miércoles, 30 de mayo de 2012

Here comes the sun



...it seems like years since it's been clear.


here comes the sun 
here comes the sun, and I say... 
it's all right :)

viernes, 25 de mayo de 2012

La pregunta por el sentido


Mujer de 22 años de edad enciende un cigarrillo mientras el reloj marca la medianoche. Desde su diminuto espacio físico situado en una avenida rosarina se pregunta por enésima vez en el día: ¿cuál es el sentido de cada una de mis acciones? ¿cuál es el sentido de cada una de las decisiones que determinan tales acciones? ¿por qué elijo esto y no estotro? ¿qué clase de vida se corresponde mejor a mis anhelos, deseos y motivaciones? ¿cuál es el sentido en cada mínimo movimiento que efectúo? ¿y cuál es el sentido que le otorgo a la vida? ¿A caso posee algún sentido la vida?. 
¿Qué determina que yo me esté preguntando sobre algo tan profundo que ya ha sido cuestionado infinitamente a lo largo de toda la historia del pensamiento humano? Algo sobre lo cuál, sin embargo, hay quiénes quizás jamás se detengan a reflexionar… 
¡Ah! Es que Kundera ya ha definido tan concisamente esta clase de preguntas, retóricas si se quiere, trascendentales, pero que sin embargo hasta pueden ser formuladas por un niño. Él las denomina preguntas verdaderamente serias y escribe sobre ellas en La Insoportable Levedad del Ser: “sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre.” 
Pero volvamos a la pregunta, ¿la vida posee algún tipo de sentido inherente a ella misma? Mi respuesta es negativa. No creo que la vida sea algo que recibimos con un sentido ya dado.
Toda persona que haya sido educada bajo la religión católica y que haya decidido revelarse contra tal educación y por ende, dejar de creer en un paraíso celestial, en la promesa de un más allá en dónde tendrá sus méritos todo lo que hagamos en un más acá; se habrá encontrado con que lo único que posee es este “más acá” que llamamos vida, y también habrá tomado conciencia de que es un ser mortal, que no fue capaz de decidir sobre si quería nacer o no, pero que es capaz de decidir si quiere o no seguir viviendo y (si responde afirmativamente sobre esto último), “cómo” desea seguir viviendo, un ser responsable de sus actos. Principalmente uno habrá constatado que esta vida no posee un sentido inherente, un sentido en sí, sino que tal sentido es otorgado por el mismo sujeto. Somos nosotros quienes le damos el sentido, o al menos…intentamos dárselo. ¡Y cuántos sentidos, tan diversos entre sí, podemos atribuirle!
En la primera clase de un seminario de pre-grado que estoy haciendo en Psicología, un profesor que ya se ha robado todos mis halagos debido a su gran pasión por la enseñanza, ha hecho hincapié en este sin-sentido que es la vida, mientras hablaba de aquellos pensadores que inventaron respuestas frente a las preguntas que carecían de tales, quienes les dieron un sentido a aquello que antes no lo poseía. Parafraseándolo (y empleando términos lacanianos), se trata de “darle un sentido, mediante construcciones simbólicas, a un real que antes no lo tenía”. 
Si nos sumergimos en el terreno psicoanalítico, no podemos obviar tocar el concepto de “inconsciente”. Cuando hablamos de “sentido” y de “verdad” en Psicoanálisis, sabemos que se trata de un sentido que siempre es inconsciente, por eso prefiero dejar estas cuestiones a un lado y cuestionarme más bien por el sentido conciente que le damos a nuestra vida. ¿Por qué dejar de lado lo que Lacan denomina “registro imaginario” si forma parte de nuestra cotidianeidad tanto como el registro simbólico y el real? 
Lo que sí me interesa rescatar de las teorías freudianas es el concepto del “malestar en la cultura”, del malestar inherente a la cultura y a la condición humana como tal. Y aquí vuelvo a retomar a mi profesor, quien planteó que la felicidad de existir es una consecuencia de cómo cada uno se las arregla con este malestar o con este dolor de existir. Y acá volvemos a la singularidad, y a las diferentes formas que cada uno delimita para buscar el placer y evitar el dolor. ¡Infinitas formas! 
