domingo, 31 de enero de 2010

I wish...

Hay un abismo entre lo que ayer fui y lo que soy hoy. ¿Dónde fue que me caí y renací siendo otra? ¿Dónde fue lo que murió y de dónde vino lo que renació? Nadando por ríos heracletianos siento desvanecer esencias y me pregunto si al final del camino habrá algo que permanezca entre tanto fluir y fluir.
¿Dónde fueron los deseos de ayer y dónde está lo que deseo hoy? ¿Dónde está lo que deseo hoy? ¿En la similitud o en la diferencia? ¡Oh, ya basta de pensar! Mi mente es un laberinto sin salidas con una incógnita en cada esquina. Mis pensamientos inhiben cualquier iniciativa de acción, estoy paralizada entre el ayer y el mañana sin poder ver lo que frente a mis ojos tengo hoy.
Me desquicia esta pasividad, al menos hoy quisiera que exista algún tipo de caos. Demasiada tranquilidad me es perjudicial, mis sentidos fantasean con experiencias que desconocen, mi mente proyecta idealizaciones construidas de trivialidades y detesto que mi razón no pueda darles un freno a pensamientos tan ilógicos. ¡Oh, ya basta de pensar! Me irrita la estabilidad pero no existe motivo alguno que me empuje hacia algún tipo de dinámica u movilidad. Mi mente proyecta. Presagios de un cambio quizás ameritan la espera.

sábado, 30 de enero de 2010

More





Hoy me levanté y el día estaba nublado. Esperé unas horas a que llegara mi tan amada lluvia y me tiré en la cama a ver una película que tardé bastante tiempo en conseguir pero que por fin pude disfrutar: More.
Obviamente, lo que me llevó a ver esta película fue que la banda sonora fue compuesta por Pink Floyd y forma parte de su tercer álbum de estudio. La semana pasada volví a visitar mi disquería preferida y me compré el disco. Music From The Film More (1969) es un álbum que había escuchado en varias oportunidades pero que recién ahora estoy degustando más a fondo. Me encontré con temas acústicos que mi memoria había olvidado y me enamoré de Crying Song, Green is the Colour y Cymbaline, aunque The Nile Song también me encantó y en este momento quisiera encontrar al maldito argentino ignorante que editó la contratapa de mi disco y escribió Nike en vez de Nile para maldecirlo por su carencia total de nociones acerca del contexto. Me encantaría tener la versión británica pero con Europa solo sueño…y ya no sigo hablando de las canciones porque es obvio que de Pink Floyd me gusta todo, todo, todo.
Volviendo a la película, leí que fue el debut del director francés Barbet Schroeder y que para muchos es una película de culto precisamente por su banda sonora.
Me pareció un retrato excelente de la Europa hippie de aquella década. La temática, drogas y sexo libre, resulta impactante porque es explícitamente desarrollada a lo largo del film y es algo que me llamó la atención porque nunca había visto tan minuciosamente los preparativos y reacciones ante diversas drogas como la marihuana, la heroína y el ácido. Ambos personajes se alejan a una casa en las costas de Ibiza para crear su propio mundo y dedicar sus vidas a los placeres del sexo y al consumo de diferentes drogas que obviamente se torna adictivo y lo que por momentos para ambos parece ser el edén culmina con una tragedia.



"La gente no entiende el temperamento germánico. Sin tragedia, ¿dónde está el placer?"




jueves, 28 de enero de 2010

Este calor...

