domingo, 14 de julio de 2013

Alemanía



Dicen que en un pequeño lugar perdido entre los Valles Calchaquíes el tiempo se detiene. Dicen que los viejos y gastados ramales aún conservan los ecos de las épocas doradas en las que el tren aún pasaba por el pequeño poblado…y que las historias siguen tan vivas como en 1916. 
¡Oh, Alemanía! el mágico aura que envuelve tus callejuelas y que se expande por el agua colorada del río que te abraza es capaz de sumergir a cualquiera en la más pacífica calma. ¡Pequeño tesoro escondido en la provincia salteña! ¿Cómo no detenerse unos días a tirar la carpa en el medio de tus árboles para acampar en plena naturaleza? 
Se diluyen las falsas necesidades y sólo resta salir a buscar leña para mantener vivo el fogón que resguarda del vientito fresco de la noche… y nos permite calentar el agua para el mate y cocinar nuestro alimento. La proveeduría nos vende tomates “a colaboración” cuando en las urbes el kilo cuesta 18. Los lugareños nos cuentan historias que tejen los hilos míticos de tu origen y me invitan a soñar con que es posible abolir los límites del tiempo, porque vos sos atemporal. Nuestros celulares resultan inútiles en tierras dónde no llega la señal y eso te hace más especial todavía. ¡Paisaje surrealista! 
Es que ya no importan la fecha, el día ni el horario…cuando el verde de tus tierras invita a recostarse, abstraerse y sencillamente contemplar la belleza de lo simple y cotidiano.