viernes, 25 de mayo de 2012

La pregunta por el sentido


Mujer de 22 años de edad enciende un cigarrillo mientras el reloj marca la medianoche. Desde su diminuto espacio físico situado en una avenida rosarina se pregunta por enésima vez en el día: ¿cuál es el sentido de cada una de mis acciones? ¿cuál es el sentido de cada una de las decisiones que determinan tales acciones? ¿por qué elijo esto y no estotro? ¿qué clase de vida se corresponde mejor a mis anhelos, deseos y motivaciones? ¿cuál es el sentido en cada mínimo movimiento que efectúo? ¿y cuál es el sentido que le otorgo a la vida? ¿A caso posee algún sentido la vida?. 
¿Qué determina que yo me esté preguntando sobre algo tan profundo que ya ha sido cuestionado infinitamente a lo largo de toda la historia del pensamiento humano? Algo sobre lo cuál, sin embargo, hay quiénes quizás jamás se detengan a reflexionar… 
¡Ah! Es que Kundera ya ha definido tan concisamente esta clase de preguntas, retóricas si se quiere, trascendentales, pero que sin embargo hasta pueden ser formuladas por un niño. Él las denomina preguntas verdaderamente serias y escribe sobre ellas en La Insoportable Levedad del Ser: “sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre.” 
Pero volvamos a la pregunta, ¿la vida posee algún tipo de sentido inherente a ella misma? Mi respuesta es negativa. No creo que la vida sea algo que recibimos con un sentido ya dado.
Toda persona que haya sido educada bajo la religión católica y que haya decidido revelarse contra tal educación y por ende, dejar de creer en un paraíso celestial, en la promesa de un más allá en dónde tendrá sus méritos todo lo que hagamos en un más acá; se habrá encontrado con que lo único que posee es este “más acá” que llamamos vida, y también habrá tomado conciencia de que es un ser mortal, que no fue capaz de decidir sobre si quería nacer o no, pero que es capaz de decidir si quiere o no seguir viviendo y (si responde afirmativamente sobre esto último), “cómo” desea seguir viviendo, un ser responsable de sus actos. Principalmente uno habrá constatado que esta vida no posee un sentido inherente, un sentido en sí, sino que tal sentido es otorgado por el mismo sujeto. Somos nosotros quienes le damos el sentido, o al menos…intentamos dárselo. ¡Y cuántos sentidos, tan diversos entre sí, podemos atribuirle!
En la primera clase de un seminario de pre-grado que estoy haciendo en Psicología, un profesor que ya se ha robado todos mis halagos debido a su gran pasión por la enseñanza, ha hecho hincapié en este sin-sentido que es la vida, mientras hablaba de aquellos pensadores que inventaron respuestas frente a las preguntas que carecían de tales, quienes les dieron un sentido a aquello que antes no lo poseía. Parafraseándolo (y empleando términos lacanianos), se trata de “darle un sentido, mediante construcciones simbólicas, a un real que antes no lo tenía”. 
Si nos sumergimos en el terreno psicoanalítico, no podemos obviar tocar el concepto de “inconsciente”. Cuando hablamos de “sentido” y de “verdad” en Psicoanálisis, sabemos que se trata de un sentido que siempre es inconsciente, por eso prefiero dejar estas cuestiones a un lado y cuestionarme más bien por el sentido conciente que le damos a nuestra vida. ¿Por qué dejar de lado lo que Lacan denomina “registro imaginario” si forma parte de nuestra cotidianeidad tanto como el registro simbólico y el real? 
Lo que sí me interesa rescatar de las teorías freudianas es el concepto del “malestar en la cultura”, del malestar inherente a la cultura y a la condición humana como tal. Y aquí vuelvo a retomar a mi profesor, quien planteó que la felicidad de existir es una consecuencia de cómo cada uno se las arregla con este malestar o con este dolor de existir. Y acá volvemos a la singularidad, y a las diferentes formas que cada uno delimita para buscar el placer y evitar el dolor. ¡Infinitas formas! 
Lo interesante de la clase fue que él se encontró dando ejemplos sencillos sobre estas cuestiones que yo me estoy planteando. Hizo alusión a quiénes estábamos allí, encerrados en un aula en un día soleado, y a quiénes quizás en ese mismo momento estaban practicando apasionadamente un deporte en un ambiente externo, o a quiénes podrían llegar a pensar que era una pérdida de tiempo encerrarse en una facultad en un día de sol, bellísimo para ir a pescar al río. No voy a negar que yo sentí ganas de estar pescando en el medio de un río o de estar paseando en un parque, pero precisamente uno de los ejes centrales en mi vida es aprender a distribuir mi tiempo del mejor modo posible. 
