viernes, 27 de agosto de 2010

Crepitar


¿Dónde habita el refugio para el alma nostálgica más que en el pasado, en los violines que emanan melodías de fantasmas? ¿Dónde encuentra el refugio el alma melancólica más que en la noche?
Será que solo el insomnio conoce los secretos más recónditos de nuestra alma. Entre las penumbras de la noche nos vemos arrebatados por las preguntas más cruciales y ensordecedoras, aquellas a las cuáles ni los más luminosos rayos del alba pueden brindarles vestigios.
Los recuerdos crepitan a pesar de las deformaciones a las cuáles nos arroja la memoria. Los rostros -como en el paso del tiempo-, se tornan difusos y desaparecen algunos de sus rasgos ante la remembranza de los ayeres vistos desde el presente. Presente que siempre contiene sedimentos…huellas de antaño, presagios e ilusiones del porvenir. Los ojos que miran hacia atrás lo tiñen todo de sepia. El yo que se mide constantemente con el yo que ya no es, sufre doblemente las pérdidas.
Como ventiscas se asoman desde todos los recovecos de la mente las imágenes borrosas de los tiempos dorados. Los sueños que alguna vez soñamos despiertos, nunca pueden ser completamente resignados si de ellos hemos tenido testimonio.
No serán generales las evocaciones que traeremos en forma de imágenes a nuestro pensamiento en los instantes previos al último pneuma. Iremos a lo más particular del detalle, al aroma de esa rosa que le robamos al rosedal, al perfume de aquel cuello que hemos besado, a la sensación de libertad en los minutos de contemplación de las aguas fluyendo en el río, al momento en que nuestras manos heladas han recibido el calor de otras ajenas, a la canción que sonaba en el instante que nos elevamos al cielo mediante un orgasmo, a las palabras en las cartas de mamá, las manos cansadas de papá, las arrugas de experiencia de la abuela, las notas de piano que nos han enamorado, el abrazo de una amistad, el escondite preferido de nuestra infancia jugando a las escondidas, la rayuela dibujada con tizas en el patio de la escuela…
Será que la eternidad está en el instante, en ese efímero presente que es presente y al mismo tiempo pasado, en ese cuerpo evanescente que no deja de ser sombra, en ese beso que es pasión y despedida, en esa vida…que es vida y también es muerte.

Valèrie.

Demian


"La vida es un camino hacia nosotros mismos."
Hesse.

El Jugador



"Es posible que al pasar por tantas sensaciones, el espíritu, lejos de rendirse, se excite más aún, y exija sensaciones cada vez más fuertes, hasta su definitiva inercia."

Dostoievski.

Siddharta


"Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra,
no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo.
Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello."

"...todo aparece un poco diferente cuando se lo expresa, algo falseado, un tanto necio, sí,y también esto está bien y me complace muchísimo; aun con ello estoy perfectamente de acuerdo, que lo que es tesoro y sabiduría de un hombre suene de un modo tonto en los oídos de los otros"

Siddhartha, 1922.
Hermann Hesse.

Rebelión en la Granja



“El verdadero enemigo está en la creación de una mentalidad “gramofónica” repetitiva, tanto si se está como si no de acuerdo con el disco que suena en aquel momento.”

“Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír.”

“Los cerdos en verdad no trabajaban, pero dirigían y supervisaban a los demás.”

“Los cerdos eran los que siempre proponían las resoluciones. Los otros animales entendían como debían votar, pero no se les ocurrían ideas propias.”

“El misterio del destino de la leche se aclaró pronto: se mezclaba todos los días en la comida de los cerdos. Las primeras manzanas ya estaban madurando, y el césped de la huerta estaba cubierto de la fruta caída de los árboles. Los animales creyeron, como cosa natural, que aquella fruta sería repartida equitativamente, un día, sin embargo, se dio la orden de que todas las manzanas caídas de los árboles debían ser recolectadas y llevadas al guadarnés para consumo de los cerdos. A poco de ocurrir esto, algunos animales comenzaron a murmurar, pero en vano. Todos los cerdos estaban de acuerdo en este punto, hasta Snowball y Napoleón. Squealer fue enviado para dar las explicaciones necesarias.”