El té con leche se enfría. Ya no son las seis de la mañana, son las nueve y media y comienza a hacer calor. El calor me pone de malhumor. Yo no soy amante de las playas inundadas en gente. Me conformo con una montaña al lado de un río y si es posible que sea invierno. Y si sueño un poco más que sea en Islandia. Que de fondo suene Sigur Rós y que a mi cuello lo abrace una bufanda.
A mi no me gusta tomar sol, a mi me gusta ver las estrellas. Estoy cansada de este pueblo. Tampoco pienso volver a la ciudad para que el tartamudo del piso de arriba salte a mi patio y sin permiso entre a mi cocina volviéndome loca. Para mí que es un psicópata. Pero extraño Rosario. Este calor, este calor. Yo quisiera estar en Europa, bien abrigada…con un café entre mis manos leyendo a Cortázar en París.
El piano que da comienzo a Paranoia y Soledad comienza a oírse. El piano…mi mayor asignatura pendiente abandonada debido a mi carencia de confianza en mí misma producto de mi auto-frustración, y de esos incontables yo-no-puedo, yo-no-puedo. El piano…el sonido del piano para mí simboliza la ternura. El piano junto al violín me hacen llorar, el violín es más nostálgico, es más amigo de la melancolía. La guitarra siempre me sugirió sensualidad, por eso me gusta más que la batería. La batería me gusta para saltar, gritar y enloquecer. Y el bajo…el bajo son puntos suspensivos, el bajo es el suspenso.
“Freud emprendió el segundo paso”, “Ahora bien, Freud halló en las ocurrencias de los enfermos…” Freud. Freud. Siempre Freud. Hoy no tengo ganas de leer a Freud, hoy estoy ansiosa esperando terminar de leer estos apuntes para sumergirme en Dostoievski. Pero este calor…este calor. Si pudiera me iría de Argentina en Noviembre y volvería en Abril. Está sonando mi dosis diaria de Baby, I’m Gonna Leave You y este calor…este calor…

Hoy...

me enteré de la existencia de alguien extraordinariamente interesante.

martes, 26 de enero de 2010

IV



Grabar un compilado con canciones sueltas de Pink Floyd es una herejía.

Aún hoy


Por inversión del apotegma “cessante causa cessat effectus” (cuando cesa la causa cesa el efecto), tenemos derecho a concluir de estas observaciones que el proceso ocasionador produce efectos de algún modo durante años todavía, no indirectamente por mediación de una cadena de eslabones causales intermedios, sino de manera inmediata como causa desencadenante, al modo en que un dolor psíquico recordado en la conciencia despierta, suscita en un momento posterior la secreción lacrimal.


Estudios sobre la histeria.
I. Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos:
Comunicación preliminar.

Breuer y Freud. (1893)

All In


Al fin y al cabo aún me queda la felicidad en su forma más pura: la que devino tras constatar que una de las personas que más aprecio ha conseguido teñir al mundo de infinitos colores. Hoy soy feliz porque él lo es. Yo sabía que su momento llegaría.

lunes, 25 de enero de 2010

Nyfaedd Von

Un violín poco a poco comienza a hacerle compañía al piano que anteriormente se encontraba en soledad. Ambos comienzan a mezclarse y del conjunto emanan una melodía tan triste y bella que mis ojos no puedan evitar lagrimear. Puntadas en mi pecho no me impiden encender un cigarrillo más.
Detrás de la ventana el sol brilla con intensidad y sin embargo detrás de mis ojos solo veo oscuridad. Todo es tan oscuro aquí dentro que el silencio inunda mi alma cada vez que ellos me vienen a hablar. Me he quedado completamente muda desde hace unas cuántas semanas atrás. Y ya no sé bien qué es eso que muchos llaman sonreír. A caso tampoco sepa ya qué es eso que muchos llaman vivir…

domingo, 24 de enero de 2010

El más insulso

"Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo."

La Tregua,
Mario Benedetti.

sábado, 23 de enero de 2010

A Butterfly On My Hand


El siguiente texto y el acontecimiento narrado en él tuvieron su origen el 21 de Febrero del 2007 cuando tenía 17 años, un pensamiento idealista, romanticista y muchísimo menos escéptico que ahora. Mi agnosticismo recién estaba echando sus raíces y del existencialismo aún estaba lejos porque estaba mucho más apegada al esencialismo.
Desde esa fecha guardé un boceto y por fin hoy gracias a los videos que filmé en dicha fecha pude terminarlo. Hace desde que abrí este blog que esperaba terminar este texto para inaugurar la sección filosófica.
Quería darle un comienzo con este suceso porque fue en aquel entonces cuando mi curiosidad comenzó a fomentarse y comencé a formularme ese tipo de preguntas que marcaron desde entonces un lazo fuerte entre mi vida y la filosofía…otra de mis grandes pasiones.




