domingo, 22 de mayo de 2011

Queremos tanto a Damien

¿Qué es lo que tiene el irlandés? ¿Qué es lo que tiene como para hacerme obsesionar por completo con su música y sus letras, año tras año?



Ya venía pensando en esto desde hace muchísimo tiempo, ya venía sacando conclusiones apresuradas desde que realicé mi interpretación personal (muy subjetiva y sobrecargada de vivencias propias) de I Remember, canción que tanto me ha marcado. Y puede que ésta vez también peque de delirante…pero las ideas me están llamando.

¿Qué puedo hacer en este sábado, madrugada de domingo, en este pueblo inerte, más que ponerme a escuchar una vez más, otra vez más, a Damien Rice y a Lisa Hannigan?

Luego de escucharlo tan detenidamente, en tantas oportunidades; he comenzado a leerlo de otro modo, he comenzado a pesquisar, línea tras línea, la raíz de mi obsesión hacia su música.

Y sólo nos dejaste dos álbumes de estudio y algunos en vivo, y te separaste de esa musa tan encantadora cuya voz suave era el complemento perfecto para tu gravedad, y ya no volviste, y te extrañamos, y te extraño tanto…

Porque usted señor Damien Rice, ¡usted nunca habla de amor!, Usted es desamor, es destrucción, es depresión, pero también es sexo, es sensualidad, es lujuria (más aún, en 9). Usted desconoce las cursilerías que tanto rechazo me generan, usted es –como yo-, un desquiciado hijo del deseo y de la insatisfacción. ¡Y ahí radica su encanto!, y ahí también…radica mi obsesión, mi perdición, mi desconmensurada atracción…hacia su lírica, hacia su voz, hacia su música. Pues claro, a mi también me derriten los volcanes. ¡Oh! No va a engañarnos con la suavidad de Lisa, ella también fue cómplice de sus sutiles y sensuales “Fuck You” (el mejor Fuck You ubicado perfectamente en una canción, ¡cómo vamos a negarle tal crédito!), ella también coreaba sensualmente mientras usted, usted no tenía reparo alguno en cantar: “You wanna get burned, you wanna get turned, you wanna get fucked inside out”, ella también estaba a su lado cuando sentadito con su guitarra daba a pensar que iría a endulzarnos cuando lo que hizo fue cantar: “Loving is good if your dick's made of wood, and the dick left inside only half understood her. What makes her come and what makes her stay?” Sí, ¡otra vez, usted y su sexo!

Sos el amor y el odio, sos la ambivalencia propiamente dicha, sos la perversión, sólo vos podés ser tan insidioso, no conozco otro artista capaz de cantar tan suavemente verdades tan crueles. Y me encanta.


Me fascina que quieras hacer el amor en un lugar sagrado, y que al instante reproches que llenan tu pena con palabras prestadas. Que odies que se te arrodillen, que todo lo que necesites a veces sea tan solo besar una boca y una espalda, y nada más…porque no te gusta que construyan un mundo alrededor, ¡los volcanes nos derriten! Las cursilerías nos empalagan. Si te dan millas y millas de montañas, vos pedís el mar (¡bello histérico!) vos exigís la libertad. Porque a veces lo único que necesitamos es lo que nos hace sangrar, ¡masoquista!, y sádico también. Vos le hablás a alguien, vos estás solo, vos hablás de amor, vos (aún) no amás a nadie. Detestas y deseás al mismo tiempo, no quieras vendernos amor con The Blower’s Daughter, si esa canción fue elegida para la OST de Closer es precisamente por ese deseo insaciable acompañado de un odio infernal, si fue elegida para esa película es porque la última línea contradice toda la canción cubierta por una fachada que parece ser de amor, pero no lo es, no lo es porque vos no podés quitarte a esa persona de tu mente “hasta que encuentres a alguien nuevo”, ¡y cómo te gusta cambiar el tono de voz cuando cantás esa línea!

Pero probablemente sea Cannonball la canción cuya fachada nos parezca más relacionada al amor, por la dulzura que emana…pero también es ella en la que él nos dice, que ese supuesto amor…lo guió a mentir, y que la vida lo guió a morir…aunque puede que sea una de las únicas en las cuáles realmente se lamenta por amor. ¿Por qué? Porque ha llorado por amor. Pero lo que necesita es tiempo, ya ves…siempre el tiempo, en mi mente. Aunque Older Chests hable más bien del paso del tiempo, de los cambios de nuestra postmodernidad de simultaneidad, expresados en una historia familiar. Older Chests no es otra cosa más que la nostalgia. En cambio Amie es la esperanza por un cambio, “Amie, ven, siéntate a mi lado, y léeme la historia de O. Y diles, cómo todavía crees que el fin de siglo traerá un cambio para ti y para mí”… ¿quién será Amie? ¿La misma mujer, demasiado joven para intentarlo, de Volcano?