“Nosotros, los cerdos, trabajamos con el cerebro. Toda la administración y organización de esta granja depende de nosotros. Día y noche estamos velando por vuestra felicidad. Por vuestro bien tomamos esa leche y comemos esas manzanas. ¿Sabéis lo que ocurriría si los cerdos fracasáramos en nuestro cometido? ¡Jones volverá! Sí, ¡Jones volvería! Seguramente, camaradas –exclamó Squealer casi suplicante, danzando de un lado a otro y moviendo la cola-, seguramente no hay nadie entre vosotros que desee la vuelta de Jones.”

“Los animales escuchaban primeramente a Napoleón, luego a Snowball, y no podían decidir quién tenía razón; a decir verdad, siempre estaban de acuerdo con el que les estaba hablando en aquel momento.”

“-¡Táctica, camaradas, táctica! Saltando y moviendo la cola con una risita alegre. Los animales no tenían certeza del significado de la palabra, pero Squealer habló tan persuasivamente y tres de los perros que se hallaban con él gruñeron en forma tan amenazante, que aceptaron su explicación sin hacer más preguntas.”

“Nuevamente los animales se sintieron presos de una vaga inquietud. “Nunca tener trato alguno con los humanos, nunca dedicarse a comerciar, nunca usar dinero”, ¿no fueron ésas las primeras resoluciones adoptadas en aquella reunión triunfal, después de haberse expulsado Jones? Todos los animales recordaron haber aprobado tales resoluciones, o por lo menos, creían recordarlo”.

“ ”¿Están seguros de que eso no es algo que han soñado, camaradas? ¿Tienen constancia de tal resolución? ¿Está anotado en alguna parte?” Y puesto que era cierto que nada de eso contaba por escrito, los animales se quedaron convencidos de que estaban equivocados.”

“Durante días enteros los animales no tenían con que alimentarse, excepto paja y remolacha. El espectro del hambre parecía mirarlos cara a cara. Era totalmente necesario ocultar eso al mundo exterior”.

“Si ella pudiera expresar sus pensamientos, hubiera sido para decir que a eso no era a lo que aspiraban cuando emprendieron, años atrás, el derrocamiento de la raza humana. Aquellas escenas de terror y matanza no eran lo que ellos soñaron aquella noche cuando el Viejo Mayor, por primera vez, los incitó a rebelarse. Si ella misma hubiera concebido un cuadro del futuro, sería el de una sociedad de animales liberados del hambre y del látigo, todos iguales, cada uno trabajando de acuerdo con su capacidad, el fuerte protegiendo al débil, como ella protegiera con su pata delantera a aquellos patitos perdidos la noche del discurso de Mayor. En su lugar –ella no sabía por qué, habían llegado a un estado tal en el que nadie se atrevía a decir lo que pensaba, en el que perros feroces y gruñones merodeaban por doquier y donde uno tenía que ver cómo sus camaradas eran despedazados después de confesarse autores de crímenes horribles. No había intención de rebeldía o desobediencia en su mente. Ella sabía que, aun tal y como se presentaban las cosas, estaban mucho mejor que en los días de Jones y que, ante todo, era necesario evitar el regreso de los seres humanos. Sucediera lo que sucediera permanecería leal, trabajaría duro, cumpliría las órdenes que le dieran y aceptaría las directrices de Napoleón. Pero aun así, no era eso lo que ella y los demás anhelaran y para lo que trabajaban tanto. No fue eso por lo que construyeron el molino, e hicieron frente a las balas de Jones. Tales eran sus pensamientos, aunque le faltaban palabras para expresarlos.”

“Días después, cuando ya había desaparecido el terror producido por las ejecuciones, algunos animales recordaron –o creyeron recordar-, que el sexto mandamiento decretaba: “Ningún animal matará a otro animal”. Y aunque nadie quiso mencionarlo al oído de los cerdos o de los perros, se tenía la sensación de que las matanzas que habían tenido lugar no concordaban con aquello. Clover pidió a Benjamín que le leyera el sexto mandamiento, y cuando Benjamín, como de costumbre, dijo que se negaba a entrometerse en esos asuntos, se fue en busca de Muriel. Muriel le leyó el Mandamiento. Decía así: “Ningún animal matará a otro animal sin motivo”. Por una razón u otra, las últimas dos palabras se les habían ido de la memoria a los animales.”

