lunes, 13 de julio de 2009

Gray Eyes

A todos nos toca alguna vez toparnos cara a cara con lo inevitable, sentir el golpe amargo de un adiós sin despedida ni futura bienvenida, sentir ese sabor a hiel que produce la confusión de no obtener respuestas ante el por qué.

Las principales preguntas sin respuestas son dos, la primera es por el origen, la segunda es por el fin, la segunda es la más aniquiladora y la más insoportable, porque es una pregunta arrasadora, salvaje y desgarradora. Porque cuando la muerte se posa arrogante ante nuestros ojos, la sensación de vacío nos hunde en la más vil de las penas.

Hoy por primera vez en la vida sentí a la muerte de frente ante mis ojos, dejándome totalmente impotente ante cualquier tipo de reacción posible.

Cómo suele ser normal ante una noticia de gran impacto, la primera respuesta de mi psiquis fue la negación. Las lágrimas comenzaron a caer cuando todavía la noticia no había sido procesada por mi mente.

Cuando comencé a tomar consciencia de la situación, la primera sensación que sentí fue de culpabilidad, y las siguientes preguntas comenzaron a renacer una tras otra: ¿Por qué no fui a visitarlo más veces? ¿Por qué no intenté conocerlo más profundamente? ¿Por qué no compartí más tiempo con él mientras estaba presente?

Pero la misma lógica me llevó a formularme las respuestas: porque lamentablemente desde que tengo uso de la razón él siempre estuvo enfermo, porque lamentablemente nuestras diferencias en edades no nos permitieron conocernos más profundamente, porque lamentablemente hace ya más de una década que su mente comenzó a extraviarse, que sus sentidos comenzaron a debilitarse, que sus capacidades cognitivas comenzaron a menguarse.

La culpa poco a poco comenzó a borrarse, y la tristeza a instalarse. Si bien ya venía preparándome para la noticia desde hace unos cuántos años, uno nunca se espera este tipo de cosas. El ser humano tiende a creerse inmortal, para soportar su propia condición de mortalidad.

Su partida no estuvo cargada de nostalgia en mi persona porque los recuerdos que poseo de nuestra relación son escasos, pero la principal tristeza que nació en mi corazón tras conocer la noticia, tiene su fuente en la nostalgia de mamá y papá, de la abuela y de mis tíos.

La tristeza que siento en mi interior es la de saber que ellos son los que más sufren tras esta partida. Es como si de repente todos los recuerdos que ellos acumularon junto a mi abuelo se hicieran presentes en mí también, sin dejar de ser desconocidos por mi consciencia, pero permitiéndome al mismo tiempo cargar con el gran peso de la angustia que genera reconocer que desde hoy en adelante ya no podrán nacer nuevos recuerdos entre dichos lazos.

No siento tan intensamente la nostalgia, porque no poseo gran cantidad de recuerdos. Pero si siento la angustia, por aquellos que si poseen infinitud de recuerdos. Si siento gran parte de la pena de mi madre por tener que darle un adiós a una de las personas más importantes de su vida, si siento la pena al detenerme a pensar que en algún momento de mi vida también tendré que decirles adiós a mis padres, y seguramente ese momento será uno de los más dolorosos de mi existencia.

Sin quererlo no puedo evitar reprimir las conversaciones que tuve con mi mamá días atrás, no puedo dejar de sentir un mínimo enfado hacia mi abuela, que por supuesto no logra ni siquiera compararse con la infinitud de mi cariño hacia ella. Pero cada familia es un mundo, y el hecho de saber que quizás mi abuelo hubiera podido partir con una salud más confortable, el hecho de saber que quizás sus últimos años podrían haber sido diferentes, me hace sentir más pena por mi mamá y por mi abuelo mismo.

Pero como cada familia es un mundo, de alguna manera logro comprenderla a mi abuela, que tuvo que cargar años y años con el peso de cuidar a una persona enferma, que en sus últimos momentos ya ni siquiera lograba moverse de la cama.

Y es ese hecho el que me permite tolerar esta situación sin desgarrarme, porque cualquier persona cuerda pensaría que la vida de mi abuelo ya no era vida, que vivir todo el día acostado en una cama, sin poder ver, sin poder escuchar…y casi sin poder comprender lo que ocurre a su alrededor, definitivamente demuestra que lamentablemente era una persona que estaba esperando el alivio llegado este momento.

No me alegro por su partida, pero comprendo que para mi abuelo la situación ya se había vuelto intolerable, que su sufrimiento era mayor que sus ansias de vivir, que a veces es necesario comprender que un adiós en determinados casos puede ser un alivio para la persona que nos está abandonando, más allá de que para nosotros sea una desdicha.



