lunes, 2 de noviembre de 2009

Saturday Night


El ruido de los truenos dibuja un cielo de acuarelas diluidas por la lluvia. El suave soplo del viento se filtra por las hendijas de la ventana, dejando atrás la sofocación de dos días improductivos.
La primera página amarilla y desgastada de un añejo libro expuso ante mis ojos la siguiente frase: “El que ama llora a solas sin saber por qué, es un esclavo del propio miedo”.
¿Y cómo no ser esclavos de un sentimiento inherente a una emoción tan intensa? Las certezas anulan el deseo, las dudas y temores lo incrementan. La dificultad inviste al deseo perpetuándolo en el tiempo. Lo impredecible nos conduce a la búsqueda infinita de la seguridad, pero la inseguridad mantiene viva la pasión.
El deseo se hace indestructible cuando queda un resto que nos conduce a seguir deseando. Si la falta se completa, el amor se torna efímero, fallece junto al deseo sin dar lugar a prórrogas. La falta nos induce a seguir esperando.
Aborrezco los “para siempre” porque carecen de justificaciones lógicas, no hay seguros de vida para la duración del amor, porque el amor es amor en el presente e incerteza hacia el futuro, porque esa incerteza es la que mantiene vivo el amor en el presente.
Desconfío de la extrema demostración porque quiénes más tiempo me han amado me han demostrado lo justo y necesario. Desconfío de las cursilerías del amor porque éstas siempre me han desenamorado. Desconfío del abuso de palabras porque sostengo que el amor se basa en las acciones.
La incertidumbre hacia el futuro incrementa mi amor en el presente. Me enamoro de las diferencias más que de buscar las semejanzas. La única certeza sigue siendo aquello que no quiero. He derribado por completo mi objeto de amor ideal porque su antítesis es lo que hoy deseo.
Un mensaje y un te quiero a las cuatro de la mañana provocaron más de una lágrima en mis ojos. Lágrimas que materializan el miedo, que se cuestionan a sí mismas sin esperar respuesta alguna, pero que sin embargo no anulan a la acción; porque perpetúan el deseo, porque el amor es ese horizonte que buscamos alcanzar sin llegar nunca a tocarlo.

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