domingo, 12 de septiembre de 1999

Bocanada

Tomo un hilo desde su origen y lo uno con los otros que mi mente va trayendo a mi memoria para ver en qué punto hago los nudos. Ahí viene un recuerdo, allá lejos veo otro. El resultado es ininteligible en su causa, pero bien palpable en su efecto: maldición, en el fondo siempre supe que me gustaba pero nunca me lo pude decir a mí misma. ¿En qué rincón de mi inconsciente guardaba este deseo? ¿Por qué siempre la misma tentación por lo imposible, por lo no debido, por sumergirme en las fantasías menos habitables? ¿Qué es este infantilismo, esta regresión a mi yo adolescente, este modo tan patético de comportarme que no hará más que alejarme en todos los planos de aquello que deseo? Es el colmo de los colmos, la libido disparada hacia el lugar menos pensado en el momento menos indicado. ¿Qué es lo que hago saliendo a buscarte por las calles en dónde sé que no voy a encontrarte? ¿Qué es lo que hago espiando por ventanas de colectivos en los cuáles es remota la posibilidad de observarte? De la risa al llanto me voy, del sonrojo al enojo y ahí viene la culpa, invitada no deseada en este baile, a sumarse a este coctel explosivo de sentimientos des-encontrados en la penumbra de una noche que tienta con volverse invernal. Enciendo otro cigarrillo y es su rostro el que veo fumando a mi lado, cebo otro mate y es su boca la que dibujo mientras mis labios rozan el mismo punto que esa noche rozaron los suyos. Maldigo a la lluvia y a su cuerpo a centímetros del mío mientras su alma se encontraba a un millón de años luz de casa. Maldigo a su perfume esparcido entre mis sábanas y más me maldigo a mí misma por dar el paso indebido en el momento inapropiado. ¿Por qué no pude contenerme a tiempo? Pero el fin de la pasión es que lo oculto se vea. ¿Por qué tuve que hacer explícito lo latente? Hablé de vos…de mis ansias… ¿Por qué esta convulsión dirigida a estropearlo todo? ¿Por qué no pude guardar silencio, atarme las manos, cocerme los labios, frenar la escritura de mis dedos? Me estoy consumiendo en la llama de mi propio deseo, sacar belleza de este caos es virtud.