Aún no pude procesar completamente la noticia, pero me fue inevitable no desgarrarme en un llanto al hundirme en los brazos de mi diminuta abuela, al sentir su dolor en cada una de sus lágrimas, en cada una de sus palabras.

Intenté retener las lágrimas mientras la ayudaba a cambiarse, mientras le acomodaba delicadamente su pulóver, mientras la ayudaba a ponerse su pollera negra, mientras le ataba los cordones de los zapatos porque sus huesos ya casi no toleran movimientos bruscos o forzados, mientras busqué uno, dos, tres, y cuatro pañuelos en el cajón para colocarlos dentro de los bolsillos de su saco, mientras busqué su bastón, mientras le ayudé a ponerse el spray en la parte de atrás de su liviana cabellera gris…

Abrí el placard para guardar la camisa que se encontraba en la percha debajo del saco, y mis lágrimas comenzaron a caer una tras otra cuando comencé a divisar las prendas de mi abuelo. Me detuve a pensar en cómo sería la vida de mi abuela de ahora en adelante, en cómo toleraría sus últimos años en soledad, en cómo sufriría cada vez que el pasado la envuelva en un llanto, cada vez que cada rincón, cada objeto, cada mínima parte de esa casa le recuerde a mi abuelo.

Los recuerdos son los que más nos duelen tras una pérdida, porque los duelos están compuestos principalmente por recuerdos, por recuerdos que generan nostalgia, por esa misma nostalgia y por la ausencia que genera ella misma. Los duelos comprenden la nostalgia de los recuerdos, y el vacío que se desprende de esa nostalgia.

Dije más arriba que cada familia es un mundo, creo firmemente que cada persona también lo es. Por eso es que cada uno tiene diferentes maneras de sobrellevar una situación de duelo.

Algunas personas suelen consolarse creyendo firmemente que después de la muerte nos espera una vida en otro lugar, una vida en un cielo o paraíso, en compañía de un Dios. Algunas personas necesitan de compañía de otras personas en situaciones de esta índole, necesitan compartir su dolor con alguien más, necesitan acudir a ceremonias como un velorio para completar parte de su proceso de pérdida, para quizás dar el último adiós a la persona que se ha ido. Comprendo a éstas personas, comprendo que mi mamá crea que el alma de mi abuelo se está dirigiendo al cielo para continuar su vida allí.

Yo no formo parte de este grupo de personas, las respeto pero no comparto sus creencias. Desde hace muchos años supe que éste tipo de momentos me tocarían de cerca, y también supe que permanecerían inmutables mis creencias. Yo supe desde el mismísimo instante en que contuve entre mis brazos a mi abuela mientras una camilla se llevaba el cuerpo inerte de mi abuelo hacia la ambulancia, que mi abuelo ya no está aquí, ni en ningún otra parte.

Yo creo que lo que siempre permanecen son los recuerdos, y se que nunca olvidaré a mi abuelo, pero no creo que él se encuentre en un cielo lejano, lamentablemente mis creencias no poseen ese tipo de ilusiones, y debo conformarme con recordar lo que mi abuelo era mientras estaba entre nosotros, sin dejar jamás de pensar en él.

Quizás se me acuse de insensible, por el hecho de ser una persona un tanto atípica. Yo tampoco comparto la creencia de que sea necesario hacer una ceremonia de velorio, yo simplemente me atengo a acompañar en el duelo a las personas más afectadas, como lo hice esta tarde con mi abuela. A lo largo de mi vida he asistido a varios velorios, y las situaciones sociales con las que me he cruzado me resultaron tan desagradables e inmorales, tan superficiales y falsas, que prefiero no asistir a dichos lugares, para no tener que presenciar tales actos de insensibilidad.

Cada uno asimila las pérdidas de una manera diferente, yo prefiero encerrarme en esta habitación a escribir estas palabras, sin siquiera haberle aún contado a nadie que nunca más volveré a ver a mi abuelo. A nadie.

Siempre me caractericé por ser una persona que asimiló cada dolor intenso en soledad, siempre tuve personas con quienes pude compartir mi dolor, pero siempre preferí salir adelante sola, siempre me tragué todas mis lágrimas o tan solo las compartí con mi almohada. Quizás sea mi orgullo, quizás sea que no me gusta para nada tener que andar dando lástima, pero esto es lo que soy, esta es mi manera de afrontar un duelo.

Yo prefiero encerrarme en esta habitación a recordar a mi abuelo. Yo prefiero contener a las personas que estén sufriendo más que yo. Prefiero detenerme a escuchar a mi abuela, prefiero verla cuando no haya otras personas a su alrededor, prefiero esperar que mi mamá y mi papá vuelvan a casa para abrazarlos bien fuerte y hacerles saber cuánto los quiero, prefiero quedarme en casa escuchando y conteniendo a mi hermanita menor, o simplemente…prefiero detenerme a pensar en soledad, a recordar en soledad…cada uno de los escasos momentos que pude compartir junto a mi abuelo.