“Los domingos por la mañana Squealer, sujetando un papel largo con una pata, les leía largas listas de cifras, demostrando que la producción de toda clase de víveres había aumentado en un 200 por ciento, 300 por ciento, o 500 por ciento, según el caso. Los animales no vieron motivo para no creerle, especialmente porque no podían recordar con claridad cómo eran las cosas antes de la Rebelión. Aún así, preferían a veces tener menos cifras y más comida.”

“De algún modo parecía como si la granja se hubiera enriquecido sin enriquecer a los animales mismos, exceptuando, naturalmente, los cerdos y los perros.”

“Únicamente el viejo Benjamín manifestaba recordar cada detalle de su larga vida y saber que las cosas nunca fueron, ni podrían ser, mucho mejor o mucho peor; el hambre, la opresión y el desengaño eran, así dijo él, la ley inalterable de la vida.”

“Por primera vez Benjamín consintió en romper la costumbre y leyó lo que estaba escrito en el muro. Allí no había nada excepto un solo mandamiento. Éste decía: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. Después de eso no les resultó extraño al día siguiente que los cerdos que estaban supervisando el trabajo de la granja, llevaran todos un látigo en la mano. No les pareció raro enterarse de que los cerdos se habían comprado una radio, estaban gestionando la instalación de un teléfono, y se habían suscrito a John Bull, Tit-Bits y al Daily Mirror. No les resultó extraño cuando vieron a Napoleón paseando por el jardín de la casa con una pipa en la boca, no, ni siquiera cuando los cerdos sacaron la ropa del señor Jones de los roperos y se la pusieron; Napoleón apareció con una chaqueta negra, pantalones bombachos y polainas de cuero, mientras que su favorita lucía el vestido de seda que la señora Jones acostumbraba a usar los domingos.”

La Rebelión en la Granja, 1945.
George Orwell.


Los domingos no me doy cuerda...


“Pienso en ti más que nunca. Hoy está lloviendo. Los domingos de lluvia me siento confuso. Si llueve no puedo lavar la ropa, y en consecuencia, no puedo planchar. Tampoco puedo pasear, ni tumbarme en la terraza. Lo único que puedo hacer es sentarme a la mesa y escuchar una vez tras otra el Kind of Blue mientras miro distraídamente el patio bajo la lluvia. Tal como te escribí hace unos días, los domingos no me doy cuerda.”

Fotografía: Robert Doisneau.
Fragmento: Tokio Blues, Haruki Murakami.

Tokio Blues


"La memoria es algo extraño. Mientras estuve allí, apenas presté atención al paisaje. No me pareció que tuviera nada de particular y jamás hubiera sospechado que, dieciocho años después, me acordaría de él hasta en sus pequeños detalles. (…)
Sin embargo, ahora la primera imagen que se perfila en mi memoria es la de aquel prado. El olor de la hierba, el viento gélido, las crestas de las montañas, el ladrido de un perro. Esto es lo primero que recuerdo. Con tanta nitidez que tengo la impresión de que, si alargara la mano, podría ubicarlos, uno tras otro, con la punta del dedo. Pero este paisaje está desierto. No hay nadie. No está Naoko, ni estoy yo. “¿Adónde hemos ido?”, pienso. “¿Cómo ha podido ocurrir una cosa así?” Todo lo que parecía tener más valor –ella, mi yo de entonces, nuestro mundo- “¿adónde ha ido a parar?” Lo cierto es que ya no recuerdo el rostro de Naoko. Conservo un decorado sin personajes."

Tokio Blues (Norwegian Wood), 1987.
Haruki Murakami.

