domingo, 19 de julio de 2009

Externo/Interno...Que todo refleje mi alma


¿Qué decimos cuando decimos “lo de afuera”, “lo externo”? Obviamente, lo externo no existe sin lo interno y viceversa. Algunas personas tienden a separar el lado interno de cada ser, del lado externo. Yo soy una fiel defensora de todo aquello que permanece en nuestro interior, pero también considero que todo lo que hay en nuestro interior de alguna manera se manifiesta en nuestro exterior.

¿A qué punto quiero llegar con esta introducción? Lo que quiero entramar es mi postura sobre mi aspecto externo, para luego abrir una nueva sección en este blog que abarque aquellas cosas que forman parte de mi imagen externa.

En mi vida lo interno y lo externo se retroalimentan constantemente, gracias a todos los cambios internos que en los últimos años fui experimentando…he llegado por fin a crear una especie de “estilo propio”, que obviamente…no es más que una suma de estilos de mi agrado.

El año pasado, más o menos en esta época del año, vencí absolutamente uno de mis mayores obstáculos, vencí a la moda propiamente dicha.

Durante la mayor parte de mi adolescencia había estado siguiendo constantemente las tendencias de la época dejándome llevar por ambiciones consumistas que me hacían querer tener toda la ropa que formaba parte de las vidrieras. En el día de hoy opino que las personas que se dejan llevar por la moda impuesta, realmente no han desarrollado plenamente su personalidad. (Aclaro que esta conclusión solo se aplica a las personas a las cuáles les agrada vestirse de tal manera y no de otra, porque obviamente, hay personas que les da igual salir a la calle con cualquier tipo de vestimenta, lo cual me parece perfecto, pero no es mi caso.)

Había llegado a cierto punto de idiotez, que incluso me pasé la mayor parte de mi secundaria afirmando que finalizada ésta, estudiaría Diseño de Modas. Hoy creo que sería una linda carrera para estudiar en un futuro, pero definitivamente: aplicándola a mis gustos, no a “la moda del momento”.

Como decía, el año pasado vencí a la moda. ¿Por qué? Porque llegué a cierto punto de mi vida, en donde una serie de cambios internos confluyó positivamente para que por fin me de cuenta de que lo que realmente quería era desarrollar una imagen acorde a mi personalidad.

Queramos admitirlo o no, todos, absolutamente todos, somos vulnerables a los prejuicios. Sinceramente me encantaría ir por la calle sin pensar algo en mi interior sobre las personas que me voy cruzando por la vida…pero desgraciadamente eso es algo que forma parte de nosotros, y sean cuales sean los prejuicios, tanto negativos como positivos…están presentes en nuestra vida cotidiana de manera permanente.

Lo que yo intento hacer es dejar de lado los prejuicios negativos y echarles mano solo a los positivos. Entonces, volviendo a la dualidad externo/interno, he llegado a la conclusión de que, cuando no conozco a una persona por obligación (es decir, cuando la vida si o si me ha cruzado con ésta persona), el resto de las personas que veo en mi vida cotidiana, me generan tal o tal otra reacción, debido a sus manifestaciones externas.

Para ser más concreta, cuando voy por la calle caminando y una persona me llama la atención, tan solo puede lograrlo manifestando algún aspecto de su interior en su exterior.

Siendo más concreta aún citaré algunos ejemplos. En mi interior renacen ganas de conocer a una persona cuando: escucho alguna de sus palabras y siento que podremos llegar a conectar, veo que tiene una remera de un grupo de música de mi agrado, una mochila por ejemplo (cómo olvidar aquella vez que me obsesioné con un chico tan solo porque tenía una mochila de Pink Floyd…), cuando noto que frecuenta los mismos lugares que yo, o simplemente cuando alguna de las infinitas manifestaciones externas puede generar en mi interior algún tipo de atracción hacia esa persona. Y que no se me malinterprete…cuando hablo de atracción me refiero a que me surgen ganas de querer conocer a esa persona, de querer llegar a ser su amiga, fueron contados los casos en los cuáles esa amistad pasó a mayores. Para citar el mejor de mis ejemplos: la persona con la cual hoy estoy saliendo, me atrajo desde el primer instante mediante una conversación por Chat, me atrajo debido a la música que escuchaba, debido a las palabras que me escribía… y me comenzó a gustar años antes de que nos conozcamos cara a cara.

