martes, 26 de abril de 2016

Ana no duerme

Tengo una tendencia a construir castillos en el aire fantaseando con alguien sin siquiera conocerlo en persona. Puedo inclusive llegar a soñar con una voz de la cual desconozco el rostro pero conozco su mente brillante y especulo imaginando su posible aspecto físico. Pocas cosas me enloquecen tanto como el instante de nacimiento incipiente de un nuevo deseo, independientemente de que su destinatario acuse recibo. Puedo pasarme años acumulando un deseo sin la necesidad de declararlo, sin siquiera dar una señal. Puedo atesorar mis energías libidinales virtualmente durante meses antes de concretar un encuentro y cometer locuras cuando por fin me decido a hacerlo si el deseo es correspondido. 
Tengo una increíble capacidad de construir un mundo de fantasías alrededor de una persona aferrándome tan sólo a detalles que en primera instancia hasta puede que sean producto de mi imaginación. Pero tengo buena intuición a la hora de clavar mi mirada en alguien. Recopilo piezas a modo de rompecabezas y de a poco voy armando una historia que tan sólo existe en mi mente. Si no actúo, ¿por qué la idealización resultaría perjudicial? Y si doy una señal y noto reciprocidad, es tan intenso lo que se genera en mi mente que termino influenciando a la otra persona de tal modo que logremos enloquecer mutuamente para que la fantasía se corresponda en gran parte con la realidad. Cuando pierdo la fantasía, con ella pierdo las ganas. Pero cuando el verbo se hace carne después de mucho tiempo de espera la huella del encuentro es indeleble, queda grabada en mi cerebro y es capaz de excitarme con el sólo hecho de cerrar mis ojos y revivirla en mi mente.


Emovere

A veces todo lo que uno necesita es poder permitirse derramar algunas lágrimas.

sábado, 23 de abril de 2016

M.

Viernes por la noche. Vuelvo a salir después de siglos. Estaba con varias copas de más. Mientras un abogado bastante simpático intentaba chamuyarme, mis ojos repentinamente se desviaron hacia un más allá, en dónde me cautivó el atractivo de una sonrisa perfecta. Es de larga data sabido, gracias a Freud, que muchas veces la libido se dirige precisamente hacia aquellos rasgos que al yo le faltan. Pues bien, mis ojos quedaron clavados en esa sonrisa y ya no podía escuchar lo que el otro buen muchacho me decía. Busqué una excusa para alejarme y reencontrar a mi amiga, cuyo plan (como si el destino estuviera de mi lado) era hallar una excusa para acercarse al amigo del chico con la sonrisa perfecta. 
Sin quererlo los azares de la vida hicieron que mi amiga me arrastrara divertidamente hacia una persecución del grupo de chicos, que ya se encontraban por fuera del pub. Media botella de vino, el trago que me regaló el barman y un poco de cerveza me tornaron particularmente charlatana con tintes existencialistas. De repente nos encontrábamos caminando junto a estos chicos, sin rumbo fijo. Mi amiga junto al chico que le gustaba, y yo junto al chico de la sonrisa perfecta. La noche llegaba a su fin. Noté que detrás del tono rojizo producto del alcohol y alguna que otra hierba, se escondían unos ojos verdosos. Sin buscarlo siquiera, terminamos dialogando apasionadamente sobre la mismísima vida y me dediqué a hacer lo que mejor me sale cuando tomo de más: volarle los pelos a la gente. 
Mi amiga ya se había ido junto al otro chico. Nosotros seguíamos caminando por las calles rosarinas mientras despuntaba el alba. Teníamos sed. Entramos en un bar dónde sabíamos que pasaban buena música con intenciones de seguir tomando alcohol, pero a esa hora la ley nos jugó en contra y terminamos tomando gaseosa y agua mineral. Hacía más de dos años que mis ojos no se clavaban en un nuevo hombre con tanto deseo como me sucedió en ese momento. Ya no sé quién fue el responsable de dar la iniciativa, pero después de las semejantes canciones que sonaban de fondo no pudimos evitar terminar besándonos apasionadamente en el medio del bar. Mientras tanto continuábamos con una conversación que palabra a palabra se tornaba más interesante. No sé si fue por el alcohol o por mi estado cuasi hipomaníaco pero después de que pasaran The Scientist de Coldplay ya no sólo me estaba sintiendo atraída físicamente sino que en ese breve lapso temporal hasta fui capaz de sentir cierta ternura. ¿La culpa la tuvo el alcohol, la música de fondo, mi estado previo de buen talante anímico? ¿A quién le importa? Estaba sintiendo algo, algo nuevo después de años, estaba volviendo a permitirme desear a alguien, y eso era lo más importante. 
Mi estado anímico estaba tan revolucionado que de repente, cuando volvía del baño y noté que nuestra mesa estaba vacía, todas mis inseguridades acumuladas subieron a superficie. Sentí la inminencia de la angustia de una ausencia, sentí que me había dejado sola, que había aprovechado la oportunidad para escaparse. ¿Puede ser posible que haya quedado tan traumada de mi última relación como para caer en semejante exageración sin ser capaz de pensar que él también había ido al baño?
Falsa alarma. No sólo se quedó sino que (a sabiendas de que no iba a poder meterse entre mis sábanas porque en mi cama estaba mi hermana) me acompañó caminando hasta la puerta de mi edificio. Todo un caballero el pendejo. No me quedó otra opción más que insinuarle –entre besos- que esa no sería ni la primera ni la última vez…