Memorias de Subsuelo


“Lo singular de ese interés es que destruye todas nuestras clasificaciones y derriba todos los sistemas edificados por los amigos del género humano para la felicidad del hombre. En una palabra, es un estorbo, un obstáculo. Pero antes de decirles a ustedes cuál es ese interés, reflexionen, ustedes están convencidos de que la especie humana se acostumbrará a mejorar cuando se haya desembarazado completamente de ciertas malas tendencias, cuando el sentido común y la ciencia hayan reeducado completamente la naturaleza humana y la hayan orientado por un camino normal. Ustedes están seguros de que entonces el hombre cesará de errar deliberadamente y se verá, por decirlo así, en la imposibilidad de desear oponerse a sus intereses normales.
¿Por qué el hombre debe actuar según sus intereses, además cuales son los intereses humanos? esto es algo individual, existen intereses diferentes para cada ser ¿Qué sucede si me interesa a mi sufrir y ser un infeliz? ¿O acaso tengo que desear tener una vida prospera, pacifica, monótona, falsa y mediocre? No existen los intereses universales que correspondan a todos los seres.
Pero el hombre con voluntad fuerte, quienquiera que sea, aspira siempre y en todas partes a obrar de acuerdo con su voluntad y no con arreglo a las prescripciones de la razón y del interés. Ahora bien, la voluntad de uno puede, y a veces incluso debe, oponerse a sus intereses. Mi voluntad; mi libre albedrío; mi capricho, por insensato que sea; mi fantasía sobreexcitada hasta la demencia...
Esto es lo que se aparta a un lado, éste es el precioso interés que no tiene espacio en ninguna de esas clasificaciones que componen ustedes y que rompe en mil pedazos todos los sistemas, todas las teorías.
¿De dónde se han sacado nuestros sabios que el hombre necesita voluntad normal y virtuosa? ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre sólo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados. Pero el diablo sabe lo que cuesta esa voluntad…"


Memorias de Subsuelo, 1864.
Fiódor Mijáilovich Dostoievski.

VI



El goce producto de una sublime obra musical es equiparable al goce sexual. La música y el sexo son probablemente de los placeres más elevados, más aún cuando se aúnan.

Huida imaginaria...


"Y había otra cosa más que lo situaba por encima del resto: tenía en la mesa un libro abierto. En ese restaurante nunca nadie había abierto un libro en la mesa. El libro era para Teresa la contraseña de una hermandad secreta. (…) Los libros le brindaban la posibilidad de una huida imaginaria de una vida que no la satisfacía, pero también tenían importancia para ella en tanto objetos: le gustaba pasear por la calle llevándolos bajo el brazo. Tenían para ella el mismo significado que un bastón elegante para un dandy del siglo pasado. La diferenciaban de los demás.
La comparación entre el libro y el elegante bastón de dandy no es totalmente exacta. El bastón no sólo diferenciaba al dandy, sino que además hacía que fuera moderno y estuviera de moda. El libro diferenciaba a Teresa pero la hacía pasada de moda. Claro que era demasiado joven para que pudiera tener conciencia de que estaba fuera de la moda. Los jovencitos que pasaban junto a ella llevando sus ruidosos transistores le parecían tontos. No se daba cuenta de que eran modernos."

Milan Kundera.

Casualmente...


"Hace siete años se produjo casualmente en el hospital de la ciudad de Teresa un complicado caso de enfermedad cerebral, a causa del cual llamaron con urgencia a consulta al director del hospital de Tomás. Pero el director tenía casualmente una ciática, no podía moverse y envió en su lugar a Tomás a aquel hospital local. En la ciudad había cinco hoteles, pero Tomás fue a parar casualmente justo a aquél donde
trabajaba Teresa. Casualmente le sobró un poco de tiempo para ir al restaurante antes de la salida del tren. Teresa casualmente estaba de servicio y casualmente atendió la mesa de Tomás. Hizo falta que se produjeran seis casualidades para empujar a Tomás hacia Teresa, como si él mismo no tuviera ganas.
Regresó a Bohemia por su causa. Una decisión tan trascendental se basaba en un amor tan casual que no hubiera existido si su jefe no hubiera tenido la ciática hacía siete años. Y aquella mujer, aquella personificación de la casualidad absoluta yace ahora a su lado y respira profundamente mientras duerme…"

La Insoportable Levedad del Ser.

Dialogando sobre el amor...


Por Valeria Waldisperg y Diego Carmona.

