martes, 7 de febrero de 2017

Inercia

Hoy me costó gran parte de la mañana salir del estado de angustia en el cual me desperté. Cuando no tengo responsabilidad que cumplir hacia terceros y me despierto con angustia, no hay forma de poder moverme de la cama hasta bien entrada la mañana. ¿Es que acaso mis propias responsabilidades subjetivas no deberían movilizarme? Siento como si me aplastara una fuerza inconmensurable que viene desde lo alto a dejarme inmóvil y pegada al colchón. No sé, debe de ser el espíritu de alguna especie de mamut extinto el que me aplasta con su peso dejándome expuesta a la insoportable levedad del ser que se niega a ejecutar algún tipo de resistencia frente a tal comodidad y holgazanería. Lo peor es que ni siquiera disfruto del confort de mi somier, porque me mata la culpa al sentir que mato mis sueños y deseos dejándome llevar por esa indefinida sensación de no poder avanzar por haber perdido los ejes. No veo ningún norte, tan sólo distintos senderos que se bifurcan o se convierten en callejones sin salida cuando intento caminarlos. Siento como si ninguno de mis objetivos valiera la pena, como si cada pequeña meta fuera un camino hacia la mismísima muerte o hacia la mismísima nadificación del sentido, lo cual es lo mismo. Y detesto esa posición tan cómoda de dejar que el día me arrastre a medida que sus horas van muriendo y mi cabeza sigue igual de estancada que mi cuerpo. Porque de una cosa estoy segura: cuando caigo en esos estados de inmovilidad mental, también se me inmoviliza el cuerpo. No hay lugar de dónde sacar la fuerza para mover mis músculos, tendones y articulaciones cuando el horizonte se desdibuja de esa manera. No hay pulsión capaz de activar mi esqueleto, que yace inerte como una piltrafa entre las sábanas. Intento remontar el día escribiendo estas líneas, pero ya llegada la noche estoy en la misma posición de dejadez, tomando una copa de vino tinto y dándole secas al cigarro que se consume como mi vida, segundo tras segundo, minuto tras minuto…cuando no hay un deseo que la movilice, cuando no hay futuro que se proyecte a modo de faro para guiarme en este presente.

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