sábado, 31 de octubre de 2009

Consecuencias de ser una compradora compulsiva de música…


Está comprobado: puedo pasar meses sin comprarme ropa (incluso el año pasado lo hice), pero no me dejen un mes sin comprarme un CD original para añadir a mi colección porque al acumularse el tiempo me termino comprando el doble.

Hoy, con todo el calor insoportable del mundo sobre mi cuerpo cansado de dormir todo el día...después de buscar un libro por todas las librerías de Rosario sin resultados positivos, decidí comprarme el único relacionado con el tema que encontré del autor: Estudios sobre el Amor, de José Ingenieros. Cuestión es que para la monografía que tengo que hacer no me va a servir de nada, pero bueno, bienvenidos sean los nuevos conocimientos. Creo que me lo terminé comprando por su aspecto tan añejo, por sus hojas amarillentas y sus páginas al borde de la destrucción. Sí, indudablemente, no pude contra mi pasión hacia lo retro.

La cuestión fue que en el trayecto por Maipú hacia San Lorenzo, me crucé sin recordar que lo haría, con mi disquería preferida de Rosario: Utopía.

Cuando la veo no puedo evitar detenerme a ver qué hay en vidriera. Y otra vez todas las ansias por querer comprarme todo lo que me gusta renacieron…pero en el primer impulso me detuve y me dirigí a la librería Pez Volador a comprar el libro que allí me esperaba….

Después de revisar un poco otras páginas amarillas shakesperianas y de comprar el libro de Ingenieros…decidí justificar la compra de un CD con dos motivos: me compraría sin duda uno de Pink Floyd porque quiero poco a poco ir completando la discografía completa, y además: decidí auto-regalarme el CD por los frutos de mis esfuerzos universitarios de las últimas semanas.

Entré a la disquería cuando ya no quedaba nadie. Mejor todavía. No pude distinguir qué era lo que sonaba de fondo pero realmente me apasionó, no quise preguntarle al chico que atiende para no pecar de ignorante, porque estoy segura de que las melodías me sonaban de algún lado, estoy segura que de música clásica se trataba…pero no pude identificar el autor, así que solo me contuve a contemplarla.

Me dirigí sin pensarlo a los estantes de rock clásico de los 60, 70 y 80…y no podía encontrar la P para ver qué había de Floyd…así que le tuve que preguntar al chico, -que tiene toda la onda para atender- dónde estaban mis CDS tan anhelados…

Entre tanta buena música estuve a punto de comprarme algún CD de John Lennon o de los Beatles…pero me contuve una vez más: primero quiero terminar con Floyd, luego completaré mi discografía del cuarteto revolucionario…

Por fin los encontré. Tenía ganas de comprármelos a todos pero solo tenía cuarenta y dos pesos…así que comencé a preguntarme ¿cuál? ¿Por cuál me decido siendo todos tan buenos? ¿Cómo hago para volver a escuchar a Floyd sin desbordarme en el llanto o la agonía?

Sabía que lo mejor era comprarme The Piper At The Gates Of Dawn para empezar con la discografía desde el principio, y porque estoy segura de que la locura de Syd me va a hacer sonreír más que llorar…así que ya lo decidí: voy a empezar desde el principio para acumular nuevos recuerdos con The Piper…tratando de que los recuerdos del ayer no me duelan, tratando de construir nuevos momentos con la banda que me cambió la vida, con mi banda de rock preferida.

Así que ya solucioné parte del problema de no poder escuchar Floyd porque me hacía mal, vamos a ver qué tal funciona.

Cuestión es que es sabido ya que soy insaciable…mis compras no pudieron terminar allí.

Por el camino de vuelta, escuchando Box Car Racer con ganas de que se venga de una vez por todas una tormenta que se lleve todo el calor y la humedad…llegué a otra conclusión: Nunca es casualidad que yo me encuentre caminando detrás de un chico con una remera (mochila, pin, o lo que sea) de Pink Floyd. Lo más extraño es que lo único que hago es seguirlos ya que nunca me animo a hablarles (¿qué voy a decirles? “Te estoy siguiendo porque necesito encontrar personas que compartan mi gran fascinación”, no, van a pensar que estoy completamente loca, lo cual no sería una mentira, pero bue…) Ahí estaba yo siguiendo al joven de la remera de The Wall, hasta que nuestros destinos se desviaron.

En el camino ya venía recordando que después de mis compras me había quedado sin cambio, y que el taxista que me cruzaría antes de salir por la noche, seguramente no querría cambiarlos.

Conseguir cambio se me hace cada vez más difícil, así que otra vez pensando… ¿qué me compro?