Milan Kundera: Crece ante Teresa una idea blasfema de la que no puede librarse: el amor que la une a su perro Karenin es mejor que el que existe entre ella y Tomás. Mejor, no mayor. Le da la impresión de que la pareja humana está hecha de tal manera que su amor es a priori de peor clase de la que puede ser el amor entre una persona y un perro.
Es un amor desinteresado: Teresa no quiere nada de Karenin. Ni siquiera le pide amor. Jamás se ha planteado los interrogantes que torturan a las parejas humanas: ¿me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.
Y algo más: Teresa aceptó a Karenin tal como era, no pretendía transformarlo a su imagen y semejanza, estaba de antemano de acuerdo con su mundo canino, no pretendía quitárselo, no tenía celos de sus aventuras secretas. No lo educó porque quisiera transformarlo (como quiere el hombre transformar a su mujer y la mujer a su hombre), sino para enseñarle un idioma elemental que hiciera posible la comprensión y la vida en común

Valérie: A mí este fragmento que acaba de leer el señor Kundera me sirve de base en el momento indicado, porque es algo que venimos planteando con Dié desde hace mucho y creo que ahora verlo expresado tan precisamente en sus palabras es genial. Lo que yo pretendo es ver el trasfondo de esas palabras, más allá de la comparación con el amor canino, lo que usted plantea me parece algo muy difícil de alcanzar en la práctica, pero al mismo tiempo me parece una de las formas más puras de querer a alguien, porque a veces somos demasiado narcisistas y lo único que queremos es que la otra persona nos devuelva lo que supuestamente le estamos dando, cuando en realidad si amamos a esa otra persona, deberíamos ser capaces de sostener ese amor en la mera presencia, pese a lo difícil, realmente difícil, que puede llegar a ser.

Dié: Absolutamente estimados. Yo creo que el amor es, por definición, desinteresado. Cuando uno ama en serio, no necesita ningún tipo de respuesta. Uno ama, independientemente de lo que el otro haga o deje de hacer, porque ese otro, no está fuera, está dentro de uno. Tal vez la dificultad de este tipo de amor la podemos hallar cuando no es correspondido por la otra persona, porque ahí la realidad nos interpela, y eso que llevamos dentro nuestro no tiene ninguna correspondencia fuera, pero, precisamente en ese momento, es cuando se define la naturaleza del amor verdadero. Precisamente en ese momento, tenemos la capacidad de decidir si vamos a destruir a quién amamos o tratar de olvidarlo porque no nos responde, o si vamos a afirmar lo que sentimos, a pesar de las dificultades que conlleve y la mirada espantada de muchos de nuestros contemporáneos.
Ahora, cuando dependemos de la respuesta, de lo que el otro hace o no hace, cuando dejamos de sentir lo que sentíamos porque el objeto de amor ya no está o no responde como queremos, entonces estamos en presencia de una mercantilización del vínculo. Doy, en la medida en que el balance luego me arroje un saldo positivo, quiero en la medida en que el otro me quiera; siento sólo cuando el otro está presente. La idea es no perder nada, obtener beneficios y ganancias por doquier. Esta concepción del amor es la que impera en los tiempos que corren.
Dostoievski en Memorias del subsuelo sostiene que el hombre es irracional porque no aspira a tener una voluntad beneficiosa, sino una voluntad independiente. Y precisamente en esa voluntad independiente, es en dónde se define. En ese acto de independencia, podemos decir que halla su esencia. No importa si lo que hago me beneficia o no. No importa si la persona a la que amamos nos corresponde o no, porque en este acto de amor, es en donde podemos definirnos. En eso que sentimos, está lo más propio y verdadero de cada uno de nosotros. En conclusión, creo que si el amor se manifiesta actualmente bajo otras formas, que podríamos considerarlas hasta opuestas a su verdadera naturaleza, es porque aplicamos mecanismos de racionalización a algo que debe ser y es, esencialmente, irracional. En la medida en que es irracional, que no es razonable, que no apunta a intereses ni beneficios, es verdadero amor. En la medida en que no pretendemos racionalizarlo, analizarlo, descomponerlo, y fragmentarlo, podemos encontrar el verdadero significado de amar, y experimentarlo nosotros mismos.

