viernes, 27 de agosto de 2010

Crepitar


¿Dónde habita el refugio para el alma nostálgica más que en el pasado, en los violines que emanan melodías de fantasmas? ¿Dónde encuentra el refugio el alma melancólica más que en la noche?
Será que solo el insomnio conoce los secretos más recónditos de nuestra alma. Entre las penumbras de la noche nos vemos arrebatados por las preguntas más cruciales y ensordecedoras, aquellas a las cuáles ni los más luminosos rayos del alba pueden brindarles vestigios.
Los recuerdos crepitan a pesar de las deformaciones a las cuáles nos arroja la memoria. Los rostros -como en el paso del tiempo-, se tornan difusos y desaparecen algunos de sus rasgos ante la remembranza de los ayeres vistos desde el presente. Presente que siempre contiene sedimentos…huellas de antaño, presagios e ilusiones del porvenir. Los ojos que miran hacia atrás lo tiñen todo de sepia. El yo que se mide constantemente con el yo que ya no es, sufre doblemente las pérdidas.
Como ventiscas se asoman desde todos los recovecos de la mente las imágenes borrosas de los tiempos dorados. Los sueños que alguna vez soñamos despiertos, nunca pueden ser completamente resignados si de ellos hemos tenido testimonio.
No serán generales las evocaciones que traeremos en forma de imágenes a nuestro pensamiento en los instantes previos al último pneuma. Iremos a lo más particular del detalle, al aroma de esa rosa que le robamos al rosedal, al perfume de aquel cuello que hemos besado, a la sensación de libertad en los minutos de contemplación de las aguas fluyendo en el río, al momento en que nuestras manos heladas han recibido el calor de otras ajenas, a la canción que sonaba en el instante que nos elevamos al cielo mediante un orgasmo, a las palabras en las cartas de mamá, las manos cansadas de papá, las arrugas de experiencia de la abuela, las notas de piano que nos han enamorado, el abrazo de una amistad, el escondite preferido de nuestra infancia jugando a las escondidas, la rayuela dibujada con tizas en el patio de la escuela…
Será que la eternidad está en el instante, en ese efímero presente que es presente y al mismo tiempo pasado, en ese cuerpo evanescente que no deja de ser sombra, en ese beso que es pasión y despedida, en esa vida…que es vida y también es muerte.

Valèrie.

Demian


"La vida es un camino hacia nosotros mismos."
Hesse.

El Jugador



"Es posible que al pasar por tantas sensaciones, el espíritu, lejos de rendirse, se excite más aún, y exija sensaciones cada vez más fuertes, hasta su definitiva inercia."

Dostoievski.

Siddharta


"Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra,
no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo.
Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello."

"...todo aparece un poco diferente cuando se lo expresa, algo falseado, un tanto necio, sí,y también esto está bien y me complace muchísimo; aun con ello estoy perfectamente de acuerdo, que lo que es tesoro y sabiduría de un hombre suene de un modo tonto en los oídos de los otros"

Siddhartha, 1922.
Hermann Hesse.

Rebelión en la Granja



“El verdadero enemigo está en la creación de una mentalidad “gramofónica” repetitiva, tanto si se está como si no de acuerdo con el disco que suena en aquel momento.”

“Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír.”

“Los cerdos en verdad no trabajaban, pero dirigían y supervisaban a los demás.”

“Los cerdos eran los que siempre proponían las resoluciones. Los otros animales entendían como debían votar, pero no se les ocurrían ideas propias.”

“El misterio del destino de la leche se aclaró pronto: se mezclaba todos los días en la comida de los cerdos. Las primeras manzanas ya estaban madurando, y el césped de la huerta estaba cubierto de la fruta caída de los árboles. Los animales creyeron, como cosa natural, que aquella fruta sería repartida equitativamente, un día, sin embargo, se dio la orden de que todas las manzanas caídas de los árboles debían ser recolectadas y llevadas al guadarnés para consumo de los cerdos. A poco de ocurrir esto, algunos animales comenzaron a murmurar, pero en vano. Todos los cerdos estaban de acuerdo en este punto, hasta Snowball y Napoleón. Squealer fue enviado para dar las explicaciones necesarias.”

“Nosotros, los cerdos, trabajamos con el cerebro. Toda la administración y organización de esta granja depende de nosotros. Día y noche estamos velando por vuestra felicidad. Por vuestro bien tomamos esa leche y comemos esas manzanas. ¿Sabéis lo que ocurriría si los cerdos fracasáramos en nuestro cometido? ¡Jones volverá! Sí, ¡Jones volvería! Seguramente, camaradas –exclamó Squealer casi suplicante, danzando de un lado a otro y moviendo la cola-, seguramente no hay nadie entre vosotros que desee la vuelta de Jones.”

“Los animales escuchaban primeramente a Napoleón, luego a Snowball, y no podían decidir quién tenía razón; a decir verdad, siempre estaban de acuerdo con el que les estaba hablando en aquel momento.”

“-¡Táctica, camaradas, táctica! Saltando y moviendo la cola con una risita alegre. Los animales no tenían certeza del significado de la palabra, pero Squealer habló tan persuasivamente y tres de los perros que se hallaban con él gruñeron en forma tan amenazante, que aceptaron su explicación sin hacer más preguntas.”

“Nuevamente los animales se sintieron presos de una vaga inquietud. “Nunca tener trato alguno con los humanos, nunca dedicarse a comerciar, nunca usar dinero”, ¿no fueron ésas las primeras resoluciones adoptadas en aquella reunión triunfal, después de haberse expulsado Jones? Todos los animales recordaron haber aprobado tales resoluciones, o por lo menos, creían recordarlo”.

“ ”¿Están seguros de que eso no es algo que han soñado, camaradas? ¿Tienen constancia de tal resolución? ¿Está anotado en alguna parte?” Y puesto que era cierto que nada de eso contaba por escrito, los animales se quedaron convencidos de que estaban equivocados.”

“Durante días enteros los animales no tenían con que alimentarse, excepto paja y remolacha. El espectro del hambre parecía mirarlos cara a cara. Era totalmente necesario ocultar eso al mundo exterior”.