Entre medio de los ejemplos hizo “la” pregunta que yo me hago todos los días: “¿qué forma es la mejor?”, obviamente, otra pregunta retórica, sin respuesta. Porque cada sujeto posee diversas formas de arreglárselas con lo que considera que tiene que ver con su felicidad. ¿Qué otra cosa es la profunda tristeza más que un despoblamiento del sentido de la vida? Vaciamiento simbólico, dirá el Psicoanálisis. Pero entonces: ¿qué determinó que yo haya pasado a formar parte de esas mentes retorcidas que no toleran que la vida se les pase por encima sino que más bien desean atravesarla y estrujirla hasta el final? 
Porque hay algo que me da vueltas en la mente todo el día, hay una pregunta que me hago antes de cualquier acto que esté a punto de ejecutar: ¿responde verdaderamente lo que voy a hacer a mi deseo? ¿está en sintonía con lo que verdaderamente tengo ganas de hacer? ¿lo hago para mí o para otros? ¿sigo mi propio deseo o sigo deseos ajenos? Y ya no puedo vivir sin plantearme esas cuestiones a diario, porque mi mayor problema existencial es el tiempo, porque no tolero sentir que lo estoy perdiendo, no tolero ningún instante al cuál no pueda atribuirle valor, valor que obviamente, siempre es subjetivo, valor que intento definir sin regularlo de acuerdo a lo que “se espera de mí”. Puedo considerar que la contemplación del sol reflejándose a través de un inmenso árbol cargado de colores otoñales posee tanto valor como irme a dormir leyendo a Pizarnik. Valor subjetivo, muy subjetivo…pero valor en fin. 
¿Qué sentido tendría mi vida si dejara que otros la vivan por mí? ¿Qué sentido tendría mi vida si no despertara cada mañana con la expectativa de que cada nuevo amanecer es una nueva oportunidad para sonreír, al menos una vez al día? ¿Qué sentido tendría mi vida si no me preguntara constantemente sobre las acciones que determinan tal sentido? ¡Oh, por supuesto que para muchos es más fácil no preguntárselo! Pero yo no puedo dejar de hacerlo. 
Nietzsche ha embellecido mucho más profundamente estas preguntas (que yo me hago toscamente) en La Gaya Ciencia: “¿Qué ocurriría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: «Esta vida, tal y como tú ahora la vives y como la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nada nuevo; sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento, y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión: y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas, y así también este instante y yo mismo. ¡El eterno reloj de arena de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo!?». Si esto sucediera, ¿no te arrojarías entonces al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma? ¿O quizás has vivido ya alguna vez ese instante infinito, y tu respuesta entonces fue la siguiente: «Oh, tú eres un dios y jamás oí nada más divino»? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal y como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; acerca de cualquier cosa te plantearías siempre la pregunta «¿quieres esto otra vez e innumerables veces más?», y ello pesaría sobre tus acciones como el peso más grande. Y además, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a tu vida para no desear ya otra cosa que esta última y eterna sanción, este sello?” 
¿Y vos? Vos que desde alguna parte del mundo estás leyendo estas palabras, ¿te preguntás al final del día si volverías a hacer exactamente las mismas cosas que has hecho o si preferirías haber hecho otras? ¿te planteás la posibilidad de cambiar aquellas que definitivamente no te agradan? ¿te preguntás acerca del sentido que le otorgás a tu vida o estás viviendo la vida de acuerdo a un sentido que te ha sido impuesto sin dejarte tomar parte? ¿responden tus decisiones y acciones a tus propios deseos o estás viviendo de acuerdo al deseo de los otros? ¿cuál es el sentido que le atribuís a cada uno de los instantes que van delimitando tu existencia?