Valérie: Si el amor es verdadero cuando es desinteresado, debería persistir pese a no ser correspondido, si no, no creo que sea amor, un amor que no puede sostenerse más allá de la respuesta a la demanda quizás no sea más que la necesidad de ser amados, o esta “mercantilización del vínculo” que describís y que está muy bien descrita en el capítulo VII de Memorias de Subsuelo. Es genial lo que Dostoievski plantea sobre esa voluntad independiente, que incluso puede ir en contra de nuestros intereses: “el hombre, aspira siempre y en todas partes a obrar de acuerdo con su voluntad, y no con arreglo a las prescripciones de la razón y del interés. Ahora bien, la voluntad de uno puede y a veces incluso debe oponerse a sus intereses. Mi voluntad, mi libre albedrío, mi capricho, por insensato que sea, mi fantasía sobreexcitada hasta la demencia…Esto es lo que se aparta a un lado (…). ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre solo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados. Pero el diablo sabe lo que cuesta esta voluntad…”
Siguiendo el pensamiento de Dostoievski, creo que quizás en ese capricho, en esa tendencia de muchos de nosotros a ir en búsqueda de dificultades y relaciones que no se amolden a nuestra razón e intereses…está nuestro impulso por querer rebelarnos contra un mundo que se nos torna científicamente calculado, en dónde todo debe ser explicado, en dónde tengamos las respuestas antes de habernos hecho las preguntas. Creo que racionalizar al amor o al deseo es una manera de destruirlo. Si todo ya estuviera dicho y debería ser de determinada manera, ¿dónde quedaría el espacio para ese capricho, para esa voluntad independiente?
Volviendo a lo que usted estimado Kundera plantea en un libro, prefiero mi capricho, prefiero elegir el peso y ser capaz de sostener a ese amor irracional que es desinteresado, porque quizás gracias a mi capricho pueda descubrir lo que es o no es el amor y escaparle un poco a esta realidad de inmediatez, mercantilización en las relaciones y vínculos que se disuelven fugazmente.

Dié: Coincido con cada una de tus palabras Valérie, creo que racionalizar el amor es destruirlo, obturar una falta que le es propia. Sólo en la medida en que podemos aceptar perder algo, podemos al mismo tiempo amar a otro/s. Cito a Antonio Machado, que con una frase resume todo lo que estamos diciendo: " en el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón"; lo que hacemos con esa espina nos define, y luchar por lo que queremos es el acto más digno y valioso que podemos esperar de nosotros mismos.


Fotografía: Robert Doisneau.
Fragmentos: La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera y Memorias de Subsuelo, Dostoievski.

The Cellist


"Música: para Franz es el arte que más se aproxima a la belleza dionisíaca entendida como embriaguez. Uno no puede embriagarse fácilmente con una novela o un cuadro, pero puede embriagarse con la novena de Beethoven, con la sonata de Bartok para dos pianos y percusión o con las canciones de los Beatles. Franz no distingue entre la llamada música seria y música moderna. Le gusta tanto el rock como Mozart.
Para él la música es una liberación: lo libera de la soledad, del encierro, del polvo de las bibliotecas, abre en su cuerpo una puerta por la que su alma entra al mundo para hermanarse."

Fragmento: Milan Kundera (La Insoportable Levedad del Ser)
Fotografía: The Cellist, Robert Doisneau, 1957.

La Insoportable Levedad del Ser


"La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes."

Fotografía por Marc Riboud.
Fragmento de La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera. (1984)

Ceder o no ceder


"Nos vemos castigados por nuestras negaciones. Cada impulso que intentamos aniquilar germina en la mente y nos envenena. El cuerpo peca primero y se satisface con su pecado, porque la acción es un modo de purificación. No nos queda nunca más que el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de una pena. El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella. Si la resistimos, nuestras almas crecerán enfermizas, deseando las cosas que se han prohibido a sí mismas, y además, sentirán deseo por lo que unas leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos tienen lugar en el cerebro y solamente en él donde tienen lugar asimismo los grandes pecados del mundo."

¡Tan cierto Wilde!

...de todas esas cosas parecen depender nuestras vidas.