“Si ella pudiera expresar sus pensamientos, hubiera sido para decir que a eso no era a lo que aspiraban cuando emprendieron, años atrás, el derrocamiento de la raza humana. Aquellas escenas de terror y matanza no eran lo que ellos soñaron aquella noche cuando el Viejo Mayor, por primera vez, los incitó a rebelarse. Si ella misma hubiera concebido un cuadro del futuro, sería el de una sociedad de animales liberados del hambre y del látigo, todos iguales, cada uno trabajando de acuerdo con su capacidad, el fuerte protegiendo al débil, como ella protegiera con su pata delantera a aquellos patitos perdidos la noche del discurso de Mayor. En su lugar –ella no sabía por qué, habían llegado a un estado tal en el que nadie se atrevía a decir lo que pensaba, en el que perros feroces y gruñones merodeaban por doquier y donde uno tenía que ver cómo sus camaradas eran despedazados después de confesarse autores de crímenes horribles. No había intención de rebeldía o desobediencia en su mente. Ella sabía que, aun tal y como se presentaban las cosas, estaban mucho mejor que en los días de Jones y que, ante todo, era necesario evitar el regreso de los seres humanos. Sucediera lo que sucediera permanecería leal, trabajaría duro, cumpliría las órdenes que le dieran y aceptaría las directrices de Napoleón. Pero aun así, no era eso lo que ella y los demás anhelaran y para lo que trabajaban tanto. No fue eso por lo que construyeron el molino, e hicieron frente a las balas de Jones. Tales eran sus pensamientos, aunque le faltaban palabras para expresarlos.”

“Días después, cuando ya había desaparecido el terror producido por las ejecuciones, algunos animales recordaron –o creyeron recordar-, que el sexto mandamiento decretaba: “Ningún animal matará a otro animal”. Y aunque nadie quiso mencionarlo al oído de los cerdos o de los perros, se tenía la sensación de que las matanzas que habían tenido lugar no concordaban con aquello. Clover pidió a Benjamín que le leyera el sexto mandamiento, y cuando Benjamín, como de costumbre, dijo que se negaba a entrometerse en esos asuntos, se fue en busca de Muriel. Muriel le leyó el Mandamiento. Decía así: “Ningún animal matará a otro animal sin motivo”. Por una razón u otra, las últimas dos palabras se les habían ido de la memoria a los animales.”

“Los domingos por la mañana Squealer, sujetando un papel largo con una pata, les leía largas listas de cifras, demostrando que la producción de toda clase de víveres había aumentado en un 200 por ciento, 300 por ciento, o 500 por ciento, según el caso. Los animales no vieron motivo para no creerle, especialmente porque no podían recordar con claridad cómo eran las cosas antes de la Rebelión. Aún así, preferían a veces tener menos cifras y más comida.”

“De algún modo parecía como si la granja se hubiera enriquecido sin enriquecer a los animales mismos, exceptuando, naturalmente, los cerdos y los perros.”

“Únicamente el viejo Benjamín manifestaba recordar cada detalle de su larga vida y saber que las cosas nunca fueron, ni podrían ser, mucho mejor o mucho peor; el hambre, la opresión y el desengaño eran, así dijo él, la ley inalterable de la vida.”

“Por primera vez Benjamín consintió en romper la costumbre y leyó lo que estaba escrito en el muro. Allí no había nada excepto un solo mandamiento. Éste decía: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. Después de eso no les resultó extraño al día siguiente que los cerdos que estaban supervisando el trabajo de la granja, llevaran todos un látigo en la mano. No les pareció raro enterarse de que los cerdos se habían comprado una radio, estaban gestionando la instalación de un teléfono, y se habían suscrito a John Bull, Tit-Bits y al Daily Mirror. No les resultó extraño cuando vieron a Napoleón paseando por el jardín de la casa con una pipa en la boca, no, ni siquiera cuando los cerdos sacaron la ropa del señor Jones de los roperos y se la pusieron; Napoleón apareció con una chaqueta negra, pantalones bombachos y polainas de cuero, mientras que su favorita lucía el vestido de seda que la señora Jones acostumbraba a usar los domingos.”

La Rebelión en la Granja, 1945.
George Orwell.


Los domingos no me doy cuerda...


“Pienso en ti más que nunca. Hoy está lloviendo. Los domingos de lluvia me siento confuso. Si llueve no puedo lavar la ropa, y en consecuencia, no puedo planchar. Tampoco puedo pasear, ni tumbarme en la terraza. Lo único que puedo hacer es sentarme a la mesa y escuchar una vez tras otra el Kind of Blue mientras miro distraídamente el patio bajo la lluvia. Tal como te escribí hace unos días, los domingos no me doy cuerda.”

Fotografía: Robert Doisneau.
Fragmento: Tokio Blues, Haruki Murakami.

Tokio Blues


"La memoria es algo extraño. Mientras estuve allí, apenas presté atención al paisaje. No me pareció que tuviera nada de particular y jamás hubiera sospechado que, dieciocho años después, me acordaría de él hasta en sus pequeños detalles. (…)
Sin embargo, ahora la primera imagen que se perfila en mi memoria es la de aquel prado. El olor de la hierba, el viento gélido, las crestas de las montañas, el ladrido de un perro. Esto es lo primero que recuerdo. Con tanta nitidez que tengo la impresión de que, si alargara la mano, podría ubicarlos, uno tras otro, con la punta del dedo. Pero este paisaje está desierto. No hay nadie. No está Naoko, ni estoy yo. “¿Adónde hemos ido?”, pienso. “¿Cómo ha podido ocurrir una cosa así?” Todo lo que parecía tener más valor –ella, mi yo de entonces, nuestro mundo- “¿adónde ha ido a parar?” Lo cierto es que ya no recuerdo el rostro de Naoko. Conservo un decorado sin personajes."

Tokio Blues (Norwegian Wood), 1987.
Haruki Murakami.

Memorias de Subsuelo


“Lo singular de ese interés es que destruye todas nuestras clasificaciones y derriba todos los sistemas edificados por los amigos del género humano para la felicidad del hombre. En una palabra, es un estorbo, un obstáculo. Pero antes de decirles a ustedes cuál es ese interés, reflexionen, ustedes están convencidos de que la especie humana se acostumbrará a mejorar cuando se haya desembarazado completamente de ciertas malas tendencias, cuando el sentido común y la ciencia hayan reeducado completamente la naturaleza humana y la hayan orientado por un camino normal. Ustedes están seguros de que entonces el hombre cesará de errar deliberadamente y se verá, por decirlo así, en la imposibilidad de desear oponerse a sus intereses normales.
¿Por qué el hombre debe actuar según sus intereses, además cuales son los intereses humanos? esto es algo individual, existen intereses diferentes para cada ser ¿Qué sucede si me interesa a mi sufrir y ser un infeliz? ¿O acaso tengo que desear tener una vida prospera, pacifica, monótona, falsa y mediocre? No existen los intereses universales que correspondan a todos los seres.
Pero el hombre con voluntad fuerte, quienquiera que sea, aspira siempre y en todas partes a obrar de acuerdo con su voluntad y no con arreglo a las prescripciones de la razón y del interés. Ahora bien, la voluntad de uno puede, y a veces incluso debe, oponerse a sus intereses. Mi voluntad; mi libre albedrío; mi capricho, por insensato que sea; mi fantasía sobreexcitada hasta la demencia...
Esto es lo que se aparta a un lado, éste es el precioso interés que no tiene espacio en ninguna de esas clasificaciones que componen ustedes y que rompe en mil pedazos todos los sistemas, todas las teorías.
¿De dónde se han sacado nuestros sabios que el hombre necesita voluntad normal y virtuosa? ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre sólo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados. Pero el diablo sabe lo que cuesta esa voluntad…"


Memorias de Subsuelo, 1864.
Fiódor Mijáilovich Dostoievski.