Prefiero dejar caer mis lágrimas en soledad…viendo sus viejas fotografías, recordando cada Navidad, cada Año Nuevo…cuando él todavía formaba parte de nuestra mesa. Prefiero recordarlo en aquellos años en los cuáles todavía podíamos mantener una conversación, prefiero recordarlo por lo que alguna vez fue, prefiero recordarlo vivo, sonriendo, contándome historias aunque no pueda mantener el hilo de sus narraciones, espero que haya sabido que yo disfrutaba escucharlo de cualquier manera. Prefiero recordarlo cada vez que mi abuela me cuente la historia de cómo se conocieron, o lo difícil que era su vida en aquel entonces.

Prefiero recordarlo por todo lo que mi mamá tenga para contarme sobre su vida, o por todo lo que mi papá tenga para añadir…yo sé lo bien que se llevaban y lo mucho que mi abuelo admiraba a mi papá. Yo sé cuánto pero cuánto mi mamá lo amaba, y lo mucho que lo va a extrañar. Lo mucho que todos lo vamos a extrañar.

La casa de mi abuela se tornará tan extraña de ahora en adelante…cuando ya no se escuchen los quejidos provenientes de su habitación, cuando ya no se escuche su voz ronca cansada por los años…llamándola cada vez que se ponía celoso porque una visita impedía que su atención fuera toda para él.

Prefiero recordarlo confundiéndome con mi hermanita o con mis primas…porque ya no podía distinguirnos tan solo por nuestras voces…prefiero recordar cada vez que se despedía de nosotras repitiéndonos una y otra vez que nos cuidáramos…y que tengamos mucha suerte.

Prefiero recordarlo en soledad…llorando conmigo misma…mientras escribo estas palabras.



13-07-09

3 comentarios:

  1. No digo que no nos duela la partida de alguien querido, que recordemos los momentos lindos pensando que esas personas siguen estando ahí. Pero somos una cultura con mala cara a la muerte, le tememos a la muerte, la odiamos, pero así también las buscamos (y en mi parte mucho).
    No me gusta verme mal al perder a alguien tan importante, y siempre que pasa trato de cambiarlo, pero vuelve otra vez y me di cuenta de que no pude cambiarlo. Y no me gusta.
    La noticia me dejó inmutado. No conozco a ninguno de tus abuelos, ni a tu familia, pero el gran cariño que siento hacía vos me hizo ponerme triste y volver a caer en la cuenta que las partidas nos ponen mal.
    No sé si creo el cielo, en Dios, y la vida después de la muerte.
    Pero si creo en los momentos inolvidables, y a esos momentos hay que recordarlos con gran alegría, con la alegría que vivimos los momentos.
    Te quiero mucho Valeria, sabelo!
    :)
    gastov

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  2. Siertamente es un momento duro veas por donde lo veas. Más allá que trates de reconfortarte con fraces hechas... creo que no empecé del todo bien. Cuando alguien dice:_"entiendo por lo que estás pasando" puede ser triste para el que te lo está diciendo, porque evidentemente ya paso por lo que vos estas sintiendo ahora. En efecto hace un par de año falleció el padre del mio y a pesar de que muchos estábamos convencidos de que era lo mejor para él, ya que estaba teniendo un final bastante desagradable desde el punto de vista saludable... es indescriptible la sensación de vacío que te llena. Y me llene de eso, de vació. Y después ese vacío dió lugar a la experiencia. Si, la experiencia de saber que se siente perder un ser cercano. Que ese Ser deje de ser Ser. Que pase a ser parte de la tierra o que deje de tener conciencia para ser un Ser libre. Ese vacío se llenó de dudas respecto a la muerte. Dudas que llevaron al análisis. Análisis que no llegaron a ningún lado. ¿Para qué quería llegar a algún lado si al final iba a terminar muerto?.
    En definitiva, la muerte de mi abuelo me enseñó algo ( no se qué) acerca de la muerte. Hoy puedo poner el hombro y el oído para acompañar a un ser querido en un momento tan dificil como este. Asi como el primer amor te demuestra que pueden haber cosas muy hermosas en la vida, y saber eso te reconforta; la primer muerte tambien te enseña algo de la vida, algo no muy agradable pero cierto. Y si te enseña: no debe ser tan malo.
    Fue la primera vez que vi a mi viejo con el seño fruncido, realmente triste. Aprendí que hay personas que tienen sentimientos a pesar de no parecerlo. Y ahora, en este momento estoy aprendiendo que me sigue causando tristeza.
    Fuerza amiga!

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  3. Cuando la muerte nos interpela, sólo podemos responder con un silencio
    Un beso y un abrazo muy grande Val

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