Llegué al departamento. Televisor prendido pese a que no había nadie (amo estar sola pero necesito de la compañía de la imagen del TV, pese a ni siquiera mirarlo, es como una presencia en la ausencia, esas manías que uno tiene, la cuestión es que cuando estoy sola siempre lo dejo prendido…). Canal VH1, video de Oasis. Subí el volumen al máximo y disfruté de los últimos segundos de Don’t Look Back In Anger… y fue ahí cuando pensé: ya fue, me voy al super a buscar cambio.

No pude resistirme a quedarme mirando los dos videos que siguieron: Hey Jude de mis cuatro amores, y Bitter Sweet Symphony de The Verve. Otra vez me encontré cantando como una loca en el departamento, sabiendo que los vecinos seguramente deben soportar todos mis gritos a diario. Por suerte aún no se quejaron. Una vez mientras cocinaba escuchando Spinetta al palo alguien vino a tocar timbre. Deduje que quizás era para decirme que bajara la música…pero como yo nunca abro la puerta a no ser que sepa de antemano quién viene…bajé el volumen y seguí haciendo mi ensalada. Otra de mis manías además de no abrir la puerta cuando tocan ese timbre macabro es no atender el teléfono cuando no sé quién está llamando. Odio el teléfono fijo y jamás lo atiendo, y si me llaman en privado al celular…que sigan participando. Sí, así de mal llevada suelo ser a veces.

Terminaron los videos y comenzó uno de esos programas estúpidos de estrellas hollywoodenses bañadas en lujuria. Así que me dirigí hacía el supermercado La Gallega

Yo debo ser la única tarada que va a un supermercado a comprar música. Puedo estar muriéndome de hambre pero en comida es muy raro que gaste plata, siempre me las arreglo con lo que me trae mi familia que no es poco y a no ser que esté realmente antojada con algo…casi siempre me resisto a las tentaciones del súper. ¿Música en un supermercado? Así es…es que desde hace unos meses hay una promoción y los CDS originales salen solo veinte pesos. Obviamente…hay solo una joya entre tanto ruido y música no agradable a mis oídos…pero soy de las que opinan que entre tantas cosas malas siempre hay alguna cosa buena.

Lo primero que a mi percepción le agradó fue un CD de Carajo…Inmundo. Genial, hacía mucho que quería comprármelo así que ya estaba decidida. Con esos veinte pesos ya tenía ochenta de cambio para mi salida de la noche, ya estaba, no necesitaba más nada…pero no, tuve que seguir mirando.

Y acá el peor error de mi día: comprar un CD sin saber qué mierda estaba comprando. Hace años el nombre de una banda había quedado grabado en mis oídos y no sé por qué demonios realicé la errada asociación de relacionar ese nombre con una banda Punk. Maldigo mi mala memoria, por primera vez el hecho de no escuchar las radios ni la música de moda me jugó en contra. ¡Cómo no iba a saber que Scissor Sisters tocaba esa canción tan pegadiza que pasan en todos los boliches! Así que como soy de esas personas que no tienen un punto medio: o lo gastan todo, o todo lo ahorran. Otra vez dije: ya fue, a ver que es esta música…

Obviamente, llegué al departamento, le pedí recomendación por teléfono a un sabio de la música…me dijo a amplios rasgos de qué se trataba…abrí la cajita rayándola sin quererlo… (Algo me decía que no era afín a mis gustos), y puse a sonar el CD.

I don’t fell like dancingggg….

Empecé a gritarme a mi misma por ser tan pelotuda, y después de escuchar alguna que otra canción y corroborar que obviamente no me gustaba, tomé el CD entre mis manos y como no quiero arruinar mi pequeña y hermosa colección de CDS originales…lo escondí en una caja para que no quedara a la vista. (Jee.)

Espero encontrar a alguien que le agrade para regalárselo y poder hacer algo productivo con esos veinte pesos que de mi parte fueron tirados a la basura…

Moraleja del día: JAMÁS COMPREN UN CD SIN NO ESTÁN SEGUROS DE QUE REALMENTE LES GUSTA.

viernes, 23 de octubre de 2009

Miedo

La tormenta crece detrás de mi ventana y estoy aterrada. Estoy aterrada y el motivo no es la tormenta. Tengo miedo, le temo al amor. Estoy aterrada y es el pasado el que pesa sobre mis hombros recordándome dolores añejos. Dolores añejos que guardan secuelas, dolores pisoteados por las huellas del presente, cuyas cicatrices aun persisten y se hacen presentes en plena luz del día. Yo no quiero volver a morir, tengo miedo de que una segunda muerte pueda ser plenamente mortal. Tengo miedo de morir sin renacer. Tengo miedo de que muera lo que hoy recién está naciendo. Tengo miedo de matar al amor, o de que el amor me mate a mí. Tengo miedo de que nos asesinemos mutuamente. Tengo miedo de que mueran los sentimientos. Le temo al abandono, le temo al amor, le temo al dolor. Estoy aterrada, le temo a la soledad, le temo a las ausencias. No quiero repetir dos veces la misma historia, no sé si podría recuperarme una vez más. No sé si podría volver a levantarme tras una caída tan profunda. Tengo miedo de los muros, tengo miedo del amor. No le temo a la muerte física sino más bien a la muerte anímica. Le temo a la muerte del alma, le temo a la angustia en el corazón, le temo al amor. Tengo miedo de que mis miedos hacia el futuro destruyan el presente. Tengo miedo de que mi miedo mate al amor.

