domingo, 18 de mayo de 2014

Eclipse

Oigo un piano que me invita a hablar, pero prefiero hablarme hacia dentro y respirar…respirar profundamente el aire dejando fluir estas palabras. Estoy del lado oscuro de la luna. Estoy en penumbras. Suena una voz desgarrada de fondo y se me estremece la piel. Enciendo un cigarrillo, tomo un sorbo de té y me detengo a pensar, me dejo obnubilar por la música, me dejo pasear por el piano de fondo que me acaricia el rostro hasta esfumarse. Lentamente voy caminando por viejos recuerdos que por ser lejanos no dejan de poseer la nitidez vívida del instante presente. Dejo de caminar, comienzo a volar. Me dejo atravesar el cuerpo por cada nota, dejo que las voces me ericen la piel y que el sonido de la guitarra me bese levemente el cuello deslizándose poco a poco hasta mi vientre. Me permito vivir intensamente este tesoro atemporal y siento a los relojes de esta habitación desvanecerse hasta convertirse en imágenes plenamente condensadas de sentido. Cierro los ojos y con los ojos del alma viajo a través de metáforas. Reconstruyo en mi memoria dichas imágenes. Son tan complejas, son un compuesto de sensaciones internas y a su vez táctiles y corpóreas, sonoras, gustativas, repletas también de sentimientos, encuentros, canciones, lugares, escenas, palabras, miradas, placeres y lágrimas, orgasmos, sonrisas y también pesares, y teorías, y libros y discos…son realmente inabarcables pero las veo danzando entrelazándose unas con las otras. Porque todas y cada una de ellas construyen una historia que es como un gran grito en el cielo, que por sonar mortífero no deja de sonar placentero, por llevar en si la huella indestructible del deseo. Abro los ojos, por un instante dejo de volar y vuelvo a ser consciente de mi finitud, de mi insignificancia en tanto ser mortal. Es entonces cuando comprendo aún más plenamente el sentido de mantener vivas esas imágenes del ayer y de volver a darles movimiento. Comienzo a oír desde lejos un saxo que me eleva y me desplaza metonímicamente hacia un placer sexual indescriptible. Entonces comprendo por fin por qué es tan necesario que algún día ya no pueda sentarme en esta mesa, encender un cigarrillo y dejar fluir mis palabras a la par de mis pensamientos hasta sentir que vuelo. Ya no estaré y tal vez poco quede de mí más que estas líneas, pero ellas mismas son memoria. ¿Y qué más da? De todas formas estoy segura de que antes de marchar, en ese breve lapso en el cual los instantes más significativos de toda nuestra vida nos atraviesan la mente a modo de flashes sin ningún tipo de control voluntario acerca de cuáles de ellos advendrán…estoy completamente segura de que en ese momento el común denominador de todas esas imágenes en movimiento emergerá a modo de un bellísimo paisaje que me invite a soñar. Porque afortunadamente en vida pude tener el valor de arriesgarme y experimentar. Porque existe un eclipse que me cegó por completo y me permitió desplegar mis alas y animarme a volar…

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