viernes, 27 de agosto de 2010

Dialogando sobre el amor...


Por Valeria Waldisperg y Diego Carmona.

Milan Kundera: Crece ante Teresa una idea blasfema de la que no puede librarse: el amor que la une a su perro Karenin es mejor que el que existe entre ella y Tomás. Mejor, no mayor. Le da la impresión de que la pareja humana está hecha de tal manera que su amor es a priori de peor clase de la que puede ser el amor entre una persona y un perro.
Es un amor desinteresado: Teresa no quiere nada de Karenin. Ni siquiera le pide amor. Jamás se ha planteado los interrogantes que torturan a las parejas humanas: ¿me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.
Y algo más: Teresa aceptó a Karenin tal como era, no pretendía transformarlo a su imagen y semejanza, estaba de antemano de acuerdo con su mundo canino, no pretendía quitárselo, no tenía celos de sus aventuras secretas. No lo educó porque quisiera transformarlo (como quiere el hombre transformar a su mujer y la mujer a su hombre), sino para enseñarle un idioma elemental que hiciera posible la comprensión y la vida en común

Valérie: A mí este fragmento que acaba de leer el señor Kundera me sirve de base en el momento indicado, porque es algo que venimos planteando con Dié desde hace mucho y creo que ahora verlo expresado tan precisamente en sus palabras es genial. Lo que yo pretendo es ver el trasfondo de esas palabras, más allá de la comparación con el amor canino, lo que usted plantea me parece algo muy difícil de alcanzar en la práctica, pero al mismo tiempo me parece una de las formas más puras de querer a alguien, porque a veces somos demasiado narcisistas y lo único que queremos es que la otra persona nos devuelva lo que supuestamente le estamos dando, cuando en realidad si amamos a esa otra persona, deberíamos ser capaces de sostener ese amor en la mera presencia, pese a lo difícil, realmente difícil, que puede llegar a ser.

Dié: Absolutamente estimados. Yo creo que el amor es, por definición, desinteresado. Cuando uno ama en serio, no necesita ningún tipo de respuesta. Uno ama, independientemente de lo que el otro haga o deje de hacer, porque ese otro, no está fuera, está dentro de uno. Tal vez la dificultad de este tipo de amor la podemos hallar cuando no es correspondido por la otra persona, porque ahí la realidad nos interpela, y eso que llevamos dentro nuestro no tiene ninguna correspondencia fuera, pero, precisamente en ese momento, es cuando se define la naturaleza del amor verdadero. Precisamente en ese momento, tenemos la capacidad de decidir si vamos a destruir a quién amamos o tratar de olvidarlo porque no nos responde, o si vamos a afirmar lo que sentimos, a pesar de las dificultades que conlleve y la mirada espantada de muchos de nuestros contemporáneos.
Ahora, cuando dependemos de la respuesta, de lo que el otro hace o no hace, cuando dejamos de sentir lo que sentíamos porque el objeto de amor ya no está o no responde como queremos, entonces estamos en presencia de una mercantilización del vínculo. Doy, en la medida en que el balance luego me arroje un saldo positivo, quiero en la medida en que el otro me quiera; siento sólo cuando el otro está presente. La idea es no perder nada, obtener beneficios y ganancias por doquier. Esta concepción del amor es la que impera en los tiempos que corren.
Dostoievski en Memorias del subsuelo sostiene que el hombre es irracional porque no aspira a tener una voluntad beneficiosa, sino una voluntad independiente. Y precisamente en esa voluntad independiente, es en dónde se define. En ese acto de independencia, podemos decir que halla su esencia. No importa si lo que hago me beneficia o no. No importa si la persona a la que amamos nos corresponde o no, porque en este acto de amor, es en donde podemos definirnos. En eso que sentimos, está lo más propio y verdadero de cada uno de nosotros. En conclusión, creo que si el amor se manifiesta actualmente bajo otras formas, que podríamos considerarlas hasta opuestas a su verdadera naturaleza, es porque aplicamos mecanismos de racionalización a algo que debe ser y es, esencialmente, irracional. En la medida en que es irracional, que no es razonable, que no apunta a intereses ni beneficios, es verdadero amor. En la medida en que no pretendemos racionalizarlo, analizarlo, descomponerlo, y fragmentarlo, podemos encontrar el verdadero significado de amar, y experimentarlo nosotros mismos.

