lunes, 22 de junio de 2015

nightswimming

¿Dónde quedó la hija del viento? ¿Dónde quedó la tonta niña naif, la que jugaba a ser la Amélie de algún Nino? ¿Dónde las andanzas de la que encarnaba a Marla Singer, dónde los ayeres de la melancólica que no cesaba de anhelar recuperar aquel objeto perdido? ¡Hasta a ella la extraño! ¡Cómo extraño mi multiformidad yoica! ¿Por qué cayeron todas las esencias? Yo que crecí con el Principito me encuentro frente al vacío del sentido al constatar que de repente las lecciones de vida que me conformaron subjetivamente ya no valen para nada, porque ya no puedo creer en ellas, porque no hay nada detrás del velo, porque lo esencial ya no es tan invisible a los ojos y me río de todos los adornos con que jugamos a “ser alguien”. Putos atributos, putos todos los titulitos que nos ponemos para creernos especiales. ¿Por qué habría de enumerar cada cosa que creo que soy, para quién, para qué Gran Otro? Oh, qué cool que es esta sociedad, putrefacta desde sus entrañas. ¿Cómo pude haber perdido hasta el sentido de mi lucha? ¿Por qué no puedo creer en nada? ¿Por qué han muerto todos mis deseos? ¡Cómo quisiera engañarme creyendo que aún deseo! ¡Cómo desearía poder creerme alguna mentira para al menos recuperar algo de narcisismo por un rato! ¡Maldita lucidez, maldita clarividencia, maldita caída de todos los encantos artificiales que le otorgaban sentido a lo imaginario de un yo cargado de aquellos disfraces que todos necesitamos ponernos para jugar a ser quienes creemos que somos! ¡Maldito psicoanálisis, maldita lucidez, maldita ciencia! ¡Maldita Universidad, aplastadora de mi creatividad! Cómo desearía dejar de ver los engranajes de este sistema tan desnudos de la mierda que los envuelve o tal vez ver esa mierda como si fuera oro como quien inocentemente ignora la cosa a ver si al menos sonrío por un rato…