domingo, 19 de abril de 2009

Todos somos síndromes!


Con un poco de apatía comencé por primera vez en el año a leer sobre un tema con el cual voy a tener que realizar un trabajo para la facultad: El Síndrome del Burnout.

Lo primero que se me vino a la mente antes de comenzar a leer fue: “Qué copada que quedaría una canción que hablara de ese tema…” pero cuando busqué en Google descubrí que Green Day ya se había robado mi idea tiempo atrás…

Cuando comencé a leer sobre el síndrome…nuevamente devinieron todos los pensamientos negativos en contra de mi carrera universitaria. Y nuevamente devino presente una especie de bronca por la enorme y redundante cantidad de síndromes y trastornos que aparecen día a día en las áreas de la Psicología.

Según Wikipedia un trastorno psicológico es un comportamiento anormal de los individuos, que están clasificados por los profesionales de la psicopatología.

En primer lugar, ¿quién puede realmente dividir los comportamientos anormales de los normales? Alguien dijo alguna vez que “de cerca nadie es normal…” y yo creo que la diferenciación entre lo normal y lo anormal es un callejón sin salida, ya que depende de cada persona, depende del concepto de la palabra normal que cada individuo cargue consigo.

Si bien es cierto que hay trastornos psicológicos que forman parte de patologías, como es el caso de los trastornos mentales como el Alzheimer, la Esquizofrenia, la Psicosis, el Trastorno Bipolar…entre tantos otros, hoy en día ante el mínimo comportamiento extraño ya aparece alguien anunciándonos un nuevo trastorno o síndrome…

Yo creo que en los casos de síndromes y trastornos que tienen relación con nuestro organismo, es decir…aquellos que no solo afectan nuestra salud mental sino también a nuestra salud corporal…si puede ser posible hacer claras diferenciaciones y clasificarlos en diferentes escalas. Pero cuando se comienzan a buscar trastornos psicológicos en cualquier lado…las clasificaciones pierden su sentido.

Estaba leyendo y en una página encontré una clasificación de síndromes extraños…entre los cuáles figuraba uno llamado el Síndrome de la mano extraña, en el cual según esa página: “debido a daños cerebrales, el individuo no identifica la extremidad como suya creyendo que está poseída. Esta mano parece tener vida propia, realizando acciones involuntarias como abotonar o desabotonar la camisa.” Que me perdonen aquellos que tienen sus manos poseídas…pero creo que la clasificación de síndromes ya se nos ha ido a cualquier lado.

En los ámbitos de la Medicina, la Psicología y la Psiquiatría hoy tenemos presentes síndromes tan extravagantes como el Síndrome de la mano extraña; el Síndrome de Cotard en el cuál las personas creen que están muertas, que no existen; el Síndrome de Capgras en el cual se tiende a creer que nuestros conocidos cercanos han sido reemplazados por impostores de apariencia idéntica...Incluso hasta me encontré con un Síndrome llamado París…que según leí provoca que turistas japoneses se depriman al visitar esa ciudad, llegando a tal punto de tener que abandonarla.

Y de síndrome a síndrome llegué a uno que me tocó bastante de cerca: El síndrome del domingo…y en este caso sí puedo afirmar que conozco a muchas personas que, como yo, padecemos los síntomas que tras el síndrome son descriptos. Pero mi pregunta es… ¿realmente existía la necesidad de ponerle un nombre a mi melancolía dominical?...

Entre tantas palabras no hice más que reafirmar una vez más mi fuerte escepticismo…entre tantas palabras terminé descreyendo de todo. Y creyendo que cada persona es un síndrome. No suena muy bien…pero lo que quiero decir es que siguiendo la línea de mis lecturas…debería pensar que cada individuo posee cientos de trastornos…y que seguramente ni siquiera puede dar cuenta de todos ellos.

Entonces, mi conclusión es que cada persona es un mundo, cada persona posee una esencia, y no hay necesidad alguna de buscar todos los trastornos que esta persona posea…sino más bien dirigirse al caso en particular. Estoy segura de que si nos escabullimos demasiado en nuestro interior…vamos a terminar descubriendo que poseemos alguna especie de síndrome que nadie posee, o la acumulación de ciertos trastornos que forman alguno diferente que aún nadie ha encontrado.

Si yo fuera una psicóloga reconocida a nivel profesional…podría decir que mi “adicción a los recuerdos” es un nuevo síndrome que se caracteriza por el gran apego a los recuerdos del pasado, y que agraviado puede llegar a impedirnos avanzar en nuestro presente…le pondría de nombre el Síndrome Valeria…y seguramente cientos de personas se sentirían identificadas…

Pero eso no tendría ningún sentido, porque como ya dije antes: cada persona es un mundo diferente. Entonces no hay necesidad de etiquetar redundantemente tantos trastornos…porque cada individuo posee su propia historia, sus propios “trastornos”. Y como estoy segura de que un mismo trastorno jamás afecta a dos personas de la misma manera…al diablo con todos los nombres que les quieran poner a nuestras supuestas anomalías. Si algún día llego a recibirme y ejercer la profesión de psicóloga…jamás voy a decirle a un paciente que posee el “Síndrome de Valeria” o el Síndrome que me parezca que posee…sino que más bien voy a adentrarme en su caso en particular y centrarme en su esencia para poder divisar cuáles son sus problemas. Estoy segura de que el conjunto de sus problemáticas no será igual a la de nadie más…

Todos somos síndromes luchando día a día por permanecer en pie. Cada persona es un trastorno. Cada ser que habita en este mundo posee diferentes dosis de locura y de cordura, la diferencia es que algunos no saben o no pueden controlar la primera…

Si sigo así, tarde o temprano voy a terminar descreyendo del título universitario que estoy persiguiendo…ya que (dejando de lado las personas que poseen trastornos psicosomáticos que necesitan medicación)…día a día estoy más convencida de que en definitiva los problemas exclusivamente psicológicos tan solo tienen la solución en uno mismo. Tan solo depende de nosotros luchar contra ellos. Un psicólogo quizás pueda servir de guía, de puente hacía nuestra solución…pero la respuesta no estará en nadie más que en nosotros mismos, y para que alguien nos ayude debemos querer y desear ser ayudados…

Yo nunca aprendí a pedir ayuda, siempre aprendí a salir adelante por mí misma. Nunca aprendí a pedirle ayuda a nadie, nunca corrí en los brazos de una amistad en mis peores momentos. Siempre preferí escuchar a ser escuchada.

Ojala que si alguna vez llego a ser psicóloga…pueda ser un firme puente para conducir a buen rumbo a alguien más. Mientras tanto, en lo que respecta a mi persona…no sé si alguna vez podré acudir a algún psicólogo para luchar contra mis delirios…quizás sea por mi orgullo, pero prefiero ser fuerte y superarme a mí misma saliendo adelante sola.

1 comentario:

  1. Me pasa lo mismo, Val!
    Hubo momentos en los que necesitaba algo para cambiar, y pensé si debía ir a un psicólogo. Pero los psicólogos -en mi opinión- sirven para hacer de espejo a tu mente. Así como a veces no podés peinarte sin ver lo que estás haciendo en un espejo, ir al psicólogo puede servir para reconocer lo que uno está haciendo desde una perspectiva ligeramente distinta.
    En lo personal, prefiero resolver mis problemas lo más solo posible; y si necesito opiniones, les pregunto a mis amigos. No me gusta pagarle a alguien para que me diga cosas sobre mí, generalmente...

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