17 comentarios:

  1. Bueno, son muchas preguntas y todas con enorme valor y de respuesta probablemente extensas.

    Yo me hice estas preguntas en un determinado momento de mi vida, y si bien encontré una especie de respuesta, jamás dejé de hacérmelas cada tanto. A veces pienso que haría cosas diferentes a como las hice. No por arrepentimiento, sino tal vez por curiosidad, por saber que me habría deparado una vida paralela. Arrepentirse no tiene mucho sentido, aunque no dejamos de hacerlo nunca.

    Yo creo que la vida no tiene sentido, como tu profesor (que me cayó muy bien jaja), pero acá estamos, y por eso creo que hay que hacer algo para sentirse lleno, para evitar el hambre y el vacío. Lo que sí es terrible es el tiempo, imposible de no sufrirlo.

    Pero son complicadísimas esas preguntas... Me hiciste pensar, Valèrie!

    Abrazo.

    pd: genial pasaje de Nietzsche!

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    1. Absolutamente Sigma! justamente creo que se trata de hacérnoslas al menos una vez cada tanto, es decir, el hecho de que me las haga a diario no significa que siempre tenga "las respuestas", ni significa que las respuestas que construya en determinado período coincidan con las de otro, justamente se trata de un continuo fluir que siempre contempla la posibilidad del cambio. Coincido, arrepentirse no sirve de nada, y aunque a veces sea imposible erradicar al arrepentimiento de la vida, creo que es algo necesario dado que el pasado es inmodificable y si nos estancamos en los ayeres también nos estancaremos en los porvenires y el presente carecerá de vida.
      La curiosidad es algo que, creo, siempre deberíamos mantener viva, como ya lo he escrito en tantas otras oportunidades, nunca vamos a poder abarcar todo lo que quisiéramos, pero a no temerle a los cambios, a la sorpresa, a la novedad...
      Ahaha, y me alegra que te haya caído bien mi profesor, sus clases realmente me apasionan.
      Abrazo :)

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  2. Por qué tenemos que comportarnos tan diferentes de los animales, si no por la arrogante pretensión de ser una especie que se comunica y que es consciente de sí misma y blablablablababla.... por lo que a mí se refiere ni religión ni excesiva reflexión sobre el hecho de la existencia. Procurar tener una vida buena y digna y no ir jodiendo demasiado si no nos gusta ser jodidos. Seguir el instinto, e intentar ir adelante.

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    1. Hace un par de semanas un profesor de una materia denominada Psicobiología nos leyó un fragmento muy interesante acerca de los modos de accionar frente al estrés relacionando una mona y un humano, concluyendo que los modos de evitar el estrés de la primera eran mucho más saludables que los del segundo (quien era un empresario típico, sumergido en el trabajo, cuya capacidad de detenerse a disfrutar estaba absolutamente truncada).

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  3. Primero quería agradecerte que vuelvas a retomar esto, por dos motivos. Primero para poder volver a leer lo que escribis y segundo porque así hay algún modo de hablarte que no sea encontrándote apurada por los pasillos.

    Me acuerdo que yo en algún momento escribía. Aunque ya no tengo tiempo para eso. Siempre mucho estudio, trabajo, dolor de cabeza... etc.

    En tus escritos siempre hay algo de eso que me parece que reflejás muy bien también con las imágenes. Ese hiperrealismo naif, esa suavidad de lo cotidiano al estilo Amèlie. Es como un estilo parisino de otoño. Con lluvia y la iluminación de las calles mojadas y las hojas caídas. Difícil de transmitir, pero creo que se puede uno hacer una idea (leyéndote).

    La próxima te robo un rato y me contás cómo haces, café de por medio.

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    1. ¡Qué hermosa descripción Arián! la verdad es que el tercer párrafo me sacó una enorme sonrisa. Debe ser la primera vez que alguien se detiene tan perfectamente en esa suma de detalles que de algún modo intento transmitir. No creo que haya que dejar de lado lo propio del "yo imaginario" en la vida concreta, todos esos detalles de cierto modo también nos definen, ¿no?
      Creo que utilizaste absolutamente todas las palabras con las cuáles intento "crear" este espacio, así que te estoy inmensamente agradecida por la observación. Me motiva porque pudiste captar de cierto modo la síntesis :)
      Es una lástima que hayas dejado de escribir, no conocía el blog desde el cuál me firmaste y la otra noche me colgué leyéndolo largo rato, creo que hay ahí una enorme capacidad que no hay que dejar aplastar por la rutina diaria, ojala vuelvas a retomarlo.
      Y ya tomaremos ese café, ya dejaré de correr por los pasillos...

