viernes, 21 de mayo de 2010

Acaricien los detalles II



Saliendo de Rosario por la Avenida Pellegrini, pasando la zona céntrica…casi sin excepción, con mi familia siempre nos cruzamos con una mendiga, una niña de aproximadamente 10 años…castaña, simpática…y lamentablemente…a quién le falta la parte inferior de un brazo. Con su única mano siempre nos extiende algún papelito y espera de nosotros una moneda. Me percaté de su presencia cuando mi papá comenzó a buscar monedas. Temiendo que no las encuentre, me quité los auriculares y abandoné a Jónsi por un ratito, aunque los violines se seguían oyendo debido al volumen elevado…abandoné también a Kundera…y me puse a buscar monedas en mi billetera.
Mi papá ya había encontrado las suyas, entonces ambos bajamos el vidrio, primero agarró las de mi papá, y después tomó las mías…porque yo viajaba atrás.
En los pocos segundos en los cuáles tuvo mis manos frente a sus ojos fue capaz de percatarse de un detalle, y antes de que yo suba el vidrio me miró detrás de la ventana y me dijo: “que hermosas que son tus uñas, son más lindas que las mías”.
Esas palabras me dejaron tan impotente como sorprendida, y tan solo fueron unas breves palabras, una frase a la cual solo pude responderle un tímido “gracias” y esbozarle una sonrisa de agradecimiento por el halago, a sapiencia de que posteriormente me acordaría de esa frase por el resto del día, entristecida porque ella solo puede cuidarse las uñas de una sola mano, porque ella estaba fijándose en un rasgo de mis manos del cuál se percató por la imposibilidad que le genera su carencia. ¿Cómo no sentir ganas de llorar? Me dieron ganas de bajarme del auto y abrazarla. ¿Alguien alguna vez se puso a pensar que lo más triste de una persona carente de un brazo es que esa persona nunca más podrá volver a abrazar de la misma manera? Yo tiendo a pensar que son personas que necesitan un abrazo, que necesitan ser abrazadas.
Este tipo de situaciones siempre me deja pensando. Y más viajando, escuchando Sigur Rós…porque el hecho de escuchar su música mientras viajo y observo, me hace observar de una manera diferente, como si de repente todos los detalles cobrarían una importancia elevadísima, como si cada persona que observo se me presentaría no como un cuerpo sino como un alma, entonces tiendo a observarlas como si pudiera atravesar la capa de su piel y ver qué hay detrás de sus ojos, tiendo a deleitarme con el verde de la naturaleza como si las hojas se vieran con más color, como si el otoño se sintiera más intenso, la llovizna golpeando los vidrios me parecía hermosa, incluso el gris y las nubes del cielo, parafraseando a Cortázar en el Perseguidor: como si en un minuto y medio pudiera contener un cuarto de hora, como si la vida se me presentara en su total magnitud…y el tiempo de la física no tendría ningún sentido en mi mente, en mi tiempo psicológico.
Hace unos meses atrás viajando en colectivo urbano me encontré con una chica que estaba leyendo 1984…cuando me percaté de que ese era el libro que estaba leyendo me prometí a mi misma hacerle algún comentario antes de bajarme del colectivo. Estábamos en diferentes asientos. Por una suerte de casualidades ella terminó sentada al lado mío. En mis auriculares sonaba Starálfur demasiado fuerte…y antes de que me bajara, cuando estaba a punto de hablarle, fue ella la que me preguntó qué era eso tan lindo que estaba escuchando. ¿Una casualidad? A veces tiendo a creer que muchas personas compartimos ciertos gustos o cierta visión del mundo, que formamos una especie de hermandad y nos reconocemos instantáneamente…por la manera en la que vamos por la vida expresando exteriormente lo que llevamos adentro.
Cuando escucho Sigur Rós siento en mis manos la capacidad de cambiar el mundo entero, y aunque soy consciente de que es tan solo una utopía…fue Galeano quien dijo que las utopías nos permiten caminar. Y el hecho de saber que no puedo cambiar el mundo y sus infinitas negatividades…no me impide ser consciente de que al menos puedo cambiar o alterar alguna variable, soy consciente de que con mi voluntad puedo sacarle una sonrisa a esa niña que me halaga mis uñas, de que con mi voluntad puedo hacer emocionar a aquella señora del local de ropa de bebé hablándole de los detalles, con mi voluntad puedo transformar una parcela de la realidad de otra persona dándole un brillo especial, puedo dar lo mejor de mí para que en el mismo dar se encuentre la gratitud que recibo concomitantemente, como Fromm alguna vez dijo: “dar implica hacer de la otra persona un dador, y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas.”
Lo más bello de ese dar, es lo que se produce en nuestro interior, tan bien descrito en Amélie cuando tiene de repente “la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma, en ese instante todo es perfecto, la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad la empapa de golpe.”
¿Alguna vez se pusieron a pensar en lo maravilloso que puede resultar un “buen día” en esta era de la inmediatez? Porque yo me di cuenta de que muchas veces era de esas personas de las que iban a un kiosco, por ejemplo, y directamente comenzaba por pedir el producto que necesitaba evitando el saludo. ¿Por qué estamos tan acostumbrados a correr? ¿Alguien se percató de lo sorpresivo que puede ser comenzar esa conversación con un “¿buen día?”? Deberíamos percatarnos más de la importancia de un saludo amable, de la incidencia de este saludo en la persona que estamos saludando, de la enorme importancia de un “¿Cómo estás?” que sea sincero, que se atenga a la respuesta que puedan darnos más allá de que ésta sea o no positiva.
Si desde nuestra subjetividad fomentamos estas actitudes, quizás contagiaremos a alguien más. Es tan lindo contagiarse de éstas cosas, es tan ameno cuando alguien nos las contagia. Yo comencé a utilizar cotidianamente el “buen día”, “buenas tardes”, el saludo amable…después de constatar de que estaba dejándolo ir…y lo comencé a utilizar después de notar lo agradable que quedaban estos gestos en una persona que admiro y aprecio muchísimo, después de contagiarme de su educación, de su amabilidad, de su trato hacia el prójimo, de sus “pequeños detalles” que lo hacen, a mis criterios, un ser único y maravilloso.
Y de alguna manera se fue formando como una cadena, que me recuerda a aquella “cadena de favores” de la película…una cadena porque ahora, en la sonrisa de la mendiga, en el gesto de sorpresa de la mujer que me atiende en el kiosco de la facultad, en cada vez que me guardo un papel y no lo tiro en la calle…en cada trato cordial que le dirijo a personas que quizás no vuelva a ver nunca más en mi vida…recuerdo a este hombre, que no sé cuando voy a volver a ver…pero que inscribió en mi cotidianeidad rasgos de la suya, que me contagió sus detalles y se hace presente en mi sonrisa posterior a cada una de las situaciones del mismo estilo.
Contagiémonos de las buenas actitudes, contagiémonos de esas personas que nos transmiten amabilidad…a ciertas personas a veces me gustaría decirles que antes de salir a la calle llevándose el mundo por delante…salgan a la calle escuchando Let it Be o Sigur Rós…para ver si pueden ser capaces de bajar un poco los niveles.
Caminemos sobre las utopías, seamos un poco como Amélie…porque como dijo John…”podrán decir que soy un soñador, pero NO SOY EL ÚNICO…”