Lo interesante de la clase fue que él se encontró dando ejemplos sencillos sobre estas cuestiones que yo me estoy planteando. Hizo alusión a quiénes estábamos allí, encerrados en un aula en un día soleado, y a quiénes quizás en ese mismo momento estaban practicando apasionadamente un deporte en un ambiente externo, o a quiénes podrían llegar a pensar que era una pérdida de tiempo encerrarse en una facultad en un día de sol, bellísimo para ir a pescar al río. No voy a negar que yo sentí ganas de estar pescando en el medio de un río o de estar paseando en un parque, pero precisamente uno de los ejes centrales en mi vida es aprender a distribuir mi tiempo del mejor modo posible. 
Entre medio de los ejemplos hizo “la” pregunta que yo me hago todos los días: “¿qué forma es la mejor?”, obviamente, otra pregunta retórica, sin respuesta. Porque cada sujeto posee diversas formas de arreglárselas con lo que considera que tiene que ver con su felicidad. ¿Qué otra cosa es la profunda tristeza más que un despoblamiento del sentido de la vida? Vaciamiento simbólico, dirá el Psicoanálisis. Pero entonces: ¿qué determinó que yo haya pasado a formar parte de esas mentes retorcidas que no toleran que la vida se les pase por encima sino que más bien desean atravesarla y estrujirla hasta el final? 
Porque hay algo que me da vueltas en la mente todo el día, hay una pregunta que me hago antes de cualquier acto que esté a punto de ejecutar: ¿responde verdaderamente lo que voy a hacer a mi deseo? ¿está en sintonía con lo que verdaderamente tengo ganas de hacer? ¿lo hago para mí o para otros? ¿sigo mi propio deseo o sigo deseos ajenos? Y ya no puedo vivir sin plantearme esas cuestiones a diario, porque mi mayor problema existencial es el tiempo, porque no tolero sentir que lo estoy perdiendo, no tolero ningún instante al cuál no pueda atribuirle valor, valor que obviamente, siempre es subjetivo, valor que intento definir sin regularlo de acuerdo a lo que “se espera de mí”. Puedo considerar que la contemplación del sol reflejándose a través de un inmenso árbol cargado de colores otoñales posee tanto valor como irme a dormir leyendo a Pizarnik. Valor subjetivo, muy subjetivo…pero valor en fin. 
¿Qué sentido tendría mi vida si dejara que otros la vivan por mí? ¿Qué sentido tendría mi vida si no despertara cada mañana con la expectativa de que cada nuevo amanecer es una nueva oportunidad para sonreír, al menos una vez al día? ¿Qué sentido tendría mi vida si no me preguntara constantemente sobre las acciones que determinan tal sentido? ¡Oh, por supuesto que para muchos es más fácil no preguntárselo! Pero yo no puedo dejar de hacerlo. 
Nietzsche ha embellecido mucho más profundamente estas preguntas (que yo me hago toscamente) en La Gaya Ciencia: “¿Qué ocurriría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: «Esta vida, tal y como tú ahora la vives y como la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nada nuevo; sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento, y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión: y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas, y así también este instante y yo mismo. ¡El eterno reloj de arena de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo!?». Si esto sucediera, ¿no te arrojarías entonces al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma? ¿O quizás has vivido ya alguna vez ese instante infinito, y tu respuesta entonces fue la siguiente: «Oh, tú eres un dios y jamás oí nada más divino»? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal y como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; acerca de cualquier cosa te plantearías siempre la pregunta «¿quieres esto otra vez e innumerables veces más?», y ello pesaría sobre tus acciones como el peso más grande. Y además, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a tu vida para no desear ya otra cosa que esta última y eterna sanción, este sello?” 
¿Y vos? Vos que desde alguna parte del mundo estás leyendo estas palabras, ¿te preguntás al final del día si volverías a hacer exactamente las mismas cosas que has hecho o si preferirías haber hecho otras? ¿te planteás la posibilidad de cambiar aquellas que definitivamente no te agradan? ¿te preguntás acerca del sentido que le otorgás a tu vida o estás viviendo la vida de acuerdo a un sentido que te ha sido impuesto sin dejarte tomar parte? ¿responden tus decisiones y acciones a tus propios deseos o estás viviendo de acuerdo al deseo de los otros? ¿cuál es el sentido que le atribuís a cada uno de los instantes que van delimitando tu existencia?

