viernes, 23 de octubre de 2009

En gustos se rompen géneros



Necesito tomarme una tregua con Pink Floyd. Necesito volver a encontrar el momento indicado para escucharlos sin caer en la depresión. Se que siempre formarán parte de mi núcleo fuerte, se que son mi banda preferida, se que lo serán toda mi vida y que nunca dejaré de escucharlos. No estoy involucionando, solo estoy amoldando la música a mis estados anímicos, solo necesito escuchar otros géneros para poder permanecer en este presente, para no volver a perderme en el ayer, para poder sostener mi felicidad.

La tormenta me incitó a acostarme en la cama escuchando The Final Cut. Hacía meses que no los escuchaba, hacía meses que no los traía nuevamente a mi habitación. Y me desarmaron. Recordé una vez más que ellos fueron mi única compañía en el peor momento de mi vida y volví a sumergirme en mi ayer. Las lágrimas no llegaron a caer pero la nostalgia se instaló en mí ser. La luz se cortó y el CD no pudo llegar al final. Por algo habrá sido. Las imágenes del año pasado comenzaron a renacer una tras otra: la primera imagen que mi mente trasladó al presente fue la sangre, el rojo carmesí, el dolor. La extrema soledad. Recordé mi habitación a oscuras, mi figura desvastada acurrucada entre las sabanas y una almohada filtrando mis lágrimas. Recordé las ausencias, los dolores intensos en el pecho tras cada amanecer. Recordé la preocupación de mi familia. Los fines de semanas enteros sin ver a nadie más que a mi misma. Mis parlantes reproduciendo una y otra vez canciones de Pink Floyd. Recordé las noches de velocidad yendo en auto por caminos desolados, con la música a todo volumen y mi llanto opacado por su sonido. Recordé el accidente, recordé mi sufrimiento, mi autodestrucción, mi extremo masoquismo, mis desordenes alimenticios. Recordé el muro que yo misma construí para aislarme de todo y de todos. Recordé la oscuridad que inundaba mi alma. Recordé mis ojos tristes, recordé cada mañana de lunes viajando a Rosario habiendo pasado toda la noche de domingo llorando, recordé mis lágrimas en las butacas de esos colectivos helados. Recordé aquel amor que yo misma destruí, recordé todos los lazos sociales que en esa etapa deseché por completo. Recordé lo mal que me sentía en Rosario, recordé mi extrema y absurda preocupación por la universidad, recordé todo lo que me impedía a mí misma por quedarme estudiando, recordé cómo mi estado anímico se deterioró por completo en cada época de exámenes. Recordé lo tristes que eran mis días, la ausencia de sonrisas, la ausencia de risas, la ausencia de vida. Recordé mi muerte…y ya no pude seguir escuchándolos, porque ya no quise seguir recordando. Ya no quiero asociar mi personalidad a la nostalgia, necesito deshacerme de mi ayer. Necesito conservar solamente los aprendizajes para no volver a caer en el lado oscuro de mi vida. Necesito permanecer en la armonía que define mi presente. No estoy involucionando, se que podría volver a comenzar desde el principio, se que si escuchara The Piper At The Gates Of Dawn la locura de Syd me haría brillar, pero tampoco tengo ganas de escuchar The Piper…porque sus canciones están asociadas a recuerdos de comienzos de este año que tampoco tengo ganas de recordar. No estoy eliminándolos de mi vida, tan solo estoy marcando una tregua. Se que ellos siempre ocuparan el lugar que ocupan en mi alma, porque fue una de las únicas bandas que descubrí yo sola, que nadie me influyó a escuchar. Se que los fui conociendo poco a poco por mi cuenta, se que están adheridos a mi esencia, porque yo misma me encargué de comparar sus álbumes conceptuales con cada fase depresiva de los peores momentos de mi vida, porque yo misma me encargué de hacer que formen parte de mí ser. Pero ya no quiero ser masoquista. Soy fiel partidaria de que “en gustos se rompen géneros”, y yo soy una persona totalmente abierta musicalmente. Puedo deslizarme de un género a otro y disfrutarlos a ambos intensamente. No me dejo convencer por nadie, jamás dejaría de escuchar dos bandas antagónicas porque sus seguidores las contrasten y rivalicen. Recibo constantemente influencias de amistades que me sumergen en géneros totalmente diversos, tengo influencias de música clásica, del jazz, del rock nacional, del punk internacional, de la música progresiva, de la psicodélica, del grunge, del indie, de música alternativa, de lentos ochentosos, del post-rock, del heavy metal incluso…y no cancelo a ninguna de estas influencias, amo ser tan receptiva, amo que me influyan musicalmente y la mayoría de las relaciones sociales que forman parte de mi presente son constantes influencias musicales en mi vida. Yo escucho lo que tengo ganas de escuchar cuando tengo ganas de escucharlo. Yo escucho música que vaya acorde a mi estado anímico. Volver a escuchar los Ramones no es involucionar, porque mis oídos están lo suficientemente acostumbrados a deleitarse con obras tan complejas como simples como las de ellos. Volver a la simpleza no es ir marcha atrás. Yo necesito escuchar música que me mantenga en esta felicidad. Volver a mis raíces punk hoy me hace feliz, y a la felicidad es a lo que quiero aferrarme. No me gustan las estructuras, me gusta cuando las melodías van acordes a los sentimientos. Se que tarde o temprano volveré a incorporar a Pink Floyd a mi vida, pero este no es el momento. Hoy me hace feliz escuchar bandas punk, hoy me derrito con la poesía de Jim Morrison y el sensualismo que envuelve las melodías de The Doors, hoy sigo conservando mi espíritu beatle y me sigo entusiasmando con la alegría de esas cuatro personalidades excepcionales que revolucionaron la historia del Rock, hoy voy en busca de esas bandas que siempre formaron parte de mi lista de “tareas pendientes para explorar”, lista infinita obviamente, la intranquilidad que envuelve a mi espíritu habiendo tanta música por explorar hace que derive en lugares insospechados, hace que escuche géneros y bandas tan variadas. Amo mi amplísimo gusto musical y encerrarme en un género implicaría reducirlo, yo necesito siempre más, yo quiero vivir mi vida conociendo sin ningún tipo de obstáculos en el camino. Después de todo…mi inicio al mundo de la música estuvo marcado no solo por los Redondos sino que principalmente por influencias punk, por esas bandas nacionales que marcaron un antes y un después. Diferente fue conocer a Pink Floyd, ellos marcaron el punto trascendental, ellos fueron los que realmente me hicieron amar a la música como hoy la amo, con una intensidad tan fuerte que podría jurar que si de mi vida la arrebataran, mi vida se iría con ella.




3 comentarios:

  1. Wow. Y después de este post quién se animaría a decirte que no tenés idea de la música que te gusta?! :)

    (uh, dejé este comentario abierto hace unas horas y ni me acordé de darle publicar! jajajaja)

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. En instantes pensé que era yo el que escribia esas líneas, recordé mis instantes de profunda soledad y desesperanza, la música también me inspiro, me lleva cada día por el cielo y algunas veces hace que los momentos pasados vuelvan pero con la sensación de que algo aprendí.. me gusto tu post, me sentí tocado

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