lunes, 11 de abril de 2016

Fragilidad

¿En qué subsuelo abandoné mi alma? ¿Cuál fue el momento exacto, la micro-centésima de segundo en la cual dejé de ser quien creía que era? ¿Cuándo me di por vencida? ¿Cuándo murió la última esperanza, cuando se apagó la luz de mis días y cuando las noches dejaron de amarme? ¿Dejé de escribir los sueños que pude soñar despierta o dejé de soñar despierta cuando dejé de escribir? ¿Cuándo cambié el azúcar por el edulcorante, el café por el té, las noches por los días? ¿Cuándo dejé de tener un proyecto de vida? ¿Cuándo me convertí en esta pseudo-autista? ¿Cuándo cambié las películas extravagantes por las series irreflexivas? ¿Cuándo dejé los libros de literatura por los apuntes académicos? ¿Cuánto hace que no descubro nuevos pequeños placeres? ¿Desde cuándo esta obsesión por los controles médicos? ¿Cuál fue la concatenación de sucesos que congelaron mi corazón, petrificaron mis ideas y aplastaron todos mis deseos? ¿Por qué tuviste que dejarme ir, una vez más? ¿Qué fecha precisa del calendario de qué año desperté sin la capacidad de ilusionarme? ¿Cuál fue la última prueba de realidad que asesinó a mi último sueño? ¿Desde cuándo vivo resignada? ¿Cuándo se instaló con tanta fuerza esta agresividad constante hacia quienes amo? ¿Por qué me invade esta angustia constante, por qué llevo esta tristeza a cada cosa que hago? ¿De dónde salen esos ataques de ira? ¿Desde cuándo soy tan pesimista? ¿Desde cuándo sufro tantos dolores de espalda? ¿Me duele el cuerpo porque estoy triste o estoy triste porque me duele el cuerpo? ¿Maltrato porque estoy enojada conmigo misma o estoy enojada conmigo misma porque maltrato? ¿Qué era lo que yo quería ser? ¿Qué modelos de vida me inspiraban? ¿Con quiénes deseaba tanto juntarme, quiénes eran capaces de abrazarme y tocarme el alma? ¿Dónde quedaron esas conversaciones apasionantes de horas y horas? ¿Quiénes, hoy, verdaderamente me acompañan? ¿Puedo siquiera acompañarme a mí misma o ya ni siquiera mi propia soledad me sirve de compañía? Carezco de las armas que hacen falta para adaptarme a esta nueva etapa y me rehúso a corromper la única parte de mí que me recuerda quien era. ¿Cuándo fue que me hice adulta? Pero si me siento una niña en el cuerpo de una mujer, me siento tan frágil como si hubiera nacido ayer, tan indefensa como desamparada. Estoy rota y no puedo unir los pedazos. No logro seguir el rastro de cada sitio en dónde perdí una parte de mí. Me duele la vida. Llueve y tengo las manos heladas…

sábado, 2 de abril de 2016

Mujeres que inspiran


"No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana: la civilización en su conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino. Sólo la mediación de un ajeno puede constituir a un individuo en Otro"
Simone de Beauvoir, Le deuxieme sexe, I, París, Gallimard, 1949, pág. 285.