domingo, 19 de julio de 2009

Antes de


Sigo perdida entre viejas palabras del ayer, leyendo textos del año pasado. Hoy me sumergí en aquellos días previos a mi mudanza a Rosario y al comienzo de mi vida de estudiante universitaria. Aún me sigo cuestionando a mí misma el por qué de tanta angustia. No sé por qué las cosas que a la mayoría de las personas tan solo le afectan minimamente a mi me cuestan tanto. Ni siquiera en el presente pude despegarme totalmente de las consecuencias que derivaron tras ese cambio en mi vida. Pero por suerte ya nada queda de aquella angustia previa. Creo que es cuestión de adaptarse al cambio, de encontrar el lado positivo de cada etapa de la vida, de encontrar la felicidad en los nuevos ambientes, en nuevas personas...ya que al fin y al cabo: son las decisiones que uno toma las que van trazando nuestro propio futuro. Pero cuánto cuesta a veces decidir...



6 de Abril del 2008.

Cinco años era demasiado tiempo para preocuparse de antemano, para amargarse la existencia antes de tiempo. Pero llegado el momento, esos cinco años mutaron en cinco segundos, esos cinco años se esfumaron en el tiempo, como estrellas fugaces perdiéndose en el infinito. Si bien el último de esos cinco años había estado sobrecargado de dudas y preocupaciones previas a la situación, la puntera en ese juego de engaños siempre había sido la negación. Las palabras que no se dijeron, los silencios ocultando dudas perdiéndose en el aire, las voces que se callaron, la evasión total de cualquier tema que derivara en el hecho, la negación total de la realidad. Como era de esperarse, todo colapsó a último momento, todo colapsó cuando ya era demasiado tarde, y la desesperación sumada al pánico, renacieron cuando los cinco años se perdieron en el pasado dejando solo a la vista el presente, unido a un sin fin de vacilaciones que estallaron en una amarga pena. No había vuelta que darle al hecho, todo se tornó tan desagradable que incluso en ese último momento una pizca de negación proseguía tomando la partida. Escapar para evadir una vez más la realidad fue la única alternativa. Caminar solitariamente por un rumbo indefinido entre calles vacías repletas de gente, entre calles vacías repletas de nadie, entre calles vacías repletas de cientos de almas inertes. Marcar pasos extraviados hacia ningún lado, derramar lágrimas en plena luz del día a la vista de todos y de nadie. Teñir de grises el arco iris que tiempo atrás en ese mismo sitio había sido construido. Asesinar uno a uno cada sueño que en ese lugar había sido soñado. Observar el suicidio de los sueños que no habían sido asesinados. Caminar horas y horas hasta el cansancio en busca de nadie, en busca de nada, marcando pasos sin destino ni parada. Pero ya era demasiado tarde, la falsa eternidad de los traidores cinco años se había reducido a ocho días en el presente. Ocho días quedaban de los cinco años que ya solo formaban parte del pasado. -¿Cómo seguir evadiendo la realidad? ¿Cómo detener el dolor? ¿Cómo asumir el cambio y poder dejar todo atrás? ¿Cómo continuar? ¿Cómo comenzar? Se pregunta una idiota a las tres y cincuenta y cuatro de la madrugada. Instante en el cual, por quinta vez consecutiva se encuentra perdida entre la soledad, el encierro y la melancolía. Instante en el cuál, las anteriores palabras le revelaron la respuesta a la primera pregunta que esa misma noche se había formulado aturdida: ¿Por qué hace cinco sábados que no salgo? Y a las cuatro y diez, una vez más se acuesta a descansar junto a su agonía.

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