera un vínculo romántico para ser amiga de un hombre soltero y sin compromiso, aunque éste fuera apuesto.
Y la grata compañía pronto se había convertido en un sentimiento de camaradería. De hecho, había sentido aquello desde el momento en que lo conoció. Podían hablar durante horas sobre sus sentimientos y sus vidas, y Holly tenía claro que tenían un enemigo común: la soledad. Sabía que él padecía una clase de dolor distinta y se ayudaban mutuamente en los momentos difíciles, cuando uno u otra necesitaban que alguien los escuchara o les hiciera reír. Y esos días eran muy frecuentes.”

Una vez más comprobé que la amistad entre el hombre y la mujer existe. Y el dolor se aliviaba un poco cada vez que hablaba con uno de mis mejores amigos, cada vez que hablaba con Guille…yo sentía que nadie podía comprenderme mejor que él. Porque ambos sentíamos lo mismo…me gustaría que en el presente su dolor también forme parte del pasado.

“Una sensación de entusiasmo, de esperanza, de pura felicidad y orgullo, una sensación de no saber lo que el futuro deparaba y al mismo tiempo estar preparado para hacer frente a lo que fuera. Aquel pensamiento la alegró. No iba a llorar por eso, iba a aceptarlo. Había disfrutado con cada segundo de su vida con Gerry, pero ahora tenía que seguir adelante. Avanzar hacia el siguiente capítulo de su vida, llevándose consigo maravillosos recuerdos y experiencias que le enseñarían y la ayudarían a moldear su futuro. Sin duda sería difícil, había aprendido que nada era nunca fácil. Pero no le parecía tan difícil como unos meses atrás, y supuso que a medida que pasara el tiempo aún le resultaría menos complicado.
Había recibido un regalo maravilloso: la vida. A veces ésta era arrebatada cruelmente demasiado pronto, pero lo que contaba era lo que hacías con ella, no cuánto duraba.”

Ahora tengo que seguir adelante. Avanzar hacia el siguiente capítulo de mi vida. Recoger todos los recuerdos del pasado, los bellos y los tristes…para aprender de ellos. Seguir adelante y construir mis propios recuerdos. Cerrar definitivamente un capítulo de mi vida para comenzar a vivir intensamente el siguiente.
Ahora que todo el dolor ha cesado, que me he reencontrado nuevamente conmigo misma, con lo que soy, con mis sueños, con mi esencia…ahora es cuando me toca volver a ser feliz, ahora es cuando me toca volver a amar..volver a soñar.
Ya superé cada una de las etapas del duelo. Ya conocí el sufrimiento por amor y aprendí todo lo necesario de él…
Hoy ya no sufro, porque hoy todo el amor que alguna vez sentí por esa persona se transformó en cariño y en bellos recuerdos que guardaré por siempre. En bellos recuerdos del pasado, que ya no me duelen en el presente…porque ahora es momento de construir nuevos recuerdos.

“Era una mujer que cometía errores, que a veces lloraba un lunes por la mañana o por la noche en la cama. Era una mujer que a menudo se aburría de su vida y le costaba mucho levantarse para ir a trabajar. Era una mujer que con frecuencia tenía un mal día, se miraba al espejo y se preguntaba por qué no iba más a menudo al gimnasio. Era una mujer que a veces detestaba su empleo y se cuestionaba por qué razón tenía que vivir en este planeta. Era, en fin, una mujer que a veces entendía mal las cosas.
Por otra parte, también era una mujer con un millón de recuerdos felices, que conocía el significado del amor verdadero y que estaba dispuesta a gozar de la vida, del amor y a crear nuevos recuerdos. Tanto si tardaba diez meses como diez años, Holly obedecería el mensaje final de Gerry. Fuera lo que fuese lo que le aguardaba, sabía que abriría su corazón y lo seguiría allí donde éste la llevara.
Mientras tanto, simplemente viviría.”

Yo obedeceré el mensaje que yo misma me escribí: abriré mi corazón y lo seguiré allí dónde éste me lleve.

