martes, 24 de abril de 2012

Sincronicidad

Tengo anotadas en mi diario mis dos sonrisas verdaderas del pasado jueves mitad-trágico y ambas fueron ya llegada la noche. La segunda fue cuando conocí al profesor con el cuál cursaré una materia en Psicología, el primer profesor que luego de cuatro años menciona bien mi apellido al pasar lista. Pero la primer sonrisa que me salvó el día fue cuando me llegó un mensaje al celular y no pude evitar los gestos de alegría en mi rostro, pese a estar en medio de otra clase.  
Zeta. Hace meses que me muero de ganas volver a ver a Zeta. Hay vínculos que se sostienen más allá del tiempo y la distancia. Qué feliz me hará el reencuentro.