¡Pero ya todos conocemos el video de Cheers Darlin’! Parece que ella tiene otro joven amante. Allí estás vos, con una copa de vino tinto en una mano y un cigarrillo en otra, sentado sobre el capó de un auto, bebiendo para olvidar, brindando por la salud de ella, por la salud de ella y por su niño amante. Tenés años para esperarla, ahí. Estás sufriendo, sí, acá si hay amor, pero un amor bañado completamente por dolor (y por la bronca, ya lo sabremos perfectamente en I Remember), pero vos morís cuando ella menciona otro nombre, morís cuando otro hombre viene para llevarla a casa. Y te arrepentís, porque sos un masoquista y un orgulloso, porque no la besaste cuando corrían bajo la lluvia, porque mentiste, otra vez…la mentira. Pero te encanta…te encanta dar pena. ¿Qué sos para ella? ¿Qué lugar ocupás? ¿Qué harás para remendar tu falta?

Es un cobarde, aquí aún es un cobarde, no la besó, fue quizás demasiado tímido (aún), y ahora se pregunta si no habrá sido el error más grande en la vida de ella, o quizás solo un susurro en su oído. “¿Qué soy yo?”, pregunta filosófica existencial, típico producto del cocktail explosivo de alcohol, soledad y depresión.

Y ahora solo tenemos agua fría, no queda más que agua fría. No puede alejarse de sus manos. ¿Está perdido? El nunca le dijo que la ama. Es la última esperanza, ¿cómo no ibas a implorarle al Señor? Pero luego arderás en el infierno, ya lo veremos en 9. Estás perdido. Y lo voy a volver a repetir: I Remember es el puente entre O y 9. Aquí radica la clave del asunto, no, no es amor, es pornografía. Nada va a ponerlo mal excepto ese amor, deseo, deseo, aquí es deseo, no es amor. ¿A quién le importa Dios, si él se castiga con desprecio? ¿Qué demonios quiere ella?

¿Qué viene después? Una obra maestra, una sublime canción que alcanza su mayor altura con esa voz en soprano para cortarse las venas un domingo a las siete de la tarde: Eskimo. Eskimo es…la depresión, los pensamientos vacíos, la claridad de constatar que factiblemente hemos perdido. ¿Quién es ese amigo esquimal? No lo sé, pero esos instantes de ópera que nos obsequia Doreen Curran son de lo más bello que nos ha dejado O:

Kosketa minua (tócame)
Älä käsilläsi (no con tus manos)
Vaan niin että tunnen sinut (pero que pueda sentirte)
Halaa minua (abrázame)
Älä käsilläsi (no con tus manos)
Mutta sielussasi (sino con tu alma)

Es en Prague en dónde la guerra (como él nos dice) comienza a desatarse. Y no sabe exactamente qué es lo que está haciendo, pero a partir del minuto tres esa guitarra nos va arrastrando hacia el caos, igual que la voz de Damien: “Yo podía esperar por vos (…), esperar a ser reparado. ¿De qué serviría hacerlo, para dejarme pinchado?”, y acá es el punto exacto en el cuál confluyen las líneas de Cheers Darlin’ con la penúltima canción del disco, otra vez: “Salud cariño, aquí estás vos y tu amante”. “Cariño, tengo años…empacar mi traje en una bolsa”. Ha perdido. Y solo queda la noche, la oscuridad y el dolor. La bellísima suavidad de la voz de Lisa en el cover de Silent Night no podrá hacernos olvidar de eso, ya que esa suave voz también irradia tristeza. La noche es amiga del llanto, dormimos para olvidar que nos hemos dormido llorando, dormimos para eliminar por unas horas la realidad y soñar con una nueva.

De ahora en más, estamos en las penumbras, porque el fin de siglo no ha traído ningún cambio, porque ha desaparecido la esperanza de Amie. Y esto lo sabremos, contundentemente, en 9. Porque O es la tristeza, es la melancolía, es el desamor, es el deseo, el dolor, es también…la raíz incipiente del sexo, del odio del “Fuck You” de 9, de sus pequeños crímenes y traiciones, de su amor por la depresión, de sus ausencias y desesperación, de sus ganas y de sus no ganas de querer darle un fin a ese deseo que no deja de insistir, una y otra vez, en aquello que hace daño. Es la calentura aunada a la bronca. El árbol sin raíces, la historia sin fin, el infierno y el “¡que te den”!, la búsqueda de un alma entre dos piernas, el estar “colgados”, la caída, la locura. La habitación gris, el ánimo gris y la comida enfriándose sin ser probada. Las preguntas masoquistas sobre él, el otro, el que ahora ocupa su lugar. Es la pregunta, la pregunta fundamental de Sleep, don't weep: “¿y que debes hacer para llenar ese hoyo?”, “¿y que debes hacer para encontrarte a ti misma?”. Porque de eso se trata la vida, ¿de qué otra cosa puede tratarse más que de constantes y perennes intentos por querer llenar esa falta originaria que se define precisamente por su eternidad desde el mismo momento en el que surge? En ese punto, no yerra el Psicoanálisis.

En la última línea de la última canción de 9 está la clave de todo el asunto de O y de 9 juntos, todo este asunto de histeria, de idas y vueltas, de terceros en discordia, de arrepentimiento agonizante, todo este deseo que construye y destruye en el mismo momento en que construye, se reduce a esta línea, en la cuál…por vez primera, por vez primera con absoluta sinceridad y sin rodeos, Damien nos habla del amor como tal, sin mezclarlo de todo aquello que lo ha ensuciado en todas las palabras anteriores, es ésta la línea del amor y ninguna otra, porque en ninguna otra esto se expresa con tal transparencia: “En verdad solo quería, ser querido por ti”




Penny.