Debo añadir que lo que estoy describiendo también se aplica a mi mundo cibernético: en tan solo una conversación por Chat puedo determinar a grandes rasgos el futuro de la relación, y no porque sea vidente, y no es que sea una persona cerrada que tan solo acepta “ciertas amistades y otras no”, porque mi atracción en cuanto a la amistad no se basa solo en la similitud, pero de alguna manera siento que algo dentro mío sabe cuando una persona tiene un bello interior o cuando me terminará decepcionando. Y jamás me confundí.

Para mi gran asombro: todas las veces que quise conocer a una persona porque sabía que podríamos conectar, porque sabía que sería muy agradable conocerla y porque sabía que la terminaría catalogando como una “persona bella”, fueron totalmente compatibles con mis predicciones.

Nunca, jamás, jamás de los jamases, me sentí decepcionada por una persona que haya querido conocer de antemano. Concretado el encuentro siempre rectifiqué mis pensamientos. Uno de los mayores placeres de mi vida es precisamente este: el placer de ser una minuciosa y detallista observadora, que siempre encuentra a personas agradables para transitar los caminos de su vida.

En conclusión: nunca me atrajeron ni me atraerán jamás las personas tan solo por su aspecto físico, fueron incontables las veces en las cuáles -entre amigas-, a todas les parecía hermoso un chico y yo jamás pude dar una opinión concreta porque no sabía absolutamente nada relacionado a su personalidad. Si bien es cierto que puedo decir que alguien es atractivo físicamente debido tan solo a sus cualidades externas, jamás me oirán decir que me parece “una persona bella”, porque mi concepto de belleza va mucho más allá. Incluso he llegado a decir que un chico muy atractivo físicamente me parece un ser horrible, debido a la insensibilidad con la cual cursa su vida, debido a las incontables acciones que forman parte de su personalidad y que a mi me desagradan. Quizás no fui juez válido para decirlo, pero lo que si es seguro es que jamás podré considerarlo una persona bella. Pero mi postura sobre el concepto de belleza la dejaré para otro día, ya que para eso debo ampliar demasiado y ahondar en varios temas.

Vuelvo al punto, porque ya me fui demasiado lejos (como suelo hacer siempre…), si yo me caracterizo por ser una persona que decide quienes serán aquellas personas que formarán parte de mi entorno, principalmente por los aspectos de su personalidad, ¿cómo podía ser posible que justamente yo sea la que quebrante mi propio principio dejándome llevar por la maldita moda impuesta? Y fue precisamente hace un año cuando le dije adiós al fucking consumismo, y cuando poco a poco fui construyendo mi propio estilo.

Al desenlace final al cual pretendí llegar desde el comienzo es que simplemente me gusta que mi esencia vaya acorde a lo que transmite mi imagen externa, me gusta que éstas palabras tomen sentido en mi día a día, me gusta que los sentimientos que expreso al hablar se traduzcan en mis acciones, me gusta que mis gestos y movimientos sean los adecuados en cada ocasión, me gusta que aquello que hay en mi interior se traduzca en demostraciones, que mis miradas reflejen mis emociones, que mi perfume genere la sensación de pulcritud, que mi vestimenta no sea suntuosa pero que sí refleje parte de lo que soy, parte de mis gustos o preferencias, que genere calidez y sencillez, y al mismo tiempo femineidad y particularidad. En algunos casos quizás también me agrade que mi imagen genere inocencia, en otros casos preferiré la sensualidad, en la mayoría de los casos optaré por una imagen que refleje considerablemente mi pasión por el pasado, mi debilidad por lo retro.

Sin dejar de ser yo misma, guiándome siempre por lo que considero que define mi personalidad, es un placer en mi vida poder mezclar lo interno con lo externo, una y otra vez, alimentando mi esencia, dejando en claro la persona que soy, y la que no quisiera ser jamás. Me gusta alimentar mi propia personalidad, con cualquier herramienta que esté a mi alcance. Disfruto mezclando mi aspecto interno con el externo, porque creo que en ningún aspecto de la vida ambos pueden disociarse.

¿Qué sería sino, por ejemplo, de nuestras palabras -cuando éstas reflejan pensamientos internos-, si no las tradujéramos en acciones? Como un jazmín sin su perfume, como una caja de bombones vacía en su interior, como un libro de páginas en blanco, no serían más que letras inertes adornadas de ficción.


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