miércoles, 15 de abril de 2009

Adicta a los recuerdos

Suena el teléfono y hablo unos minutos con una amiga que hace tiempo no veo para quedar de acuerdo para tomar un café…mientras me pide que antes de que nos veamos le grabe un CD con fotografías de viejos momentos y de alguno que otro hermoso viaje.

Cuelgo el teléfono y observo el mensaje que me envió mi prima agradeciéndome por el papelito que le escribí sin que se diera cuenta dejándoselo escondido antes de volverme…adentro del alhajero artesanal construido con una naranja que le regalé en mi viaje a Córdoba.

Entre una llamada y la otra…me encontraba y aún me encuentro acomodando cada uno de los papelitos de tickets, boletos, folletos y cartitas que me traje de mi viaje…en la carpeta que acabo de forrar con fotografías especialmente para conservar en ella estos papelitos junto a otros tantos.

Prosigo observando mis viejos boletos de colectivo acumulados en una bolsita…cuando la nostalgia me invade por completo al leer el nombre de un amigo que no veo desde hace meses, escrito en uno de ellos. El boleto pertenecía a algún lindo y viejo viaje a Rosario cuando todavía nos encontrábamos en la secundaria. Sin dudarlo un instante le envío un mensaje diciéndole que lo extraño mucho, y la nostalgia desaparece cuando acontece una de esas coincidencias que no nos podemos explicar. Él me dice que no lo voy a poder creer, pero que justo se estaba acordando de mí porque estaba escuchando una canción. “Cae la lluvia sobre París…” se escuchaba en sus parlantes en el mismo momento en el cuál le llegó mi mensaje…

Sigo sonriendo…mientras frente a mis ojos tengo tijeras, papelitos y mi carpeta esperándome para seguir viajando en el tiempo con mis recuerdos…


Sí. Soy una persona adicta a los recuerdos, adicta en extremos, adicta a más no poder, adicta en todos los aspectos y sentidos. Totalmente, completamente, exhaustivamente adicta.

No sé si es positivo o negativo, no sé si es una virtud o un defecto, una ventaja o una desventaja…pero al pensarlo concluyo que termina siendo relativo, que con los recuerdos ocurre lo mismo que con la nostalgia. A veces nos hacen sonreír, y a veces nos provocan lágrimas.

Mis problemas con el paso del tiempo tienen lugar desde ya hace unos cuántos años. Mi apego al pasado me acompaña desde toda la vida, incluso mucho más que mis miedos al futuro, que también son presentes y notables. Sin embargo siempre sigo en la lucha por vivir el hoy, el presente, pero a lo largo de toda esta lucha siempre tuvieron lugar alguna que otra caída.

Hoy aseguro que vivo mi presente, pero sin embargo no puedo despegarme de mi pasado, necesito constantemente acumular cientos y cientos de recuerdos de cada día, de cada mes, de cada año.

Y a estos recuerdos les puedo dar una y mil formas, me estoy dando cuenta de que un gran porcentaje de las cosas que hago no son más que medios para el mismo fin: acumular recuerdos.

Pensaba que el gran tiempo que paso frente a este monitor era otra de mis adicciones, pero acabé concluyendo que pasar tanto tiempo en esta computadora también es otro medio para el mismo fin: recuerdos, recuerdos, recuerdos.

Quizás sea cierto que a veces me sumerjo demasiado en ellos y eso me quita tiempo para vivir intensamente el hoy, ya que puedo pasarme días enteros acomodando viejos recuerdos, escribiendo sobre sucesos importantes, como lo estoy haciendo en este momento.

Necesito escribir estas palabras, necesito dejar plasmado que hoy, 14 de abril del 2009, me encuentro perdida en boletos de colectivos del pasado, decorando una carpeta para acomodar cientos y cientos de papelitos del ayer perdidos entre sus páginas.

No puedo vivir sin mis recuerdos, y es por eso que me considero adicta a ellos. Y admito que no es demasiado bueno necesitar tanto de ellos, pero sé que yo no sería yo si dejaría de hacer estas cosas…además sé que no puedo, realmente no puedo…dejar de hacerlas.