VI



El goce producto de una sublime obra musical es equiparable al goce sexual. La música y el sexo son probablemente de los placeres más elevados, más aún cuando se aúnan.

Huida imaginaria...


"Y había otra cosa más que lo situaba por encima del resto: tenía en la mesa un libro abierto. En ese restaurante nunca nadie había abierto un libro en la mesa. El libro era para Teresa la contraseña de una hermandad secreta. (…) Los libros le brindaban la posibilidad de una huida imaginaria de una vida que no la satisfacía, pero también tenían importancia para ella en tanto objetos: le gustaba pasear por la calle llevándolos bajo el brazo. Tenían para ella el mismo significado que un bastón elegante para un dandy del siglo pasado. La diferenciaban de los demás.
La comparación entre el libro y el elegante bastón de dandy no es totalmente exacta. El bastón no sólo diferenciaba al dandy, sino que además hacía que fuera moderno y estuviera de moda. El libro diferenciaba a Teresa pero la hacía pasada de moda. Claro que era demasiado joven para que pudiera tener conciencia de que estaba fuera de la moda. Los jovencitos que pasaban junto a ella llevando sus ruidosos transistores le parecían tontos. No se daba cuenta de que eran modernos."

Milan Kundera.

Casualmente...


"Hace siete años se produjo casualmente en el hospital de la ciudad de Teresa un complicado caso de enfermedad cerebral, a causa del cual llamaron con urgencia a consulta al director del hospital de Tomás. Pero el director tenía casualmente una ciática, no podía moverse y envió en su lugar a Tomás a aquel hospital local. En la ciudad había cinco hoteles, pero Tomás fue a parar casualmente justo a aquél donde
trabajaba Teresa. Casualmente le sobró un poco de tiempo para ir al restaurante antes de la salida del tren. Teresa casualmente estaba de servicio y casualmente atendió la mesa de Tomás. Hizo falta que se produjeran seis casualidades para empujar a Tomás hacia Teresa, como si él mismo no tuviera ganas.
Regresó a Bohemia por su causa. Una decisión tan trascendental se basaba en un amor tan casual que no hubiera existido si su jefe no hubiera tenido la ciática hacía siete años. Y aquella mujer, aquella personificación de la casualidad absoluta yace ahora a su lado y respira profundamente mientras duerme…"

La Insoportable Levedad del Ser.

Dialogando sobre el amor...


Por Valeria Waldisperg y Diego Carmona.

Milan Kundera: Crece ante Teresa una idea blasfema de la que no puede librarse: el amor que la une a su perro Karenin es mejor que el que existe entre ella y Tomás. Mejor, no mayor. Le da la impresión de que la pareja humana está hecha de tal manera que su amor es a priori de peor clase de la que puede ser el amor entre una persona y un perro.
Es un amor desinteresado: Teresa no quiere nada de Karenin. Ni siquiera le pide amor. Jamás se ha planteado los interrogantes que torturan a las parejas humanas: ¿me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.
Y algo más: Teresa aceptó a Karenin tal como era, no pretendía transformarlo a su imagen y semejanza, estaba de antemano de acuerdo con su mundo canino, no pretendía quitárselo, no tenía celos de sus aventuras secretas. No lo educó porque quisiera transformarlo (como quiere el hombre transformar a su mujer y la mujer a su hombre), sino para enseñarle un idioma elemental que hiciera posible la comprensión y la vida en común

Valérie: A mí este fragmento que acaba de leer el señor Kundera me sirve de base en el momento indicado, porque es algo que venimos planteando con Dié desde hace mucho y creo que ahora verlo expresado tan precisamente en sus palabras es genial. Lo que yo pretendo es ver el trasfondo de esas palabras, más allá de la comparación con el amor canino, lo que usted plantea me parece algo muy difícil de alcanzar en la práctica, pero al mismo tiempo me parece una de las formas más puras de querer a alguien, porque a veces somos demasiado narcisistas y lo único que queremos es que la otra persona nos devuelva lo que supuestamente le estamos dando, cuando en realidad si amamos a esa otra persona, deberíamos ser capaces de sostener ese amor en la mera presencia, pese a lo difícil, realmente difícil, que puede llegar a ser.

Dié: Absolutamente estimados. Yo creo que el amor es, por definición, desinteresado. Cuando uno ama en serio, no necesita ningún tipo de respuesta. Uno ama, independientemente de lo que el otro haga o deje de hacer, porque ese otro, no está fuera, está dentro de uno. Tal vez la dificultad de este tipo de amor la podemos hallar cuando no es correspondido por la otra persona, porque ahí la realidad nos interpela, y eso que llevamos dentro nuestro no tiene ninguna correspondencia fuera, pero, precisamente en ese momento, es cuando se define la naturaleza del amor verdadero. Precisamente en ese momento, tenemos la capacidad de decidir si vamos a destruir a quién amamos o tratar de olvidarlo porque no nos responde, o si vamos a afirmar lo que sentimos, a pesar de las dificultades que conlleve y la mirada espantada de muchos de nuestros contemporáneos.
Ahora, cuando dependemos de la respuesta, de lo que el otro hace o no hace, cuando dejamos de sentir lo que sentíamos porque el objeto de amor ya no está o no responde como queremos, entonces estamos en presencia de una mercantilización del vínculo. Doy, en la medida en que el balance luego me arroje un saldo positivo, quiero en la medida en que el otro me quiera; siento sólo cuando el otro está presente. La idea es no perder nada, obtener beneficios y ganancias por doquier. Esta concepción del amor es la que impera en los tiempos que corren.
Dostoievski en Memorias del subsuelo sostiene que el hombre es irracional porque no aspira a tener una voluntad beneficiosa, sino una voluntad independiente. Y precisamente en esa voluntad independiente, es en dónde se define. En ese acto de independencia, podemos decir que halla su esencia. No importa si lo que hago me beneficia o no. No importa si la persona a la que amamos nos corresponde o no, porque en este acto de amor, es en donde podemos definirnos. En eso que sentimos, está lo más propio y verdadero de cada uno de nosotros. En conclusión, creo que si el amor se manifiesta actualmente bajo otras formas, que podríamos considerarlas hasta opuestas a su verdadera naturaleza, es porque aplicamos mecanismos de racionalización a algo que debe ser y es, esencialmente, irracional. En la medida en que es irracional, que no es razonable, que no apunta a intereses ni beneficios, es verdadero amor. En la medida en que no pretendemos racionalizarlo, analizarlo, descomponerlo, y fragmentarlo, podemos encontrar el verdadero significado de amar, y experimentarlo nosotros mismos.

