martes, 22 de marzo de 2011

Acaricien los detalles III



Anoche salí a caminar y a correr por primera vez al Parque Independencia. La noche estaba tan bella que el tiempo pasaba sin que yo me diera cuenta. Después de una hora…miré hacia el cielo y vi que algo brillaba mucho más intensamente que el resto de las luces…y allí estaba, tapada parcialmente por gigantes árboles…la luna brillando en todo su esplendor, una luna llena y enorme, tan llena, enorme y bella como nunca antes la había visto en mi vida. Me emocioné tanto que salí en su búsqueda y terminé perdida en una plazoleta escuchando Fly Me To The Moon en la versión de los primeros Ending de Neon Genesis Evangelion mientras contemplaba tanta belleza. Luego me quedé una hora más caminando y corriendo de a momentos…y me volví sin ganas de volverme.
Esta mañana hacía demasiado calor…pero estaba tan antojada con ir nuevamente al mismo parque que preparé el termo para el mate, tomé entre mis manos Crónicas del Ángel Gris de Dolina y otra vez terminé perdida en un escondite de ese encantador lugar, al lado del lago, rodeada de patitos bebés y sus madres, de bella naturaleza…y de alguno que otro mosquito.
Después de unos cuántos mates y de un buen rato de disfrutar de mi lectura, comencé a notar que alguien se me acercaba…pero no presté atención y seguí sumergida en las historias del Barrio Flores. De repente escucho que alguien me llama…y que luego se acerca. En ese momento tuve miedo de que me roben la poca plata de la semana que me quedaba…pero Juan Carlos solo se llevó de mí un cigarrillo…y lo más lindo: una amena conversación.



Este obrero que estaba haciendo tiempo antes de comenzar su jornada laboral…me preguntó mi nombre y me dijo que le gustaba mi sonrisa, me contó sobre sus aventuras en la Infantería de la Marina y sobre los “bichos verdes”, como supuestamente se llamaban entre sí los de su grupo. La cicatriz enorme de su estómago quizás sea una prueba de su pasado y de aquellas historias que me ha contado. También me compartió chistes gallegos y religiosos. Me habló del mar y de las olas, de lo mucho que cuesta luchar contra ellas cuando estás mar adentro. Me nombró a sus hijas y a sus nietos, y tras cada “mala palabra” que emitía se disculpaba con cara de tímido. Me dijo que le diga el nombre de un “galán” y se sorprendió cuando le dije el nombre de una persona común y corriente y no el nombre de un famoso…y luego inventó una historia de yates a partir de los pequeños barquitos que estaban frente a nuestros ojos al costado del lago artificial del parque.
Al final terminamos discutiendo sobre religión y política. Yo le hablaba de Darwin y él me hablaba de Adán y Eva, yo le hablaba de evolución y él me decía con toda la seguridad del mundo que la mujer había nacido de la costilla del varón, y que todo el problema de la humanidad había partido de una manzana. Yo me reía y lo seguía escuchando…por suerte ya no me dedico a quitarles ilusiones a los creyentes.
Unos minutos antes de saludarlo me contó que una vez estaba jugando en el mar con sus amigos, los “bichos verdes”…y bromeando le quitaron el calzoncillo a uno…él quiso recuperarlo y se alejó demasiado de la orilla, pero comenzó a llevárselo la corriente…de repente según me dijo…divisó a la Virgen en el mar…y cuando le gritó a uno de sus compañeros que la mirara…la Virgen ya había desaparecido…pero en quince minutos Juan Carlos ya estaba nuevamente en la orilla. Lo primero que le dije fue: ¿un milagro? Y me contestó que sí. Yo sonreí y me quedé en silencio…prefiero formar parte de los Hombres Sensibles a ser una Refutadora de Leyendas, diría el creador del Ángel Gris.
Me volvía caminando hacia casa cuando de repente y después de muchísimos meses me llegó un mensaje de la persona que tres años atrás me recomendó por primera vez las lecturas de Dolina con el motivo de querer juntarse a conversar. ¡Qué bella coincidencia!


sábado, 19 de marzo de 2011

Coming Back To Life

(Resonancia emocional de)
Bicicleteada por el campo escuchando el primer disco del P.U.L.S.E.