jueves, 24 de mayo de 2012

Un instante de Kairós

Estaba leyendo las “Notas y cuestiones aldeanas” (1990) del antropólogo Luis María Gatti…y de repente, así como por arte de magia…me sumergí tan profundamente en un párrafo mientras Heima sonaba de fondo…me compenetré tanto en las palabras que estaba leyendo…me sentí tan identificada…que las lágrimas comenzaron a brotar y fue una sensación tan evanescente pero tan fuerte a la vez…que cuando quise retenerla ya se había ido, y ya me encontraba racionalizándola. Fue entonces cuando me di cuenta de que no sólo se puede “llorar de la felicidad” sino que también se puede “llorar de la belleza”…¡llorar de tanta pero tanta belleza! 
Comprendo que Heima haya sido un plus fundamental, dado que cada vez que tengo que dar un ejemplo de algo que considero verdaderamente bello, cito a Sigur Rós. 
La sensación, la sensación fue tan intensa…fue como robarle al Kronos un instante de Kairós, ese dios griego del tiempo, definido precisamente por su belleza, ese tiempo que nada tiene que ver con los relojes y que todo tiene que ver con los instantes en los cuáles nos sentimos verdaderamente vivos




 He aquí las palabras de Gatti:

“(...)Ser ‘extranjero’ da muchas ventajas de permisividad e ‘inocencia’; pero éstas se multiplican cuando el otro percibe, siente (hago sentir, potencio) la idea de que yo más otro es siempre mejor si resulta en nosotros. Nosotros pareja, nosotros ‘los de aquí’, nosotros pescadores, nosotros clase, nosotros proyecto, nosotros corriendo tras la utopía ... pero nosotros. (…) 
Sirve para poner en claro, para explicitarme, las frustraciones, los fracasos amorosos, profesionales, éticos ... Los ‘errores’ como maestro, los terrores a ser considerado un ‘maestro’.;. como si uno tuviera en serio algo que enseñar cuando falta todo por aprender. ¿Cómo se hace? ¿Cómo, si a la vez cargo esta desgraciada vocación por enseñar? ¿cómo si a mi me duele igual que a cualquiera el mundo? me duele como a todos la humanidad, la lluvia en el Golfo o sobre los almendros ... No sé mostrar que lo que uno dice es nada más, nada más, que una versión, una entre otras, sólo una más ... que a lo sumo reivindica la intención (¿decía, señor Sociólogo?) de repugnar lo desigual, de huir como de la peste de cualquier relación que implique desigualdad, que suponga una jerarquía constituyente de la relación. Esto es fácil de hacer cuando uno es polo inferior de la relación: hay una tradición (en mi) de oposición al ‘poder’ que me habilita sin problemas para esta situación: he ejercido la ‘contestación’ como hijo, como estudiante niño, adolescente y joven, como militante estudiantil, como estudiante ante profesores reaccionarios, como trabajador de cuello blanco, como colaborador del sindicato, como militante marginal del sindicalismo universitario y asociaciones de profesores. Ergo: no me es difícil oponerme al poder cuando soy el desigual de abajo. Más difícil es oponerse a la desigualdad cuando uno es ‘maestro’, ‘jefe de taller’, ‘coordinador de proyecto’... En Montemorelos conseguí armar un equipo así, que pudo eliminar esta desigualdad por pura prepotencia de trabajo (cito a Roberto Arlt: deberé regalarte sus novelas), a fuerza de abrir juegos, mostrar posibilidades de trabajos apasionantes, de cosas que hacer ... de alimentarnos todos muy bien. Pero estoy convencido de que esa experiencia fue excepcional y no creo que pueda repetirse ... aunque lucho por ello y busco interlocutores con todas mis antenas alertas cada vez que ‘huelo’ un posible ‘ayudante’ (creo que a veces los asusta el énfasis que pongo para convencerlos que vengan a Aldea, ¿cómo deberé hacer, Maestro?) Y por supuesto queda lo más difícil de todo, lo que real-mente pone los laberintos de la ideología al desnudo, lo que nos cuesta sangre de lo que llamo las grietas más profundas: ¿Cómo hacemos para vivir la diferencia? ¿cómo hacemos si, supuesta la anulación de la desigualdad (es mi idea de llegar a Totonacapan), las diferencias hacen, a pesar de todo, imposible la reciprocidad?, ¿cómo traducimos los patrones de reciprocidad si no es incorporándolos, si no es siendo parte del sistema de intercambios recíprocos? ... En Aldea los intercambios parecen ser bastante complicados. Tengo una terrible confusión entre lo que Doña Cande me ofrece y lo que espera de mí. Entre lo que Doña Josefina me facilita y los negocios que espera hacer conmigo (Doña Josefina es mi vecina, dueña de la casa que le rento, contrabandista de las avionetas que llegan ‘cerca de la playa, más al norte’, exfuncionaria de Hacienda, ejerció la ‘acumulación salvaje’ en forma de mordidas mientras controlaba el chalán que, hasta hace nueve años, era paso obligado de Poza Rica a Veracruz, casateniente de Aldea ... gorda, simpatiquísima, una especie de gallina que fuera un ave de rapiña). Los 38 abarrotes, carnicerías, tortillerías, verdulerías, refresquerías, puestos, kioscos, (aquí te debo una clasificación del comercio a pequeña escala: ¡es alucinante!) se disputan mi clientela, me guardan longaniza, me avisan que hoy viene el camión de la coca, que ya pasó el cartero y dejó en casa, que ‘mire qué lindos tomates’, que ‘así que se nos quiere ir de nevado!’, que ‘oiga don Mumo ahí le dejé el pan en la cocina ... como no había nadie ... no?, pos me dije ahí le dejo el pan y le lavé los platos porque me dio pena ... ‘. Y yo me derrito de emoción. El romanticismo, como el tiempo, también es un pájaro de naturaleza vaga.”