Valérie: Si el amor es verdadero cuando es desinteresado, debería persistir pese a no ser correspondido, si no, no creo que sea amor, un amor que no puede sostenerse más allá de la respuesta a la demanda quizás no sea más que la necesidad de ser amados, o esta “mercantilización del vínculo” que describís y que está muy bien descrita en el capítulo VII de Memorias de Subsuelo. Es genial lo que Dostoievski plantea sobre esa voluntad independiente, que incluso puede ir en contra de nuestros intereses: “el hombre, aspira siempre y en todas partes a obrar de acuerdo con su voluntad, y no con arreglo a las prescripciones de la razón y del interés. Ahora bien, la voluntad de uno puede y a veces incluso debe oponerse a sus intereses. Mi voluntad, mi libre albedrío, mi capricho, por insensato que sea, mi fantasía sobreexcitada hasta la demencia…Esto es lo que se aparta a un lado (…). ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre solo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados. Pero el diablo sabe lo que cuesta esta voluntad…”
Siguiendo el pensamiento de Dostoievski, creo que quizás en ese capricho, en esa tendencia de muchos de nosotros a ir en búsqueda de dificultades y relaciones que no se amolden a nuestra razón e intereses…está nuestro impulso por querer rebelarnos contra un mundo que se nos torna científicamente calculado, en dónde todo debe ser explicado, en dónde tengamos las respuestas antes de habernos hecho las preguntas. Creo que racionalizar al amor o al deseo es una manera de destruirlo. Si todo ya estuviera dicho y debería ser de determinada manera, ¿dónde quedaría el espacio para ese capricho, para esa voluntad independiente?
Volviendo a lo que usted estimado Kundera plantea en un libro, prefiero mi capricho, prefiero elegir el peso y ser capaz de sostener a ese amor irracional que es desinteresado, porque quizás gracias a mi capricho pueda descubrir lo que es o no es el amor y escaparle un poco a esta realidad de inmediatez, mercantilización en las relaciones y vínculos que se disuelven fugazmente.

Dié: Coincido con cada una de tus palabras Valérie, creo que racionalizar el amor es destruirlo, obturar una falta que le es propia. Sólo en la medida en que podemos aceptar perder algo, podemos al mismo tiempo amar a otro/s. Cito a Antonio Machado, que con una frase resume todo lo que estamos diciendo: " en el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón"; lo que hacemos con esa espina nos define, y luchar por lo que queremos es el acto más digno y valioso que podemos esperar de nosotros mismos.


Fotografía: Robert Doisneau.
Fragmentos: La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera y Memorias de Subsuelo, Dostoievski.

The Cellist


"Música: para Franz es el arte que más se aproxima a la belleza dionisíaca entendida como embriaguez. Uno no puede embriagarse fácilmente con una novela o un cuadro, pero puede embriagarse con la novena de Beethoven, con la sonata de Bartok para dos pianos y percusión o con las canciones de los Beatles. Franz no distingue entre la llamada música seria y música moderna. Le gusta tanto el rock como Mozart.
Para él la música es una liberación: lo libera de la soledad, del encierro, del polvo de las bibliotecas, abre en su cuerpo una puerta por la que su alma entra al mundo para hermanarse."

Fragmento: Milan Kundera (La Insoportable Levedad del Ser)
Fotografía: The Cellist, Robert Doisneau, 1957.

La Insoportable Levedad del Ser


"La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes."

Fotografía por Marc Riboud.
Fragmento de La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera. (1984)

Ceder o no ceder


"Nos vemos castigados por nuestras negaciones. Cada impulso que intentamos aniquilar germina en la mente y nos envenena. El cuerpo peca primero y se satisface con su pecado, porque la acción es un modo de purificación. No nos queda nunca más que el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de una pena. El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella. Si la resistimos, nuestras almas crecerán enfermizas, deseando las cosas que se han prohibido a sí mismas, y además, sentirán deseo por lo que unas leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos tienen lugar en el cerebro y solamente en él donde tienen lugar asimismo los grandes pecados del mundo."

¡Tan cierto Wilde!

...de todas esas cosas parecen depender nuestras vidas.

"La vida es una cuestión de nervios, de fibras, de células lentamente formadas, en las que se esconde el pensamiento, y la pasión tiene sus sueños. Se puede usted imaginar a salvo y creerse fuerte. Pero un casual tono de color en una habitación, un cielo matinal, un perfume peculiar que amó usted y que trae sutiles recuerdos consigo, un verso de un poema olvidado que vuelve a su memoria, una cadencia de una pieza musical que dejó usted de tocar, de todo esto, Dorian, se lo digo, de todas estas cosas parecen depender nuestras vidas."

El Retrato de Dorian Gray.

El Retrato de Dorian Gray


"Hay pocos entre nosotros que no se hayan despertado algunas veces antes del alba, después de una de esas noches sin sueños que nos hacen casi enamorados de la muerte, o de una de esas noches de horror y de alegría informe, cuando a través de las celdillas del cerebro se deslizan fantasmas más terribles que la misma realidad, impulsados por esa vida tan intensa que se esconde en todo lo grotesco, y que presta al arte gótico su paciente vitalidad, ya que este arte es, pudiera imaginarse, especialmente, el arte de aquellos cuya mente ha sido turbada por la enfermedad de la reverie. Gradualmente, unos dedos blancos trepan por los cortinajes, que parecen temblar. Bajo negras formas fantásticas, sombras mudas reptan por los rincones de la habitación y allí se agazapan. Afuera, en el bullicio de los pájaros entre las hojas, el paso de los obreros dirigiéndose a su trabajo, o los suspiros y sollozos del viento que sopla de las colinas y vaga alrededor de la casa silenciosa, cual si temiese despertar a los durmientes, que tendrían que llamar de nuevo al sueño en su cueva purpúrea. Velos y velos de fina gasa oscura se levantan y, gradualmente, las cosas recobran sus formas y colores, y acechamos a la aurora rehaciendo el mundo en su antiguo molde. Los lívidos espejos hallan nuevamente su vida mímica. Las luces apagadas están donde las habíamos dejado, y al lado yace el libro a medio cortar que recorríamos, o la costosa flor que llevábamos en el baile, o la carta que teníamos miedo de leer o que leíamos con demasiada frecuencia. Nada nos parece cambiado. Fuera de las sombras irreales de la noche resurge la vida real que conocimos. Nos es preciso reanudarla donde la dejamos, y se apodera de nosotros un terrible sentimiento de la continuidad necesaria, de la energía, en el mismo círculo fastidioso de costumbres estereotipadas, o quizás un salvaje deseo de que nuestros párpados se abran alguna mañana sobre un mundo que hubiese sido creado de nuevo en las tinieblas para nuestro placer, un mundo en el cual las cosas tendrían nuevas formas y colores, que estaría cambiado o que tendría otros secretos; un mundo en el cual el pasado ocuparía poco o ningún lugar o supervivencia, de todos modos, bajo la forma inconsciente de la obligación o de pesar, ya que hasta la remembranza de la dicha tiene sus amarguras, y el recuerdo de los placeres, su dolor."