En mis auriculares: Shine on You Crazy Diamond. En Armstrong el clima estaba sureño, ¡en plena llanura pampeana! Carencia de humedad, calidez que no llega a ser calor pesado, un sol radiante brillando sobre mis ojos…un sol radiante que brilla y me hace brillar…me incita a soñar, me mueve a volar…aunque solo sea arriba de mi bicicleta.
Retomé el mismo rumbo por el camino de campo que desemboca en la autopista, y comencé a entrar en velocidad mientras Astronomy Domine me transportaba a paisajes psicodélicos. Sentí la locura de Syd penetrando por mi piel y disfruté tanto de la velocidad con la música a todo volumen que no pude parar hasta quedar exhausta.
Llegué al final del camino y aún quería más, pero al regresar con What Do You Want from Me? me di cuenta de que el viento estaba en contra, de que el trayecto se me hacía más pesado…comencé a bajar la velocidad cuando noté que el placer ya no era el mismo, pero luego me percaté de que el placer puede mezclarse con el masoquismo y el producto no deja de ser interesante.
Comencé a remar a contra corriente mientras sonaba Learning To Fly y la melodía era tan acorde a mi situación física y anímica que no pude parar hasta que mis pies se escapaban de los pedales por la velocidad que había alcanzado. Comencé a gritar, a gritar con todas mis fuerzas hasta que de repente me sentí una tonta, entonces los gritos mutaron en risas. Keep Taking, “all we need to do is make sure we keep talking”. Vencí al viento en contra y supe entonces que estaba volviendo a la vida, que estoy volviendo a la vida. Yes, I’m Coming Back To Life
Los primeros acordes de Hey You fueron un pasaje de ida hacia el pasado. Una vez más, volví a odiarlo a Roger por no haber incluido ese tema en la película, una vez más…comencé a recordar por qué esa es una de las canciones más importantes de mi vida, que más me ha marcado cuando la comprendí como el último grito de esperanza. Un par de lágrimas se asomaron por los ojos hasta que la frase final sonaba en mis auriculares devolviéndome al presente: Unidos permanecemos, divididos caemos.
Recordé que la muralla había caído, recordé que el muro ya no estaba y tomé carrera nuevamente con A Great Day for Freedom, comencé a suspirar del cansancio físico pero a la vez continué disfrutando. Los suspiros se tornaron cada vez más fuertes y en un efímero instante me trasladaron mentalmente a una escena de mi último orgasmo. Estaba flotando sobre el verde del campo y volví a sentirme libre. Entonces pensé que todos los días existe en potencia una posibilidad de sentirnos liberados pese a nuestras determinaciones y limitaciones, me gusta creer y sentir que así puede ser.
Cuando sonaba Sorrow me detuve a un costado de la autopista a contemplar los autos y camiones fundirse con el sol radiante hacia el este, con High Hopes emprendí mi viaje de regreso y en una comprensión súbita volví a reafirmar la existencia cíclica del mundo que me rodea, “el agua fluyendo, el río sin fin…por siempre jamás”.
La segunda parte de Another Brick in the Wall combinaba con mi regreso a toda velocidad por las calles de la pseudo-ciudad…ojos extraños me miraban asombrados, pero estaba tan abstraída que no pude divisar sus rostros, estaba tan abstraída que solo podía mirarme a mi misma…sólo podía mirarme hacia adentro.



jueves, 17 de marzo de 2011

Cambios (Ya no es un espejismo)

Aclaración previa: La finalidad de esta entrada es servir de bisagra entre un "antes y después" en mi vida, y de cierto modo también se puede relacionar con mi regreso al mundo blogger. Debido a que es un escrito demasiado personal, me sirve más que nada como guía, como huella de un momento que considero muy importante y que me gustaría dejar plasmado aquí en letras. No se van a encontrar con un relato sorprendente, es más "para mí" que para mis lectores, por ende he decidido desactivar la opción de comentarios. Si alguien quiere opinar al respecto, puede hacerlo en cualquiera de las anteriores o siguientes entradas y sus palabras por supuesto serán bienvenidas.




