domingo, 6 de julio de 2014

El cuerpo de una mujer

El cuerpo de una mujer está marcado, está bordeado, está delimitado, por un entramado complejo y heterogéneo de huellas visibles e invisibles. El cuerpo de una mujer está económicamente cosificado, políticamente descuidado, socialmente sobre o infra valorado. Así como el habla no es la voz, la vista no es la mirada y el oído no es la escucha, el cuerpo de una mujer no es sólo su esquema corporal, es la imagen que del mismo tiene ella, y las infinitas imágenes que del mismo tienen todos los otros que atraviesan su vida tanto tangencial como directamente. Pero no es sólo una imagen, tampoco es un organismo, es una combinación, es un fluir, es una mezcla de infinitas variabilidades de intensidades y velocidades. El cuerpo de una mujer no es el cuerpo entendido en términos de un individuo biológico con una vagina en lugar de un pene o con dos cromosomas X y carencia de cromosoma Y. El cuerpo de una mujer puede devenir fuente de nueva vida pero no ha de ser la maternidad su destino predeterminado. El cuerpo de una mujer bien puede ser un organismo biológico con un pene, así como el organismo biológico con vagina bien puede ser el cuerpo de un hombre, o puede que el cuerpo de una mujer haya sido un organismo biológico con pene y vagina al mismo tiempo, masacrado quirúrgicamente hacia uno de los extremos en base a parámetros médicos convencionalmente estatuidos. El cuerpo del que hablo se opone a la organización orgánica de los órganos, a sus jerarquías, estratificaciones y funciones imperantes pese a estar atravesado también por ellas. Para ser más clara: no hablo de cuerpos orgánicos. Tampoco despolitizo la biología, pero hablo de los Cuerpos sin Órganos y acentúo el cuerpo de una “mujer” por la obvia razón histórica que lo ha hecho devenir punto de resistencia frente al paradigma androcéntrico dominante; y por la obvia razón particular que me ha hecho constituirme subjetivamente como una mujer, más allá de todo lo que pueda llegar a des-territorializar este concepto. Tampoco excluyo lo biológico, más bien le antepongo una lupa desde una determinada perspectiva de género, porque la noción dicotómica del sexo también es social. Así entendido, el cuerpo de una mujer está sujeto a las más perversas redes de poder, a las múltiples y constantes miradas que le hacen agachar la cabeza y sentirse menoscabada. El cuerpo de una mujer ha de devenir punto de fuerza contra los micro-fascismos que lo fetichizan, porque el cuerpo de la mujer también es un campo de luchas. El cuerpo de una mujer está marcado por todos aquellos otros que la han discriminado, que la han intimidado, que la han rechazado, o que la han maltratado psicológica y/o físicamente. El cuerpo de una mujer contiene en sí la memoria vívida de cada palabra de menosprecio, de menoscabo y de estigmatización que ella ha padecido inclusive en su más tierna infancia. El cuerpo de una mujer se siente constantemente evaluado, medido, pesado, clasificado y comparado, y por ende, más desmembrado, más fragmentado, más estratificado. Están tan internalizados los habitus que determinan las apreciaciones sobre el mismo que hasta en los “varones” con intenciones más benevolentes se hallan latentemente inscriptas las imágenes de “mujeres” socialmente dignas de ser deseadas. El cuerpo de una mujer con sobrepeso también necesita ser libidinizado, necesita sentirse aceptado, necesita dejar de juzgarse desechado, necesita dejar de recibir miradas como balas. Es obvio que no podemos controlar voluntariamente cada uno de nuestros pensamientos, es obvio que nuestras apreciaciones están múltiplemente determinadas, pero no se trata aquí de ser hipócrita sino de ser un poco más humano, si por tal especie se comprende que a diferencia de otras posee la capacidad de reflexionar antes de actuar. El cuerpo en general -y todos sus mecanismos visibles e invisibles tan asombrosamente combinados-, constituye en sí una obra de arte natural que debería escapar a todo binarismo polarizante, a todo corte segmentario, dadas sus múltiples y diversas potencialidades de desarticularse y deshacerse para devenir plan de consistencia. El cuerpo de una mujer lesbiana con rasgos hegemónicamente estatuidos como “masculinos” también es una obra de arte, posee su estilo y sus modalidades singulares. El cuerpo de una mujer (de cualquier mujer, inclusive aunque tal vez con mayor conciencia de ello, el cuerpo de una mujer que se auto-proclame feminista), se halla en una lucha constante entre la imagen que ella desea, la imagen que el Otro espera y la imagen que a ella le es saludablemente amena. El cuerpo de una mujer necesita ser una y mil veces experimentado, necesita ser historizado y vuelto a historizar cada vez que se lo solapa bajo la historia contada por los que ganan. El cuerpo de una mujer necesita ser des-territorializado y re-territorializado y vuelto a des-territorializar cada vez que se lo bloquea y se lo repliega. El cuerpo de una mujer necesita con urgencia una reconsideración hasta la médula del concepto de belleza. El cuerpo de una mujer pide a gritos una liberación que no es sinónima de libertinaje sino que apela a una libertad de coordenadas más libertarias. El cuerpo de una mujer emana de sus poros la necesidad del respeto, la denuncia colectiva y visibilizada tras cada acoso cometido. El cuerpo de una mujer no es tan sólo fuente de placer, es a su vez fuente de poder, que es capaz de devenir contra-poder. El cuerpo de la mujer demanda ser de-construido, reelaborado, resignificado, releído, revalorizado, re-libidinizado en función de las múltiples dimensiones que lo atraviesan, lo sujetan y lo amordazan hasta la asfixia. El cuerpo de la mujer demanda ser redefinido en función de roles, atributos, funciones y comportamientos que son constructos sociales, productos de una historia y por lo tanto, no inmutables. El cuerpo de una mujer y los caracteres que definen aquello que es devenir mujer son categorías socialmente construidas. No le compete a la diferencia biológica de los sexos estatuir qué es devenir mujer ni qué es devenir varón, porque la diferencia biológica también está socialmente determinada. Devenir mujer y devenir varón también son construcciones sociales que segmentarizan e intentan atrapar y sobre-codificar todo nuevo agenciamiento, todo extravagante derrame. La categoría misma de sexo dividido taxativamente en masculino y femenino es una construcción social con fines normativos de exclusión de lo disidente o de inclusión del desviado dentro de un nuevo estrato de la axiomática capitalista. La visión del género también produce la visión del sexo, ergo el sexo también es político. El cuerpo de una mujer demanda la inclusión frente al solapamiento, pero una inclusión que a su vez lo excluya de caer en la lógica del sistema categórico dominante. Demanda ser comprendido, ser aprehendido, como un continente mucho más complejo que un mero agujero en dónde satisfacer deseos o una mera vagina en dónde depositar semen para reproducir la especie, o un pene castrado en dónde depositar toda homofobia. La construcción social del cuerpo de una mujer y también la construcción social del cuerpo de un hombre, y también la construcción social del cuerpo de un intersexual, en fin: la construcción social del cuerpo como tal demanda una línea de fuga que escape al control y que propicie un devenir de sus infinitas interacciones potenciales. Un abrir de puertas por dónde hacer pasar intensidades pobladas de multiplicidades. Franquear el umbral. Alcanzar ese límite: devenir cuerpo sin órganos, que incluso en sus orgasmos auto-eróticos solitarios es ya un cuerpo colectivo, es ya un grupúsculo e inmediatamente es ya otra cosa. Exploración. Devenir hombre en el cuerpo de una mujer, devenir mujer en el cuerpo de un hombre, devenir hombre y mujer al mismo tiempo. Movimiento. Devenir macho, devenir hembra, devenir animal, devenir hermafrodita, devenir transexual, homosexual, bisexual, heterosexual, devenir todo ello junto y nada de ello a la vez, pero con prudencia, ni lo uno ni lo otro, estar en el medio, en el espacio evanescente e indefinido. De-construir cada categoría para convertirla siempre en otra cosa y dejarla pendulando en la red que intenta enmarañarla y sobre-codificarla. Ni XX ni XY ni XXY o todo ello junto, o nada de ello a la vez, devenir Z, ni esto ni aquello, ni uno ni lo otro: lo múltiple. Zigzaguear. Producir un cuerpo sin órganos capaz de hacer pasar intensidades y no fallarlo al bloquearlas o al mortificarlas, dejar que pasen, mimarlas y cuidarlas. Experimentar la diversidad corporal. Construir el plan de consistencia de los cuerpos imbricados en su gran variedad potencial, en sus flujos mutantes y nómadas de desiertos poblados, en dónde ya no se “es” esto o aquello porque ya no se es más que un viento, un tartamudeo, una llovizna de imperceptibilidades, ya no se es más que un devenir