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  4. Uff si son preguntas que me hacía y me hago, tan necesarias siempre para intentar detener un momento el movimiento del mundo y de nosotros en él. Más en momentos, ya sean buenos o malos, donde las respuestas quieren surgir automáticamente, borrarnos y convertirnos en enunciadores de lo ajeno. Actualmente no paso un buen momento, más bien hace rato, por ello quiero encontrarme con esas preguntas nuevamente, detener la inercia a ver que sucede. Tus palabras resultaron de recordatorio, gracias.
    Por cierto me gusta mucho la manera en que escribís, las temáticas y cuestiones varias, voy a pasar mas seguido.

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    1. Bienvenido Eze! me alegra que mis palabras te hayan hecho detenerte a reflexionar, creo que de los momentos difíciles uno aprende el doble, aunque se da cuenta a posteriori. Espero que pronto puedas ir hilando las respuestas que constituyan cierto soporte para no tambalear demasiado. Un fuerte abrazo!

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  5. Hola Valèrie!
    Te leí en el blog de un tipo sensible y mágico como Troche con el que compartimos esta forma de hablar con imágenes. Y al entrar a tu blog me encuentro con ese hermoso collage que narra la vida de una niña con alma antigua y sinceramente no me transmite un "sin sentido" de la vida.
    La vida, TODO tiene un sentido, aunque a veces no podamos entenderlo desde nuestra limitada racionalidad, hay cosas profundas que se intuyen verdaderas y la intuición es el conocimiento del corazón que es mucho más sabio que la madeja enredada y gris que tenemos arriba de los ojos.
    Que algo no pueda verse o entenderse, no significa que no exista, por darte un ejemplo "la ley de la gravedad" siempre estuvo entre nosotros ajena a nuestro reconocimiento y así con tantas otras a las que todavía no hemos accedido.
    No hay accidentes en la Naturaleza, si ves tu vida hacia atrás seguramente encontraste respuestas y sentido a situaciones que en su momento te parecieron injustas o muy tristes y que gracias a ellas hoy sos un poquito mejor.
    Bueno dejo acá, lo mío no son justamente las palabras. Un placer haber encontrado tu rinconcito, seguiré volviendo como lo hago con todo lo que me pone contento!

    Un abrazo :)

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    1. Hola Gustavo!
      Recién vengo de darme una vuelta por tu blog, cuyas imágenes me han encantado. Comparto tu opinión sobre la ambigüedad de las palabras, y comprendo tu interés en plasmar sensaciones en imágenes…pero a algunos nos es más fácil seguir jugando con palabras, pese a que siempre sean tramposas…
      Creo que, debido a esa inherente ambigüedad del lenguaje, quizás no se haya comprendido lo que intenté transmitir. Cuando referí que la vida es un sin-sentido, lo dije sólo para dar a entender que desde mi punto de vista, somos nosotros quién se lo damos. Y justamente como vos decís…este blog, lo que transmito aquí…es parte de ese sentido que le otorgo a mi vida. El trasfondo de este planteo es justamente eso que también escribí acerca de que tal sentido no me parece pre-determinado por ningun ente superior o providencia. Lo cuál no significa que desprecie a quiénes creen que tal providencia existe, o a quiénes creen que el destino de uno está predeterminado. Yo creo más bien que somos constructores de este destino, y que en esta construcción interviene tanto el azar como nuestra toma de decisiones (ya sean más o menos apasionadas o intelectualizadas).
      Estoy absolutamente de acuerdo con que nuestra racionalidad siempre es limitada, y por supuesto que considero que aquello que aprehendemos mediante la intuición, todo aquello que el ser humano posee de visceral o de afectivo…¡es de lo más puro que existe!, pero soy una personita que no puede dejar de pensar, a la vez que no puede dejar de sentir…una esfera no anula a la otra. Ahora bien, el ejemplo que vos me das de la ley de gravedad no se aplica a un conocimiento intuitivo, justamente contraria al sentido común, más bien propio de la física aristotélica.
      También estoy de acuerdo en el sentido que le vamos dando a nuestra vida a posteriori de vivir determinadas situaciones que en su momento presente quizás nos abrumen, de hecho, como ya he escrito por algún lado…siempre sostengo que del sufrimiento he sacado enseñanzas enormes, aunque en su momento no haya podido hacer más que padecer, hoy ese sufrir cobra un nuevo sentido para mí, de cierto modo es una tendencia humana el tratar de aprender del pasado, aunque no siempre resulta fácil.
      En fin, seguiré recorriendo tu ameno espacio, tus imágenes realmente me han cautivado! Hasta siempre!

