miércoles, 15 de julio de 2009

Querida Facultad

Me tomo un recreo entre mis estudios de Las Tragedias Griegas…


Entre tantos apuntes, textos, libros y demás, me acabo de encontrar con la primer hoja de mis apuntes de la materia D.H.E.P 1 (Desenvolvimiento Histórico Epistemológico de la Psicología) mientras me preguntaba quién habrá sido el bastardo que les puso a todas mis materias nombres tan largos, y me encontré con una de las principales razones que me mantienen tan alegremente a pesar de todos mis sobrenaturales sufrimientos preexámenes yendo cada mañana a congelarme a ese sitio mitad derrumbado y mitad en pie, en el cual el frío se cuela por agujeros en paredes sin terminar en invierno y uno puede perderse literalmente entre carteles de partidos políticos de todas las índoles, o en verano sufrir el amontonamiento de cientos de alumnos en mismo aula para transpirar casi pegados unos a otros, etc, etc a seguir yendo a mi tan queridísima y hermosa Facultad de Psicología.

Como es de saberse…la primer clase es introductoria y tan solo sirve para ir a ponernos al tanto de cómo fueron nuestras vacaciones con esos amigos que no vimos en todo el verano para hacer una síntesis de los contenidos que serán tratados a lo largo de todo el cursado lectivo que se trastoca con todos los paros, pandemias, congresos, enfermedades de profesores, reuniones en las aulas, mesas de exámenes, escraches, marchas revolucionarias para pedir por un edificio único, movimientos anárquicos en el Rectorado.

La cuestión es que una vez más me puse a pensar en lo mucho que amo estudiar una carrera tan abarcativa como lo es Psicología, porque siempre termino concluyendo alegremente que si algún día tengo ganas de tirar todo esto a la mierda para estudiar otra cosa que la carrera me aporta bases para casi todas las ramas del conocimiento que me apasionan…y entre ellas siempre inalterable y pionera será mi tan amada Filosofía.

Resulta ser que desde el año pasado me divierto examinando detenidamente cada uno de mis profesores y profesoras para elegir entre la variedad a mis preferidos.

Luego de muchas minuciosas observaciones, planteando conjeturas…lo que me hace formular definitivamente mi elección es algún momento clave en la clase, en el cual me siento completamente a gusto con lo que el docente me transmite.

Volviendo al tema del apunte que tenía frente a mis ojos…me encontré con otro de los principales motivos por los cuales amo tanto mi carrera. Revisando la hoja, entre tantas ideas voladas escritas en los márgenes, frases de mis amigos/as y delirios propios entre mis apuntes se encontraban las siguientes frases: El hombre es un animal racional (Aristóteles). El hombre es un animal enfermo (Hegel). El hombre es un animal loco (Castoriadis). “La imaginación al poder” (Graffiti del Mayo Francés). Imaginario Colectivo Anónimo. ¿Realidad? La razón no es lo opuesto a la locura. La esencia puede alterarse. Etcétera, etcétera.

Y llegué a la conclusión de que la hipótesis de que todos los estudiantes de psicología y psicólogos estamos locos es totalmente válida que amo mi carrera porque es mi principal fuente de conocimientos, mi principal aliada para mis enredados cuestionamientos, la principal materia prima de cada una de mis locuras, ideas, delirios o como prefieran llamarlos.

La facultad es mi fundamental arma para cuestionarme constantemente a mí misma y a mi entorno, y eso, junto a las hermosas personas que tuve oportunidad de conocer en ella, son las dos razones por las cuales más feliz me siento al formar parte de ella.

Pero volviendo a mi elección de los mejores profesores, sin lugar a dudas este año ya elegí a mis dos profesores preferidos, y puedo afirmar que de aquí a fin de año mi elección permanecerá inmutable, ya que la confirmación de dicha elección es saber que durante este cuatrimestre asistí a cada una de sus clases simplemente por puro placer, y lo seguiré haciendo sin perderme de ninguna hasta el final del cursado.