domingo, 16 de mayo de 2010

Not just anybody





And now my life has changed in oh so many ways
My independence seems to vanish in the haze
But every now and then I feel so insecure
I know that I just need you like
I´ve never done before

viernes, 14 de mayo de 2010

Redemption




No puede estar tan bien elaborado este video, es increíble como la intensidad de la música va creciendo a medida que las imágenes van pasando, acoplándose perfectamente a ellas, hasta llegar al momento del encuentro, de la pasividad a la actividad, de las meras fotografías a los clips de video...de la soledad al encuentro.

domingo, 9 de mayo de 2010

El grito (mudo)


Como a un condenado no solo se le pide que se declare actor de sus delitos sino que se le pide una confesión, un examen de conciencia y una aclaración de lo que es…así se maneja el superyó a sus anchas…condenándonos o apremiándonos, siempre expectante de lo que podamos llegar a hacer, decir, pensar…siempre esa instancia inquisidora, preguntándonos acerca de nuestra conciencia moral, siempre ese ideal del yo inalcanzable, como un horizonte que se esfuma cuando corremos tras el sol…

Entonces ocurre que en determinado punto abrimos tan grandes los ojos que ya no los podemos volver a cerrar, caemos petrificados ante la realidad que se nos presenta caótica, cada una de las representaciones mentales se vuelve indescifrable. Hemos visto al sol de frente y éste nos ha quemado, nos ha atravesado cada partícula de la piel dejándonos en llamas que luego serán cenizas. Hemos visto más allá y no pudimos tolerarlo, abrimos nuestros labios con intensiones de gritar pero la realidad nos ha callado y solo la boca fue expresión de nuestro grito de desesperación, grito mudo dirigido hacia nuestro interior, expresado externamente e internalizado metamorfoseado en dolor.

Elegimos el peso y la carga fue demasiado pesada. Las compañías que caminaban a nuestro lado detienen la marcha y se difuman y entremezclan con la realidad amorfa. Nos quedamos solos, nos quedamos solo con nuestra multiformidad yoica contradictoria y amenazante. En ese punto en el cual ya no hay compañía que acompañe…intentamos aferrarnos al amor pero incluso este se convierte en otra nada sumada a las tantas nadas que nos dejan vacíos y desorbitados. ¿Será esto locura o exceso de lucidez? ¿Qué determinará que nuestra mente se aprisione en pensamientos suicidas? ¿Cuál es la razón de las lágrimas constantes? ¿Por qué nuestra sensibilidad extrema nos ha dejado repentinamente moribundos sumidos en una realidad que nos supera?

Entonces lo intentamos, juntamos fuerzas para emitir ese grito como último signo de esperanza, como última señal de socorro. Pero ocurre que no es más que un grito mudo, un grito internalizado, un grito que se esparce por cada átomo del organismo, por cada recoveco del psiquismo, alcanzando los mismísimos misterios del inconsciente, produciendo efectos en la conciencia sin dejar de ser un grito silencioso, un grito del sujeto hacia el sujeto, preguntándose a sí mismo quién es, preguntándose a sí mismo hacia dónde va, cuál es el sentido de su vida. El grito transformándose en la regresión infinita al origen más arcaico de la especie humana, el grito ante la incomprensión y el caos de la propia y desbordante existencia.

sábado, 8 de mayo de 2010

Empty Spaces


Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento.
A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.