viernes, 6 de abril de 2012

Deseo Ubicuo


La ubicuidad de un deseo inmortal me despierta por la madrugada con lágrimas en los ojos. Nunca aprendí a desanudar la sombra de ese objeto recayendo sobre mí, sólo aprendí lo que significa el respeto propio. Cientos de veces me he dicho a mí misma que ya es hora de darle un final, cientos de veces me he dicho que debo exiliarme del círculo vicioso que nos encadena. Pero cada vez que convenzo a mi razón de la necesariedad de ese cierre, tu ausencia se transforma en presencia absoluta, tu imagen se representa en mi mente tan nítidamente, expandiéndose nuevamente e invadiéndolo todo. No logro recordar…¿cuándo había sido la última vez que me habías dicho hermosa?
Tu imagen se proyecta sobre el espacio vacío a la derecha de mi cama. El insomnio me hace pensar que la última noche en la que recuerdo haber descansado plenamente fue aquella en la que tu presencia no era sólo una fantasía imaginaria. Cada vez que despertaba tus caricias me brindaban la calidez necesaria para poder seguir durmiendo. Esa noche, mientras dormías a mi lado, mis sueños construyeron castillos en el aire, esa noche soñé que volvíamos a ser nosotros, esa noche soñé con el adolescente que eras hace cuatro años atrás cuando nos conocimos, soñé tu pelo más largo, que todo comenzaba una vez más, que los errores se habían marchado. En mi sueño el brillo en tu mirada me demostraba que aún me amabas, pero lo que recuerdo más nítidamente es el esplendor de tu sonrisa perfecta. Tu sonrisa, tu sonrisa radiante embelesó ese sueño como ningún otro detalle, tan vívida, tan presente. Nunca pude resistirme al encanto que emana de ella. Fue tan difícil escapar de la felicidad que me invadió cuando el despertar llevó el sueño al final. Me costó un largo rato disociar el mundo de las fantasías del de la realidad. Permanecí minutos eternos observándote dormir, contemplándote, aceptándote plenamente, con defectos y virtudes…deseando que en la realidad me amaras como lo hacías en el sueño…
En ese momento y escapando a todo intento de lógica coherente, una certeza me invadió el pensamiento, en ese momento supe, verdaderamente supe, que ni recorriendo la inmensidad del orbe podría encontrar en algún otro lado…en algún otro tiempo…otra persona capaz de hacerme sentir tal profundidad de sentimientos.
He extraviado (un poco conciente, otro poco inconcientemente) la llave capaz de cerrar la puerta que siempre tendrás abierta en mi vida para cuando pierdas la conexión con el resto del mundo. Dudo que corriendo hacia mí podamos cambiarlo, pero en mis brazos siempre existirá la posibilidad de que juntos encontremos el alivio cada vez que nuestros propios mundos se vengan abajo…