No conozco otra persona en el mundo (aunque sé que las hay, pero aún no la conocí), que escriba todos los días, absolutamente todos los días de su vida sin dejar pasar uno solo, su diario personal. Yo no puedo dejar de escribirlo, necesito escribir qué hice, qué no hice, a quién vi, que aprendí…necesito dejar una conclusión de cada uno de mis días para determinar si fue positivo o negativo, si en ese día fui feliz o infeliz, si estuve contenta o estable, o triste. Y no puedo dejar de hacerlo, desde ya hace casi tres años que lo hago y estoy segura de que ya no hay vuelta atrás.

¡Cómo no escribir los momentos más importantes de mi vida! Puedo pasarme semanas enteras encerrada en esta habitación escribiendo los sucesos que más me marcaron, de hecho, hace un mes atrás…estuve una semana entera entre estas cuatro paredes describiendo cada detalle del día más importante de mi vida. Y hoy me mataría la culpa si no lo hubiese hecho…es una necesidad, algo que no puedo controlar, una especie de droga que me pide más y más todo el tiempo.

Y a veces me cansa…pero no puedo dejar de hacerlo, porque en definitiva el placer siempre supera el cansancio. Amo saber con exactitud qué es lo que estuve haciendo este mismo día un año atrás, dos años…tres años. Amo saber como me sentí, amo comparar mi presente con mi pasado. Y estoy completamente segura de que algún día…todas esas palabras me servirán para escribir páginas y páginas que quizás formen parte de un libro. Estoy segura, es mi meta, es mi anhelo…y no lo voy a dejar escapar.

Es cierto…hubo épocas de mi vida en las cuáles viví todo el tiempo de mi pasado, llorando recuerdos del ayer, deseando regresar el tiempo atrás. Y también es cierto que esa nostalgia (cómo me acaba de suceder)…a veces sigue presente en mi vida, pero hoy ya no vivo del ayer…hoy vivo mi presente, y recuerdo aquellos bellos momentos del ayer con una sonrisa en la cara…porque sé que ocurrieron, porque tengo las pruebas de ello. Puedo lagrimear un rato por extrañar a alguna amistad que ya no veo cotidianamente, puedo estremecerme y temblar al ver algún suceso escrito en algún boleto de colectivo…pero eso no opaca mi sonrisa, eso no me estanca en el ayer ni me impide continuar el hoy.

Mi adicción no solo se traslada a la escritura, mi adicción a los recuerdos se manifiesta en cada aspecto de mi vida. Es por eso que mi cámara fotográfica me acompaña casi diariamente a todos lados…es por eso que soy una obsesiva maniática de sacar fotografías, porque si bien también es un placer y disfruto muchísimo haciéndolo…también es cierto que las fotografías son otro medio para el mismo fin. Es por eso que le saco fotografías a todo, porque todo lo que veo lo pienso en fotografía, incluso las cosas más simples y sencillas como un par de palabras inscriptas en un papel…

Una vez alguien me dijo que el efecto antiguo que les doy a mis fotografías al editarlas se debe a mi gran apego al pasado… ¡y yo le dije que tenía toda la razón del mundo! Pero no vivo todos mis días en sepia…trato de que ese apego no sea un obstáculo para mí día a día.

Hoy puedo detenerme unos minutos a observar las fotografías (perfectamente ordenadas por año, fecha y día en mi computadora) que tomé desde que tengo mi cámara digital…y llegar a la conclusión, a la certeza…de constatar que en los meses en los cuáles más fotografías tomé…fue porque más feliz me sentí, fue porque más momentos hermosos viví, fue porque exprimí mi presente al máximo, y disfruté de cada instante de la mejor manera posible.

Hay meses en los cuales las fotografías son escasísimas, hay meses en los cuáles ni siquiera pude tomarme fotos a mí misma, hay meses en los cuáles las fotografías tan solo develan tristeza…pero hay otros meses, en los cuáles la carpeta está desbordada de cientos y cientos de fotografías que retrataron momentos que jamás olvidaré…y me hace feliz conservar esos recuerdos no solo en letras, sino también en imágenes. Si por mí fuera…desearía que cada momento feliz de mi vida esté grabado en videos…pero sería en vano…ya que nunca tendría el tiempo suficiente para detenerme a observarlos a todos. Las letras y las imágenes necesitan menos tiempo para ser vistas, leídas…recordando aquellos momentos del ayer.