Aquella mañana fue diferente. Muy diferente. Es común que yo suela salir a caminar luego de haber pasado la noche en vela y mi rumbo la mayoría de los días suele ser el camino que desemboca en el cementerio de mi pueblo-ciudad. Es un camino rodeado de campos y naturaleza. El motivo es muy simple, es un lugar poco transitado, solo suelo cruzarme uno que otro vehiculo y un máximo de cinco personas en todo mi trayecto que comienza desde mi casa hasta el segundo paso nivel. Ese es mi trayecto si me dirijo a pie, si voy en bicicleta, (en este caso, acompañada de mi hermana menor), siempre solemos llegar hasta el cementerio. Pero esa mañana pasadas las 6, cuando todavía había estrellas, cuando la noche daba señales de perder su brillo para dar comienzo a la entrada del sol, esa mañana, sin saber por qué, decidí que iba a ser distinta, lo decidí desde el momento en que me cambié para comenzar mi recorrido.


La mañana estaba fresca pero húmeda, a pesar de estar en febrero el clima en ese mes cambió mucho y no solía sentir el calor por las mañanas como lo sentía en enero. Mi vestimenta nunca suele ser un detalle pasado por alto en mi vida, pero para salir a caminar hago excepciones y me visto con menos cuidado. Sin embargo esa mañana no, tomé mi jogging blanco, mis Nike rosas y grises, todo normal, pero en vez de optar por una campera holgada y una musculosa, opté por una polera rosa ajustada al cuerpo que nunca había usado para salir a caminar, me dejé los rulos en toda mi cabellera y decidí ponerme una binchita blanca que no usaba desde hacía un año, también decidí salir con una mochila rosa (todo haciendo juego, como siempre) y todo el conjunto me daba un toque de inocencia, un toque de la niña que ya había pasado a ser una adolescente, pero que esa mañana había decidido ser niña aunque sea por un par de horas.


Muchas cosas habían sido distintas esa mañana, la niña en que me había convertido no quiso llevar sus cigarrillos como siempre hacía en sus paseos solitarios, preferí dejarlos en casa, solo tomé el mp3, la cámara digital y el celular, puse todo adentro de la mochila, me puse los auriculares y salí de mi casa escuchando canciones lentas y románticas.


Aún era de noche, sentí una sensación de vacío al no cruzar ninguna persona mientras daba mis primeros pasos, al caminar una cuadra noté que de pronto las luces que alumbraban las calles se apagaron dejándome en penumbras, una leve sensación de miedo se hizo presente, miedo a que aparezca alguien con malas intensiones, miedo a lo desconocido. Tomé unas fotografías y esperé tan solo unos segundos. Todo el ambiente se tornó cada vez más claro, pronto el cielo fue aclarándose anunciando la llegada del amanecer y la oscuridad se marchó junto con mi miedo. Seguí caminando y escuchando música lenta.


Unos minutos después me encontraba en la entrada de los dos caminos que se dirigen hacia el cementerio. Uno que está preparado para que pasen vehículos, señalizado y casi se podría decir que es una calle, excepto por el mejorado que no se asemeja totalmente al pavimento. El otro camino es totalmente diferente, es más angosto, sin señales, sin mejorado, repleto de naturaleza, es más lindo pero más incómodo. Yo siempre suelo tomar el primero de ida y el segundo de vuelta al salir a caminar sola. Por lo tanto opté por el primero.


Mi sentido de la vista estaba ocupado totalmente observando al cielo. El cielo irradiaba magia, me invitaba a soñar, sus colores variaban a medida que el sol se asomaba poco a poco, y pude contemplar un hermoso amanecer. Pude disfrutar de cada uno de sus infinitos matices, hasta que el sol sin darme cuenta, ya se había asomado completamente dando cabida a un nuevo día. Fue perfecto. Una sensación de paz y felicidad inundaron mi ser.