lunes, 21 de mayo de 2012

Simple, bello


Por Troche

IX

Probablemente sea la antropología la disciplina más indicada para erradicar lo más posiblemente, los prejuicios de nuestra vida.

VIII

La relación con un autor es tanto más fructífera, cuanto más ambivalente.

Otoño

Mis sentidos perciben de acuerdo a la música que suena en mis auriculares cada vez que salgo a pasear… 


…y me encanta ir a la facultad en bicicleta por calles en las que las copas de los árboles se chocan, como la calle Pasco, Cochabamba...o Riobamba… y me fascina pisar con mis ruedas esas hojas, o con mis pies cuando voy a pie. Me maravillo otoño tras otoño con las veredas repletas de hojas teñidas de todos los colores propios de la estación…hojas inertes que a su vez dan lugar al cambio, a los ciclos de la vida…




…y Sigúr Ros es tan otoñal. 



lunes, 14 de mayo de 2012

Esa insaciable curiosidad

Para quiénes no despreciamos ningún tipo de conocimiento, sea de la índole que fuera, desde el descubrimiento más trivial producto de un mínimo esfuerzo del sentido común, pasando por las habilidades prácticas hasta las encrucijadas más retorcidas del pensamiento e inclusive las esferas de la abstracción; es decir: todo saber acumulado que se haya generado a lo largo de la historia de la humanidad; resulta sumamente interesante corroborar cómo determinados conocimientos nos resultan agradables sólo una vez que podemos comprenderlos o relacionarlos con aquellos otros que nos han interesado más apriorísticamente.
El mundo de los números fue mi enemigo académico desde el primer grado de la primaria. Dejó de serlo en el último año de la secundaria, de un instante para otro, cuando abordamos la temática del número áureo, su relación con la serie de Fibonacci, y más aún: ¡su apasionante relación con la naturaleza, el arte, la arquitectura! Recuerdo que en esa época estaba leyendo un libro popularizado que en alguna que otra parte abordaba dichas temáticas (El Código Da Vinci de Dan Brown); y lo llevé a la escuela para leer dichos fragmentos en clase. Descubrí entonces que el interés que había suscitado en mi profesora de aquel entonces produjo un cambio significativo en nuestra relación. Pasé de odiarla a admirarla profundamente cuando descubrí las pasiones que la movilizaban y la atención que me había brindado al notar mi curiosidad. Pasé de aprobar los exámenes con notas regulares al límite de la desaprobación a aprobar todos los últimos con un diez y terminar con dicha nota en la libreta.
El mundo de la biología tampoco ha sido mi mejor aliado durante la secundaria. Más de una vez he utilizado esos papelitos salvadores denominados popularmente como “machetes” para no tener que memorizar conceptos que me parecían aburridos. Esto produjo sus consecuencias en el cursado de las materias biológicas dentro de la carrera de Psicología. En tercer año tuve el infortunio de haber caído en una comisión cuya profesora era cualquier cosa menos una “profesora universitaria”, lo que menos hizo a lo largo del año fue brindarme los conocimientos necesarios para que comprendiera la materia, ergo: terminé no sólo sintiéndome con desganas para estudiar dicha materia, sino también sintiéndome desapasionada por la carrera en sí, y desde entonces decidí que jamás me inscribiría en una comisión sin pedir referencias de docentes, y desde entonces…todo cambió. Por primera vez me siento verdaderamente apasionada por la faceta biológica del complejo ser humano y por sus intrínsecas relaciones con las otras dos facetas: la social y la psicológica. Esto, obviamente, gracias a un par de profesores que han sabido transmitirme tales conocimientos biológicos con tal pasión que han despertado una enorme curiosidad que se encontraba apagada en mí.