Pero no solo en imágenes y letras se traducen mis recuerdos…lo que más pereza me da es pasar todos los mensajes de texto del celular que me agradan a mi computadora. Pero tampoco puedo dejar de hacerlo. En un principio los transcribía…pero cuando el tiempo comenzó a escasear, comencé a sacarle fotografías con la cámara en la calidad más baja para que no ocuparan tanto espacio. Y esto también podría hacerse más fácil, si yo podría de una buena vez por todas despegarme del afecto que le tengo a mi humilde celular…y comprarme uno que me permita pasar los mensajes sin necesidad de tomarles fotografías…todo sería más simple. Pero qué se le va a hacer, soy adicta a los recuerdos, amo a mi pobre y viejito celular, cuando tuve la posibilidad de cambiarlo no quise y pedí que me compren un órgano…y todavía no me apetece echarlo al abandono.

¿Y cómo correr el riesgo de que todo el tiempo dedicado a los recuerdos que quedan en mi computadora sea en vano? ¿Y cómo correr el riesgo de perder todas las fotografías que tomé, todas las palabras que escribí? Imposible…sé que me hundiría en una grave e insoportable depresión si alguna vez mi disco rígido muriera por completo. También necesito pasar a DVD todos, absolutamente todos…los archivos de mi computadora.

Pero lo que más impotencia me da, es no poder llevar un control absoluto de todo lo que veo, oigo y miro. Sí, también soy adicta a “esos” recuerdos. También necesito llevar un control de todos los libros que leo, de todas las películas que miro, y de toda la música que escucho. Nunca en la vida pude ni creo que podré…acomodar perfectamente, prolijamente como quisiera…todos los archivos de mi computadora, porque si bien están acomodados a mi gusto, cada vez son más, más…y no puedo dedicar un 100% de mi tiempo a ellos.

Y cómo el miedo a que alguna vez mi memoria me juegue en contra siempre está presente…también tengo la necesidad de escribir sobre las películas que miro, sobre los textos o libros que leo, sobre la música que escucho…el problema es que el tiempo no siempre me alcanza…y la tarea es interminable, por eso no me queda otra opción más que dejar mi música en las carpetas de la computadora, hacer una lista con todas las películas que miro…y otra lista con todos los libros que leo.

A veces incluso llegué a enloquecer momentáneamente por la bronca que me genera no haberlo hecho desde mis raíces…pero eso hubiera sido imposible, ya que es una tarea que debería haber hecho un tercero. A veces no entiendo como puedo ser tan meticulosa. A veces me paso horas y horas meditando con la almohada sobre cómo puedo hacer para simplificar mis tareas con los recuerdos. Pero qué se le va a hacer, esto es lo que soy. ¿Me llevará a algún lado hacer todo lo que estoy haciendo? No lo sé…pero tampoco puedo dejar de hacerlo.

Al menos cuento con la ventaja de que si algún día mi memoria comienza a fallar…nadie va a poder desfigurar mi pasado, porque todo está guardado. Un aspecto positivo es que no solo cuento con la ventaja de que nadie podrá distorsionar mí ayer, también cuento con la ventaja de que tampoco yo podré hacerlo.

Tengo bien en claro que a veces somos nosotros mismos quienes con el paso del tiempo desfiguramos momentos del ayer…los convertimos en momentos más infelices o felices, los subestimamos o sobreestimamos. Creemos que tal época fue completamente feliz cuando en realidad quizás no lo fue, o creemos que tal época fue atroz cuando en realidad también tuvo momentos de felicidad…también solemos olvidar la intensidad con la cual sufrimos, porque como las heridas fueron sanando…ya no nos duelen y también olvidamos lo que sentimos en aquel momento. En definitiva: distorsionamos nuestro pasado, desfiguramos nuestros recuerdos.