Mientras continuaba escuchando suaves melodías, transitaba solitaria por aquel sendero, fotografiando el cielo, las flores y cualquier forma natural que me atrajera, mi andar era irregular, mis pasos no eran cortos ni largos, solo eran pasos.


Mas que disfrutar de una caminata para mantener en forma mi cuerpo, yo caminaba para disfrutar de cada una de las sensaciones que me provocaba la naturaleza, tan viva, tan asombrosa…que me hundía en sensaciones indescriptibles, nunca encontraré las palabras justas para explicarlas tal cual las viví.


Esos amaneceres tan solo los podía contemplar estando sola, en esa hermosa soledad que nadie comprendía. De vez en cuando el tren se asomaba, muchas veces lo anhelaba para cantar mientras oía el sonido de las ruedas rozar las vías.


Sola en la nada, sola pero conmigo misma, en esos lugares donde nadie habitaba, yo me encontraba con mi espíritu, con mi alma, podía percibir mi esencia, dejar mi persona al desnudo y encontrarme conmigo misma, encontrarme entre los amaneceres, entre las caminatas, entre la naturaleza, entre el canto de los pájaros, entre el aroma a campo que me recuerda tanto a mi infancia, entre cada matiz del cielo.


Aquel verano cambió mi vida, me cambió como persona, yo ya no era la misma, ni por fuera, ni por dentro. Estaba aprendiendo a vivir, sin dudas estaba dando los primeros pasos hacia mi camino en busca de las infinitas formas que le puedo dar a la felicidad. Sin dudas estaba aprendiendo a cambiar mi interior positivamente día a día un poco más.


El sol se asomaba cada vez mas cerca y pude notar como mis ojos negros se cegaban al ver tanta luz. Fue hermosa la sensación de tanta paz, de tanta felicidad. Muchas veces siento que nadie me entiende, porque me siento distinta, anormal quizás. Anormal porque hago cosas que ninguna de las chicas de mi edad hace, anormal porque hago locuras, locuras que me hacen vivir, que me hacen realmente feliz.


¿Podría haber algo más hermoso que ese cielo? Me repetía constantemente. Indudablemente si existe algún tipo de Dios, seguramente se encuentra allí.


Lo extraño era que tras alejarme de ese paisaje, tras regresar a mi casa y continuar con mi vida normal, todo lo que había vivido en la madrugada parecía como un sueño. El resto del día, al encontrarme con personas y transitar los mismos lugares de mi ciudad una y otra vez, no podía creer que ese mismo día había estado contemplando ese amanecer entre tanta paz. Todo parecía un sueño hasta que al día siguiente o unos días después volvía a soñar despierta entre alguna que otra caminata.


Luego de disfrutar aquel bello amanecer, emprendí mi camino de regreso, di la vuelta por el segundo paso nivel y volví por el camino menos transitado, más sinuoso y con más naturaleza para fotografiar.
Un dúo de mariposas danzaban a la par de mis pasos y yo anhelaba que alguna se detuviera para poder fotografiarlas, pero ambas siguieron su rumbo mientras mis ojos contemplaban su vuelo, mi paz interior me permitía fundirme con ellas y sentir una placentera sensación de libertad.


Mientras seguía tomando fotografías, atraída por las diversas formas naturales, volando lejos con mi imaginación a través de la música, me topé con una planta de violetas silvestres, una de las tantas plantas de violetas silvestres me atrajo más que otras y me indujo a acercarme a ella. Me acerqué un poco más y observando detenidamente detrás de unas hojas…la divisé a ella, ahí estaba, dormida esperando ser despertada, tan solemne, calma, apacible, serena y amena. Posando sobre una hoja verde, extraviada y solitaria… una hermosa y pequeña mariposa de alas amarillas descansando en la naturaleza.