En gustos se rompen géneros



Necesito tomarme una tregua con Pink Floyd. Necesito volver a encontrar el momento indicado para escucharlos sin caer en la depresión. Se que siempre formarán parte de mi núcleo fuerte, se que son mi banda preferida, se que lo serán toda mi vida y que nunca dejaré de escucharlos. No estoy involucionando, solo estoy amoldando la música a mis estados anímicos, solo necesito escuchar otros géneros para poder permanecer en este presente, para no volver a perderme en el ayer, para poder sostener mi felicidad.

La tormenta me incitó a acostarme en la cama escuchando The Final Cut. Hacía meses que no los escuchaba, hacía meses que no los traía nuevamente a mi habitación. Y me desarmaron. Recordé una vez más que ellos fueron mi única compañía en el peor momento de mi vida y volví a sumergirme en mi ayer. Las lágrimas no llegaron a caer pero la nostalgia se instaló en mí ser. La luz se cortó y el CD no pudo llegar al final. Por algo habrá sido. Las imágenes del año pasado comenzaron a renacer una tras otra: la primera imagen que mi mente trasladó al presente fue la sangre, el rojo carmesí, el dolor. La extrema soledad. Recordé mi habitación a oscuras, mi figura desvastada acurrucada entre las sabanas y una almohada filtrando mis lágrimas. Recordé las ausencias, los dolores intensos en el pecho tras cada amanecer. Recordé la preocupación de mi familia. Los fines de semanas enteros sin ver a nadie más que a mi misma. Mis parlantes reproduciendo una y otra vez canciones de Pink Floyd. Recordé las noches de velocidad yendo en auto por caminos desolados, con la música a todo volumen y mi llanto opacado por su sonido. Recordé el accidente, recordé mi sufrimiento, mi autodestrucción, mi extremo masoquismo, mis desordenes alimenticios. Recordé el muro que yo misma construí para aislarme de todo y de todos. Recordé la oscuridad que inundaba mi alma. Recordé mis ojos tristes, recordé cada mañana de lunes viajando a Rosario habiendo pasado toda la noche de domingo llorando, recordé mis lágrimas en las butacas de esos colectivos helados. Recordé aquel amor que yo misma destruí, recordé todos los lazos sociales que en esa etapa deseché por completo. Recordé lo mal que me sentía en Rosario, recordé mi extrema y absurda preocupación por la universidad, recordé todo lo que me impedía a mí misma por quedarme estudiando, recordé cómo mi estado anímico se deterioró por completo en cada época de exámenes. Recordé lo tristes que eran mis días, la ausencia de sonrisas, la ausencia de risas, la ausencia de vida. Recordé mi muerte…y ya no pude seguir escuchándolos, porque ya no quise seguir recordando. Ya no quiero asociar mi personalidad a la nostalgia, necesito deshacerme de mi ayer. Necesito conservar solamente los aprendizajes para no volver a caer en el lado oscuro de mi vida. Necesito permanecer en la armonía que define mi presente. No estoy involucionando, se que podría volver a comenzar desde el principio, se que si escuchara The Piper At The Gates Of Dawn la locura de Syd me haría brillar, pero tampoco tengo ganas de escuchar The Piper…porque sus canciones están asociadas a recuerdos de comienzos de este año que tampoco tengo ganas de recordar. No estoy eliminándolos de mi vida, tan solo estoy marcando una tregua. Se que ellos siempre ocuparan el lugar que ocupan en mi alma, porque fue una de las únicas bandas que descubrí yo sola, que nadie me influyó a escuchar. Se que los fui conociendo poco a poco por mi cuenta, se que están adheridos a mi esencia, porque yo misma me encargué de comparar sus álbumes conceptuales con cada fase depresiva de los peores momentos de mi vida, porque yo misma me encargué de hacer que formen parte de mí ser. Pero ya no quiero ser masoquista. Soy fiel partidaria de que “en gustos se rompen géneros”, y yo soy una persona totalmente abierta musicalmente. Puedo deslizarme de un género a otro y disfrutarlos a ambos intensamente. No me dejo convencer por nadie, jamás dejaría de escuchar dos bandas antagónicas porque sus seguidores las contrasten y rivalicen. Recibo constantemente influencias de amistades que me sumergen en géneros totalmente diversos, tengo influencias de música clásica, del jazz, del rock nacional, del punk internacional, de la música progresiva, de la psicodélica, del grunge, del indie, de música alternativa, de lentos ochentosos, del post-rock, del heavy metal incluso…y no cancelo a ninguna de estas influencias, amo ser tan receptiva, amo que me influyan musicalmente y la mayoría de las relaciones sociales que forman parte de mi presente son constantes influencias musicales en mi vida. Yo escucho lo que tengo ganas de escuchar cuando tengo ganas de escucharlo. Yo escucho música que vaya acorde a mi estado anímico. Volver a escuchar los Ramones no es involucionar, porque mis oídos están lo suficientemente acostumbrados a deleitarse con obras tan complejas como simples como las de ellos. Volver a la simpleza no es ir marcha atrás. Yo necesito escuchar música que me mantenga en esta felicidad. Volver a mis raíces punk hoy me hace feliz, y a la felicidad es a lo que quiero aferrarme. No me gustan las estructuras, me gusta cuando las melodías van acordes a los sentimientos. Se que tarde o temprano volveré a incorporar a Pink Floyd a mi vida, pero este no es el momento. Hoy me hace feliz escuchar bandas punk, hoy me derrito con la poesía de Jim Morrison y el sensualismo que envuelve las melodías de The Doors, hoy sigo conservando mi espíritu beatle y me sigo entusiasmando con la alegría de esas cuatro personalidades excepcionales que revolucionaron la historia del Rock, hoy voy en busca de esas bandas que siempre formaron parte de mi lista de “tareas pendientes para explorar”, lista infinita obviamente, la intranquilidad que envuelve a mi espíritu habiendo tanta música por explorar hace que derive en lugares insospechados, hace que escuche géneros y bandas tan variadas. Amo mi amplísimo gusto musical y encerrarme en un género implicaría reducirlo, yo necesito siempre más, yo quiero vivir mi vida conociendo sin ningún tipo de obstáculos en el camino. Después de todo…mi inicio al mundo de la música estuvo marcado no solo por los Redondos sino que principalmente por influencias punk, por esas bandas nacionales que marcaron un antes y un después. Diferente fue conocer a Pink Floyd, ellos marcaron el punto trascendental, ellos fueron los que realmente me hicieron amar a la música como hoy la amo, con una intensidad tan fuerte que podría jurar que si de mi vida la arrebataran, mi vida se iría con ella.