Y si bien lo único objetivo y real es el momento presente, el momento en el cuál un suceso tuvo lugar…mis recuerdos nunca podrán ser distorsionados por mi psiquis…ya que cada vez que quiera recordar algún momento tal cual lo sentí en aquel presente…no tendré que hacer otra cosa más que detenerme a leer lo que escribí ese día, u observar alguna que otra fotografía. Nunca podré engañarme a mí misma ni ser engañada. Mi visión sobre aquellos sucesos siempre poseerá la objetividad con la cual los viví en aquel momento, no podré desfigurarlos amoldándolos a mi presente.

Creo que cuando sea mayor voy a tener que dejar en mi casa una habitación libre tan solo para guardar mis recuerdos, porque no solo son de calibre digital…también están los recuerdos materiales (que obviamente, tienen carga sentimental). También están todas las cartas que me escribieron, los regalos que me hicieron, la infinitud de papelitos que guardo día a día. Boletos de colectivo, tickets de cine, entradas de recitales, cualquier tipo de objetos que poseen valor sentimental, fotografías impresas, libros, todas mis carpetas y cuadernos desde el jardín de infantes hasta los presentes de mi facultad, pasando por la primaria y la secundaria, libros, revistas, CDS, folletos de algún viaje…todas mis cajitas de recuerdos…En definitiva: todas esas cosas que para muchos no significan nada, todas esas “porquerías” a vista de algunos…que para mí significan los recuerdos tangibles de momentos que jamás olvidaré…sea una vieja rosa disecada entre las páginas de un libro, o algún viejo anillo de oro, sea lo que sea, valga lo que valga…todos esos recuerdos para mí significan mucho, y a pesar de ser cosas materiales…la carga afectiva que poseen…es lo que me impide deshacerme de ellos.

Quizás algún día deje de ser tan obsesiva y maniática en algunos de todos estos aspectos…pero está claramente comprobado que jamás podré dejar de escribir, que jamás podré dejar de sacar fotografías…que jamás podré volver de algún viaje sin alguno que otro papelito dando vueltas por mi agenda…

Y tal vez alguna vez mi gran adicción disminuya su intensidad…pero acepto lo que soy, acepto quién soy. Soy una meticulosa persona adicta a sus recuerdos, en extremos…pero así soy yo. Y esta cualidad o defecto (según los ojos desde donde se lo mire)… ya forma parte de mi esencia...es inherente a mi personalidad. Y hoy estoy feliz de que así sea.


…vuelve a sonar el celular. Otro mensaje de una persona que también hace meses que no veo diciéndome que me extraña. Me dirijo a mis fotografías del 2007, del 27 de abril del 2007 para ser más exacta, en dónde me encontraba con él y tres amigos más en una tarde húmeda y nublada. Y no puedo evitar estar muriendo de la risa observando un video de policías echándonos de la terminal armstronense porque estábamos molestando andando en skate…



14-04-09

1 comentario:

  1. Muy lindo escrito Val:) Creo que este escrito y otros que has compuesto guardan una estrecha relación..todos expresan este deseo del todo: saber todo, guardar todo, registrar todo..que nada se pierda en definitiva, que nada se esfume, que todo esté en algun lugar, al alcance
    Admiro tu capacidad para tan árdua tarea, algún día espero conocer algunos de tus recuerdos..De todas maneras, creo que siempre vas a vivenciar todo esto como una lucha, porque como decía en el otro comentario, el todo y la falta van de la mano, no podemos pensar al uno sin el otro..lo difícil, lo angustiante, lo terrible..es aceptar la falta, la pérdida, que en definitiva nos remonta a faltas más grandes, como la de saber que somos seres finitos en un universo infinito, seres diminutos en un mundo tan grande, saber que con nuestro lenguaje nunca podemos expresarnos totalmente, siempre algo se nos va, siempre algo queda en el camino.. como decía un prof. "hablamos en tanto hay algo que nunca podemos decir"..
    Tal vez la más cruel y difícil tarea de todo ser humano, sea la de aceptar su finitud, seguir viviendo sabiendo que nunca va a ser completo, seguir viviendo a pesar de saber que va a morir.

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