Sabía que esa era mi oportunidad para fotografiarla y llevarme las mejores fotos de aquella mañana gracias a esa pequeña mariposa. La vi tan frágil, tenue y débil que me tomó unos segundos decidirme para tomarla entre mis manos. Pero mi adictiva obsesión por la fotografía pudo más que yo. Y sin pensarlo dos veces la arranqué de su hábitat para llevarla junto a mí. Al fin y al cabo…entre tanta naturaleza yo también lograba fundirme en ese entorno igual que ella.


Y sin seguir vacilando decidí robarle a aquella hoja esa bella mariposa. La tomé suavemente entre mis dedos y de alguna manera pude sentir su temor en mi piel… ¿qué estaba haciendo dañándola de esa manera tan solo por querer fotografiarla?


Segundos posteriores a unas fotografías con la mariposa aún sostenida por mis dedos…me arrepentí de haberla despertado de su descansar y quise dejarla en libertad…pero fue allí precisamente cuando ocurrió el hecho más sorpresivo de esa mañana campestre. Cuando quise dejarla ir…cuando la dejé posada en la palma de mi mano para que pudiera salir volando…ella no se marchó, ella se quedó apoyada en mi mano y todos mis intentos por querer inducirla al vuelo fracasaron.


Hay quien dice que la eternidad está en un instante y creo que es verdad. Creo que nadie podría imaginarse lo que ese simple hecho significó en el curso posterior de mi vida, lo que ese simple hecho me marcó por el resto de mis días. Quizás suene exagerado, quizás yo le doy suma importancia a trivialidades… ¿pero que sería de mi vida sin esas pequeñeces?



La extrañeza del asunto no se redujo a unos instantes…la mariposa no quiso moverse de mi mano, parecía cómoda hundida en una especie de ensueño producido por el calor de mi cuerpo, parecía amoldarse lentamente entre mis manos y no daba indicios de querer movilizarse. Así que yo…que ya estaba convertida en una niña de diez años a quién todos sus pensamientos científicos sobre el mundo ya no le importaban porque estaba reducida a una pura inocencia…seguí mi rumbo de regreso a casa sin quitarle los ojos de encima, hablándole y haciéndole pregunta tras pregunta…cómo si ella de alguna manera pudiera responderme.



¿Alguien ha oído alguna vez la historia del principito que domesticó a un zorro convirtiéndole en su amigo? Pues es simple…según las palabras del zorro domesticar significa crear lazos, sentir la necesidad del uno por el otro. Aquella mañana sentí que domestiqué a esa mariposa tras el lazo que construimos entre ambas. Ella tan silenciosa…su silencio me hablaba más que miles de palabras. Yo tan curiosa y perceptiva. Entre tantas mariposas…ella fue para mí única en el mundo. El simple hecho de encontrarla fue lo que hizo que mi día se diferenciara de todos los demás días de mi vida. Y yo era responsable de mi mariposa.




Mi mariposa no quería volar. ¿Y si a caso no sabía como hacerlo? Quise enseñarle, pero yo tampoco sabía como volar. Deseé ser una mariposa para que volásemos lejos las dos juntas. ¿Y si a caso yo había dañado sus alas y ya no podría volar nunca más? ¿Por qué no quería volar? ¿Por qué no podía? ¿Sus alas eran débiles? ¿Sus sueños frustrados?

Ella seguía en mi mano sin querer moverse. Yo no entendía lo que pasaba…porque jamás me había ocurrido eso en mi vida. Anteriormente, cada vez que quería agarrar una mariposa…la tomaba unos segundos y luego se iba volando lejos. Pero ella ahí seguía…sin querer moverse…mientras yo caminaba hacia casa. ¿Qué hacía en mi mano? ¿Por qué me pasaba eso? Era tan extraño…

Cuando yo le brindé la libertad…ella decidió permanecer a mi lado. ¿Estaba muriendo? ¿Estaba renaciendo? Me asustaba el hecho de verla morir…pero si moría, moriría en mis manos, porque yo no quería despegarla de allí. Seguí hablándole como si me escuchase, seguí hablándole como hablan los “locos”. Nada me inspiraba más que ella. Le dije que la inmortalizaría con mis palabras, le dije que si me acompañaba hasta casa escribiría sobre ella… y es lo que hoy estoy haciendo.

