viernes, 2 de diciembre de 2016

Contraluz

En las trayectorias siempre errantes de la pulsión hay recortes que obnubilan al sujeto, a modo de condensaciones de sentido que cobran su intensidad en función de una historia singular. 
Hay imágenes que se convierten en una verdadera fotografía para el alma, que subsumen lo simbólico por la captura imaginaria cuando el objeto no es sólo capaz de despertar el deseo sino que también hace renacer a la ternura. 





Recorto la escena dentro de la escena de la cuál soy una observadora que vacila entre la contemplación pura a la incidencia en dicho cuadro. Hay una lámpara encendida en una habitación a oscuras. Hay una figura masculina sentada sobre una silla ubicada de modo tal que su rostro queda a oscuras pero perfectamente delimitado por el efecto a contraluz. Los libros dispersos definen un clima. Los cigarrillos se consumen lentamente tras la petite mort, viciando eróticamente el aire tras cada bocanada de placer. El hombre, introspectivo, absorto en los universos del lenguaje, se esfuerza en hacerme pronunciar palabras en alemán que de su boca hacia mis oídos generan un ensalmo que me enciende cada íntima fibra corporal.
Es ese el mismísimo instante en que una persona adviene un lugar a habitar, un paisaje emocional, que se resignifica desde la mirada expectante de otro ser capaz de recortar el sentido de una escena singular. Es un punto de detención en las coordenadas nostálgicas de la eterna búsqueda de un horizonte, es un punto que se fija al delimitar un cuerpo al cual el alma impulsa a acariciar.
No fue sólo su voz, a modo de sinécdoque, representando ese todo inagotable de su existencia. No fue sólo su cuerpo, recortado a contraluz. Ni sus dotes multilingües. Fue algo de mí formando y no formando parte de esa escena, con su remera favorita deslizada sobre mi cuerpo, que unos minutos antes se encontraba desnudo junto al suyo. Fue algo de mi estar y no estar presente, o estar a modo de observadora pasiva de una escena que me desbordaba. 
Creo que se trata de todo eso pero principalmente de algo más: de eso de aquel otro que siempre constituye la dimensión de un enigma, de ese más allá que se nos escapa. De ese querer capturar un algo innombrable de su esencia, que se desvanece en el mismo momento en que creímos poder verbalizar lo que por naturaleza es indecible.