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  6. Qué interesante y qué extraordinario todo lo que escribiste! Pues yo me planteo a cada instante si la vida que estoy llevando es la que quiero llevar o no. Y las certezas se me escapan inevitablemente. Lo charlábamos la otra vez con un compañero de trabajo. Él me decía que Einstein había dicho "Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo", y me decía que eso era imposible en éste tipo de sociedad, en la que irremediablemente tenemos que trabajar para subsistir y el trabajo es algo (generalmente) monótono, aburrido y rutinario. A él le encantaría escalar montañas y otras cosas relacionadas a la naturaleza, pero se veía impedido por el trabajo y por la falta de dinero, sin el cual sería imposible hacer cosas placenteras para él. Y realmente me hizo pensar. Él trabaja todos los días, y es como si viviera para trabajar, resignando lo que realmente lo haría feliz. Y creo que el 90 por ciento de la sociedad es así como vive, reprimiendo sus verdaderos deseos en pos de cumplir con el Ideal Social (Casa propia, Trabajo, Familia). Pero, mi pregunta es... ¿Cómo escapar de éste circulo vicioso? ¿Cómo huir de éste tormento sociocultural? Steve Jobs dijo alguna vez: "Cada día me miro en el espejo y me pregunto: Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?. Si la respuesta es no durante demasiados días seguidos, se que necesito cambiar algo". Es para pensarlo.

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  7. Shut up. Y a continuación te daría un correctivo.

    Nadie debe jamás arrepentirse, mirar al pasado es aprender de los errores para mirar al futuro. Lo hecho hecho está, aquellos que hacen llegan lejos y jamás se preguntan si lo volverían a hacer. Obvio que si, y doblaría la apuesta.

    La vida no es eso que te pasó, sino eso que te hizo feliz.

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    1. En primer lugar, no voy a callarme, porque "no puedo callarme"...por citar vagamente a Tolstoy.
      No comprendo el correctivo, ¿en qué momento hablé yo de arrepentimiento?
      Y no creo que la vida sólo sea aquello que te hizo feliz, si así fuera, ¿cómo aprenderíamos de los errores del pasado para no volver a cometerlos en el presente? aprendemos porque debemos tenerlos en cuenta. La vida abarca tanto lo dulce como lo amargo, al menos desde mi punto de vista.

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  8. Mil preguntas y solo una respuesta. Sé que algún día la vas a encontrar.

    Yo en mi actuar diario, desde el amanecer hasta que oscurece, solo trato de vivir. Vivir sin preguntas, tratando de caminar por la traza de lo que quise y quiero, y en lo posible con compañía para sonreír.
    Es inevitable enfrentarse con las preguntas de la vida, a veces surgen ante una perdida donde simplemente ves a alguien irse del mundo, quizás sin respuestas.
    Otras tantas ante una mirada desde afuera, observando moverme siempre con la misma inercia, viéndome intentar cambiarlo, adentrándome a lo desconocido y sin encontrar algo que realmente nos llene para siempre.

    Estoy quizás a un tercio del camino a recorrer.
    Solo creo en mí, en el tiempo y en la música.
    Sé que algún día yo también voy a encontrar esa respuesta :)


    Sal Paradise.

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  9. Donde estas? y que paso con vos? Son las dos únicas preguntas que me desvelan por la noche!!...
    Te cuento que a Jose le urge hablar con vos.

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  10. ¡Qué pena que hayas cerrado los comentarios!
    Últimamente pones documentos muy interesantes de filosofía. :)

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  11. Nunca sé dónde comentar, siempre tengo que volver a esta vieja entrada. Quiero decirte que hoy, cuando leí al confirmación del show de Robert Plat me acordé de vos al instante. Siempre te recuerdo Vale, siempre.

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