¿Cuántos días de vida tiene una mariposa? ¿Cuántos días de vida tiene una mariposa en mi mano? Yo ya no sabía que pensar, no sé que quería ella, que buscaba entre mis manos…pero sabía que de allí no se movería. Una leve brisa acariciaba mi rostro mientras en mis auriculares seguía sonando música lenta. Los pájaros cantaban y yo seguía hablándole como si ya fuésemos amigas, filmando la escena para no olvidarla jamás.

¿Alguien me quiere explicar que hacía una chica de diecisiete años hablando con una mariposa que hacía veinte minutos estaba en su mano? Ella me hacía sentir especial, yo no sabía por qué…pero ella me hacía sentir eso.

En aquellas épocas yo no conocía a Platón pero sin embargo todo en mi vida era atravesado por un fuerte idealismo del cuál con el correr de los años solo quedaron cenizas. Pero en esa mañana veraniega del 2007 incluso llegué a creer en la reencarnación de las almas…incluso llegué a creer por una milésima de segundos que esa mariposa podía ser…mi abuelo.

Y así fue como juntas caminamos durante media hora hasta llegar a mi casa. Me vi obligada a terminar de escribir estas palabras porque le prometí que lo haría. Ella cumplió su promesa: me acompañó durante todo el camino de vuelta.

No me gustan las despedidas pero sabía que había llegado el momento de despedirnos para siempre. Quizás como el principito…ella no quería que yo la vea morir. Volví a otorgarle la libertad que minutos atrás le había quitado y abrí mi mano apuntando hacia el cielo y ésta vez ella comprendió que ya era hora de partir. Desplegó sus alas y se marchó volando hacia la inmensidad del cielo azul. Desplegó sus alas y pudo volar. Mis ojos se cubrieron de lágrimas pero eran lágrimas de felicidad. Nunca más volví a ser la misma. Esa mañana marcó un punto conciso en mi vida, mediante el cuál comencé a ver al mundo desde otra perspectiva, mediante el cuál con el correr de los días comencé a construir infinitas formas de felicidad, mediante el cuál un crecimiento interno se hizo presente y permanece aún hoy en cada uno de mis días.

Esa mañana fue la precursora de uno de los momentos más importantes de mi vida: el encuentro concreto conmigo misma…y la bienvenida de una de mis mayores pasiones: el advenimiento de mi espíritu curioso, la incorporación de la filosofía a mi día a día.

Muchas personas nos quieren hacer creer desde chicos que la felicidad está en tener una casa grande, un automóvil, en casarse, tener hijos y tener un trabajo rentable para conseguir más y más dinero…muchas personas nos quieren hacer ver a la felicidad como una especie de meta, de fin...es que muchas personas no se dan cuenta de que la felicidad es un puente, ser feliz está en el camino, y ese camino no precisamente tiene que constar de grandezas y lujos. Muchas veces las personas no se dan cuenta...de que el camino y por lo tanto la felicidad en sí, a veces pueden consistir en algo tan simple como una mariposa que nos acompañe posada en nuestras manos durante una caminata tras haber contemplado un bello amanecer sin más necesidad que disfrutar del momento…


Valèrie
21-02-07

viernes, 22 de enero de 2010

III



Quizás quien no halle goce en la soledad necesite constantemente de compañías porque no se ha hallado a sí mismo y necesita refugiarse (ergo encontrarse) en los otros.

