viernes, 9 de junio de 2017

On An Island



Es noche de luna llena. Recorrí las calles de la ciudad tratando de hallar un intersticio entre tantos edificios para poder contemplarla en su mayor esplendor. Esa luna llena, no sé por qué, me llevó a recordarlo. 
Creo que uno de los gestos que me permitieron relanzar un poco mi deseo y volver a sentirme de nuevo a gusto conmigo misma fue el momento en el cuál él, consciente de toda mi neurosis en lo que atañe a mi imagen corporal; decidió atarse su pullover a la altura de las sienes para cubrir de ese modo sus ojos. Pulsión escópica cubierta por un velo, ¿qué define ahora esa mirada, ciega de su sentido, más que las coordenadas de un deseo? “¿Qué ves cuando me ves?” Ese instante tuvo el valor, en mí, de una verdadera intervención, en el sentido de que algo en mí, se movilizó subjetivamente, me tocó la fibra íntima de mis “no querer ser vista”, “tener miedo a no ser deseada”. 
En ese momento yo me reía, todo me parecía un tanto ridículo. Pero con el correr de los días no pude dejar de pensar en lo maravilloso que fue ese gesto, en la apertura que me posibilitó, en las barreras que logró romper con un simple detalle… 
¿No será que acaso, algunos hacemos el amor más con la mente que con el cuerpo? O, en todo caso, ¿primero con la mente y luego con el cuerpo? 
La luna llena me llevó a escuchar a Gilmour, escuchar a Gilmour fue un pasaje directo a fantasearlo.

2 comentarios:

  1. Desemboqué acá, de blog en blog, y me quedé pensando en ese concepto de primero lo primero y segundo lo segundo. ¿No se hace el amor con ambos, cuerpo y mente, en sincronicidad? ¿Y se tiene sexo sólo con el cuerpo? Interesante reflexión... Gilmour también me es inspirador.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Hola Amélie! Completamente de acuerdo, es un proceso y es simultáneo. Lo que quise resaltar es que algunxs tenemos un amplio mundo de representaciones y fantasías que es a priori del encuentro físico y de cierto modo lo prepara. Es decir, el placer previo comienza en ese mundo de fantaseo y luego se extiende ininterrumpidamente hacia el encuentro real.
      Gilmour es belleza!
      Saludos!

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