"La vida es una cuestión de nervios, de fibras, de células lentamente formadas, en las que se esconde el pensamiento, y la pasión tiene sus sueños. Se puede usted imaginar a salvo y creerse fuerte. Pero un casual tono de color en una habitación, un cielo matinal, un perfume peculiar que amó usted y que trae sutiles recuerdos consigo, un verso de un poema olvidado que vuelve a su memoria, una cadencia de una pieza musical que dejó usted de tocar, de todo esto, Dorian, se lo digo, de todas estas cosas parecen depender nuestras vidas."

El Retrato de Dorian Gray.

El Retrato de Dorian Gray


"Hay pocos entre nosotros que no se hayan despertado algunas veces antes del alba, después de una de esas noches sin sueños que nos hacen casi enamorados de la muerte, o de una de esas noches de horror y de alegría informe, cuando a través de las celdillas del cerebro se deslizan fantasmas más terribles que la misma realidad, impulsados por esa vida tan intensa que se esconde en todo lo grotesco, y que presta al arte gótico su paciente vitalidad, ya que este arte es, pudiera imaginarse, especialmente, el arte de aquellos cuya mente ha sido turbada por la enfermedad de la reverie. Gradualmente, unos dedos blancos trepan por los cortinajes, que parecen temblar. Bajo negras formas fantásticas, sombras mudas reptan por los rincones de la habitación y allí se agazapan. Afuera, en el bullicio de los pájaros entre las hojas, el paso de los obreros dirigiéndose a su trabajo, o los suspiros y sollozos del viento que sopla de las colinas y vaga alrededor de la casa silenciosa, cual si temiese despertar a los durmientes, que tendrían que llamar de nuevo al sueño en su cueva purpúrea. Velos y velos de fina gasa oscura se levantan y, gradualmente, las cosas recobran sus formas y colores, y acechamos a la aurora rehaciendo el mundo en su antiguo molde. Los lívidos espejos hallan nuevamente su vida mímica. Las luces apagadas están donde las habíamos dejado, y al lado yace el libro a medio cortar que recorríamos, o la costosa flor que llevábamos en el baile, o la carta que teníamos miedo de leer o que leíamos con demasiada frecuencia. Nada nos parece cambiado. Fuera de las sombras irreales de la noche resurge la vida real que conocimos. Nos es preciso reanudarla donde la dejamos, y se apodera de nosotros un terrible sentimiento de la continuidad necesaria, de la energía, en el mismo círculo fastidioso de costumbres estereotipadas, o quizás un salvaje deseo de que nuestros párpados se abran alguna mañana sobre un mundo que hubiese sido creado de nuevo en las tinieblas para nuestro placer, un mundo en el cual las cosas tendrían nuevas formas y colores, que estaría cambiado o que tendría otros secretos; un mundo en el cual el pasado ocuparía poco o ningún lugar o supervivencia, de todos modos, bajo la forma inconsciente de la obligación o de pesar, ya que hasta la remembranza de la dicha tiene sus amarguras, y el recuerdo de los placeres, su dolor."

Fragmento de El Retrato de Dorian Gray, (The Picture of Dorian Gray, 1890)
Oscar Wilde.

El Extranjero


“A partir del instante en que aprendí a recordar, concluí por no aburrirme en absoluto. Me ponía a veces a pensar en mi cuarto, y con la imaginación, salía de un rincón para volver detallando mentalmente todo lo que encontraba por el camino. Al principio lo hacía rápidamente. Pero cada vez que volvía a empezar era un poco más largo. Recordaba cada mueble, y de cada uno, cada objeto que en él se encontraba, y de cada objeto, todos los detalles, y de los detalles, una incrustación, una grieta o un borde gastado, los colores y las imperfecciones. Al mismo tiempo ensayaba no perder el hilo del inventario, hacer una enumeración completa. Es cierto que fue al cabo de algunas semanas, pero podría pasar horas nada más que con enumerar lo que se encontraba en mi cuarto. Así, cuanto más reflexionaba, más cosas desconocidas u olvidadas extraía de la memoria. Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podía vivir fácilmente cien años en una cárcel. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse. En cierto sentido era una ventaja.”

Albert Camus,
Fragmento de El Extranjero. (L’Étranger, 1942)

lunes, 9 de agosto de 2010