Mi inconsciente…

parece haber sido estimulado por el arte. Creo que tanto cine, música y literatura en este último tiempo está sacando frutos estimulando mi imaginación onírica. Son las cuatro menos veinte de la mañana.
Hace unas horas me acosté escuchando Music From The Film More. No recuerdo exactamente todo lo que soñé pero recuerdo un par de escenas en particular: en primer lugar me encontraba yo acostada en mi cama escribiendo un mensaje de texto a determinada persona (aún recuerdo a quién) contándole que estaba a punto de empezar a leer los hermanos Karamazov (libro que factiblemente había empezado a leer antes de dormirme).
Luego esa escena muta en otra: un Winston y una Julia (1984) recreados físicamente por mi imaginación se encontraban en un sillón. Julia estaba preparando una inyección que contenía algún tipo de droga alucinógena, la inyección era igual que la de Tina Turner protagonizando la escena de Acid Queen en la película de Tommy (The Who). Cuando la inyección estaba lista a punto de ser utilizada, en la habitación se enciende una pantalla del Partido (el gran hermano que todo lo vigila) en dónde se figura la escena de Julia con la inyección y Winston a su lado, la pantalla reproducía el acto en sí mismo dejándolos al descubierto por la subversión que estaban realizando.
Pero la pantalla no solo reproducía dicha escena, sino que dejaba notar que en un dormitorio que se hallaba en el piso de abajo, se encontraban Thea y Meneer Chrome (El beso de la serpiente) besándose desaforadamente perdidos en la lujuria sobre una cama, produciéndose así un doble acto delictivo ante el gran ojo del Partido.
Lamentablemente para mis sueños culturales éstos vieron su fin cuando mis oídos comenzaron a escuchar Smeel Like Teen Spirit (mi hermanita estaba en la computadora y el volumen estaba demasiado alto).
Nirvana me gusta…pero odié que me interrumpiera mi sueño, la saqué de mi habitación y dejé que mi imaginación fluyera dándole play a Speak To Me para que el Dark Side vuelva a sonar una vez más en la oscuridad de mis noches extravagantes…

miércoles, 20 de enero de 2010

Heima, Sigur Rós



Heima es mágico, porque Sigur Rós es mágico, porque Islandia lo es. Heima significa “en casa” y hasta el día de hoy no conozco otra banda que logre hacerme sentir más “en casa” que Sigur Rós. Y cuando hablo de estar en casa me refiero más específicamente a mi mundo interior, en dónde se esconden mis mayores tesoros, en dónde todos mis pequeños placeres se hacen presentes como rayos del sol. De un sol de otoño que espera el invierno para fundir en imágenes en sepia los detalles más bonitos de la vida. Estar en casa es estar físicamente en esta habitación y emocionalmente en Islandia gracias a Sigur Rós, es estar tomando este té con leche y sentirme en invierno pese a que la realidad me dice que es verano, es mirar por la ventana y ver hojas otoñales que danzan queriendo alcanzar acantilados, es tele transportarme con la fantasía a lugares que no puedo alcanzar con la realidad. Es sentirme acompañada en mi soledad por artistas que comparten mis gustos, mi visión estética y mis maneras de pensar, mi introversión y mi atracción hacia lo acogedor, hacia lo simple, hacia el frío invierno y el verde de los campos.



Estar en casa es hacer volar mi imaginación tan lejos que en cuestión de segundos un documental como Heima logre hacerme palpitar el corazón con todas sus fuerzas como si estaría a punto de salirse, es dejar caer lágrimas de felicidad y de emoción al contemplar tanta belleza plasmada en sonidos e imágenes que no dejan de suscitar sentimientos.



Estar en casa es de alguna manera estar en una isla como Islandia, es estar en Islandia espiritualmente y sentir sus paisajes y costumbres como propias. Es soñar con que estoy allí recorriendo sus glaciares, sus paisajes desiertos, fotografiando acantilados, deteniéndome a contemplar suavemente cada uno de sus aromas, paisajes y más sutiles detalles. Es sentir que formo parte de ese lugar sin comprender exactamente cómo, pero si el por qué: porque todo lo que observaron mis ojos al degustar Heima fue la materialización audiovisual de mi concepto estético de lo bello.



Cada mínimo detalle de Heima me identificó tan profundamente que de a momentos mis ojos no podían creer lo que estaban observando. No solo los diferentes poblados y paisajes de Islandia lograron identificarse inmediatamente con mi concepción de la belleza, sino que también cada partecita de este documental logró adherirse tanto a mi personalidad que de a momentos llegué a creer que el conjunto en sí se trataba de una reminiscencia, de algo que ya conocía desde siempre y que sin embargo recién estaba descubriendo.



