domingo, 4 de diciembre de 2011

Él

Probablemente la forma de inteligencia que más he desarrollado en este último tiempo ha sido la de explotar al máximo mis escasos recursos en pos de perpetuar mi felicidad.
Definitivamente aprendí que es mucho más agradable salir “a cenar afuera” a las orillas del lago artificial del Parque Independencia al estilo pic-nic que pagar lujosas cenas en lugares en los que las mesas se encuentran tan cercanas y atiborradas de gente que hasta las conversaciones resultan dificultosas. Por otra parte, ¿qué restó puede brindar un verdadero espectáculo de aguas danzantes con luces de todos colores sintonizadas con un excelente repertorio de Queen a todo volumen? ¿Es posible encontrar en el caretaje del Rock&Feller una mujer adulta bailando sus mejores pasos cada fin de semana frente a la fuente de aguas? ¡Si se ha convertido ya en el personaje principal de la situación! Una noche hasta nos atrevimos a saludarla, pese a los muchos que se le ríen en la cara…para mí es todo un acto de coraje y de valentía, quizás antaño ella soñaba con bailar así frente a un público en un teatro…pero si su público fuimos nosotros y sus pasos realmente son buenos, ¿por qué no decírselo? Un poco intimidada y vergonzosa nos comentó que es auto-didacta y que nunca ha recibido clases, ¡y realmente tiene sus dotes en lo que al baile clásico respecta! Estoy segura de que la misma mujer, con otra vestimenta, en el medio de un escenario de teatro…no hubiera suscitado el ridículo de nadie, pero a veces sólo hay que imaginarse el escenario y valorar el talento -aunque humilde sea- de quién se atreve a darlo a luz…
Pero no siempre suena Queen en las noches del parque…los domingos el repertorio suele ser más nostálgico. Así fue cómo en un determinado momento, en uno de esos instantes que son tan sólo segundos quizás, pero que quedan grabados en nuestra memoria para siempre…mi reloj psicológico se detuvo, mi corazón comenzó a latir con más fuerzas…porque de fondo sonaba Mi heart will go on…de Celine Dion, sí, ¡la canción de la trillada película Titanic!. Si no fuera porque esa canción posee una carga subjetiva en mi vida…la hubiera dejado pasar, criticando las cursilerías…pero es que todos alguna vez hemos sido y volveremos a ser un poco cursis, el amor nos vuelve tales. En ese breve instante a mi mente afluyeron los recuerdos de una noche en la que él, jugueteando con su teclado, puso el karaoke de tal canción y simulábamos ser Jack y Rose…pero no fue eso lo que me atravesó como un “rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”, por citar a Julio…



Lo que verdaderamente me sorprendió fue que tras esa canción sonara otra de Yann Tiersen, ¡por qué justamente tenía que ser Yann!. Aumento inminente de mi sensibilidad.
De repente me encontré contemplando una escena que se robó mi atención frente a las luces y el agua. Una escena típica quizás, pero que en ese contexto, con dicha canción…me conmovió casi hasta las lágrimas. Una pareja se encontraba mirando las luces, arriba de uno de los barquitos que se alquilan en el parque…una pareja tranquila, con un bebé entre ambos…el chico le alcanzó suavemente el pequeño a su chica…y yo sentí, por segunda vez en mi vida, el deseo materno renacer de mis entrañas, y a su vez…una mezcla de tristeza y de nostalgia por aquello que nunca fue…por aquel sueño que alguna vez resigné…pero que pese a los años aún sigue vivo. Trasmudé la escena a un futuro incierto y con mi imaginación proyecté que esos dos amantes éramos nosotros
El instante se pasó, mi sonrisa retornó, pero la fantasía permaneció. ¿Por qué será que sólo una persona fue capaz de despertar en mí el deseo materno? Yo, que me creo tan autosuficiente, yo…que tengo otros planes de vida, yo que pienso en caminos alternativos…yo que nunca, jamás (ni siquiera de niña)…soñé con tener hijos. Definitivamente: hay ciertas cosas que carecen de explicación argumentativa.
Supongo que existe un “él” que una mujer jamás olvida…supongo que la sombra de ciertos amores nos acompañarán durante toda la vida…