martes, 23 de septiembre de 2014

Catarsis cronópica


Cuando un cronopio necesita de algún servicio médico todos los turnos están ocupados, los teléfonos suenan incansablemente y nadie se digna a atender al apesadumbrado pequeño ser. Algunos cronopios tardan meses en recibir el servicio médico más elemental, pasan mañanas enteras de invierno haciendo colas en los hospitales tan sólo para conseguir un bendito turno. Pero a veces (muy pocas) cuando por fin lo consiguen, cuando por fin alguien les atiende el teléfono…el cielo se cae a pedazos a la hora precisa de la mañana en que el cronopio tiene que salir afuera de su hogar a tomar el bondi para hacer por fin la consulta. Cronopio siente pena por no poder subirse a Olga, su bicicleta, y pedalear bajo el sol hasta el Centro de Salud. Pero luego se pinta la cara con su sonrisa más amplia, se sube al bondi y viaja escuchando aquella canción de Sigur Rós que le hace ver la lluvia con todo el cariño del mundo…
¡Pero estamos hablando de un cronopio! Hecha la consulta y sin plata para comprar los anteojos recetados pero al menos con un papel en la mano que dice cuáles hay que comprar; al querer retornar a Heima caminando, la llovizna se convierte en lluvia diluvial, el viento lo tumba y le da vueltas por completo su frágil paraguas…pasan frente a sus ojos todos los bondis menos el que lo deja frente a su casa. Es entonces cuando el ya todo húmedo y mojado pequeño ser pinta su cara con la sonrisa más sádica del mundo, mira con ojos desorbitados repletos de ira al maldito -pero en el fondo muy querido- paraguas que lo ha abandonado en el momento menos esperado…y descubre el cronopio la satisfacción de una nueva terapia alternativa. Umbrellatherapy la ha bautizado, riéndose del imperialismo cultural redundante y de todas las terapias postmodernas juntas. Alegría del cronopio, verdadera alegría del cronopio al pensar en destrozar catárticamente el pobre viejo paraguas negro estrellándolo contra un contenedor de basura. Alegre nostalgia cronópica…inmediatamente luego de pensar en romperlo y dejarlo abandonado…el cronopio ya lo estaba extrañando aún sin perderlo… ¡pobre viejo paraguas negro, compañero de tantas tardes lluviosas a lo largo de tantos años, maldito amigo embustero! Cronopio recuerda el final del paraguas de la Maga, pero le falta la presencia de un Oliveira. No pudo el cronopio llevar al final su cometido, tal vez el pobre viejo paraguas negro todavía pueda servirle a alguien más...

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