viernes, 9 de febrero de 2018

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Desde que te fuiste todos los días tienen ese instante melancólico en el que sin buscarte te encuentro. Te veo en algún cuerpo que persigo a distancia a sabiendas de que cuando su rostro gire no será el tuyo. Te encuentro en rasgos de otros cuya vida me es ajena, en aquella canción que hicimos tan nuestra, en los rincones de casa que alguna vez habitaste. 
Desde que te fuiste muchos atardeceres llevan tu nombre, y ya nunca más podré mirar ese río de la misma manera. A veces me sigo preguntando: ¿por qué?, a sabiendas de que nunca hallaré la respuesta. Desde que te fuiste siento nostalgia por aquello que no vivimos, por aquella bicicleteada que la lluvia nos truncó esa tarde de domingo, por aquella película japonesa que no te acompañé a ver. Siempre creyendo que para todas esas cosas existiría su tiempo. 
Desde que te fuiste no te enaltezco ni idealizo, ni siento nada nuevo que no haya sentido por vos antes: el cariño más puro, el respeto y el amor por la libertad por encima de todo estandarte. Sin embargo no logro encontrar a nadie capaz de movilizarme siquiera para dejar que me roben un beso. 
Desde que te fuiste hasta el momento más feliz lleva en sí mismo el dejo de una extraña e indefinida tristeza. No dejo de disfrutarlo, pero tampoco dejo de preguntarme por qué habrás decidido negarte para siempre la posibilidad de mostrarle al mundo esa sonrisa encantadora, por qué habrás decidido quitarte para siempre la posibilidad de ver la belleza que mis ojos pueden percibir, de sentir los aromas que mi olfato puede sentir, de luchar por las infinitas causas que aún te esperaban como partícipe, por qué nos dejaste este vacío, por qué te dejaste caer, por qué nos dejaste, por qué me dejaste…