domingo, 11 de octubre de 2009

Winter Day

Ultimamente dejo que mis fotografías hablen por sí solas. No es que no tenga palabras que escribir, no es que no me muera de ganas por escribirlas. Mentiría si dijera que es solo por carencia de tiempo y exceso de estudio.
Quisiera escribir sobre muchas cosas...pero cuando escribo no encuentro los mismos resultados que en mis textos de épocas atrás. Siento que algo se perdió en el camino. O siento que quizás...muchas de las palabras que escribí ayer, hoy ya no tienen sentido. Lo cual no significa que en su momento no lo hayan tenido.
Quizás esté frustrada porque en el verano estaba ansiosa escribiendo mi novela de amor, y hoy debo disociarme de todas las palabras que ayer escribí, porque mis teorías fueron refutadas por mis experiencias.
Solo se que algún día...voy a escribir una novela. Y lo voy a hacer por mí misma, no va a estar dirigida a nadie en particular. El tema seguirá siendo el amor...y ojala...ojala...que la visión que hoy estoy construyendo sobre él...siga teniendo sentido. Creo que ya crecí lo suficiente como para comprender ciertas cosas, como para dejar de lado ciertas ideas utópicas carentes de fundamentos reales.
Ya no quiero complejizar. Quizás por eso mis palabras hayan perdido algo en el camino. ¿A caso no son engañosas nuestras palabras? Ellas solo cobran su pleno sentido en el momento del presente...¿y después?
Prefiero esperar un poco más para escribir sobre ciertas cosas que hoy estoy sintiendo, porque siento que si espero...mis palabras tendrán más sentido, mis palabras serán más sinceras...no cargarán con toda la ceguera que genera el falso enamoramiento.
Un piano me acompaña en mi noche de domingo. Sad Love Piano Song, de Starfield. Hoy escuché todo tipo de música...pero decidí dirigirme a la cama con esta canción. Me espera una película sobre la cual tengo muchas expectativas...mis cigarrillos, mi chocolate, y mi energizante. Solo me falta él...pero me siento feliz, me siento muy feliz.


























Añadir imagen
Añadir vídeo
Eliminar formato de la selección














Fotografías:
4 de Junio del 2009
Armstrong, paseo en bicicleta con mamá.