Valérie: Si el amor es verdadero cuando es desinteresado, debería persistir pese a no ser correspondido, si no, no creo que sea amor, un amor que no puede sostenerse más allá de la respuesta a la demanda quizás no sea más que la necesidad de ser amados, o esta “mercantilización del vínculo” que describís y que está muy bien descrita en el capítulo VII de Memorias de Subsuelo. Es genial lo que Dostoievski plantea sobre esa voluntad independiente, que incluso puede ir en contra de nuestros intereses: “el hombre, aspira siempre y en todas partes a obrar de acuerdo con su voluntad, y no con arreglo a las prescripciones de la razón y del interés. Ahora bien, la voluntad de uno puede y a veces incluso debe oponerse a sus intereses. Mi voluntad, mi libre albedrío, mi capricho, por insensato que sea, mi fantasía sobreexcitada hasta la demencia…Esto es lo que se aparta a un lado (…). ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre solo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados. Pero el diablo sabe lo que cuesta esta voluntad…”
Siguiendo el pensamiento de Dostoievski, creo que quizás en ese capricho, en esa tendencia de muchos de nosotros a ir en búsqueda de dificultades y relaciones que no se amolden a nuestra razón e intereses…está nuestro impulso por querer rebelarnos contra un mundo que se nos torna científicamente calculado, en dónde todo debe ser explicado, en dónde tengamos las respuestas antes de habernos hecho las preguntas. Creo que racionalizar al amor o al deseo es una manera de destruirlo. Si todo ya estuviera dicho y debería ser de determinada manera, ¿dónde quedaría el espacio para ese capricho, para esa voluntad independiente?
Volviendo a lo que usted estimado Kundera plantea en un libro, prefiero mi capricho, prefiero elegir el peso y ser capaz de sostener a ese amor irracional que es desinteresado, porque quizás gracias a mi capricho pueda descubrir lo que es o no es el amor y escaparle un poco a esta realidad de inmediatez, mercantilización en las relaciones y vínculos que se disuelven fugazmente.

Dié: Coincido con cada una de tus palabras Valérie, creo que racionalizar el amor es destruirlo, obturar una falta que le es propia. Sólo en la medida en que podemos aceptar perder algo, podemos al mismo tiempo amar a otro/s. Cito a Antonio Machado, que con una frase resume todo lo que estamos diciendo: " en el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón"; lo que hacemos con esa espina nos define, y luchar por lo que queremos es el acto más digno y valioso que podemos esperar de nosotros mismos.


Fotografía: Robert Doisneau.
Fragmentos: La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera y Memorias de Subsuelo, Dostoievski.

3 comentarios:

  1. que flor de frase la de Antonio Machado!!
    "en el corazón tenía la espina de una pasión,logré arrancármela un día,y ya no siento el corazón..."
    me encantó la reflexión a dúo,no veo la hora de poder leer esos dos libros para poder opinar sobre esto jaja...

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  2. Me encantó esta incorporación Vaal.
    Un honor formar parte de tu blog :)

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  3. Interesante, pero no estoy de acuerdo con ustedes. Estamos hablando sobre todo de amor de pareja ¿no?. En el caso de Teresa y Karenin, yo no veo dónde está la falta de interés: teresa espera que karenin le sea fiel, que no le arranque los ojos cuando duerma, si le hiciera eso ¿pensarían que ella seguiría manteniendo su amor? ¿no? entonces es un amor interesado, basado en la fidelidad y no agresión (además de que teresa se ocupa de karenin, por eso él le devuelve su cariño).
    Para mí el amor es por definición, egoísta e interesado, suena chocante, pero es porque existen prejuicios contra lo egoísta y lo interesado. Me parece INHUMANO lo que plantean de que el amor es verdadero si acepta no ser correspondido. Creo que intentando escaparse de él, ustedes caen en el egoísmo más absoluto, por ejemplo: "Uno ama, independientemente de lo que el otro haga o deje de hacer, porque ese otro, no está fuera, está dentro de uno" ¿Qué es lo que se ama entonces? ¿Una construcción abstracta de nuestra mente que no tiene un correlato en lo real? Eso es solipsismo y el solipsismo es egoísta. Como lo postulan ustedes, el acto de amar es una acción masturbatoria que no beneficia más que al que lo siente, una actividad meramente pasiva con la que lo real no debe interferir para que no se MANCHE.
    No entiendo bien a qué se refieren con la mercantilización del vehículo, pero supongo que tiene que ver con el capitalismo. Con sólo fijarse, van a darse cuenta de que el amor en otros tiempos, era peor. Por ejemplo, raro era el casamiento en la edad media o la antiguedad que no estuviera motivado por la conveniencia. La democratización burguesa permitió dejar de lado -un poco- las cuestiones económicas a la hora de casarse y la gente se pudo enfocar más en cuestiones de índole afectiva. A mí me parece que son ustedes quienes hacen un racionalización del amor, una IDEAlización. Los animales, no dotados de razón -irracionales, puro instinto- son egoístas e interesados, ¿o ustedes vieron a un león emparejado con un ciervo?
    Lo que plantea Dostoievsky, para mí se relaciona con el elegir hacer algo a sabiendas de que nos destruye, con el fin de satisfacer un deseo que nos es perjudicial. Pero yo no veo el desinterés. Uno lo hace para calmar una pulsión: se descuida a la larga, pero en lo inmediato se realiza. Este soneto de garcilaso lo ilustra muy bien:

    SONETO XIV

    Como la tierna madre –qu’el doliente
    hijo le está con lágrimas pidiendo
    alguna cosa de la cual comiendo
    sabe que ha de doblarse el mal que siente,

    y aquel piadoso amor no le consiente
    que considere el daño que, haciendo
    lo que le piden, hace– va corriendo
    y aplaca el llanto y dobla el accidente:

    así a mi enfermo y loco pensamiento,
    que en su daño os me pide, yo querría
    quitalle este mortal mantenimiento;

    mas pídemele y llora cada día
    tanto que cuanto quiere le consiento,
    olvidando su muerte y aun la mía.
    -----------

    Yo creo que contra la racionalización hay que encontrar mejores razones que "autodestruirse es más copado."
    Espero que no se enojen con mi comentario y lamento no haber podido fundamentar mejor mis críticas.

    Saludos.

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