Mamá dice que este verano, al volver a viajar a Bariloche, tres años después de mi viaje de egresados, fui a recuperar “algo” que en aquel entonces había dejado por aquellas tierras. Me gusta su manera estéticamente bella de plantearlo, más allá de lo absurdo que pueda llegar a ser. Ahora bien, ¿qué fue ese algo?, sin lugar a dudas me respondo: el estado de felicidad constante que me acompañaba en aquel -ya mítico- verano del 2008.
¿Se puede ser feliz, constantemente? No, la felicidad, a mi modo de entenderla, es efímera. Son momentos, son instantes, instantes que quizás pasen a formar parte de nuestra propia “eternidad”, pero que no dejan de ser relámpagos. Lo que sí se puede es alcanzar tal estado de armonía (interna y externa) que permita vivir día a día, alguno de estos instantes de felicidad. A eso apuntaba ayer cuando subí la definición helenística de “ataraxia”. Un estado anímico y a la vez corporal, un equilibrio que no deja de ser dinámico. En una sola palabra: armonía.
Armonía que, a diferencia de los epicúreos, los escépticos y los estoicos…yo no he alcanzado en absoluto reprimiendo deseos o pasiones, ¡por el contrario!, nada más bello que dejar ser tales estados placenteros. Francamente, si hoy existiera el jardín de Epicuro tal y como existió en la Antigüedad, yo sería la primera en ser expulsada, pero me agrada demasiado la palabra “ataraxia” y también la palabra “eudaimonía” como para no usarlas de símiles. Lo que sí quizás haya llevado a cabo es una fortaleza frente a la adversidad…
¿Qué pasó en estos tres años que han acontecido tras mi viaje de egresados? ¿Qué sucedió en aquellos meses del verano del 2008, qué sucedió después y qué está regresando ahora, aunque de diferente forma?
Luego de aquellos meses de constante felicidad que fueron posteriores a uno de los mayores encuentros que tuve conmigo misma en el 2007…yo solita me fui hundiendo poco a poco hasta tocar fondo en una oscuridad que terminó por consumirme por completo, física, mental y emocionalmente hablando. Pero no es momento para hablar de ello. ¿Qué sucedió después? ¿A caso no tuve momentos de felicidad en estos tres años? ¡Pues sí que los he tenido! Y no los desmerezco, como tampoco desmerezco el dolor, estado que me permitió aprender más que ninguno otro en mi vida.
Pero durante los tres años había deseado, había anhelado y llorado sintiendo nostalgia…aquella felicidad, mejor dicho: la intensidad de aquella felicidad que sentí en el 2008. Y tal “intensidad”, aunque de diferente manera, de diferente forma, y amoldada a los cambios que han ido transformando a mi persona en estos años…tan solo pude volver a sentirla, a sentirla esparciéndose en todo mi ser…cuando volví a Bariloche, y en todo el período posterior, e incluso hasta el día de hoy, habiendo pasado ya casi dos meses de mi regreso.
En estos tres años tuve períodos que me hicieron creer que la había recuperado, pero siempre sucedía que no eran más que espejismos. Y ojo, ¡no se vaya a querer creer que volví atrás en el tiempo y que estoy volviendo a vivir lo mismo! De modo alguno es así, hoy soy otra persona (todos los días cambiamos, estamos en constante fluir), hoy es otra mi vida, otro mi entorno…otra mi mentalidad. Simplemente estoy hablando de una sensación, de un estado, que más allá de las diferencias, comparte la semejanza de la forma en dos tiempos distintos de mi vida.
Y pecaría de insincera si dijera que el “cambio” se debió a mi viaje a Bariloche, pero sí puedo asegurar que haber vuelto a viajar a un lugar tan bello (después de dos veranos sin ir demasiado lejos) fue algo que realmente me hizo bien. Pero no…no fue Bariloche el motivo, yo creo que las bases para este cambio ya estaban sentadas, y que allí pude hacer una asimilación y una reestructuración de las piezas que faltaban para terminar de ordenar el rompecabezas de mi vida (que nunca está cerrado, que está abierto al cambio, cuyas piezas nunca terminan de amoldarse completamente pero que sí pueden alcanzar un estado armónico).
¿Por qué Bariloche fue un antes y un después? Porque volví totalmente cambiada. Estuve casi todo enero encerrada leyendo libros ¡y fue un placer!, pero también me di cuenta de que me había convertido en una persona demasiado… ¿elitista intelectualmente hablando?, una persona que creía que estar un sábado a la noche leyendo un libro la hacía mejor que otras personas que están disfrutando en un boliche, una persona con muchos prejuicios absurdos que le impedían expandirse, soltarse…y disfrutar de la misma manera de una noche de lectura hasta el amanecer como de una noche de salir a un boliche, bailar y tomar hasta el amanecer. ¡Sí, señores! He vuelto a bailar después de años, he vuelto a encontrar cierta sencillez que había perdido…y también he vuelto a encontrar la felicidad en sus múltiples formas como en aquel verano…he vuelto a disfrutar intensamente de mis pequeños placeres.
¿Dejé de pensar? ¿Esta no es ya una Valeria que se pasa una noche entera filosofando? ¡Por supuesto que no! Es simplemente…una Valeria que ha vuelto a vivir la vida en sus múltiples matices, que ha vuelto a quererse a sí misma y a recuperar una autoestima que había enterrado en el subsuelo, que ha vuelto a mirarse a un espejo y a sentirse conforme, que ha retomado el ejercicio físico y que se ha animado a presentarse a una materia que venía estirando desde hacía años, que ha alcanzado mayor seguridad en sí misma y que ya puede salir a caminar o andar en bicicleta por las calles de su pueblo sin sentirse paranoica o socio fóbica, que ha vuelto a hablar y a encontrarse con personas que hacía años que no veía (por tonta, por colgada, por miedo al tiempo pasado y a la distancia), que se encuentra rodeada de las personas que necesita para sentirse a gusto con su entorno, que está orgullosa de su modo de ver al mundo, que se alejó de lo que la inferiorizaba y se dio la mano con lo que la apoya, que ha vuelto a dialogar con sus padres, que no quiere irse a dormir porque no le alcanza el tiempo para todas las cosas que quiere hacer, que está motivada para seguir creciendo, aprendiendo, estudiando, viviendo, queriendo, soñando…que ha vuelto a ver el vaso mitad lleno y ya no mira solo la mitad vacía, pero que no se estanca en absoluto, sigue viendo los caminos que quedan por transitar, las metas que quedan por alcanzar, los crecimientos y cambios que le esperan, los golpes que habrá que afrontar con inteligencia, los proyectos por emprender, los obstáculos por enfrentar…
Nietzsche alguna vez escribió una pregunta interesante: “¿Cómo podrías renacer sin antes haber quedado reducido a ceniza?”. Creo que hay que poder ver el “lado oscuro de la luna” para poder volver a brillar junto al sol. Es momento de renacer, de regresar, de crear, de aprender, de compartir, de soñar…y crecer.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Ataraxia



