lunes, 14 de mayo de 2012

Esa insaciable curiosidad

Para quiénes no despreciamos ningún tipo de conocimiento, sea de la índole que fuera, desde el descubrimiento más trivial producto de un mínimo esfuerzo del sentido común, pasando por las habilidades prácticas hasta las encrucijadas más retorcidas del pensamiento e inclusive las esferas de la abstracción; es decir: todo saber acumulado que se haya generado a lo largo de la historia de la humanidad; resulta sumamente interesante corroborar cómo determinados conocimientos nos resultan agradables sólo una vez que podemos comprenderlos o relacionarlos con aquellos otros que nos han interesado más apriorísticamente.
El mundo de los números fue mi enemigo académico desde el primer grado de la primaria. Dejó de serlo en el último año de la secundaria, de un instante para otro, cuando abordamos la temática del número áureo, su relación con la serie de Fibonacci, y más aún: ¡su apasionante relación con la naturaleza, el arte, la arquitectura! Recuerdo que en esa época estaba leyendo un libro popularizado que en alguna que otra parte abordaba dichas temáticas (El Código Da Vinci de Dan Brown); y lo llevé a la escuela para leer dichos fragmentos en clase. Descubrí entonces que el interés que había suscitado en mi profesora de aquel entonces produjo un cambio significativo en nuestra relación. Pasé de odiarla a admirarla profundamente cuando descubrí las pasiones que la movilizaban y la atención que me había brindado al notar mi curiosidad. Pasé de aprobar los exámenes con notas regulares al límite de la desaprobación a aprobar todos los últimos con un diez y terminar con dicha nota en la libreta.
El mundo de la biología tampoco ha sido mi mejor aliado durante la secundaria. Más de una vez he utilizado esos papelitos salvadores denominados popularmente como “machetes” para no tener que memorizar conceptos que me parecían aburridos. Esto produjo sus consecuencias en el cursado de las materias biológicas dentro de la carrera de Psicología. En tercer año tuve el infortunio de haber caído en una comisión cuya profesora era cualquier cosa menos una “profesora universitaria”, lo que menos hizo a lo largo del año fue brindarme los conocimientos necesarios para que comprendiera la materia, ergo: terminé no sólo sintiéndome con desganas para estudiar dicha materia, sino también sintiéndome desapasionada por la carrera en sí, y desde entonces decidí que jamás me inscribiría en una comisión sin pedir referencias de docentes, y desde entonces…todo cambió. Por primera vez me siento verdaderamente apasionada por la faceta biológica del complejo ser humano y por sus intrínsecas relaciones con las otras dos facetas: la social y la psicológica. Esto, obviamente, gracias a un par de profesores que han sabido transmitirme tales conocimientos biológicos con tal pasión que han despertado una enorme curiosidad que se encontraba apagada en mí.
Y no soy una persona excesivamente exigente a la hora de evaluar la capacidad de mis profesores/as, pero he notado que más de uno de ellos tan sólo ejercen dicha profesión para tener unos pesos más a fin de mes, su falta de pasión es innegable. Les falta esa “chispa”, les falta “dinámica”, ¡y hasta les faltan conocimientos!. Puedo aceptar que un profesor se corra del programa específico durante toda una clase porque ha surgido una pregunta interesante que ha fomentado un debate, ¡disfruto cuando ocurre ello!, pero no puedo tolerar que una profesora nos haga “buscar de tarea” los conceptos (sumamente básicos para la materia que dicta) de necrosis y apoptosis porque, según ella, “la hemos mareado con las preguntas”. Es cierto que existirán diferencias subjetivas a la hora de realizar una valoración de un docente, pero creo que hay determinadas pautas que pueden objetivarse.
No pretendo negar que dispongamos de ciertas disposiciones, hereditarias si se quiere -retoños de las personas encargadas de nuestra crianza- a la hora de salir a explorar el mundo. Tampoco niego las transformaciones que producimos constantemente sobre tales disposiciones.
Mucho menos pretendo negar que nuestras primeras investigaciones infantiles estén condicionadas por las primeras improntas que la experiencia va fijando en nosotros, y por todas las influencias del medio de las cuáles somos constante receptáculo a lo largo de la vida, y que irán constituyendo nuestros rasgos de carácter y de personalidad.
Tan sólo busco enfatizar la infinitamente significativa diferencia producida por aquellos agentes educativos que, mediante sus modos de transmisión, logran despertar en nosotros el entusiasmo por el aprendizaje de conocimientos que hasta entonces no entraban en nuestra esfera de interés y su capacidad de generar una verdadera construcción mutua, una interacción de reciprocidad entre alumno y docente.
Es así como la experiencia me ha demostrado que nuestro círculo de intereses intelectuales está directamente relacionado no sólo con las áreas que nuestra intencionalidad quiera recortar de tan vasto e inabarcable bagaje, sino también por las diferencias cualitativas en los modos en que un determinado tipo de saber nos es transmitido.
Serán precisamente esos modos los que nos permitirán ampliar, enriquecer y colmar un poco más, esa infinita e insaciable curiosidad que algunos (¡vaya a saber por qué razones!) conservamos hoy día, tan despierta, viva e impetuosa como en nuestra infancia.

4 comentarios:

  1. Wowww!! hacía un montón de tiempo que no tenía novedades tuyas tras hacer cerrado Facebook.. si bien cada tanto entraba a este espacio y no encontraba nuevas entradas, me sorprendió tu vuelta y quería encontrar un tiempo para leer todo y saber por donde andás..
    Me acuerdo todos los días de vos cuando llego a la facu y digo.. me la cruzaré? en realidad no sabía si seguías estudiado lo mismo.. pero ahora lo sé..
    espero que nos crucemos!!
    Es verdad lo de los profesores, de ellos depende que te guste o no una materia casi mas allá del contenido que tenga.
    Te dejo un beso enorme Val!!!

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    1. Estoy segura de que tarde o temprano nos cruzaremos por la facultad, ¡cuánta gente que hay por esos pasillos este año, con los seis años juntos cursando ahí!, yo curso a la tarde y a la noche, quizás por eso aún no nos cruzamos, pero suelo andar por allí también al mediodía, los martes, y a veces voy antes para sacar fotocopias, así que ya nos veremos :)

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  2. Y que nada extraño nos la quite. ;)

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  3. y vaya a saberse por cuáles razones, alguna vez, esa avidez desaparece. Brindemos porque siempre nos acompañe la curiosidad dentro de tantos cotidianos.

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