miércoles, 22 de julio de 2009

Juliet

Las ausencias a veces también son presencias. Son presencias cuando la magnitud de las emociones vividas fueron intensas, cuando la cantidad de recuerdos acumulados traspasa el limite de lo contable, cuando más allá de cualquier contacto físico la imagen de quien ya no está aún permanece imborrable en nuestra mente, cuando sus palabras aún resuenan en nuestros oídos, cuando el recuerdo de su amistad permanece inalterable en nuestro corazón, cuando cada detalle, cada momento, cada palabra, cada gesto…toma una inmensa significación en los mares de la confusión. Esos mares oscuros que a veces nos dejan con un gusto amargo en la boca, que nos hunden en la incomprensión y en los caminos del si yo hubiera, en los caminos de lo que no alcanzamos a decir antes del caos.



No te hundas en esos caminos oscuros. Te conozco lo suficiente para afirmar que mientras pudiste todo lo diste, que las palabras que no dijiste las expresaste, que siempre que pudiste brindaste tu amistad sincera, esa que cuanto más conozco más valoro, esa que me sacó una sonrisa aún en los peores momentos, esa amistad que me dio la fuerza para seguir dando pasos adelante.


Son extrañas las coincidencias de la vida, pero precisamente en estos últimos años las coincidencias son las que mayor felicidad me aportan en mí día a día. El hecho de que te hayas cruzado en mi vida, el hecho de que seamos tan parecidas, el hecho de que compartamos tantos pensamientos, tantos sentimientos, todas aquellas cosas que parecen sucedernos no simultáneamente pero si similarmente.



A veces uno se pasa la vida buscando encontrar aquel tipo de amistad del mismo sexo con quién compartir todo aquello que venimos guardando…y no nos damos cuenta de que ese tipo de cosas no se busca, porque aparecen solas cuando menos nos lo esperamos.

Gracias por aparecer. Gracias por ser. Gracias por compartir conmigo cada uno de los hermosos momentos que vivimos y que vamos a seguir viviendo. Quiero que siempre formes parte de mi vida, porque no te das una mínima idea de la inmensidad de felicidad que me invade cada vez que pienso en el valor de nuestra amistad.

No nos conoceremos desde siempre, pero de alguna que otra manera siento que no hace falta una vida para afirmar el tipo de persona que sos. Una persona maravillosa y sumamente especial, que con una sola palabra puede hacer girar mi mundo por completo.

De más quizás esté decir cuánto te quiero, pero es lindo recordártelo una vez más. Te adoro Ju. Gracias por tanto.



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