"Se denomina ataraxia (del griego ἀταραξία, "ausencia de turbación") a la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual un sujeto alcanza el equilibrio emocional - mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad - y finalmente la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos."

Fuente: Wikipedia

lunes, 14 de marzo de 2011

Magritte me trajo de vuelta




Los Amantes de Magritte tienen sus rostros cubiertos de telas porque no pueden mirarse a los ojos sin idealizarse. ¿Mirarse directamente a los ojos significaría el encuentro mortífero con el objeto ideal? Si el ojo para René es un Espejo Falso, el amor es muchas veces una ilusión que nos ciega por completo.
¡Si tan fácil es esconder nuestra forma, dejar en tinieblas espacios vacíos, tapando y escondiendo rincones oscuros! Rellenamos entonces, lo que no conocemos, con fantasías que nuestra mente construye para mantener el deseo. ¿Se amarían los amantes del cuadro si se quitaran las telas? ¿Dejan de ser reales los amantes por cubrirse los rostros? ¿Existe la real transparencia del ser?
El Hijo del Hombre cubre su cara con una manzana verde. Tentados por las manzanas del conocimiento y la tentación, buscamos bordear aquello que no podemos representarnos, buscamos nombrar lo indecible y la pasión nos incita a querer completar aquello que en su esencia es incompleto. Pero el fin de la pasión es que lo oculto se vea, escribe un músico insatisfecho.
¿Podrá el pintor de La Tentativa de lo Imposible terminar de esbozar con su pincel la figura desnuda femenina? Si lo imposible es la completud, la figura quedará eternamente disgregada, inherentemente a ella se encontrará una falta que incentivará al artista a seguir delineándola. Pero El Vestido de la Noche es el traje de la desnudez, entonces lo verdaderamente oculto trasciende las imágenes.
¿Qué ves cuando realmente miras? ¿Qué ocultas más allá de lo que muestras? ¿Qué interés tiene lo oculto, lo desconocido? ¿Qué nudo se construye entre lo visible y lo que imaginamos que existe detrás de las fachadas? ¿Cuál es el difuso límite entre la realidad y la fantasía? ¿Cuántas personas coexisten dentro de una? ¿Qué parte muestras a ésta persona y a aquella? ¿Y a aquellos otros? ¿Y a vos mismo? ¿Hasta qué punto somos capaces de definirnos? ¿Se extinguirá el deseo del otro cuando consiga leer cada mensaje que dejamos dicho entre líneas? ¿Será posible la transparencia absoluta? ¿Quedará siempre algo del orden de lo indecible capaz de mantener viva la llama? ¿Cómo persiste el deseo cuando lo no-conocido se devela? ¿Soy lo que muestro o lo que escondo, lo que expreso o lo que me guardo, lo que callo o lo que otorgo, lo que manifiesto o reprimo? ¿Hasta qué punto se justifica dejar caer las telas? ¿Quién soy? ¿Quién eres?