Y no soy una persona excesivamente exigente a la hora de evaluar la capacidad de mis profesores/as, pero he notado que más de uno de ellos tan sólo ejercen dicha profesión para tener unos pesos más a fin de mes, su falta de pasión es innegable. Les falta esa “chispa”, les falta “dinámica”, ¡y hasta les faltan conocimientos!. Puedo aceptar que un profesor se corra del programa específico durante toda una clase porque ha surgido una pregunta interesante que ha fomentado un debate, ¡disfruto cuando ocurre ello!, pero no puedo tolerar que una profesora nos haga “buscar de tarea” los conceptos (sumamente básicos para la materia que dicta) de necrosis y apoptosis porque, según ella, “la hemos mareado con las preguntas”. Es cierto que existirán diferencias subjetivas a la hora de realizar una valoración de un docente, pero creo que hay determinadas pautas que pueden objetivarse.
No pretendo negar que dispongamos de ciertas disposiciones, hereditarias si se quiere -retoños de las personas encargadas de nuestra crianza- a la hora de salir a explorar el mundo. Tampoco niego las transformaciones que producimos constantemente sobre tales disposiciones.
Mucho menos pretendo negar que nuestras primeras investigaciones infantiles estén condicionadas por las primeras improntas que la experiencia va fijando en nosotros, y por todas las influencias del medio de las cuáles somos constante receptáculo a lo largo de la vida, y que irán constituyendo nuestros rasgos de carácter y de personalidad.
Tan sólo busco enfatizar la infinitamente significativa diferencia producida por aquellos agentes educativos que, mediante sus modos de transmisión, logran despertar en nosotros el entusiasmo por el aprendizaje de conocimientos que hasta entonces no entraban en nuestra esfera de interés y su capacidad de generar una verdadera construcción mutua, una interacción de reciprocidad entre alumno y docente.
Es así como la experiencia me ha demostrado que nuestro círculo de intereses intelectuales está directamente relacionado no sólo con las áreas que nuestra intencionalidad quiera recortar de tan vasto e inabarcable bagaje, sino también por las diferencias cualitativas en los modos en que un determinado tipo de saber nos es transmitido.
Serán precisamente esos modos los que nos permitirán ampliar, enriquecer y colmar un poco más, esa infinita e insaciable curiosidad que algunos (¡vaya a saber por qué razones!) conservamos hoy día, tan despierta, viva e impetuosa como en nuestra infancia.

domingo, 13 de mayo de 2012

Puestas de Sol II


Una de las maravillas de mi querida Rosario... 


...y la mejor forma de evitar el obstáculo de los edificios a la hora de querer contemplar una puesta de sol completa... 

...es salir a pasear en barco por las aguas del Paraná :) 

(¡a un precio que definitivamente es menor al enorme placer que produce tal experiencia!) 







sábado, 12 de mayo de 2012

Puestas de sol





"Pero en tu planeta tan pequeño, te alcanzaba con correr tu silla algunos pasos. Y mirabas el crepúsculo cada vez que lo deseabas..."