Volviendo a mí primera clase de D.H.E.P, desde esa primer clase supe que el profesor Jorge Luis Besso tenía algo de especial, y que una persona tan simpática y agradable no podía quedar excluida de mi elección. En la primer clase nos dejó en claro su pasión por el cine (la cual comparto plenamente) recomendándonos una de las mejores películas que vi en mi vida: Slumdog Millionaire.

Pero si tengo que dejar en claro cuál fue el momento clave en el cuál el profesor paso a formar parte del estatuto de mis mejores profesores de segundo año, debo redirigirme a la primer clase de Platón, en la cual estábamos hablando del concepto de la Belleza, y casi al finalizar la clase el profesor emitió la frase que me hizo irme del aula con ese sabor dulce en la boca, con esa agradable sensación en los oídos tras escuchar a alguien que comparte mis mismos pensamientos y una visión muy parecida a la que yo tengo de la Belleza. El profesor cerró su clase con la siguiente frase: (que quizás no transmitiré literalmente tal como fue, pero estoy segura de que su idea persistirá en mis palabras)

“Nadie que haya contemplado verdaderamente a la belleza la encuentra en el programa de Tinelli…Quién ha contemplado la belleza, no mira ese tipo de programas.”

Hasta ese momento, Besso estaba puntero y solitario en mi lista de profesores preferidos. Pero mi lista no vería su final en este personaje tan agradable.

El jueves 25 de junio, a eso de las siete de la tarde aproximadamente, en mi clase de E.P.S.S 1 (Estructura Psicológica Social del Sujeto), clase de Sociología para simplificar la cuestión, específicamente referida al texto de Emilio Durkheim: El Sucidio, en una amplia aula de la Facultad, el profesor Fernando Ré leyó del texto de Durkheim una frase acerca de la felicidad, se sintió conmovido por dicha frase…miró hacia el techo…pensó quizás en qué podría añadir a tales palabras, recitó de memoria una frase memorable de mi filósofo preferido Friedrich Nietzsche: “¡Qué poco se necesita para la felicidad! El sonido de una Gaita. Sin música la vida sería un error". Acto seguido, se dijo a sí mismo en voz alta: “Hoy estoy inspirado”. Y luego de plasmar en su rostro una sutil sonrisa, se rió, y volviéndose una vez más hacía si mismo se dijo: “Me merezco un premio”, revolvió entre sus cosas…y encendió uno de sus Marlboro en frente de toda la clase.

Bastó solo ese instante para quedarme boquiabierta, y elevarlo a la categoría de otro de los mejores profesores de mi año lectivo, y de amores intelectuales platónicos del año.



Nota al pie (?) No soy partidaria del plagio, el uso de subrayados en mi narración tiene su fuente en mi amigo Zim.

4 comentarios:

  1. Qué loco lo del segundo profesor! jajaja :)


    (Y como posdata, me encanta que uses el subrayado así, jajajaja!)

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  2. me hace sentir bien leer cuando escribis de facultad... si somos seres sociales/individuales por vivir en sociedad, yo sigo estudiando psicologia por vivir en la facultad...

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  3. Tu profe Jorge Luis Besso si no me equivoco escribe todos los domingos en la contratapa del suplemento Mujer del Diario La Capital. Y sus textos son realmente geniales. Te invito a que leas alguna vez esa contratapa.

    Un beso, Vale!

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  4. Hey you!

    Interesante tu escrito, al igual que la mayoría...

    Muy linda la frase del segundo profesor, totalmente verdadera...
    Hoy se acercó mi papá y le dije "Pa... te juro que pienso cada día que pasa en el recital de Waters" a lo que respondió "es algo difícil de olvidar". Acto seguido nació un nuevo posteo en mi blog,caracterizado por impulsos mentales más que por desarrollos como se da en tu caso.

    Tu locura es muy interesante.. Me fallaste en una sola cosa, esperaba la frase de Hobbes "el hombre es un lobo para el hombre" en tus márgenes...

    saludos!

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