sábado, 5 de julio de 2014

Alegría de cronopio


Despertarse un sábado de invierno un rato más temprano de lo habitual, tomarse unos amargos para despabilarse, manotear unos billetes de la cajita de ahorros, (olvidarse de que ese dinero iba a ser destinado para regalos atrasados para famas que no suelen valorar lo que al cronopio tanto le cuesta), abrigarse mucho y salir a pie y a contra viento (terrible viento que revolotea y despeina aún más todo el pelo enrulado del cronopio) caminando derechito hasta su librería predilecta para comprarse ese libro que hacia tanto rato venía postergando por su neurosis culposa. Esperar el vuelto, salir afuera, sacarle la bolsita: hojearlo y sonreír ampliamente al mundo entero. Emprender el camino de regreso a Heima caminando sin divisar obstáculos, tropezándose con la vereda sinuosa siendo fiel a su torpeza innata psicomotora, con tal de leer al menos la contratapa antes de pasar a comprar (con el vuelto) un enorme pote de miel para echarle a los futuros mates endulzados mientras se sienta al lado de su estufa a deleitarse con Deleuze. Fuera de la burbuja, la gente grita goles. Cronopio ni se percata de los mundiales, Cronopio sólo percibe su alegría de esquizo zigzagueante.-