Fragmento de El Retrato de Dorian Gray, (The Picture of Dorian Gray, 1890)
Oscar Wilde.

El Extranjero


“A partir del instante en que aprendí a recordar, concluí por no aburrirme en absoluto. Me ponía a veces a pensar en mi cuarto, y con la imaginación, salía de un rincón para volver detallando mentalmente todo lo que encontraba por el camino. Al principio lo hacía rápidamente. Pero cada vez que volvía a empezar era un poco más largo. Recordaba cada mueble, y de cada uno, cada objeto que en él se encontraba, y de cada objeto, todos los detalles, y de los detalles, una incrustación, una grieta o un borde gastado, los colores y las imperfecciones. Al mismo tiempo ensayaba no perder el hilo del inventario, hacer una enumeración completa. Es cierto que fue al cabo de algunas semanas, pero podría pasar horas nada más que con enumerar lo que se encontraba en mi cuarto. Así, cuanto más reflexionaba, más cosas desconocidas u olvidadas extraía de la memoria. Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podía vivir fácilmente cien años en una cárcel. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse. En cierto sentido era una ventaja.”

Albert Camus,
Fragmento de El Extranjero. (L’Étranger, 1942)

lunes, 9 de agosto de 2010

jueves, 15 de julio de 2010

Mezzanine

Frente a tus ojos, una pila de apuntes por leer y resumir. Tu mente está exhausta desde hace días y no fuiste capaz de brindarle un descanso. Estás cansada mentalmente y tus ojos comienzan a cerrarse prediciendo el sueño. Pero no hay nadie en casa. No, no hay nadie en casa. Y las luces pueden apagarse (todas). Y los parlantes pueden moverse de lugar y ubicarse en el pasillo (a todo volumen). Y una vela encendida posa sobre el piso del baño. Y le das play al Mezzanine y la sensualidad de Angel te envuelve por completo. Tenés la excusa perfecta para relajarte. Las prendas de ropa quedan esparcidas por todo el pasillo mientras la canción marcha in crescendo. Es tan sensual que no podés bajar el volumen ni te interesa si los vecinos deben escucharla junto con vos. Abrís la ducha y esperás un rato a que la habitación se llene de vapor. Te ves inmersa en una pseudo-neblina y te gusta ver tu figura proyectándose en la pared gracias a la luz de la vela. Por unos segundos te olvidás de la figura perdida de años atrás. Por unos instantes tu mente está en blanco. Y el agua comienza a caer, esparciéndose por todo tu cuerpo mientras suena Risingson. Te quedás minutos que son horas, olvidándote de todas las responsabilidades, disfrutando del mejor momento en soledad de tu semana. Bañarse en invierno con el agua en la temperatura justa es tan placentero. Y la música es siempre el ingrediente indispensable. Cantás Teardrop pese a que la voz no te llegue. Massive Attack compatibiliza perfecto con el momento, no habría disco mejor que el Mezzanine para colmarte por completo. Suena Dissolved Girl mientras te cambiás observando detenidamente (como si nunca lo hubieras visto) el fuego detrás del vidrio del calefactor del pasillo. Te dirigís a tu habitación y encendés un cigarrillo con el fuego de la misma vela que antes te iluminaba en el baño (aún sigue siendo la única luz presente en toda la casa) y la monotonía del día ha variado en tan solo unos minutos de relajación, estimulados por la primera canción. Te sentís liberada de tensión…porque la música es eso, la música es liberación. Y ya suena Man Next Door…



(Los comentarios quedan anulados hasta que cuente con el tiempo suficiente para contestar los anteriores.)