Mis oídos reciben toda la calma que una banda como Múm es capaz de generar. Mientras estudio, una y otra vez volteo la mirada hacia la ventana, casi sin pensarlo. Es un frío sábado de mayo y está atardeciendo. Me encuentro completamente a solas, en un estado de profunda introspección. Me dirijo hacia la ventana con el anhelo de observar el sol caer, pero éste ha quedado escondido tras el gris de los edificios. Tan sólo puedo contemplar las variaciones de colores en el cielo, ver cómo poco a poco va pasando del celeste al rosado-liláceo, al grisáceo…e imagino lo naranja que se verá el sol desde un lugar descampado. 
Las puestas de sol anuncian la muerte inevitable de un día que jamás volverá a repetirse. Sería interesante si nos detuviéramos a contemplar el retrato de la partida de cada uno de nuestros días. El cielo es el único artista que todos los días nos obsequia un cuadro nuevo. 
Me represento en la mente las imágenes tan nítidas que poseo de los atardeceres en el campo durante mi infancia. La sensación que suele producir la contemplación de una puesta del sol en una tarde fría en el medio de la llanura desolada suele ser un tanto ambigua, es esa extraña mezcla de un poquito de tristeza con bastante carga de belleza lo que la hace tan única. 
Para darle un plus al disfrute de un atardecer en Rosario, debo subir a la terraza y una vez allí treparme cuidadosamente por la escalera que se encuentra en la habitación que contiene el tanque de agua, para poder avistar una parcela mayor del paisaje, pero los edificios más altos que el mío me impiden divisar la pintura completa. 


Quisiera estar contemplando este atardecer en el medio de un campo. Quizás no dejaría de estar presente esta fugaz nostalgia que en este momento me acompaña…pero al menos podría contemplar la puesta de sol desde su principio hasta su final sin obstáculos en el medio. 


A veces tiendo a creer que toda la sabiduría de la humanidad se encuentra sintetizada en el pensamiento del Principito. Las puestas de sol eran su compañía en los días de tristeza, y muchas veces también son la mía en días en los que sólo me acompaño de mí misma… 


jueves, 10 de mayo de 2012

I

tu cuerpo,
edén terrenal.

morder la manzana,
crear un nuevo cielo.


martes, 8 de mayo de 2012

Jules

Es innegable que soy una persona conflictiva a la hora de entablar amistades femeninas, los hechos demuestran que la mayoría de los vínculos más importantes que he consolidado, están relacionados con sujetos masculinos. Voy a esquivar una posible interpretación de tal fenómeno, porque lo que quiero remarcar es que, de las contadas mujeres que he elegido para formar parte de mi vida, Jules es quizás con quién más logro sentirme identificada. Es esa mujer que no veo todos los días pero que cuando veo despierta en mí una enorme sonrisa de felicidad, es esa mujer que sólo logra despertar en mí sentimientos de amistad real, es esa mujer cuyos abrazos son capaz de sanarme en los momentos difíciles, es esa mujer que día tras día vuelvo a elegir para formar parte de mi vida, es esa mujer que llevo conmigo (simbólicamente) cada vez que uso el bello dije de un pájaro que me regaló (y que para mí simboliza mi amor por la libertad y a la vez su concepción sobre la liberación)… y entonces su carita se me viene a la mente y su compañía se me hace de cierto modo presente. Y es esa mujer cuyo nombre decidí usar para darle vida al hada que forma parte del collar de la foto…porque a veces es lindo soñar con que existe algún tipo de magia, porque a veces es lindo creer que ciertas personas poseen cierto don... de llenarnos el alma de vida…

Preguntas de un obrero que lee

"¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?
En los libros figuran sólo los nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas?
Quienes edificaron la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
Llena está de arcos triunfales Roma la grande. Sus césares ¿sobre quienes triunfaron?
Bizancio tantas veces cantada, para sus habitantes ¿sólo tenía palacios?
Hasta la legendaria Atlántida, la noche en que el mar se la tragó,
los que se ahogaban pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba siquiera a un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida. ¿Nadie lloró más que él?
Federico de Prusia ganó la guerra de los Treinta Años. ¿Quién ganó también?
Un triunfo en cada página. ¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas."
Bertolt Brecht 

Conocí esta poesía gracias a la profesora de las clases teóricas de "Problemática Histórica" (materia del P.A.C de la carrera de Filosofía), quien nos lee textos interesantes en el medio de las clases. De Brecht leímos para tal materia una obra de teatro denominada "La vida de Galileo" o "Galileo Galilei", sumamente recomendable.

domingo, 6 de mayo de 2012

VII

Para L.B

La consistencia de un vínculo no depende necesariamente de su estabilidad, más bien se corrobora cuando, pese al tiempo transcurrido, aún conserva su dinámica y fortaleza. Y específicamente, cuando constatamos que, pese a los cambios en el devenir de cada una de las subjetividades implicadas, el placer de la compañía y el hecho de poder compartir, permanecen intactos.