lunes, 8 de febrero de 2016

Soltar

¿Cuánto de realidad y cuanto de nuestra propia fantasía hay en las imágenes de los otros que se graban en nuestra memoria? Recuerdo una sonrisa perfecta junto a unos ojos verdes en un rostro de timidez que conocí hace 9 años atrás. Desde entonces construí una idea de papel sobre un ser de carne y hueso. Y no dejé de escribir sobre mi propia idea, sobre mi propio recuerdo en sepia de aquel joven que hoy es ya un hombre. Escribí tantas líneas sobre aquel chico junto a esa chica, me enamoré tanto de ambos estando juntos que las letras se confundían cada vez más con la historia real y hubo momentos en los cuáles no supe distinguir entre una y otra. Año tras años soñé con volver a ser esa chica, odiando cada defecto o rasgo nuevo de carácter que nacía en esta mujer y llorando por los rasgos que perdía. Tal vez lo mejor sería juntar todas las hojas de esta historia de papel, recopilar todas las páginas perdidas de esta historia suicidada y echarlas al fuego para que ardan en el país de la nostalgia por todo aquello que soñamos y nunca ha acontecido. A veces los recuerdos se convierten en cárceles.