viernes, 21 de mayo de 2010

Acaricien los detalles II



Saliendo de Rosario por la Avenida Pellegrini, pasando la zona céntrica…casi sin excepción, con mi familia siempre nos cruzamos con una mendiga, una niña de aproximadamente 10 años…castaña, simpática…y lamentablemente…a quién le falta la parte inferior de un brazo. Con su única mano siempre nos extiende algún papelito y espera de nosotros una moneda. Me percaté de su presencia cuando mi papá comenzó a buscar monedas. Temiendo que no las encuentre, me quité los auriculares y abandoné a Jónsi por un ratito, aunque los violines se seguían oyendo debido al volumen elevado…abandoné también a Kundera…y me puse a buscar monedas en mi billetera.
Mi papá ya había encontrado las suyas, entonces ambos bajamos el vidrio, primero agarró las de mi papá, y después tomó las mías…porque yo viajaba atrás.
En los pocos segundos en los cuáles tuvo mis manos frente a sus ojos fue capaz de percatarse de un detalle, y antes de que yo suba el vidrio me miró detrás de la ventana y me dijo: “que hermosas que son tus uñas, son más lindas que las mías”.
Esas palabras me dejaron tan impotente como sorprendida, y tan solo fueron unas breves palabras, una frase a la cual solo pude responderle un tímido “gracias” y esbozarle una sonrisa de agradecimiento por el halago, a sapiencia de que posteriormente me acordaría de esa frase por el resto del día, entristecida porque ella solo puede cuidarse las uñas de una sola mano, porque ella estaba fijándose en un rasgo de mis manos del cuál se percató por la imposibilidad que le genera su carencia. ¿Cómo no sentir ganas de llorar? Me dieron ganas de bajarme del auto y abrazarla. ¿Alguien alguna vez se puso a pensar que lo más triste de una persona carente de un brazo es que esa persona nunca más podrá volver a abrazar de la misma manera? Yo tiendo a pensar que son personas que necesitan un abrazo, que necesitan ser abrazadas.
Este tipo de situaciones siempre me deja pensando. Y más viajando, escuchando Sigur Rós…porque el hecho de escuchar su música mientras viajo y observo, me hace observar de una manera diferente, como si de repente todos los detalles cobrarían una importancia elevadísima, como si cada persona que observo se me presentaría no como un cuerpo sino como un alma, entonces tiendo a observarlas como si pudiera atravesar la capa de su piel y ver qué hay detrás de sus ojos, tiendo a deleitarme con el verde de la naturaleza como si las hojas se vieran con más color, como si el otoño se sintiera más intenso, la llovizna golpeando los vidrios me parecía hermosa, incluso el gris y las nubes del cielo, parafraseando a Cortázar en el Perseguidor: como si en un minuto y medio pudiera contener un cuarto de hora, como si la vida se me presentara en su total magnitud…y el tiempo de la física no tendría ningún sentido en mi mente, en mi tiempo psicológico.
Hace unos meses atrás viajando en colectivo urbano me encontré con una chica que estaba leyendo 1984…cuando me percaté de que ese era el libro que estaba leyendo me prometí a mi misma hacerle algún comentario antes de bajarme del colectivo. Estábamos en diferentes asientos. Por una suerte de casualidades ella terminó sentada al lado mío. En mis auriculares sonaba Starálfur demasiado fuerte…y antes de que me bajara, cuando estaba a punto de hablarle, fue ella la que me preguntó qué era eso tan lindo que estaba escuchando. ¿Una casualidad? A veces tiendo a creer que muchas personas compartimos ciertos gustos o cierta visión del mundo, que formamos una especie de hermandad y nos reconocemos instantáneamente…por la manera en la que vamos por la vida expresando exteriormente lo que llevamos adentro.
Cuando escucho Sigur Rós siento en mis manos la capacidad de cambiar el mundo entero, y aunque soy consciente de que es tan solo una utopía…fue Galeano quien dijo que las utopías nos permiten caminar. Y el hecho de saber que no puedo cambiar el mundo y sus infinitas negatividades…no me impide ser consciente de que al menos puedo cambiar o alterar alguna variable, soy consciente de que con mi voluntad puedo sacarle una sonrisa a esa niña que me halaga mis uñas, de que con mi voluntad puedo hacer emocionar a aquella señora del local de ropa de bebé hablándole de los detalles, con mi voluntad puedo transformar una parcela de la realidad de otra persona dándole un brillo especial, puedo dar lo mejor de mí para que en el mismo dar se encuentre la gratitud que recibo concomitantemente, como Fromm alguna vez dijo: “dar implica hacer de la otra persona un dador, y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas.”
Lo más bello de ese dar, es lo que se produce en nuestro interior, tan bien descrito en Amélie cuando tiene de repente “la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma, en ese instante todo es perfecto, la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad la empapa de golpe.”
¿Alguna vez se pusieron a pensar en lo maravilloso que puede resultar un “buen día” en esta era de la inmediatez? Porque yo me di cuenta de que muchas veces era de esas personas de las que iban a un kiosco, por ejemplo, y directamente comenzaba por pedir el producto que necesitaba evitando el saludo. ¿Por qué estamos tan acostumbrados a correr? ¿Alguien se percató de lo sorpresivo que puede ser comenzar esa conversación con un “¿buen día?”? Deberíamos percatarnos más de la importancia de un saludo amable, de la incidencia de este saludo en la persona que estamos saludando, de la enorme importancia de un “¿Cómo estás?” que sea sincero, que se atenga a la respuesta que puedan darnos más allá de que ésta sea o no positiva.
Si desde nuestra subjetividad fomentamos estas actitudes, quizás contagiaremos a alguien más. Es tan lindo contagiarse de éstas cosas, es tan ameno cuando alguien nos las contagia. Yo comencé a utilizar cotidianamente el “buen día”, “buenas tardes”, el saludo amable…después de constatar de que estaba dejándolo ir…y lo comencé a utilizar después de notar lo agradable que quedaban estos gestos en una persona que admiro y aprecio muchísimo, después de contagiarme de su educación, de su amabilidad, de su trato hacia el prójimo, de sus “pequeños detalles” que lo hacen, a mis criterios, un ser único y maravilloso.
Y de alguna manera se fue formando como una cadena, que me recuerda a aquella “cadena de favores” de la película…una cadena porque ahora, en la sonrisa de la mendiga, en el gesto de sorpresa de la mujer que me atiende en el kiosco de la facultad, en cada vez que me guardo un papel y no lo tiro en la calle…en cada trato cordial que le dirijo a personas que quizás no vuelva a ver nunca más en mi vida…recuerdo a este hombre, que no sé cuando voy a volver a ver…pero que inscribió en mi cotidianeidad rasgos de la suya, que me contagió sus detalles y se hace presente en mi sonrisa posterior a cada una de las situaciones del mismo estilo.
Contagiémonos de las buenas actitudes, contagiémonos de esas personas que nos transmiten amabilidad…a ciertas personas a veces me gustaría decirles que antes de salir a la calle llevándose el mundo por delante…salgan a la calle escuchando Let it Be o Sigur Rós…para ver si pueden ser capaces de bajar un poco los niveles.
Caminemos sobre las utopías, seamos un poco como Amélie…porque como dijo John…”podrán decir que soy un soñador, pero NO SOY EL ÚNICO…”



domingo, 16 de mayo de 2010

Not just anybody





And now my life has changed in oh so many ways
My independence seems to vanish in the haze
But every now and then I feel so insecure
I know that I just need you like
I´ve never done before

viernes, 14 de mayo de 2010

Redemption




No puede estar tan bien elaborado este video, es increíble como la intensidad de la música va creciendo a medida que las imágenes van pasando, acoplándose perfectamente a ellas, hasta llegar al momento del encuentro, de la pasividad a la actividad, de las meras fotografías a los clips de video...de la soledad al encuentro.

domingo, 9 de mayo de 2010

El grito (mudo)


Como a un condenado no solo se le pide que se declare actor de sus delitos sino que se le pide una confesión, un examen de conciencia y una aclaración de lo que es…así se maneja el superyó a sus anchas…condenándonos o apremiándonos, siempre expectante de lo que podamos llegar a hacer, decir, pensar…siempre esa instancia inquisidora, preguntándonos acerca de nuestra conciencia moral, siempre ese ideal del yo inalcanzable, como un horizonte que se esfuma cuando corremos tras el sol…

Entonces ocurre que en determinado punto abrimos tan grandes los ojos que ya no los podemos volver a cerrar, caemos petrificados ante la realidad que se nos presenta caótica, cada una de las representaciones mentales se vuelve indescifrable. Hemos visto al sol de frente y éste nos ha quemado, nos ha atravesado cada partícula de la piel dejándonos en llamas que luego serán cenizas. Hemos visto más allá y no pudimos tolerarlo, abrimos nuestros labios con intensiones de gritar pero la realidad nos ha callado y solo la boca fue expresión de nuestro grito de desesperación, grito mudo dirigido hacia nuestro interior, expresado externamente e internalizado metamorfoseado en dolor.

