sábado, 9 de septiembre de 2017

Lo que gusta...

24 de Diciembre del 2016… y aún no falta aquel pariente que, a mitad de cena navideña, medio en broma medio en serio, te tira “esa” pregunta que sabías que a esta edad ya llegaría, al preferir la libertad de la soledad o la búsqueda de nuevas formas de querer, a una relación típicamente formal: “¿Vos sos gay Valeria?” Uno no sabe si reír, mandar a la mierda, negarlo para no perder el tiempo dando explicaciones a oídos sordos; o responder afirmativamente para que tenga motivos para hablar de uno a sus espaldas por largo rato. ¿Cuántos cientos de años más van a tener que pasar para que las personas dejen de prejuzgar y dejen que cada quien viva su vida relacional, su intimidad y su sexualidad de acuerdo a sus propios deseos y no de acuerdo a las convenciones sociales? Y podría haber contestado la verdad: “estoy en algo con un chico…y me gusta mucho una chica”, pero no tenía ganas de hablar para quien no estaba dispuesto a escuchar más que desde el prejuicio. Preferí reír. 
¿No estamos ya demasiado “civilizados” como para considerar que el encanto o el gusto no radica en la elección de un objeto de amor de un sexo o de otro (¡ni hablar de explicar la ficción científica del binarismo de los sexos, ni hablar de explicar las diversas perspectivas de género!), sino en saber apreciar a las personas independientemente de su género, en sentirnos atraídos por la magia particularísima de un ser que consideramos especial? Pero para ello hace falta dar un paso cualitativo que para muchos es imposible cuando aún cargan con presupuestos cristalizados hasta la médula por toda una serie de tradiciones hegemónicas que nos han hecho creer que lo celeste va con el varón y lo rosa va con la damita, olvidando que hasta las palabras “macho” o “dama” están viciadas de presupuestos acerca de lo que se supone que debería ser un “verdadero hombre” o una “verdadera mujer”. 
Avanzamos en materia de ley pero aún hay un gran desfasaje entre las nuevas legalidades y las construcciones socio-históricas acerca de las sexualidades. No dejamos de tergiversarlo todo. Banalizamos el verdadero espíritu de las feministas luchadoras y hacemos del feminismo la contra-cara del machismo. Pedimos amor en lugar de guerra pero un gran sector de la sociedad siente repulsión por el amor que no encaja en el patrón puramente reproductivo y animal de macho + hembra. Les recuerdo que tenemos un neo-córtex. 
¿Es que acaso cuando nos gusta alguien importa que sea hombre o mujer? ¿Es que acaso nos enamoramos de un aparato reproductor determinado? ¿Hace falta tanta apertura mental para darse cuenta de lo contrario? Nos enamoramos de un gesto, de una personalidad, de detalles singulares de un otro capaz de conmovernos. Nos enamoramos desde nuestro inconsciente, y no hay norma social que pueda contra nuestras pulsiones. Nos enamoramos cuando deseamos la felicidad de esa otra persona que se nos torna especial y cuando sentimos esa mágica alegría al robarle una sonrisa, cuando podemos ceder algo de nuestra propia individualidad, desafiar el egoísmo imperante…para acercarnos desde la ternura y el cariño desinteresado. Por supuesto que ningún amor es completamente desinteresado, pero cuando queremos de verdad sabemos bien que el otro no es ni nuestra propiedad ni nuestro objeto de uso sino un ser libre a quien lo que menos debemos hacer es coartarle las alas. 
Parafraseando a una gran amiga: “no es bello lo que es lindo –para el común denominador de la sociedad, agrego-, sino lo que a uno le gusta”. ¡Y nada más volátil, maravillosamente diverso y heterogéneo como los gustos de cada persona! Y no vamos a salir de este escollo patético y reduccionista hasta que no aprendamos que lo que gusta no es un sexo en general sino una persona en particular.

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