 V.



Aclaraciones: 



1- Las palabras anteriores intentan constituir más que un texto, una meseta (en el sentido que a dicho término le otorgan Deleuze y Guattari siguiendo a Gregory Bateson). Lo comencé a escribir por el medio y poco a poco fue mutando. El producto final está sujeto a la crítica de la crítica de la crítica. Me he decidido finalmente a publicarlo por miedo a continuar leyéndolo y releyéndolo hasta terminar desechándolo en la papelera de reciclaje. Sus disparadores iniciales han sido situaciones concretas y puntuales (el acoso callejero, la observación de la situación de mujeres con sobrepeso en el ámbito de un gimnasio, la tinelización de la vida cotidiana, etc.). Sus mutaciones han pasado en primer lugar por la impronta psicoanalítica de mi formación académica, en segundo lugar por la impronta de dos grandes docentes de Humanidades y Artes que me han iniciado en la historia del Feminismo y del concepto de Género, impronta que recientemente ha recibido nuevos aportes gracias a un taller sobre Perspectivas de Género que me voló literalmente la cabeza. Las últimas mutaciones del mismo han barrido bastante la primera impronta psicoanalítica y han dado lugar a que el producto final tenga una impronta marcadamente esquizoanalítica, fruto de mi enviciamiento saludable y casi orgásmico con la filosofía de Deleuze y Guattari, tomando como principales puntos de referencia: Diálogos (Deleuze y Parnet), Cómo hacerse un cuerpo sin órganos, Mil Mesetas (Deleuze y Guattari) y Derrames (Deleuze). 




2- La bella imagen que acompaña las palabras "la tomé prestada" de un Flickr a nombre de Jose Arboleda titulada "Cómo hacerse un cuerpo sin órganos".

2 comentarios:

  1. Excelente. No puedo acotar nada, está excelente.

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  2. Quremos post, este excelente

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