Elegimos el peso y la carga fue demasiado pesada. Las compañías que caminaban a nuestro lado detienen la marcha y se difuman y entremezclan con la realidad amorfa. Nos quedamos solos, nos quedamos solo con nuestra multiformidad yoica contradictoria y amenazante. En ese punto en el cual ya no hay compañía que acompañe…intentamos aferrarnos al amor pero incluso este se convierte en otra nada sumada a las tantas nadas que nos dejan vacíos y desorbitados. ¿Será esto locura o exceso de lucidez? ¿Qué determinará que nuestra mente se aprisione en pensamientos suicidas? ¿Cuál es la razón de las lágrimas constantes? ¿Por qué nuestra sensibilidad extrema nos ha dejado repentinamente moribundos sumidos en una realidad que nos supera?

Entonces lo intentamos, juntamos fuerzas para emitir ese grito como último signo de esperanza, como última señal de socorro. Pero ocurre que no es más que un grito mudo, un grito internalizado, un grito que se esparce por cada átomo del organismo, por cada recoveco del psiquismo, alcanzando los mismísimos misterios del inconsciente, produciendo efectos en la conciencia sin dejar de ser un grito silencioso, un grito del sujeto hacia el sujeto, preguntándose a sí mismo quién es, preguntándose a sí mismo hacia dónde va, cuál es el sentido de su vida. El grito transformándose en la regresión infinita al origen más arcaico de la especie humana, el grito ante la incomprensión y el caos de la propia y desbordante existencia.

sábado, 8 de mayo de 2010

Empty Spaces


Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento.
A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.

viernes, 16 de abril de 2010

Como Oliveira y la Maga...



“A Oliveira le gustaba hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo de su placer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente y lo prolongaba, era como un despertarse y conocer su verdadero nombre, y después recaía en una zona siempre un poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de perfecciones, pero que la Maga sufría de verdad cuando regresaba a sus recuerdos y a todo lo que oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar, entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas (…). Una noche le clavó los dientes, le mordió el hombro hasta sacarle sangre porque él se dejaba ir de lado, un poco perdido ya, y hubo un confuso pacto sin palabras, Oliveira sintió como si la Maga esperara de él la muerte, algo en ella que no era su yo despierto, una oscura forma reclamando una aniquilación, una lenta cuchillada boca arriba que rompe las estrellas de la noche y devuelve el espacio a las preguntas y a los terrores. Sólo esa vez, excentrado como un matador mítico para quien matar es devolver el toro al mar y el mar al cielo, vejó a la Maga en una larga noche de la que poco hablaron luego, la hizo Pasifae, la dobló y la usó como un adolescente, la conoció y le exigió las servidumbres de la más triste puta, la magnificó a constelación, la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y quejas, la vació hasta lo último de su fuerza magnífica, la tiró contra una almohada y una sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel”.


Fragmento de Rayuela,
Julio Cortázar.

(Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia)

lunes, 22 de marzo de 2010

Deconstruyendo

La verdadera vergüenza consiste en que el poder del deseo sea un tabú, el verdadero pecado es convertir en ignominiosos los placeres que nos elevan, los verdaderos herejes son los detractores del cuerpo.
El secreto de la liberación no reside en la sumisión, el humano inteligente debe ser capaz de de-construir la moral impuesta, debe deshacer los elementos que constituyen las estructuras conceptuales carentes de sentido coherente, debe construir su moral en base a sus propios principios y sellarla con su propia sangre.
En palabras de Kafka: “a partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto que hay que alcanzar”. La verdadera perdición es no aprender a dejarse llevar, es no saber encontrar el punto de suspensión del juicio para aprender a caminar despojados de esas cadenas que pueden ser disueltas tras una reconsideración en el propio pensamiento.
Solo tras el crepitar de nuestras ideas seremos capaces de emprender esos viajes sine qua non nos remontaríamos a la regresión, caeríamos nuevamente en una involución.
Implícitamente se hayan presentes en cada mente un sin fin de deseos, en nuestra propia naturaleza se encuentra palpable la búsqueda del placer en sus diversas e infinitas formas, la inminencia de tal hecho es hartamente conocida como así también lo son las barreras y los obstáculos que construimos intentando negar lo inexorable.
En esa negación radica un absurdo error que puede ser tan poderoso como para lograr inhibir cualquier tentativa hacia lo concreto de una acción, en esa represión del impulso se convierten en cenizas potenciales experiencias, se desplazan al vacío posibles acontecimientos.
Solo tras la ruptura de aquellas estructuras que destilan su inherente inconsistencia aprenderemos a mirar a los ojos a la vida para aferrarnos intensamente a nuestra propia existencia.

Ansiada estación


Bendito equinoccio de otoño...



te estuve esperando todo el verano.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Rain on me

Hace tantas semanas estaba esperando la lluvia para dirigirme directo al patio, escuchar esta canción desde mi habitación...y dejarme mojar completamente por las gotas de agua.




Only love
Can make it rain
The way the beach is kissed by the sea
Only love
Can make it rain
Like the sweat of lovers
Laying in the fields.

Love, Reign o'er me
Love, Reign o'er me, rain on me

Only love
Can bring the rain
That makes you yearn to the sky
Only love
Can bring the rain
That falls like tears from on high

Love Reign O'er me

On the dry and dusty road
The nights we spend apart alone
I need to get back home to cool cool rain
I can't sleep and I lay and I think
The night is hot and black as ink
Oh God, I need a drink of cool cool rain

domingo, 14 de marzo de 2010

The Thin Ice


And the sea may look warm to you Babe
And the sky may look blue
Ooooh Babe
Ooooh Baby Blue
Ooooh Babe
If you should go skating
On the thin ice of modern life
Dragging behind you the silent reproach
Of a million tear stained eyes
Don't be surprised, when a crack in the ice
Appears under your feet
You slip out of your depth and out of your mind
With your fear flowing out behind you
As you claw the thin ice

