lunes, 21 de diciembre de 2009

Read under a tree

07:08 a.M

Si me vine a mi casa de Armstrong por unos días fue por una sola causa: extrañaba,
necesitaba y anhelaba...volver a los viejos tiempos de lecturas debajo de un árbol en mi patio. Extrañaba el verde de la naturaleza, el aire fresco de la mañana y el rocío en las hojas de las plantas. Y a disfrutar me voy...con Julito y los enriedos de Horacio y la Maga, a prepararme un café y leer escuchando Sea Sew de Lisa Hannigan. Deseaba tanto volver a tener el tiempo necesario para exprimir mis pequeños placeres...

3 comentarios:

  1. ¿Pequeños placeres?

    ¿Lo que describís es "pequeño"?

    ¿Qué tiene de pequeño cuando un libro puede llevarnos a otro mundo?

    ¿Qué puede ser más gratificante que un buen libro con un sonido gentil de fondo?

    Te increpo y disiento esta vez, mi querida Valeria...

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  2. Me malinterpretas Leo, malinterpretas mi concepto de "pequeños placeres"...quizás debería cambiar el nombre de la etiqueta por "pequeños grandes placeres", son pequeños porque no dejan de ser cotidianeidades, siempre dije que la magia de la vida muchas veces está en las pequeñas cosas, en lo simple, y hablar de "grandeza" me suena muy lujurioso o suelo asociarlo con algo que implique grandezas en términos materiales o algo que cueste mucho dinero, me gusta llamar pequeños placeres a aquellas pequeñas cosas que les dan sentido a mi vida. Precisamente creo que "su grandeza" está en que son pequeños...como detalles que van tejiendo diferentes momentos y epocas de mi vida llenándolas de felicidad.

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  3. Entonces no estamos en desacuerdo, sino que le damos una connotación distinta a la palabra "pequeños" cuando la misma precede a "placeres".

    De todas formas, es un placer contradecirte.

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