lunes, 27 de febrero de 2017

Siempre se retorna a Freud

"Noto que se ve precisada a crearse en la vida un deseo incumplido. Su sueño le muestra cumplido ese rehusamiento del deseo. Ahora bien, ¿para qué precisa de un deseo incumplido?"
Freud, La interpretación de los sueños

jueves, 23 de febrero de 2017

Psicogeografía

A veces me hastío de tanto asfalto y salgo a dar vueltas en bici a la deriva sin reloj y cuando menos me doy cuenta ya estoy en Baigorria. Me dejo llevar por la música. Juego a hacer psicogeografía a lo Guy Debord. Algunas tardes de verano pueden ser asfixiantes, pero suelen ser aquellas que regalan los atardeceres más preciosos. 
Cae el sol y la belleza del río se realza con mi tonalidad del cielo preferido: esa mezcla de amarillo anaranjado, de rosa clarito y celeste puro. Las nubes se tiñen de amarillo pero a la vez parecen de algodón. Los últimos reflejos del sol producen un tono de luz surrealista que enaltece los árboles y hace que brillen aún más la gama de los verdes. La ceiba rosea florecida se lleva el premio a la belleza propiamente dicha. Hasta la maleza epífita de los claveles de aire que crecen anárquicamente sobre los cables tienen ese toque de naif que los hace agraciados al contraste de la perfección de ese cielo. 
Una vez alguien me dijo que en la ciudad extrañaría y algún día anhelaría volver al pueblo en dónde viví gran parte de mi vida. Es una mentira falaz. El tesoro de mi infancia son los recuerdos difusos que me hacen buscar en la ciudad las reminiscencias de mis primeros cinco años viviendo en el campo. “Le vert paradis des amours enfantines”. Suele ser allí dónde mi mente habita cuando se pierde en la nostalgia. 
En mis auriculares suena la versión de Zona de Promesas que Gus canta con Mercedes Sosa. Estoy re-enamorada de mi soledad. Pese a ello, al volver a mirar el cielo tan perfecto -que ahora se tiñe de azul turquesa y de un rosa que casi es fucsia-, y al bajar por las pendientes mientras las ruedas de mi bicicleta se convierten en alas; no puedo evitar dibujarte… ahí, dónde no estás. Anochece. 
Igualmente sonrío. Soy feliz. Porque la mágica sensación de libertad de volar con la bicicleta en picada es de las contadas emociones que conservan la plenitud de su intensidad tanto a los 5 años como a los 27. Me alejo de la costanera, vuelvo a ser un número más entre tantos edificios. Regreso a mi trinchera y cierro los ojos. Las nubes de algodón siguen ahí.

lunes, 13 de febrero de 2017

In your bedroom



La jaula se ha vuelto acuario, el pájaro devino pez. El pez se liberó volando. De sus escamas nacieron alas en un tono verde agua. Su libertad era del color de las uvas que formaron el vino que hoy beben mis labios. Más no por ello lo que bebo calma mi sed, dado que me encuentro en el medio del océano de sus sábanas, añorantes -como yo- de su cuerpo. Contemplo dulcemente su vuelo fugitivo hacia tierras cuyo mapa me es ajeno. El vino deviene agua salada que aumenta el deseo de beber de los elixires que el pez me niega. Más no por ello dejo de soñar con su sonrisa incólume. Más no por ello deja de desvelarme su recuerdo. 
La jaula se ha vuelto acuario, del pez nacieron alas y éste se ha volado. De su figura tan sólo conservo el recorte de una sombra. Más no por ello dejo de amar su libertad, de anhelar la mismísima imposibilidad de soñar su mismo sueño. Más bien, más bien por ello.

martes, 7 de febrero de 2017

Inercia

Hoy me costó gran parte de la mañana salir del estado de angustia en el cual me desperté. Cuando no tengo responsabilidad que cumplir hacia terceros y me despierto con angustia, no hay forma de poder moverme de la cama hasta bien entrada la mañana. ¿Es que acaso mis propias responsabilidades subjetivas no deberían movilizarme? Siento como si me aplastara una fuerza inconmensurable que viene desde lo alto a dejarme inmóvil y pegada al colchón. No sé, debe de ser el espíritu de alguna especie de mamut extinto el que me aplasta con su peso dejándome expuesta a la insoportable levedad del ser que se niega a ejecutar algún tipo de resistencia frente a tal comodidad y holgazanería. Lo peor es que ni siquiera disfruto del confort de mi somier, porque me mata la culpa al sentir que mato mis sueños y deseos dejándome llevar por esa indefinida sensación de no poder avanzar por haber perdido los ejes. No veo ningún norte, tan sólo distintos senderos que se bifurcan o se convierten en callejones sin salida cuando intento caminarlos. Siento como si ninguno de mis objetivos valiera la pena, como si cada pequeña meta fuera un camino hacia la mismísima muerte o hacia la mismísima nadificación del sentido, lo cual es lo mismo. Y detesto esa posición tan cómoda de dejar que el día me arrastre a medida que sus horas van muriendo y mi cabeza sigue igual de estancada que mi cuerpo. Porque de una cosa estoy segura: cuando caigo en esos estados de inmovilidad mental, también se me inmoviliza el cuerpo. No hay lugar de dónde sacar la fuerza para mover mis músculos, tendones y articulaciones cuando el horizonte se desdibuja de esa manera. No hay pulsión capaz de activar mi esqueleto, que yace inerte como una piltrafa entre las sábanas. Intento remontar el día escribiendo estas líneas, pero ya llegada la noche estoy en la misma posición de dejadez, tomando una copa de vino tinto y dándole secas al cigarro que se consume como mi vida, segundo tras segundo, minuto tras minuto…cuando no hay un deseo que la movilice, cuando no hay futuro que se proyecte a modo de faro para guiarme en este presente.

It's over.

Se siente o no se siente, es tan simple como eso. Si te detienes a pensarlo, es que necesitas racionalizarlo. Y puedes razonar acerca de las decisiones que tomarás al constatar un sentimiento, pero no puedes elegir seguir sintiéndolo o dejar de sentirlo.
Fuérzate en sentir lo que no puedes sentir y vivirás una mentira, traicionándote y traicionando; jugarás un juego en el que ninguna de las partes saldrá ganando, ya que serás consciente de la negación y por más intentos que hagas en auto-engañarte; jamás podrás sustentar mediante el fingimiento la ilusión de estar amando.
Fuérzate en hacer desaparecer lo que no puedes evitar sentir y reaparecerá desde otro lado, ya como angustia, ya como llanto aparentemente inmotivado, como falta de aire, como falta de voz o como dolor del cuerpo cuyo origen viene del alma. O como ese sueño que te despierta a mitad de la noche con ganas de seguir soñando...

viernes, 3 de febrero de 2017

Poder decir adiós

El amor dura en mi vida lo que dura su objeto en tanto fuente de inspiración.