Mi encandilamiento hacia lo sonoro y visual se complementó tan perfectamente con cada partecita de diálogos de los integrantes de Sigur Rós y de Amiina que de a momentos llegué a desear muy intensamente haber nacido en alguno de esos pueblos y ciudades que visitaron en su gira de vuelta a su país. Heima representa el regreso tras una gira mundial a su ciudad natal. Sigur Rós realizó una gira por sus tierras dando al público recitales gratuitos y reconfortables. La fotografía del documental es realmente impecable, captando no solo la magnífica puesta en escena de la banda en lugares tan recónditos como un valle entre los acantilados, un pueblo pesquero abandonado, un pueblo reconocido por su alto nivel de niebla, un embalse construido como planta de electricidad en dónde se presentaron a modo de protesta mediante una puesta de escena solamente acústica, entre otros hermosos lugares de una Islandia que se presentó ante mis ojos como un lugar que pertenece a otro mundo, a infinitos años luz del gris asfalto de las urbes y su conglomeración de personas a las corridas.



Es que a mí no me hacía falta conocer Islandia más en profundidad para imaginármela, porque cuando escuchamos la voz de Jónsi, cuando nos sumerginos en el mundo de las melodías experimentales de una banda tan conectada con la naturaleza, en dónde se experimenta incluso con marimbas cromáticas construidas de simples rocas por un agradable señor que vive en el medio del campo y se pasa tardes enteras golpeando piedritas para hallar en ellas diferentes tonos, en dónde cerramos los ojos y podemos imaginarnos paisajes desolados pero al mismo tiempo más acogedores que la inmensidad de la ciudad…podemos conocer Islandia incluso hallándonos en la otra punta del planeta.



Y cuando factiblemente nos llega información mediante una fuente tan hermosa como lo ha sido este video, aquellos amantes de las pequeñas cosas de la vida…no hacemos más que desear poder algún día pisar esas tierras tan anheladas, poder compartir esas costumbres tan hermosas como asistir a un recital con nuestra familia entera, abuelos y nietos incluidos, como disfrutar de un recital en el medio de la nada rodeados de naturaleza con una fogata transmitiéndonos calor, como sentarnos en las rocas a contemplar un atardecer o un amanecer en el mar…con esa vestimenta típica del norte europeo que tanto me apasiona. Porque Islandia no parece de este mundo, Islandia se me presenta ante mis ojos como un lugar extraordinario, en dónde redundan las almas bellas y las costumbres tradicionales, los abrazos y las sonrisas sinceras, el placer por las cosas más simples y bellas de este mundo, en dónde las guitarras se tocan con arcos de violín, en dónde uno puede disfrutar de un concierto sentado y cómodo sin empujones ni alcohol de más…en dónde la música se capta en su esencia y no hace más que brillar.



Sigur Rós es más que una banda de post-rock, Sigur Rós es una banda única en cada una de sus matices, es la banda con estética más bella que conozco. Su música forma un conjunto armónico con la personalidad de sus integrantes, con sus acciones y costumbres.



Escucharlos hablar es llegar a la conclusión en cuestión de segundos de que por la tonalidad de su voz introvertida, la profundidad de sus palabras y expresiones no puede tratarse de otra cosa más que de personas especiales, dedicadas por amor a la música a hacer lo que más les gusta de la manera más correcta, seria y bella posible.



Sigur Rós es más que música…es algo mágico. Es a mis criterios una de las mejores bandas contemporáneas que seguramente seguirá trascendiendo y se convertirá en un clásico. Es de lo más bonito tanto visualmente como musicalmente que nos queda en esta actualidad en dónde encontrarnos con una banda como ésta es una tarea realmente difícil.



Es cierto que si tengo que elegir cuál es la banda que más me marcó en mi vida y por lo tanto mi preferida voy a elegir a Pink Floyd. Pero también es cierto que estéticamente hablando no hay banda que me identifique más que Sigur Rós.

Valèrie