1 comentario:

  1. Vale, estoy... no sé cómo explicarlo. No pude llorar, porque hace rato que no puedo llorar, pero tengo tantas ganas de hacerlo. Siento el pecho tenso y la piel se me erizó tanto que vi traducida mi vida en tus palabras y las de ese libro.

    Me hace tan feliz saberte así. No te conozco, ni siquiera hemos cruzado alguna palabra por mail, nada. Solo te leo, y me lees. Y te vengo leyendo desde hace muchísimo tiempo, y por eso cuando tuve la primer oportunidad de escribirte en el fotolog te puse que deseaba que pudieras reencontrarte. Porque mil veces me reconocí en tus palabras, en tu angustia, en tu vacío.

    Y hoy... me reconozco una vez más. Todo ese proceso que describiste yo todavía no logro superarlo. Estoy estancado a mis 27 años de edad en esa encrucijada de no querer mi vida, de no querer levantarme, de no encontrarle sentido a nada. Sin trabajo, sin ganas de buscarlo, sin ganas de socializar y con un terrible miedo a volver a enamorarme. Aún deseando hacerlo.

    Hablaste en un momento de la culpa, la terrible culpa que nos puede arruinar la vida si nos sabemos controlarla. Porque la sentimos todos, no solo en el amor. En todo. La culpa nos persigue como un fastama y a veces nos damos cuenta, y otras no. Pero siempre está. Y esa misma culpa (consciente o inconsciente) es la que hace que nosotros evitemos la felicidad, que busquemos inexorablemente no encontrarla. Y cuesta horrores luchar contra eso, porque algo en el fondo no nos deja intentar ser felices. Y pareciera que queremos sufrir mucho tiempo, para siempre.

    Y ahora sí pude llorar.

    No sé si voy a lograr explicarte lo que significó para mi leer todo esto que escribiste. Por quien sos, por cómo te conocí, por las cosas que describís, por las cosas que sentiste, por las cosas que vivís. Pero significó muchísimo, porque me agarró esa sensación tan común de que podría haberlo escrito yo. ¿No te pasó? Seguro que sí. Encontrarte exactamente en palabras ajenas y decir "esto trata de mi vida".

    Me pone muy feliz que te des esta oportunidad. Te juro que me pone feliz. Y no te conozco. Y eso me pone más feliz, porque significa que es más auténtico este sentimiento de alegría por vos.

    Dijiste algo en una parte que vengo diciendo desde hace años, y justamente también dijiste que lo decís siempre. E incluso creo que alguna vez te lo dejé escrito acá en el blog. La infelicidad existe porque alguna vez fuimos felices. Y la felicidad por lo contrario. No seríamos capaces de amar como amamos si no hubiéramos calado profundo el dolor de lo perdido, si no hubiéramos transitado por todas esas frustraciones que nos llevaron a estancar nuestra vida. Y yo sigo estancado.

    Pero vos no. Y eso me llena de felicidad y me hace ver que si vos, que te hago tan parecida a mi, pudiste volver a confiar... por qué no puedo hacerlo yo. Ojalá pueda. Sé que no va a pasar simplemente por verte salir adelante, porque obviamente mañana voy a seguir censurando mi felicidad. Pero al menos por este segundo en que te leí me hace creer que sí, que puedo. Y por este segundo es que te doy las gracias.

    Gracias por dejarme soñar aunque sea un instante en que es posible. Gracias por atreverte a soñar vos. Gracias.

    Gracias por hacerme llorar.

    Y te deseo lo mejor en todo lo que esté por pasarte y lo que te esté pasando. Lo mejor. Estoy orgulloso de vos, aunque seguramente no signifique nada para vos. Lo estoy. Y ojalá muchas personas en mi estado puedan leerte y sentir esto que estoy sintiendo yo, ahora, en este momento.

    Gracias Vale, por compartir tu vida por esta pantalla, por hacernos sentir que no todo está perdido. Que la vida es maravillosa, y depende de nosotros abrazarla. Y abrazarnos.

    Gracias.

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