Ficción y Realidad

Una cosa es comprender un relato y otra muy diferente es sentirse en la piel del personaje. La diferencia radica en la intensidad de las emociones. No es lo mismo el compadecimiento que la identificación, y de eso estuvo segura cuando logró ponerse en la piel de Gregorio Samsa y comprender que el dolor más profundo de éste no había sido convertirse en un insecto sino más bien que lo que más lo atormentaba era el rechazo de las personas que lo habían acompañado durante toda su vida tras verlo convertido en tal.
Solo pudo comprender este suceso cuando después de haber estado durante media hora humedeciendo la almohada y esparciendo cenizas por toda la habitación…se dirigió hacia la puerta sigilosamente para no hacer ruido alguno por querer ver si el resto de su familia se sentía igual que ella. Solo en ese momento logró comprender lo que Samsa sentía cada vez que desde su oscuridad escuchaba las conversaciones familiares mientras él agonizaba. Conversaciones en las que su presencia cada vez quedaba más lejos, conversaciones en las cuáles constataba que su familia incluso se sentiría mejor si dejara de contar con aquel ser detestable en aquella habitación que parecía ser un mundo aparte.
Fue allí cuando escuchó unas voces que nada tenían que ver con las que había escuchado minutos antes. Ya no se escuchaban gritos porque ella ya no les era un estorbo, les había sido fácil dejarla completamente afuera y continuar con su velada conversando en tranquilidad cuando el daño ya estaba hecho, mientras ella se volvía a sentir otra vez como Pinky, detrás de un muro infranqueable, a millones de kilómetros de su familia, con ganas de esparcir su sangre por todas las sábanas, por el suelo, por las paredes, hasta que de su cuerpo ya no quede más nada.
Si Gregorio hubiera continuado en vida, ¿podría alguna vez haber olvidado el rechazo, las palabras como dagas, el espanto y la repulsión que su familia sentía por su existencia? Se preguntaba mientras el cenicero estallaba y el gusto a cigarrillo comenzaba a asquearla. ¿Cómo haría para olvidar esas palabras que minutos antes la habían golpeado mucho más fuerte que la manzana en la espalda de Samsa mientras él se arrastraba presa del dolor? ¿Cómo podría olvidar alguna vez en la vida esas palabras que su padre y su madre comenzaron a echarle como las manzanas del padre de Gregorio? ¡Pero esas palabras dolían más que cualquier manzana putrefacta en el dorso de un cuerpo! Y lo peor de todo es que esas palabras no parecieron haber sido hijas de la ira, más que nada parecieron haber sido pensamientos acumulados durante meses y meses, pensamientos reprimidos hasta tal punto que esta noche lograron ser soltados por completo con todo el odio del momento. No parecían mentiras, parecían verdades absolutas, juicios indubitables productos de un largo proceso de construcción.
¿Cómo harían ahora para volver a mirarla a los ojos? ¿Cómo haría su madre para volver a abrazarla después de esa cachetada, después de gritarle que estaba loca, que era una puta, después de insinuarle que el corazón de su hermana era más puro, después de decirle envidiosa, egocéntrica y desagradecida? ¿Cómo haría su padre para volver a hablarle después de expulsarla a los gritos hacia su habitación, después de decirle que estaba sola, que no tenía amigas, que era un desastre y que era la única culpable de aquella pelea familiar? ¿Cómo haría ella para olvidar esa noche? ¿Cómo haría para volver a encontrar la armonía después de esas palabras? ¿Y si realmente fueran verdades? ¿Y si ellos tenían razón? ¿Y si ella era un desastre? ¿Un estorbo? ¿Y si realmente estaba de más? ¿Cómo se supone que iría a continuar? ¿De dónde sacaría las fuerzas? Nunca en su vida había deseado tanto finalizar trágicamente como el insecto de Kafka como lo deseó en aquel momento.

viernes, 12 de marzo de 2010

Extiéndete una vez más ♪

Desperté pasado el mediodía y el día estaba gris, por la mañana había lloviznado y supuse que este día sería un presagio del cambio de estación que se está avecinando. Me dirigí hacia el patio de mi casa para corroborarlo y constaté lo que hace tiempo estaba esperando: el clima fresco, el otoño se aproxima, qué felicidad.
Cuando la tarde se hizo presente no lo dudé ni un segundo, los caminos del campo me llamaban, necesitaba despejar mi mente después de tanto pensar y pensar; y no hay mejor lugar para encontrar armonía que perderse en la naturaleza.
Comencé a recorrer el camino de tierra rodeado de campos con mi bicicleta, y toda mi infancia vivida en el campo se hizo presente en tan solo un segundo. Me sentí una niña de cinco años una vez más y percibí todo lo que me rodeaba con los ojos de la inocencia: los grandes árboles, las grietas del camino, las vías a mi derecha y el tren que imaginé, los sonidos de los insectos, el alguacil que me acompañaba, los colores del cielo entremezclándose, naranja, celeste, rosado, gris, gris oscuro, nubes que avecinan la tormenta, el reflejo del cielo en el agua estancada en las cunetas formando diminutos lagos, el sol cayendo.
De pronto noté en un solo instante que estaba a punto de quedarme a oscuras, me detuve en el medio del camino y ante mis ojos contemplé una de las escenas más hermosas de mi vida: una enorme manada de pájaros se estaba avecinando, sus alas se mezclaban con el cielo, su vuelo se atravesó en mi alma y pude sentir su libertad, todos juntos parecían fundirse con el naranja intenso del cielo y me quedé observándolos hasta que se alejaron, mientras en mis oídos Spinetta me cantaba: “una grieta en mi existir, no somos solo hombres…y como fondo un cielo”. La combinación de emociones fue tan fuerte que logró estremecerme, cuando de pronto caí en la cuenta de que debería emprender mi camino de regreso antes de que anochezca.
Di una vuelta de ciento ochenta grados y le jugué una carrera a la noche para no quedarme a oscuras, pero la muy tramposa me ganó en los últimos minutos. Llegué a la ruta de noche, y el Flaco seguía sonando en mis oídos hasta que papá me fue a buscar…

jueves, 11 de marzo de 2010

Metamorfosis


Metamorfosis, cambio, mutación, conversión, transformación. Franz Kafka. ¿Será a caso esta obra un previo anuncio de su trágico final? ¿Cuánto habrá de Kafka dentro del personaje de Gregorio Samsa? Solo sabemos que ambos tuvieron un final trágico. El autor se marchó de este mundo a la edad de 40 años debido a una tuberculosis, el personaje dejó de existir reducido a la condición de un animal siendo rechazado por la familia misma que tiempo atrás se había visto obligado a proteger.
Metamorfosis va más allá de un extraño hombre que de una noche hacia el día siguiente se transforma en un insecto, Metamorfosis es un relato interesante para sumergirnos en la oscura y desolada mente de Kafka, para comprender su relación conflictiva con su padre. Pero Metamorfosis también nos muestra la desolación de un sujeto que se vio reducido a su insignificancia, de un sujeto aislado y abandonado a sus desdichas por haberse convertido en algo indigerible para el resto de los humanos, pero al fin y al cabo: un sujeto que en el fondo de su desasosiego quizás seguía siendo aún más humano que el resto de personas que lo rodeaban, pudiendo como nadie sentir la elevada música de un violín atravesando su alma.
Metamorfosis es, más allá de su ficción…un relato de un humano destrozado por el rechazo y la soledad tras la ruptura de todos los lazos de las relaciones sociales que antes lo acompañaban. Es que… ¿qué otra cosa más que animales seríamos si nos despojaran por completo de cualquier tipo de afectos?